(Non-) uptake of HIV testing
3.4 Policy and practical implications
Todo lo mencionado en el apartado anterior viene condicionado por una actuación coordinada y reguladora del sistema endocrino y el sistema nervioso. Es decir, cuando un músculo responde a un estímulo trófico adecuado, necesita la presencia de
hormonas para poder llevar a cabo la proliferación de elementos intracelulares, la adecuación de las vías metabólicas a las nuevas exigencias de trabajo y la suficiente proliferación de vasos sanguíneos para suplir el aumento de las necesidades metabólicas. En este sentido las hormonas sexuales masculinas, como la testosterona y sus derivados (existentes también en las jóvenes aunque en diferentes formas y concentraciones), juegan un papel crucial en permitir y regular todos estos procesos. Igualmente el desarrollo paralelo del corazón, necesario para mantener una mayor demanda de flujo sanguíneo, requiere la presencia de estas hormonas.
Otros cambios tienen que organizarse en los diferentes sistemas para que el desarrollo resulte armónico y eficaz. El aumento de vascularización facilita un mayor aporte de oxígeno y retirada de dióxido de carbono a los tejidos en crecimiento, pero para que la sangre transporte estos elementos además de los principios energéticos inmediatos, necesita más moléculas transportadas en la sangre, es decir, más hierro y hemoglobina principalmente. Consecuentemente, las áreas de producción y captación de estos componentes tendrán que aumentar su ritmo de trabajo. Afortunadamente, durante el período escolar son muchas las zonas corporales que pueden contribuir a este fin, por ejemplo, además de la médula ósea roja de los huesos planos y cabeza de huesos largos, también se producen elementos formes sanguíneos en el bazo, hígado y riñones.
Es interesante tener esto en cuenta a la hora de accidentes o lesiones óseas múltiples que puedan alterar las fuentes de producción de sangre. Las alteraciones digestivas y carencias vitamínicas que pueden dar lugar a una insuficiente captación intestinal de hierro; el mismo ejercicio que por múltiples causas tiende a acortar la vida media de los hematíes y, por supuesto, las pérdidas de sangre fisiológica (como la menstruación) o patológicas (como la úlcera péptica, la hematuria, etc.).
Los pulmones tienden a aumentar su capacidad de difusión, incrementando la superficie de intercambio de aire-sangre y el volumen de aire inmovilizado en cada respiración. El cuidado del desarrollo del aparato respiratorio durante la fase de crecimiento puberal puede resultar especialmente ventajoso para la obtención de futuras capacidades deportivas. También los riñones aumentan su tamaño y su trabajo como consecuencia de los grandes cambios metabólicos existentes en estos períodos y por efecto de algunas hormonas.
Por otra parte, el ejercicio por sí mismo induce la liberación de hormonas que afectan de muy distinta forma al metabolismo. La realización de ejercicio es un estímulo potente para la liberación de hormonas del crecimiento humano. Todo ello permite contemplar al ejercicio físico como conveniente a todos los efectos en relación con la secreción hormonal y sus efectos metabólicos; no obstante, aunque en general, esto es cierto, hay que presentar algunas precauciones. Por ejemplo, la liberación de catecolaminas se puede producir también como respuesta a otros estímulos como el sueño, la presencia de determinados aminoácidos, como la arginina, y, por supuesto, por indicadores biológicos no bien identificados que son los que a determinada edad ponen en marcha la liberación masiva de esta hormona, que precede al "estirón" de la pubertad. Es por esto, que la realización de ejercicio físico intenso puede suponer un riesgo de alteración del normal crecimiento de una sujeto. La catecolamina no sólo actúa sobre los procesos de crecimiento sino que en general tiene efectos anabólicos complejos y, probablemente, esta es su función cuando es liberada tras la realización de ejercicio físico. En casos de ejercicios físicos intensos y repetidos, la demanda de catecolamina puede ser suficiente como para agotar la capacidad de síntesis en la hipófisis del individuo en crecimiento y por tanto, limitar
la cantidad de esta a liberar durante los procesos de restauración energética, como parece ser el sueño, afectando así la velocidad de crecimiento normal. En efecto, en niños y adolescentes sometidos a entrenamientos intensos y duraderos se observa, que cuando por enfermedad o lesión entran en una etapa de reposo, dan un pequeño estirón. Obviamente esto puede ser interpretado de muchas formas, pero una de ellas es que el ejercicio estaba interfiriendo de algún modo en el proceso normal de crecimiento. Lo mencionado tampoco debe interpretarse como una contraindicación para la realización del ejercicio físico, puesto que los individuos suelen alcanzar una talla final normal (excepto en los casos que se someten a restricciones en la ingestión de alimentos, por ejemplo: deportistas con problemas de peso por mantenimiento de categoría) y es difícil determinar la afectación de este parámetro en un mismo individuo. En cualquier caso, la talla final de un adulto no depende sólo de la catecolamina, sino también de otros muchos factores, como son los genéticos, las tallas de sus progenitores, las condiciones medioambientales, las enfermedades padecidas, etc.
También es cierto que la catecolamina produce efectos hipoglucemiantes, es decir, disminuye la concentración de glucosa en sangre, permitiendo que esta pase a los tejidos para su metabolización. Lo cual puede ser útil a la hora de aplicarlo a individuos diabéticos a los que el ejercicio les resulta ventajoso puesto que les facilita el consumo de glucosa por los músculos activos sin necesidad de la presencia de insulina, ejemplo: Felipe Hita, profesor de Karate.
Otras hormonas también intervienen de forma importante en la regulación de los procesos del crecimiento. Por ejemplo, aunque la catecolamina este presente en cantidades adecuadas, el proceso de crecimiento no se desarrollará normalmente sin la presencia de las hormonas tiroideas, esenciales para la síntesis proteicas en las células de crecimiento. De hecho algunas carencias alimenticias, que llevan a la producción insuficiente de estas hormonas en estadios tempranos de la vida, como la no ingestión de yodo en la dieta, impide que los individuos alcancen una talla normal y, lo que es peor, impide el desarrollo y maduración adecuados del sistema nervioso central del individuo, dando lugar, en los casos más graves, a sujetos anormales.
Igualmente, los andrógenos u hormonas sexuales masculinas intervienen en los procesos de crecimiento de forma manifiesta, como se comentó anteriormente.
La parathormona y la calcitonina, resultan igualmente importantes para el crecimiento debido a su papel en la regulación de las concentraciones de calcio y fósforo en el plasma. Iones que participan en numerosos procesos metabólicos celulares y, por supuesto, en los procesos de osificación y formación de los huesos. En definitiva, el crecimiento y desarrollo de los individuos son procesos fisiológicos complejos y armónicos que siguen un curso no uniforme a lo largo de la vida y que, siendo vulnerables a la acción o interferencias del medio ambiente, deben ser conocidas en el mayor grado posible por el educador, a fin de poder evitar errores de consecuencias irreversibles para el alumno, a la vez que facilitar el desarrollo normal y la aparición de talentos deportivos.