Chapter 3: The protection of sensitive information and the associated risks of disclosure
3.2 Intelligence in counter-terrorism proceedings.
3.2.1 Intelligence versus evidence
3.2.1.3 Politicisation
La sociedad ha resignificado lo que denota ser hombre. El componente biológico no ha generado un esquema determinante para caracterizar la totalidad de las sociedades humanas, ni el del cambio en sus formas de interacción y organización;65 pero las
64 Gentile, Giovanni, La filosofia di Marx. Studi critici, Spoerri. Pisa, 1899, pp.73-78, Citado en Fuentes L. y Massardo J., Óp. Cit., p. 17.
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condiciones simbólicas que parten de su existencia y del carácter material, sí. De manera que los sujetos advierten y construyen la realidad como producto de su socialización, lo hacen designando la permanencia de valores y esquemas perceptivos que se transforman en ella.66
Uno de estos esquemas perceptivos más acabados es el lenguaje; tiene la capacidad de sumar un todo social en aras de señalar lo significativo de las acciones en una comunidad lingüística, une a los sujetos y en cierto grado los hace dependientes uno de otro. La lengua se consolida así, como herramienta de la objetivación de significados y tipificación de experiencias, en aras de concretar la comunidad que se vincula a través de una totalidad significativa.
Debido a que la realidad comprende todo aquello que supera la voluntad del sujeto, éste intenta integrarla como objetos inteligibles; para ello, el lenguaje es el mecanismo principal de asimilación. Se ha manifestado cómo la realidad (antes de designarse objeto) llega a un individuo; sin embargo, también asiste el saber ¿cómo el cúmulo de conocimiento subjetivo escala hasta convertirse parte de la realidad?, ¿cómo los significados parciales se transforman en objetivos?, ¿en símbolos? y ¿en qué momento se convierten en acciones sociales?
Más allá de una búsqueda genealógica del lenguaje como concepto amplio,67 es innegable que el uso cotidiano de la palabra estructurada define la totalidad significativa,
66 A pesar de que “esquemas perceptivos” parecería un oxímoron; como lo dicta el pensamiento sociológico: el individuo no es autónomo en su construcción ontológica, está delimitado por el contexto, el lenguaje, las relaciones sociales y los valores que le rodean. No importa que la percepción figure en el campo de la filosofía o de la psicología (evidentemente delineados de acuerdo a esas disciplinas), toda percepción se tipifica a través del lenguaje. A ciencia cierta no existe manera de comprobar que aquello que se nombra, parte de una correspondencia total entre diversos individuos, en otras palabras: que “todos percibimos igual”, la intuición en un primer momento dicta que no. Po ello, cuando alguien describe algo parte de que el otro entenderá. Ibíd. En otros casos es más recurrente utilizar esquemas interpretativos que son recursos que sirven para dar sentido a un acontecimiento y a su vez generan una acción o reacción al mismo.
67 En términos generales; el lenguaje, como elemento esencial de toda cultura, es un conjunto de signos y marcas fonéticas que sirven como herramienta de expresión al hombre y que se manifiesta a través del habla, la escritura u otro esquema de signos. Al ceñir cualquier explicación a su estudio desde las Ciencias Sociales; también se
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aquello que inteligiblemente se comprende como realidad y que tiene como base la referencia al discurso como acontecimiento. La experiencia y disposición del signo lingüístico, ubica su dimensión social en el enunciado que realiza la acción de crear y filtrar lo significativo para una comunidad lingüística que identifica sus saberes y los mecanismos para transformarlos. Lo anterior se traduce en una comunión de consciencias que comparten una realidad común a la cual designan y que al mismo tiempo se encuentra delimitándolas.
Dentro de este marco, los discursos y actitudes del hombre no son concebidos desde una consciencia autónoma del estar e interactuar en el mundo. “El hombre (…) es el más imitador (mimetikotaton) de todos los animales y es imitando (dia mimeseos) como adquiere sus primeros conocimientos”,68 para poder generar algo necesita las referencias que le den sentido a su habitar con determinados individuos y en un espacio concreto.
Las referencias que distinguen una realidad social se reconstruyen a partir del significado que otorgan los miembros de un grupo a discursos y prácticas. Estas señas se encuentran depositadas en esquemas identificables de conocimiento, repositorios de signos que se basan en el entorno de sus contenidos y que tienden a ser reproducidos como elementos naturales de una sociedad. En la ordenación y en la “constitución de un sentido objetivo
identifican en él “a) los modos en que la verdad de la realidad social en el espacio y en el tiempo marcan, condicionan, determinan, influyen en las variaciones diacrónicas y sincrónicas de los elementos morfológicos, sintácticos, semánticos y simbólicos del lenguaje, en los dos niveles del sistema lingüísticos (correspondiente a la langue saussuriana) y del acto lingüísticos (correspondiente a la parole); b) los modos como el lenguaje, considerado en esos dos niveles, influye y condiciona a su vez muchos aspectos de la realidad social — empezando por la percepción de la realidad misma— y especialmente los procesos de comunicación, las relaciones interpersonales, el estatus,…, y no por último c) los modos en que el propio lenguaje se vuelve realidad social por medio de la interiorización en la personalidad de los significados, los símbolos, las representaciones colectivas que vincula, la categorización y la institucionalización de las definiciones cognoscitivas, afectivas y valorativas relacionadas con acontecimientos, personas, colectividades que el lenguaje opera, a la vez que el lenguaje escrito posibilita la extensión casi ilimitada de la memoria social.” Gallino, Luciano, Diccionario de sociología, Siglo XXI, México, 1995, p. 562.
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de las acciones que se desarrollan en el mundo de la vida es necesario presuponer la mediación simbólica de los signos del lenguaje”.69
Esta fabricación de las ideas objetivas, heredera de la fenomenología de Schütz,70 indica como aporte fundamental que la construcción de la realidad proviene de toda actividad humana. “El mundo de la vida cotidiana no sólo se da por establecido como realidad por los miembros ordinarios de la sociedad en el comportamiento subjetivamente significativo de sus vidas. Es un mundo que se origina es sus pensamientos y acciones, y que está sustentado como real por éstos.”71 Esta perspectiva también apunta que la suma de las producciones subjetivas, dentro de ellas el discurso, crea explicaciones comunes y dada su correspondencia con un lenguaje específico —que ancla los significados y hace común la experiencia— hace intuitivo el ejercicio de la socialización. Las enseñanzas prácticas de los sujetos pertenecientes a cierta sociedad, se definen en el marco de un sistema de signos específico y conforman una guía práctica dónde pertinencia y significatividad están implícitas en pensamiento y acciones; lo que simplifica el aprendizaje de pertenecer a una comunidad precisa. “Aprendo la realidad de la vida cotidiana como una realidad ordenada… El lenguaje usado [en ella] me proporciona continuamente las objetivaciones indispensables y dispone el orden dentro del cual [ésta] tiene significado para mí”.72
La importancia de la vida cotidiana —entendida como “la realidad habitual” —,73 se desprende de que en ella se genera el sentido objetivo. Éste es una consciencia esencial en la que se encuentran aprendidas las nociones básicas de conocimiento en una
69 Paolicchi, Leandro, “Praxis humana y pragmática trascendental del lenguaje. Primeras determinaciones acerca de la lingüística de los actos sobre el trasfondo de la crítica trascendental del sentido” en Revista Tópicos (online), número 25, (Junio, 2013), p. 26. Disponible en: http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1666- 485X2013000100002&lng=es&nrm=iso Consultado el 16 de julio de 2015.
70 Schütz, Alfred, El problema de la realidad social, Amorrortu, Buenos Aires, 1995, pp. 327. 71 Berger y Luckmann, Óp. Cit., p. 35.
72 Ibíd., p. 37.
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sociedad,74 fincadas en un cronotopo. Cuando se aleja la interacción de una situación específica, se usan las tipificaciones de la experiencia que permiten que el aprendizaje de la realidad se transmita a otras generaciones.
Esto tampoco quiere apuntar que la realidad pase como un esquema inmutable de generación en generación, está sujeta a un sistema de adaptaciones y acomodaciones que el sujeto, basándose en sus vivencias, utiliza para actualizarla. “En un primer momento, el hombre interactúa con el ambiente circundante sobre la base de la adecuación de este ambiente para la reproducción de la propia vida. El sujeto reconoce la necesidad dentro de la cual está actuando, y el carácter libre de sus elecciones crece paralelamente a su capacidad de reconocer la utilidad de sus gestos y de los objetos que lo circundan”.75
Retomando el planteamiento de que la sociedad es un producto humano objetivo y que como consecuencia el hombre también es un producto social,76 se ha manifestado que la actividad humana (ya sea acción como producción, reproducción o comunicación) es la forma fundamental de la construcción y mantenimiento de la realidad. Esta última se conoce exclusivamente como producto de su relación con el hombre, el cuál a través de su praxis refunda el sentido objetivo, guía de estar en el mundo.
En este punto cabe hacer el paréntesis de que, como se ha definido, la praxis no es como tal toda actividad práctica realizada por el hombre, ni tampoco define cualquier conducta arbitraria, “es siempre una respuesta a determinadas necesidades concretas que la vida
74 Ibíd.
75 Lukács, György, en Infranca, Antonino (comp.), “Ontología del ser social: el trabajo”, Textos inéditos en castellano, Ediciones Herramienta, 2005, pp. 208. Disponible en http://www.herramienta.com.ar/gyoergy-lukacs- ontologia-del-ser-social-el-trabajo-textos-ineditos-en-castellano/gyoergy-lukacs-onto#_ftn10 Consultado el 20 de junio de 2015.
76 Esto se da de acuerdo a la asociación de que “la sociedad es un producto humano. La sociedad es una realidad objetiva. El hombre es un producto social.” Berger y Luckmann, Óp. Cit., p. 82.
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material y espiritual nos viene provocando y que debe, por tanto, recoger lo específico que define estas necesidades”.77
Entonces, ¿cómo el lenguaje se convierte ya no únicamente en acciones sino acciones sociales?, ¿acciones que enmarcan cualidades que, incluso como contenido de reproducción, son parte de las exigencias del contexto y el individuo? Para ello debe pensarse que aquellos actos en el marco de una comunidad específica, tenderían a ser reflexivos y significativos bajo una proposición trascendente, supondrían no limitarse a la reproducción de un aparente contenido objetivo sin aportar a su reinterpretación; tendrían que partir de un principio de reflexividad o asentamiento en la actividad común. La acción es uno de los conceptos más sinuosos en el pensamiento social (a pesar de ser uno de los más trabajados), su flexibilidad parte de su polisemia y de la dificultad de definir el papel del individuo en relación con su entorno. En el capítulo anterior se incorporó el lenguaje como acontecimiento, es decir, como unidad en una trama de intercambios significativos. No obstante, en este punto se retoma su extensión en la acción como enfoque de totalidad que, sin dejar de lado el sentido, se identifica con la voluntad y posibilidad de que un acto se concrete.
Con el fin de encuadrar esta explicación en la teoría de la acción, se pueden distinguir dos vertientes principales: por un lado, los enfoques estructurales en Sociología, que ubican la acción en un esquema que predispone las prácticas humanas; por otro, los constructivistas que ven la acción del individuo como contenido significativo para el contexto y para los sujetos que lo rodean, distinguiendo así un rol activo del hombre en la redefinición de la realidad.
De acuerdo con el planteamiento del construccionismo, la realidad (nivel macrosocial) no es una disposición normada anterior a cualquier acción de los sujetos; estos localizan sus prácticas dentro de un esquema que buscan transformar. El enfoque que aquí se
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recupera es el que pondera la potencia creativa del sujeto (nivel microsocial) alimentado por un sistema de disposiciones.78
La acción social se define como una “secuencia intencional de actos con sentido que un sujeto individual o colectivo (a menudo designado como ‘actor’ o ‘agente’) lleva a cabo escogiendo entre varias alternativas posibles, con base en un proyecto concebido anteriormente pero que puede evolucionar en el transcurso de la misma acción, con el fin de conseguir un objetivo, o bien de transformar un estado de cosas existente en otro estado más agradable, en presencia de una determinada situación —compuesta por otros sujetos capaces de acción y reacción, normas y valores, medios y técnicas operativas utilizables para tal fin por parte de objetos físicos, la cual es tenida en cuenta conscientemente por el sujeto en la medida en que dispone de informaciones y conocimiento a respecto.” 79
Bajo esta acepción no se descarta el discurso como posible acción social. Sin embargo, sí es importante distinguir que el enunciado que se vierta acción social se diferencia de otros cuando se trata de una proposición que evita ser reproducción referida como aparente consciencia.
Lo que un discurso puede conseguir, no se identifican únicamente a través de observar su función como acciones sociales; parte desde el sentido con el que se enuncia, hasta el precedente de que el reconocimiento de un discurso se de en comunión con otros.
78 Para ejemplos la lectura que hacen de la formación de los social, Max Weber, Alfred Schültz, Peter Berger, Thomas Luckman, Pierre Bourdieu, Antony Giddens, Maurice Godelier, Douglas Kellner, entre otros. Todos, en diferente grado y forma, apelan a conceptos centrales que han ordenado la realidad y que a pesar de ello el sujeto la transforma en cierta medida. No está de más identificar que el signo (lenguaje) es pieza fundamental del ordenamiento de la realidad. Desde las teorías de la acción con más tradición, la presencia de lo significativo es inmanente al papel de los objetos materiales y por tal fundamental en cualquier producto del hombre. Esta manera de interpretar lo social y de apuntar en la acción del sujeto un precedente importante para la transformación de la realidad, encuentra uno de sus precursores en una de las teorías sociales de más tradición, el marxismo.
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Quien intentó por primera vez una definición y ordenación de las acciones sociales fue Max Weber, las describió como aquellas realizadas por un individuo y guiadas por significados.80 La limitación de esta designación formulada desde la sociología comprensiva, traza un conocimiento de aquellas acciones inscritas en la norma social y el reconocimiento cotidiano y que, por ende, tienden a figurar como “tipificables”. Luego, al pensar estas acciones en los movimientos sociales y otras formas de acción colectiva, se suman otras adjetivaciones.
La característica especifica de la acción social como vertebra significativa del individuo, es que a través de su concepción la conducta humana no sea errática y, a pesar de tener un sentido subjetivo, sea posible conocerla en la medida que sea tipificable.81 De esta manera la comprensión de la realidad se da exclusivamente cuando un agente empata
80 Para Weber no todas las acciones son acciones sociales; sin embargo “la acción social, como toda acción, puede ser: 1. Racional con arreglo a fines: determinada por expectativas en el comportamiento tanto de objetos del mundo exterior como de otros hombres y utilizando esas expectativas como “condiciones” o “medios” para el logro de fines propios racionalmente sopesados y perseguidos. 2. Racional con arreglo a valores: determinada por la creencia consciente en el valor —ético, estético, religioso o de cualquier otra forma como se le interprete— propio y absoluto de una determinada conducta, sin relación alguna con el resultado, o sea puramente en méritos de ese valor. 3. Afectiva, especialmente emotiva, determinada por afectos y estados sentimentales actuales, y 4. Tradicional: determinada por una costumbre arraigada.” “Conceptos sociológicos fundamentales” Weber, Max, Economía y sociedad, Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 2014, pp. 151, 152.
Sin embargo, otros autores tratan las acciones sociales complementando el enfoque de Weber; entre ellos Talcott Parsons, que identifica la acción como “el proceso de alteración de los elementos condicionales en la dirección de la conformidad con las normas” distingue entre acciones lógicas y no lógicas que estarán enmarcadas en un sistema. Cualquier unidad mínima de la acción tiene cuatro rasgos principales: la diferenciación mínima de los elementos estructurales, orientación normativa de la acción implicada en las relaciones de estos elementos, referencia temporal y que el esquema es “intrínsecamente subjetivo”. Parsons, Talcott, La estructura de la acción social. Estudio de teoría social con referencia a un grupo de recientes escritores europeos, Castilla, Madrid, 1968, pp. 887- 894.
Otra importante contribución a la teoría de la acción social en relación con la estructura proviene de Giddens que la define como “un proceso continuo, un fluir en el registro reflexivo que el individuo mantiene es fundamental para el control del cuerpo que los actores de ordinario mantienen de cabo a cabo en su vida cotidiana”. Giddens, Anthony, La constitución de la sociedad: bases para la teoría de la estructuración, Amorrortu, Buenos Aires, 2011, p.46. Es importante porque Giddens identifica justamente en un agente la posibilidad de transformar la “estructura de la vida” a través de su acción (una tipificación de la conducta). 81 Esta tipificación y sentido asignado a las acciones está contenido en Max, Weber, Óp. Cit.
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en ella un sentido (intención) al momento de interactuar con otro sujeto. Intención que además de expresar la voluntad del individuo, confirma la mezcla de creencias, valoraciones, perspectivas y sentimientos que le acompañan. No obstante, es importante evitar el planteamiento de un sentido cerrado dictado por la intencionalidad individual, ya que la condición intersubjetiva identifica que la intencionalidad también se construye de acuerdo al número de sentidos que se le puedan asignar a una proposición. Además de ser en un inicio la capacidad de cambio que tiene una comunidad, la acción social debe tener una influencia concreta y significativa sobre otros sujetos; está completamente dirigida en función de evadir la anomia. Así, “la presunción fundamental de una actividad social es, pues, la relatividad significativa con respecto al comportamiento ajeno.” 82 El que se viertan distintos significados y que, a pesar de esta pauta, sea posible una inauguración intuitiva, es parte del proceso comunicativo. El principio que promueve el diálogo es el reconocimiento.
El reconocimiento —esbozado en el capítulo anterior— consiente que el hombre sea referido en el mundo a través del ejercicio recíproco de identificación frente al otro; pero también se vuelve actividad mientras espera comprobarse mediante la intelección de otra subjetividad. Este ordenamiento de los sujetos en la realidad se da a través de aquellos que pretenden interpelarla como sujetos sociales y que, al invocar el diálogo como premisa fundante del otro, realizan un ejercicio práctico.
Debido a la amplitud del concepto reconocimiento, por el momento sólo se utiliza para identificar la premisa de socialización en la que aparece una voluntad subjetiva de totalidad. Un individuo se conoce en la medida que otro lo hace; por tanto, con el fin de que ese otro pueda percibirle, ocupa los sistemas simbólicos emplazados en la realidad como resultado de la interacción de otras subjetividades y mantiene una relación con el otro de carácter reflexivo.
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El sistema simbólico en una sociedad tiene como funciones: permitir que los individuos de ésta accedan a un campo significativo de su experiencia y fichar las apropiaciones de un rol o actividad concreta basándose en la producción de la subjetividad.83 Esta última —la subjetividad— tiene que ser capaz de integrar sentidos y aprendizajes que no