2.3 Features for Detecting Shadow
2.3.4 Physical Property
Antes de tomar la fotografía hay que decidir el nombre del grupo.
Aunque actualmente tienda a subestimarse, el nombre es el aspecto más importante de un grupo. Es preciso encontrarlo antes de tocar la primera nota, antes incluso de convocar al grupo, para garantizar que este encarne un ideal puro, algo que perseguir. El nombre no puede verse afectado por la incapacidad de la banda o por la previsibilidad de sus referentes.
Hay que decidir el nombre antes de crear la banda para que este no termine convirtiéndose en una solución intermedia, una molestia que pueda dificultar y finalmente asfixiar cualquier
desarrollo. Un grupo con un nombre acordado por comité será como un hijo feo, deforme y no amado, con el que uno debe cargar a pesar de la antipatía constante que le genera.
Como sucede con la institución del matrimonio, o con los hábitos de una orden sagrada, el nombre une a los miembros de la banda en un pacto de sangre como el que la CIA, los Marines y la Mafia aseguran hacer con sus iniciados, si bien no es exactamente igual, pues mientras esas organizaciones están formadas por burócratas grises, niñatos y sociópatas que cuentan con la connivencia del gobierno para asesinar a cambio de un sueldo, la banda de rock
—por muchas tonterías que haga, por mucho que oscile entre lo sublime y lo trivial, y por estrafalaria que sea la ropa con la que se vistan sus miembros— es paradójicamente uno de los últimos gestos nobles que le queda a un género humano prisionero de la cultura de consumo. Noble porque el dinero no suele ser un elemento real en la vida de la banda. Y es paradójico porque, aunque la banda pueda considerarse un exponente, del consumismo, sus miembros no suelen recibir ningún tipo de remuneración económica.
El nombre es el aspecto más abstracto del grupo, un tótem sagrado con un significado esotérico conocido
solo por sus miembros. Fijémonos si no en los Masons, Elks, Eagles, Order of the Eastern Star, FSLN, CFR, M-26-7, Bureau of Surrealist Research, Satan’s Slaves, Bolsheviks, Bohemian Club, Lettrist International, BP, KGB, Murder Inc., Laman Rifle Brigade, Union of Militant Atheists, Society of Militant Dialéctica! Materialists, Hell’s Angels o Barnum & Bailey’s. Si se elige bien, el nombre puede tener poderes espirituales. Por eso las bandas los protegen celosamente e incluso contratan a abogados para que velen por sus derechos nominales.
En el momento de bautizar una banda es importante tener en cuenta qué
aspecto tiene el nombre una vez escrito. ¿Es lo bastante simétrico? ¿Debería serlo? ¿Es un anagrama? ¿Tiene más de un significado? ¿Significa algo ofensivo o estúpido en otro idioma? ¿Provoca vergüenza al pronunciarlo en voz alta? Si ante la pregunta «¿cómo se llama tu grupo?» das un respingo o tienes un momento de duda, es señal de que no es una buena identidad, al menos no para ti.
El efecto de asociación de los nombres es poderoso, pero suele
cierta buena prensa, los nombres de mamíferos son un error, a menos que se trate de una bestia mítica. Un animal salvaje es una criatura grácil que no necesita vestir ropa elegante ni acicalarse para mostrarse espectacular, y eso hará que los espectadores (que se habrán creado expectativas) se lleven inevitablemente una decepción ante la zafia puesta escénica del grupo de humanoides que hayas logrado reunir a tu alrededor. «Dios mío», dirá la gente, «pero si no se parecen nada a lobos, zorros, etc.». Cuando uno le pone un nombre así a su grupo, está subiendo demasiado el listón.
palabra «girl» en el nombre tienen un problema similar. En la literatura y las películas, la «chica» representa la imagen de pureza que el lector/espectador tiene de sí mismo. Se supone que el público debe identificarse con la «chica», que es inocente, valiente, justa, ingenua, atractiva y lista —Chihiro de El viaje de Chihiro, Pippi Calzaslargas o Dorothy Gale de El
mago de Oz—. El cine negro se basa en
la idea opuesta: el público prefiere identificarse con personajes cínicos y moralmente corrompidos que están de vuelta de todo. Estos papeles suelen interpretarlos hombres de mediana edad con barba de cuatro días (Humphrey
Bogart, Glenn Ford o Robert Michum). La mayoría de los roqueros actuales se parecen a estrellas del cine negro, si no en el vestir, por lo menos sí en el físico. Por lo general, las bandas con la palabra «girl» en el nombre están compuestas por hombres peludos y poco atractivos, así pues mejor evitarlo.
A la inversa, «Beatles», además de un pequeño juego de palabras, es también el nombre de un bicho, un escarabajo. Como los humanos se consideran más listos, más altos y más atractivos que los insectos, el nombre «Beatles» impidió que el público se formara ningún tipo de expectativa, lo que ayudó a propulsar la banda a las
más altas cotas de la fama. Con «Stones» pasó más o menos lo mismo. Una piedra es algo prescindible y feo, sin cerebro. El nombre «Stones» fue una apuesta inteligente y con gancho, y dio resultado.
Hay más ejemplos. Los términos «Zombies», «Them», «Cramps», «Funkadelic», «Germs», «Drifters», «Black Flag», «Stooges», «Gories», «Parliament» o «Orlons» tienen connotaciones extrañas, temibles e incluso grotescas y, sin embargo, las bandas a las que representan gozan de buena reputación. «Kiss», los «Eagles», «Black Eyod Peas», «Bread», y los «Fleet Foxes» son todos ellos nombres
entrañables con connotaciones positivas, pese a lo cual despiertan aversión (incluso desprecio) entre los entendidos, independientemente del éxito comercial arbitrario que hayan podido cosechar estos grupos.
A medida que el mundo se va volviendo más y más pequeño, los riesgos sujetos al proceso de encontrar un nombre, como los pleitos potenciales o los sentimientos heridos a causa de las redundancias, crecen. Antaño uno podía adoptar un nombre que ya utilizaba una banda de cumbia de Perú y no pasaba nada, porque nadie se enteraba. Era irrelevante. Hoy en día, y gracias a los ordenadores, las pruebas son claras e
irrefutables. No obstante, como ocurre con los niños o con los equipos deportivos, el elemento decisivo no debe ser la originalidad, sino la fuerza de un nombre concreto. Como el mantra que te otorga una figura sagrada, o los apodos de espíritus animales adoptados por algunos nativos americanos, el nombre tiene que resonar de forma creíble y resplandeciente alrededor del sujeto al que representa.
A veces, durante la búsqueda de un nombre, se elabora una lista a la que se van añadiendo o de la que se van eliminando opciones. Si este es el método empleado ya puedes abandonar, pues el proyecto está condenado de
antemano. El nombre se te tiene que aparecer en sueños, o en una revelación. No obstante, existen una serie de estrategias efectivas para generar nombres, entre ellas provocarse fiebre, comer moho, someterse a una larga sesión de sauna, correr hasta el agotamiento mientras te persigue la policía, el autoestrangulamiento, consumir ayahuasca o la enajenación transitoria.
Si decides el nombre antes de reclutar a la banda y se lo presentas a los miembros como el de la organización a la que se van a sumar, te ahorrarás las molestias y los fingimientos de la «democracia».
Nota: una «banda» no es lo mismo que un colectivo de «músicos». Si el único objetivo consiste en hacer música, no es necesario ni recomendable adoptar un nombre de banda, a no ser que uno esté dispuesto y físicamente preparado para librar una batalla por la conquista del alma de la cultura y la historia. Se puede hacer música sin un nombre de banda. Gente como Ludwig van Beethoven, por ejemplo, triunfó en la música sin necesidad de adoptar ningún nombre. Una banda no tiene nada que ver con ese pasatiempo prehistórico que es componer música: montar un grupo implica un intento de personificar algún tipo de ideal. Así como los Sex Pistols
fueron una adquisición adolescente de la cultura gay, fetichista y del cuero, otra banda como Huey Lewis and the News encarnó la sucinta manifestación del arquetipo ochentero de los alegres y atléticos chicos de clase media recién salidos del instituto.
Desconocemos si ese fue el efecto buscado por las respectivas bandas, y de hecho se trata de un dato irrelevante: todo grupo cumple con su función, lo quiera o no. Al elegir el nombre de tu formación debes tener en cuenta la visión del mundo que pretendes defender. Dicha identidad se puede apoyar en cualquier cosa: en el deporte, en el cine, en un libro, en un juego de
mesa, en un programa de televisión o en unos pantalones que se llevaban hace tres siglos. Lo que sea, siempre y cuando no se apoye en la música.
Una banda que se base en la idealización de otras bandas o de un estilo de música histórico está condenada al fracaso de antemano. Las bandas que se concentren en otras bandas o géneros musicales se ganarán la fama de imitadoras y se dedicarán a perseguir un objetivo que no conseguirán jamás. En cambio, las bandas que se centren en fuerzas externas se librarán del pesado mundillo de la música y también de las reglas y convenciones que este impone.