Al principiante normalmente le parecerá esta oración de recogimiento como algo que sobrepasa notablemente sus medios y sus hábitos. Si intenta ponerla en práctica, se dará cuenta de que sus poten- cias carecen de flexibilidad, no están habituadas a la disciplina y no saben buscar el contacto con Dios en la oscuridad del alma.
Cualquier experiencia de la presencia de Dios en el alma será una ayuda valiosa:
«Pues yo os digo que, para entendimientos derramados, que importa mucho no sólo creer esto, sino pro- curarlo entender por experiencia; porque es una de las cosas que ata mucha el entendimiento y hace recoger el alma»17.
No es necesario que esta experiencia sea fruto de una gracia mística caracterizada, gracia de unión u. otra; una simple manifestación interior de Dios, mediante una consolación o un llamamiento, puede bastar para facilitar al alma el recogimiento y enseñárselo definitivamente. Dichas manifesta- ciones divinas son bastante comunes en la vida espiritual de las almas; ¿hay algún alma que, en una
11 Ibid., 26, 4-6. 12 Ibid., 27, 1. 13 Ibid., 27, 7. 14 Ibid., 29, 5. 15 Jn 14, 23. 16 Camino... 29, 7. 17 Ibid., 28, 1.
comunicación ferviente o en una oración, no haya sentido al menos la dulzura reveladora de una pre- sencia divina?
¿Es necesaria esta experiencia, aun siendo mínima, para trabajar en esta oración de recogimien- to? Ciertamente, no. Aun asegurándonos santa Teresa que esta experiencia llegará más tarde, afirma, no obstante, con firmeza que el Señor no se manifiesta al alma inmediatamente18, al menos con tanta frecuencia que mantenga al alma en un recogimiento habitual, y que esta oración de recogimiento de la que habla depende de nuestra voluntad:
«Entended que esto no es cosa sobrenatural, sino que está en nuestro querer, y que podemos nosotros hacerlo con el favor de Dios»19.
El esfuerzo del alma debe ser enérgico. La del recogimiento es una dura ascesis. ¿Para qué di- simular que uno se siente asustado? Santa Teresa habla de los trabajos de los principios, «porque el cuerpo torna de su derecho, sin entender que él mismo se corta la cabeza en no darse por vencido»20.
En el Castillo interior habla de «esta batería que se pasa para tornarnos a recoger»21. Su experiencia, largamente expuesta en el libro de su Vida, le instruía sobre este punto:
«Pasé muchos años por este trabajo de no poder sosegar el pensamiento en una cosa y esto muy gran- de»22.
Si la energía desplegada fuera violenta, podría llegar a ser perjudicial, porque el recogimiento no se puede conseguir «a fuerza de brazos... sino con suavidad»23. La misma Santa consideró como un favor haber encontrado un método de recogimiento: en el Tercer Abecedario del franciscano Francisco de Osuna, y nos ofrece el fruto de sus estudios y de su experiencia.
En primer lugar, conviene no separar los diversos momentos de la oración de recogimiento. En cuanto el alma está a solas, debe buscar la compañía de Jesús y conversar con él:
«La examinación de la conciencia y decir la confesión y santiguaros, ya se sabe ha de ser lo primero. Pro- curad luego, hija, pues estáis sola, tener compaña. Pues, ¿qué mejor que la del mismo Maestro que enseñó la oración que vais a rezar? Representad al mismo Señor junto con vos»24.
Sin duda alguna, el mejor medio de afianzarse en el recogimiento es el de quedarse con el Maes- tro, al lado de quien uno se recoge. Dirigirse directamente hacia el fin es el medio más seguro para conseguirlo y recogerse al mismo tiempo.
Escribe santa Teresa:
«Yo lo he probado algunas veces, y el mejor remedio que hallo es procurar, tener el pensamiento en quien enderezo las, palabras»25.
Para mantener este contacto con el Maestro hay que recurrir a la actividad de las facultades o, incluso, a toda suerte de pequeños artificios. Cada uno recurrirá a los medios que mejor resultado le den y hagan más íntimo y vivo este contacto.
Encontramos aquí todos los modos de oración expuestos anteriormente, que no constituyen ya formas independientes, sino que se convierten en medios para practicar la oración de recogimiento.
Algunos, en consecuencia, se servirán de la imaginación, que, al construir las escenas evangéli- cas o representando la fisonomía y la actitud del Maestro, facilitará el trato vivo con él.
Las reflexiones del entendimiento o meditación discursiva pueden favorecer la oración de reco- gimiento, pero con la condición de que no se pase demasiado tiempo en ello y de que los razonamien- tos cedan pronto su lugar al contacto íntimo, al que deben servir.
Escribe la Santa:
«Es bueno discurrir un rato...; mas que no se canse siempre en andar a buscar esto, sino que se esté allí con él»26.
18 Ibid., 28, 12. 19 Ibid., 29, 4. 20 Ibid., 28, 7. 21 2M 1, 9. 22 Camino... 26, 2. 23 2M 1, 10. 24 Camino... 26, 1. 25 Ibid., 24, 6. 26 Vida 13, 22.
4. La oración de recogimiento 117
Sucederá que alguien no pueda servirse en la oración ni de la imaginación ni del entendimiento. Siempre es posible fijar en el Maestro una sencilla mirada de fe y mantenerse de este modo en su pre- sencia; santa Teresa nos ofrece su palabra sobre el particular:
«No os pido ahora que penséis en él, ni que saquéis muchos conceptos, ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más que le miréis»27.
«¡Acostumbraos!; mirad que se yo que podéis hacer esto, porque pasé muchos años por este trabajo de no poder sosegar el pensamiento en una cosa»28.
Dicha mirada establece un contacto satisfactorio. Sin embargo, con bastante frecuencia deja al alma en una impotencia dolorosa.
Para remediar esta impotencia, como también cualquier otra, sea cual fuere su origen, santa Te- resa indica algunas pequeñas técnicas.
En primer lugar, la oración vocal, cuyas ventajas conocemos ya, y que de este modo puede ali- mentar la oración de recogimiento:
«Este modo de rezar, aunque sea vocalmente, con mucha más brevedad se recoge el entendimiento, y es oración que trae consigo muchos bienes»29.
También la lectura meditada es un medio, y de los mejores, para ayudar al recogimiento:
«También es gran remedio tomar un libro de romance bueno, aun para recoger el pensamiento, para venir a rezar vocalmente»30.
Para estimular las facultades y ayudarlas a considerar la persona de Jesús viviente se podrá recu- rrir a las estampas o imágenes:
«Lo que podéis hacer para ayuda de esto: procurad traer una imagen o retrato de este Señor que sea a vuestro gusto, no para traerle en el seno y nunca mirarle, sino para hablar muchas veces con él, que él os dará qué le decir»31.
La experiencia hará que cada uno encuentre otros «halagos y artificios»32 para fortalecer o suplir la actividad de las facultades y mantener al alma en contacto con el Dios vivo.
Santa. Teresa promete un éxito bastante rápido a quien persevera sirviéndose de ellas:
«Si se usa algunos días y nos hacemos esta fuerza, verse ha claro la ganancia; y entenderán, en comen- zando a rezar, que se vienen las abejas a la colmena y se entran en ella para labrar la miel»33.
Pero la oración de recogimiento debe prolongarse durante toda la jornada, conforme al pensa- miento de santa Teresa, e impregnar toda la vida.
Para que esta intimidad divina continúe a través de las diversas ocupaciones, los medios em- pleados para la oración no serán suficientes; hay que encontrarlos que sean sencillos y adaptados, co- mo, por ejemplo, recuerdos de la presencia de Dios, vinculados a objetos determinados, imágenes o cualesquiera objetos familiares, a un cambio de ocupación, a cualquier otro punto de referencia que recuerde la presencia divina y el acto de amor que hay que hacer. Hay que buscar esta presencia divina bajo los diversos velos que la encubren a la vez que la revelan.
Con esta técnica, muy sencilla, al unirse al amor, la presencia divina se hace rápidamente fami- liar. Está indicada en todo momento por estos puntos de referencia que llegan a ser luminosos, dentro del ambiente en que uno vive, en las personas que tratarnos, en nuestras ocupaciones; esta presencia divina llena la atmósfera y la vida y casi sin esfuerzo y sin ruido se hace constante y apaciblemente luminosa.
Santa Teresa nos habla de la presencia de Dios que se hace constante, de la intimidad con Jesús convertido en compañero inseparable, en una palabra, de la oración de recogimiento en toda su exten- sión en la vida, cuando afirma:
«Pues nada se aprende sin un poco de trabajo, por amor de Dios, hermanas, que deis por bien empleado el cuidado que en esto gastareis; y yo sé que, si le tenéis, en un año y quizá en medio, saldréis con ello, con el
27 Camino... 26, 3. 28 Ibid., 26, 2. 29 Ibid., 28, 4. 30 Ibid., 26, 10. 31 Ibid., 26, 9. 32 Ibid., 26, 10. 33 Ibid., 28, 7.
favor de Dios. Mirad qué poco tiempo para tan gran ganancia, como es hacer buen fundamento para sí quisie- re el Señor levantaros a grandes cosas, que halle en vos aparejo hallándoos cerca de sí»34.
Anteriormente había dicho:
«Si en un año no pudiéramos salir con ello, sea en más. No nos duela el tiempo en cosa que tan bien se gasta. ¿Quién va tras nosotros? Digo que esto; que puede acostumbrarse a ello, y trabajar andar cabe este verdadero Maestro»35.
Parece afirmar la Santa, en estos textos, que el recogimiento habitual exige una gracia particular de Dios. El método de oración prepara al alma para recibir este favor y para hacérselo merecer. En efecto, este método pone en obra todas las actividades del alma para adquirirlo e impulsa la misericor- dia divina. Hay que hablar ya de su excelencia y explicar su éxito.