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6.2 Informal Settlement and Urban Land Management Practices

6.2.5 Working procedures of code enforcement office

Durante el terreno se ha llevado a cabo un trabajo permanente de escritura que ha levantado muchas preguntas. En efecto, las visitas semanales a la escuela

fueron objeto de una transcripción de notas de campo ampliadas en los días siguientes. Esta actividad se realizó con mucha rigurosidad, respetando las reglas metodológicas de la transcripción de terreno etnográfico, inmediatamente después del campo. Además se integró la perspectiva subjetiva de la investigadora, utilizando también el registro como una forma de catarsis.

En ese proceso, el registro es una especie de cristalización de la relación vista desde el ángulo de quien hace las anotaciones o fija el teleobjetivo de la cámara. […] Lo que el investigador tiene en su registro es la materialización de sus propia perspectiva de conocimiento sobre una realidad determinada, no esa realidad en sí. (Guber, 2011, p.94)

Durante el mismo terreno, la investigadora privilegió una observación sin instrumentos tecnológicos, es decir sin cámara, grabadora ni lápiz y cuaderno. Esta decisión favoreció las interacciones con los participantes y además una presencia entera de la investigadora en las situaciones de campo vividas. “El registro escrito simultáneo puede estorbar al informante en la medida que le recuerda permanentemente que está siendo observado” (Guber, 2011, p.98). No obstante, de a poco y para facilitar el ejercicio de escritura posterior, se ocupó tiempo del terreno etnográfico para tomar algunas notas de campo. Este ejercicio generó situaciones interesantes con los participantes, sea para que aprovechen el espacio de la investigación como un medio de expresión privilegiado, sea para que enfrenten la investigación cuestionando el trabajo de la investigadora.

Como vimos, aunque el investigador no lleve consigo ningún implemento técnico (grabador, filmadora, libreta de notas), su sola presencia, su atención, su comportamiento, afectan el medio observado. Lo deseable no es borrar esta incidencia sino reconocerla, caracterizarla e incorporarla como condición de la investigación social. (Guber, 2011, p.95)

El tiempo de transcripción fue aumentando y se fue considerando como un tiempo de trabajo en sí, con una dedicación exclusiva, resguardada y anticipada. La escritura fue un ejercicio de movilización de la memoria y de los recuerdos vividos, en una práctica más analítica que mecánica, de reinterpretación y documentación del terreno realizado.

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El acto de transcribir notas constituye una de las herramientas por excelencia para la elaboración reflexiva de lo que ocurre en el campo y, simultánea e inexorablemente, para la producción de datos. No basta con almacenar la información en una carpeta, un CD o en el disco de la computadora. Es necesario trabajarlos, estudiarlos, relacionarlos e interpretarlos de manera continua y progresiva. (Guber, 2011, p.96-97)

Las transcripciones de campo se fueron alargando y complejizando también con el avance del terreno. Ganaron en profundidad, en detalles, en percepciones subjetivas y en interpretaciones.

El investigador puede retener cada vez más y mejor información no sólo por la experiencia profesional sino también, y fundamentalmente, porque va comprendiendo lo que ve y escucha en términos que antes le resultaban poco significativos por desconocer la reflexividad de los pobladores. (Guber, 2011, p.100)

Las notas de campo ampliadas se iban completando también a medida que volvían recuerdos, a veces a raíz de otra observación de campo que gatillara su surgimiento.

Para ello es de gran ayuda la redundancia de la vida social. Si bien cada situación es única e irrepetible, y el material generado es por lo tanto irrecuperable, la naturaleza plural y reiterada del trabajo de campo antropológico puede contribuir a descubrir sus regularidades y recuperar palabras o hechos perdidos. Nunca las señales, los signos y las situaciones se replican exactamente; pero, en tanto hechos sociales, son suficientemente recurrentes como para permitir a los actores reconocer su continuidad y descifrar diversas situaciones. (Guber, 2011, p.100)

No obstante queda la sensación permanente de dejar elementos de lado, de no alcanzar a plasmar todos los recuerdos en los textos. El relato originalmente lineal se fue convirtiendo en un texto cada vez más subjetivo e integrado en la experiencia de la investigadora.

El registro es, en suma, la imagen del proceso de conocimiento de otros y de sí mismo que va experimentando el investigador; su progresiva agudeza y percepción se manifiestan en información, que será vertida en datos cada vez más numerosos, sorprendentes y relacionado entre sí. (Guber, 2011, p.108)

El trabajo de la escritura se convirtió entonces en una parte fundamental del proceso de campo, el espacio de interpretación y análisis del proceso

investigativo, la elaboración de los datos producidos en el día anterior, en un proceso reiterativo que se iba repitiendo semana a semana.

Especialmente en las primeras experiencias de trabajo de campo, esta modalidad obliga al investigador a realizar una profunda introspección, y por ende un arduo y fructífero proceso de autoconocimiento, para recordar. Ello supone, paralelamente, un aprendizaje en relación con la elaboración de datos al tiempo que se procede a su registro, de manera que el análisis de datos es, en buena medida y más genuinamente, paralelo al trabajo de campo mismo. (Guber, 2011, p.101)

El trabajo de la escritura se convirtió también en una herramienta para acumular y articular los datos del terreno, para observar las evoluciones en el tiempo, para estudiar los cambios en las relaciones entre los participantes y con la investigadora, para levantar preguntas y dudas, para tomar decisiones de campo.

Un registro no es una recopilación de información que quedará relegada hasta finalizar el trabajo de campo, sino un material que cimentará la próxima visita […] y resignifica todo lo actuado hasta el momento. De este modo, el registro es una herramienta que puede inducir a reformular el contenido y los canales de los futuros encuentros. (Guber, 2011, p.108)

La escritura fue tan recurrente e intensa, movilizando una experiencia vivida regularmente en el campo, que llevó a desnaturalizar la forma misma del texto. Tenemos costumbre, dentro del ámbito académico, de considerar el texto como una estructura básica ordinaria, familiarizada y normalizada. La narración propia del lenguaje es un instrumento de conocimiento para el aprendizaje, que hemos incorporado en un habitus. Si éste no estaba presente en la familia, se impuso durante la experiencia escolar como la única forma válida de transmitir experiencia, información, conocimiento. No obstante durante esta fase del proceso de campo, la repetición del trabajo de escritura para dar cuenta de una experiencia de observadora participante investigando, produjo la insuficiencia del texto y del lenguaje. El trabajo de escritura evidenció los límites de la escritura, de la linealidad y de la unicidad del texto. La experiencia vivida en el campo, es decir los datos producidos por la investigación, son de naturaleza múltiple, mediados por los distintos sentidos y percepciones de la investigadora que se despliegan continuamente. La vida no es un texto, no es un discurso expresado a través del lenguaje, no es una secuencia de palabras que se

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podrían plasmar. Se trata de percepciones visuales y auditivas dirigidas y a veces inconscientes, de sensaciones olfativas y gustativas, de impresiones y de intuiciones. Se trata de sensaciones de frío, de calor, de cansancio, de aburrimiento, se trata de percepción de la tensión, del desamparo, de la curiosidad, emociones de los participantes con los que se llevan las interacciones cotidianas. La investigación de campo se vive en el cuerpo y en las emociones, mas se traduce en un texto que resulta insuficiente para dar cuenta de tal experiencia. Las formas codificadas y las temporalidades secuenciadas en el lenguaje no alcanzan para comunicar la complejidad de lo vivido (Adams St. Pierre, 2015).

El registro no es un depósito de información sino uno de los elementos fundamentales del eterno diálogo que el investigador lleva a cabo consigo para conocer a sus informantes al tiempo que se conoce a sí mismo. Por consiguiente, no es una fotocopia de la realidad sino una buena “radiografía” del proceso cognitivo. […] Lo importante es que seamos consecuentes con el principio que postula que el conocimiento de lo real forma parte de un proceso de construcción que lleva a cabo el sujeto, con sus respectivos bagajes, de manera tal que es imposible concebirlo como independiente del conocimiento de sí mismo. Un buen registro es, a la vez, una ventana hacia afuera y hacia adentro. (Guber, 2011, p.108-109)

No obstante, con todas sus limitaciones, la escritura también aparece necesaria para poder elaborar el pensamiento, para ordenar las percepciones confusas, para recuperar un equilibrio interno (Adams St. Pierre, 2015). La escritura se convierte entonces a la vez en un trabajo insuficiente y necesario. Como lo plasma Palti (2016), “lo visible resulte siempre irreductible a lo decible” (p.258), sin embargo enunciar es la única forma disponible para estructurar las visibilidades dispersas.