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Entonces Elvira tiene la idea que habría que trabajar de otra manera, no con las disciplinas curriculares sino que con talleres artísticos, manuelas plásticos. Dice que ella es muy manual y que encuentra que eso le ha desarrollado otra manera de expresarse, la sensibilidad, la emoción. Entonces piensa que sería muy bueno para estos niños, y justamente le quería proponer al director que armen un proyecto de ese tipo. Me cuenta que uno de sus primos de la misma edad que ella fue a un colegio de ese tipo en La Florida, averigua en internet para ver si era también en básica y sí. Está muy entusiasmada, dice que podría haber talleres de tejido, de pintura, de danza… le pregunto si lo harían los mismos profes y ella dice que podría haber una persona que sabe de la actividad, y ellos los que saben de pedagogía. En mi cabeza pienso en el proyecto original de la escuela: “el que sabe algo lo enseña”. Está totalmente en esa línea. Pero ella encuentra que los talleres que agregaron de cálculo vivo e imprenta son lo mismo que lo del currículo, es estar sentado y escribir, entonces considera que no sirve. Le hablo de los talleres que ya existen, como música, deporte, dice que sí pero que 1 es lo mismo que lo otro, y 2 que no son parte de lo obligatorio, y no todos pueden ir porque los padres no los pueden venir a buscar o porque los tiene que llevar el minibús. Me comenta que también antes había un taller de robótica. Me cuenta de la historia de otro primo que cambió 3 veces de carrera, que se deprimió y estuvo internado en hospital psiquiátrico, y que lo que lo ayudó fueron las actividades de ese tipo. (DC, 04/05/2017)

La clases-paseo es la técnica que se mantiene con más fuerza y es validada por todos. Existe una encargada de los

talleres y las actividades

extracurriculares, que gestiona los paseos, les propone actividades a los docentes y recoge sus propuestas. La idea es sacar a los niños de su barrio, llevarlos a descubrir cosas nuevas, abrir sus horizontes. Se supone que los paseos también sirven de insumo después en las clases. Así desde el principio del año hubo visitas al centro cultural La Moneda, a una fábrica de galletas, al cajón del Maipo para unas actividades deportivas de cooperación. También se organizan paseos por proyecto, a la iniciativa de algún docente, por ejemplo un día a la playa para aprender a hacer surf, un día en el centro de Santiago. Todos estos paseos son gratuitos para los niños, transporte y actividades a cargo de la

escuela, que moviliza sus propios minibuses o arrienda uno. Sin embargo, las clases-paseos como visitas de fábricas, realizadas por los docentes cuando ellos mismos eran estudiantes en escuelas de la misma zona, parecen ser una deformación de la técnica original. Además, se puede interrogar el sentido y la pertinencia de esas visitas, que aparecen como instancias de socialización al mundo laboral que categoriza y asigna los niños a una clase social obrera.

El texto libre y la imprenta escolar van de la mano y permanecen, pero en una forma en la que van perdiendo su sentido. El texto libre es una hora cubierta por cada docente con su curso, que debe en teoría llevar los niños a escribir textos libremente. Estos después son leídos y votados por el curso para seleccionar el que

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Fuente: Fotografía personal

Imagen 1: Imprenta escolar (1)

se publicará luego en la imprenta, una vez corregidos colectivamente con el docente. La imprenta está a cargo de una asistente de la educación que lleva más de 20 años en la escuela, y que ocupó esta función dos años después de haber llegado. La sala de imprenta es el espacio más decorado de toda la escuela, con fotos, dibujos, decoraciones, libros sobre las técnicas cooperativas, publicaciones de la

imprenta, libros de lectura, carpetas clasificadas con todos los archivos de la imprenta. Además la asistente instaló un jardín delante de la sala, cultivó plantas y flores, selló un banco para que no se lo quitaran, y así creó el espacio el más acogedor de la escuela, delante de la sala de imprenta. En la sala hay seis cajas de letras de plomo clasificadas y el material correspondiente para armar líneas de texto

(ver imágenes 1 y 2).

El material ya es viejo y se está deteriorando, me explica la asistente que varias veces en los últimos años ha averiguado un presupuesto con una empresa para que le produzca una serie de materiales, pero la escuela nunca puso el dinero entonces no se hizo, y cada vez hay menos material.

Los textos son preparados de manera colectiva por los niños que se encargan de las líneas que les atribuye la asistente. Luego el texto es rearmado por la asistente, ella prepara la tinta mientras los niños dibujan en sus hojas de papel. Finalmente los niños vienen a imprimir el texto en su hoja. Siempre se indica el autor del texto y el nombre de los colaboradores (ver imagen 3). Los niños se devuelven a su sala con su texto y la asistente es la que ordena después las letras en las cajitas.

Fuente: Fotografía personal

Todo está estructurado de la misma manera sistemáticamente, por falta de tiempo. Tienen una hora y media una vez por semana, vienen seis niños por curso, seleccionados por orden de lista, y a ese ritmo vienen entre 3 y 4 veces al año. Los cursos más pequeños tienen más horas atribuidas, en particular en pre-Kinder y Kinder donde se empiezan a familiarizar con las letras. Incluso así, como también es responsable de la salida de los niños y del patio, la asistente dice que se queda una hora más tarde cada día para poder ordenar, limpiar y cerrar la sala de imprenta y dejarla lista para el día siguiente.

Antes había una inducción de todos los adultos, docentes, funcionarios y trabajadores, a la imprenta, para que sepan de qué se trataba. También se hacía participar a los apoderados el día en que venían a la “evaluación presencial” de su hijo. Esta instancia era una invención del fundador inspirado en el examen oral de certificado que pasaban los estudiantes en una película emblemática. Entonces después de comprobar los aprendizajes de sus niños, los apoderados iban a la imprenta, donde sus hijos les enseñaban a preparar un texto, una línea, una frase, y lo publicaban. Pero hace dos años que no se hacen más las evaluaciones presenciales, entonces tampoco se invita más a los apoderados a la imprenta.

Estas primeras técnicas son llevadas por docentes con mucha antigüedad en la escuela, en cambio la técnica del cálculo vivo es desarrollada por un docente que no se inscribe en la tradición escolar. Se trata de un docente de básica contratado el año pasado para brindar un apoyo en clases de matemáticas de 4º y 8º, con la finalidad de mejorar los resultados del SIMCE. Inicialmente tenía que sacar un grupo de estudiantes para trabajar con ellos durante las horas de matemáticas, pero en el trascurso del año tuvo que responder a las necesidades de la escuela y cubrir muchas otras asignaturas y cursos, razón por la que los docentes le pusieron el apodo de “hombre-orquestra”.

Fuente: Fotografía personal

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Este año está encargado del taller de cálculo vivo en varios cursos, a través de la puesta en práctica de los contenidos de matemática en actividades concretas en relación con el entorno. Por ejemplo un día en 5º implementa la medida de distancias en el patio de la escuela, por grupos de cinco o seis estudiantes. Me explica que siempre enseñó las matemáticas de esa manera, aunque nunca haya oído hablar de pedagogía cooperativa anteriormente: contar las patas de los animales, medir los azulejos, calcular la superficie de una pared para pintarla, comprar semillas para el huerto, medir las plantas, etc. Su aproximación a la clase es dinámica, activa para los niños, aunque deductiva. No obstante, cuando termina la clase me explica que sería interesante hacer dibujar por ejemplo un tablero de ajedrez en el patio de la escuela y pintarlo, porque así los niños tendrían una motivación para crear un objeto y utilizar las competencias matemáticas, es decir aprenderlas, siguiendo una lógica inductiva.

Este docente renunció después de 3 meses porque le ofrecieron un puesto de 44 horas con un curso a tiempo completo en un municipal, es decir condiciones de trabajo más estables y más valorizantes. En otro curso donde otro docente implementa el taller de cálculo vivo, se trata de guías o ejercicios de aplicación de los contenidos, a veces más lúdicas, como una forma de reforzamiento de las matemáticas. Una práctica que no comparte nada con el concepto del cálculo vivo, sino que reproduce la forma escolar tradicional.

La granja y el huerto escolares son unas técnicas históricas de la escuela, al igual que la imprenta que se desarrollan desde su creación. Hay varios chivos, gallinas y patos, pero este año se han empezado a regalar. Desde que empezaron las obras en la escuela este verano, los animales han sido desplazados hacia el espacio donde quedaba el huerto, por lo que se comieron todas las plantas y flores que quedaban. El huerto es un elemento que fue central en la escuela, sobre todo en sus primeros años, cuando tenía la función de proveer los pobladores con productos para alimentarse. En ese entonces, cuentan que había mucho más agua en la zona, por los canales de regadío que pasaban cerca y que se secaron cuando se construyeron las poblaciones.

Durante años, el huerto era un taller obligatorio al que participaban todos los cursos en su momento, con una docente encargada. Luego el taller pasó a ser optativo, en

el tiempo después de la jornada escolar, hora de más calor en verano para trabajar la tierra, por lo que fue decayendo. La docente encargada del taller se fue, “la fueron” como dice su antiguo colega (DC, 10/05/2017), y después hubo un robo de material en el que desaparecieron todas las herramientas que se usaban con los niños. Algunos docentes trajeron material pero finalmente nunca se remplazó, por lo que no se podía más trabajar con un grupo de niños. Finalmente el inicio de las obras marcó la muerte del huerto escolar, el desplazamiento y la separación de los animales, en pos de la construcción de un liceo de enseñanza técnica-profesional. Hoy en día los animales constituyen una atracción para los niños, que corren a verlos cuando entran a la escuela, juegan con ellos, les dan de comer en los recreos, se emocionan con el nacimiento de los chivitos. Algunos niños también expresan una nostalgia de la época en que iban al huerto a jardinear, en que había plantas y flores en su patio escolar. Esa técnica está muriendo, quizás se vuelva a activar cuando se terminen las obras.

La técnica de la asamblea escolar es una instancia reivindicada por la escuela y plasmada en sus documentos institucionales, con un horario atribuido, en la hora oficial de “orientación”. Sin embargo, durante el campo esta técnica aparece como una instancia fantasma. En el curso de 4º, seguido semana a semana, nunca se da la oportunidad de asistir a una de ellas. Cuando se pregunta por las asambleas, siempre se eluden las respuestas por parte de los adultos, o se encuentran contradicciones entre lo dicho, prescrito y esperado por la investigadora, y lo hecho. Los niños del curso en todo caso no recuerdan ninguna asamblea este año, pero sí conocen su funcionamiento establecido, practicado los años anteriores.

Además, la versión propuesta en la escuela es distinta de la versión cooperativa, donde esta técnica es un espacio de regulación y de decisión colectiva, en tres etapas: yo felicito, yo critico y yo propongo. Primero las felicitaciones permiten valorar el trabajo y los esfuerzos realizados. Luego se tratan las críticas durante la asamblea y se toman decisiones colectivas respecto de los conflictos. Finalmente la asamblea termina con propuestas y decisiones de actividades por parte del grupo. En la escuela, las asambleas empiezan con “yo opino”, siguen “yo critico” y “yo felicito”. Así el objetivo de propuesta y organización colectiva se diluye en opiniones. Además, en la asamblea observada finalmente en el 7º, dónde según el profesor-jefe

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“hablan harto” y “se escuchan”, la regulación de los “yo critico” no es el hecho del grupo. Por lo contrario, el profesor-jefe responde a cada crítica, reforzando el punto mencionado, llamando otros miembros del equipo (profesor-jefe de otro curso, inspectora) para que se hagan cargo de las críticas, o pidiendo la libreta para escribirle una nota a los apoderados. En ese sentido, la asamblea se convierte en una instancia de delación institucionalizada que desnaturaliza enteramente el sentido atribuido por su iniciador. En este curso de 7º, la comunidad producida a través de este dispositivo es una comunidad incluida-exclusiva, al igual que la comunidad docente, en el sentido que distingue un grupo-curso que debe ser solidario frente a los estudiantes de los otros cursos, por tanto marcando sus límites con el resto de la escuela. Parece que la comunidad incluida se performa mediante el rol del profesor-jefe que aparece como una representación de la figura paterna, garante de la ley, que se sustituye a la autonomía del grupo de pares. Así, una estudiante le dice para concluir las felicitaciones del semestre que ha sido y es un padre para ella, presente en sus momentos difíciles. Las acciones del profesor-jefe performan entonces la comunidad del curso incluido-exclusivo, patronado por su profesor-jefe (DC, 23/06/2017).

No obstante, se observa que los niños participan activamente de esta instancia, se ven motivados por realizarla y la utilizan para hacer oír su voz. La asamblea de 7º es animada por los estudiantes elegidos por el curso a principio de año: presidente, vice-presidente, tesorera y secretaria encargada de tomar notas de lo dicho. Sin embargo, en la instancia observada, el profesor-jefe regula su organización en múltiples oportunidades, ocupando el lugar de los estudiantes. Según otros profesores, las asambleas son animadas por dos “mediadores” elegidos semanalmente y encargados de recolectar elementos para cada punto durante la semana anterior. Además, un antiguo profesor relata que durante muchos años la asamblea se realizaba efectivamente cada semana y tenía la función de organizar el trabajo escolar, adaptando el currículo con los estudiantes para implicarlos y ofrecerles la posibilidad de ser sujetos activos en la producción de la vida escolar, en particular a través de las conferencias escolares (DC, 30/06/2017).

Las conferencias escolares no se han podido observar en este período pero han sido mencionadas. Inicialmente las conferencias son una técnica cooperativa que permite favorecer la investigación de los estudiantes sobre temas de su interés y en

relación con el currículo. Éstos indagan un tema a través de diferentes medios y lo presentan a sus compañeros, produciendo así su propio conocimiento. En el caso de la escuela estudiada, la conferencia se realizaba implicando directamente a los apoderados que acompañaban a sus hijos-as en la presentación oral. Además los conferencistas tenían que plantear preguntas a la asistencia para verificar su atención, y la audiencia de vuelta podía hacer preguntas para aclarar la presentación. Estas conferencias eran voluntarias y propuestas por los estudiantes. Durante el trabajo de campo no se ha observado conferencia, pero una profesora con 12 años de antigüedad mencionó haber realizado conferencias durante el semestre con su curso, utilizando papelógrafos. La reacción del resto del equipo fue deslegitimadora, con risas y el apodo de “abuela”, refiriendo a sus prácticas pedagógicas que serían anticuadas.

El Consejo o Tribunal de la Ciudadanía escolar es una técnica propia a la escuela que sigue existiendo en sus documentos institucionales. Se supone que el Tribunal debe tratar casos de “faltas graves, gravísimas y extremas” antes que éstas sean evaluadas por el Consejo de Gestión de la Buena convivencia y en última instancia por el Consejo de Profesores. Estas tres instancias tendrían la función de regular la conducta de los estudiantes de manera gradual mediante los protocolos de resolución de conflictos. El Tribunal de la Ciudadanía escolar estaba antiguamente asociado con la Brigada Ciudadana, ambos promovían el involucramiento de los niños para que se regulen de manera organizada, desarrollen el auto-control y la resolución de conflictos (Docencia, 2012). Se inscribían en la lógica de las asambleas cooperativas entre pares y derivadas del aprendizaje democrático, horizontal y dialógico desarrollado por John Dewey. Un antiguo docente relata que ese Tribunal se realizaba entre niños que tenían 5 jueces oficiales, 12 fiscales y 12 defensores disponibles. Entonces cuando los estudiantes mandaban a un alumno al Tribunal por problemas en la escuela, el acusado elegía a un defensor que tenía una semana para investigar su caso y presentar dos testigos para defenderlo; el fiscal elegía también dos testigos en contra del acusado. Las decisiones tomadas por los jueces del Tribunal eran generalmente consejos para los niños, a veces de consultar a un psicólogo, ya que la instancia había demostrado que tenían problemas de comportamientos y que su madre por ejemplo no lograba hacerse cargo (DC, 30/06/2017). Sin embargo en la actualidad ya no se menciona la Brigada Ciudadana

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y el Tribunal de la Ciudadanía es una instancia fantasma. Los procedimientos de manejo de la disciplina están ahora asociados a la verticalidad de las relaciones dentro de la escuela, dónde ésta se regula a través de la autoridad, de la sanción y de la recompensa, desde la lógica del control conductista.

El Certamen de poesía era una instancia anual en la escuela, durante los meses de junio, que este año se realizó de manera atrasada en septiembre. Su existencia es relatada por un antiguo docente que ya no trabaja en la escuela. Cuenta que cada año, desde el mes de abril se empezaba a preparar el Certamen en cada curso. Se trataba de aprender tres poesías por curso, que cada niño conocía y podía declamar. Cada curso elegía a tres titulares que declamaban particularmente bien las poesías. Pero además, el día del certamen, los tres jueces, que eran funcionarios de la escuela, designaban a dos estudiantes más por curso, al azar, para declamar las poesías. Entonces todos tenían que conocer las tres poesías. El Certamen era un evento que duraba una semana entera, pues cada día se presentaban dos cursos, partiendo por los de pre-básica el lunes, hasta los más grandes el día viernes. Los jueces tenían una pauta de evaluación que contemplaba distintos elementos, pues los estudiantes no sólo declamaban, sino que se disfrazaban y construían un escenario casi teatral para su presentación. El docente relator, mostrando fotos, comenta el silencio y la concentración de todos, estudiantes y docentes, en estas instancias. Además se invitaba a poetas que participaban y declamaban también sus poesías para los niños. Los niños interrogados todavía recordaban las poesías aprendidas el año anterior (DC, 05/07/2017).

Antiguamente se realizaban 15 minutos de lectura silenciosa todos los días, después