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CHAPTER 5: FINDINGS

5.3 Intervention Characteristics

5.3.3 Post-programme effects

Después de los “años gordos” tienen lugar los “años magros”. La reserva para la vida, aquel “quinto” (Gén. 41:34), el “uno” del 1-4, ha sido recolectado. La vida se ha asegurado; el mismo faraón ha reconocido la ley del 1-4.

De todas partes del mundo vienen ahora a Egipto, aquel mundo de la dualidad que no tenía respuesta para los opuestos. Este mundo siguió el camino del ibrí. Así llegó a ser centro de todos los mundos. A su vez, los otros mundos necesitaban de este mundo, que llevó la dualidad a la armonía para poder vivir. Si este mundo es capaz de superar los opuestos, es el mundo que cierra el ciclo. El ciclo cerrado contiene todo, desde el principio hasta el fin.

No es la masa de la tierra ni la inteligencia del hombre que hacen de nuestro mundo un centro del universo, sino la posición del hombre que le es conferida por la Biblia. Con esta posición el hombre puede unir el 1 con el 4, puede unirlo todo con el origen y llevarlo todo al origen. Esto hace de este mundo un centro, un punto central.

Es por ello que finalmente también los hijos de Jacob tienen que llegar a Egipto para recibir los alimentos para los años magros del mundo transformado en “uno” por José.

Ya sabemos que “hambre”, en hebreo, es ‘RaAB’: 200-70-2; y que “satisfacción” es ‘SoBA’, la misma palabra que para “siete”, 300-2-70. Obtenemos así los valores totales de 272 y 372, lo que significa que para pasar del “hambre” a la “satisfacción” es necesario atravesar el 100, el 10 x 10. Este 10 completo es el camino a través de este mundo, el mundo en el que gobierna la vida y la muerte, pero que también enseña cómo lograr la unión entre ambos. Recién esta unión crea la armonía entre vida y muerte, entre justicia e injusticia, entre bien y mal. Es la misma armonía que da sentido a la vida.

XI. EL JUEGO

Por los “años magros” que tocaron también a Canaan, los hermanos de José se vieron obligados a trasladarse a Egipto. No reconocen a su hermano, sólo ven a un señor extraño de comportamiento severo. Sienten que son tratados a propósito severa e incorrectamente. Es entonces que recuerdan su propia severidad y trato incorrecto para con su propio hermano José. Muestran entre sí arrepentimiento.

José, sabiendo bien a quien tiene frente a sí, juega severamente con ellos. Acusa a sus hermanos de ser espías y no gente pobre. Los hace controlar. Posteriormente, uno de ellos deberá quedarse, mientras los otros tendrán que ir a buscar al hermano menor, Benjamín (Gén. 42:5-20). Benjamín es el único hermano de José de la misma madre. José quiere ver que es lo que harán sus hermanos cuando Benjamín entre en dificultades.

De esta manera, los hermanos traen a Benjamín en su segundo viaje. Al padre, Jacob (Israel), le cuesta mucho permitir que se vaya su hijo menor (Gén. 43:1-14). También quieren devolver al severo señor José las sumas de dinero que éste hizo colocar secretamente en sus bolsas de trigo. José los agasaja a todos con abundancia, pero prefiere, obviamente, a Benjamín. Al despedirse, hace esconder su copa de plata en las bolsas de Benjamín para acusarlo luego de robo. Son perseguidos en su camino de vuelta, y Benjamín es obligado a permanecer como esclavo en Egipto (Gén. 43:15, 44:1?).

Ahora aparece Judá. Fue quien tuvo el papel principal en la venta de José. Del primer grupo de hijos, es decir de los primeros cuatro hijos de Lea, él es el cuarto. El principio del Alma, de lo primogénito, se cristaliza en Judá. Como segundo grupo, como manifestación del cuerpo, vienen José y Benjamín. Pero Judá se había comprometido ante su padre a volver con Benjamín. Ahora que Benjamín debe permanecer como esclavo en Egipto, Judá se ofrece a sí mismo en su lugar. Sólo al encontrarse los hermanos en su máxima desesperación, José se hace conocer por ellos. Del más grande duelo y angustia surgen júbilo y alegría. No sólo se encuentran libres, sino que ese señor de Egipto es José, su hermano (Gén. 44:18; 45:15).

Por supuesto, la historia de José y sus hermanos es un relato didáctico de por sí, pero la Biblia quiere decir aún mucho más. Desde la primogenitura de Jacob, lo que aparece primero es expresión del Alma; y lo que viene después, del cuerpo. Pero ya no están separados, sino unificados. También los hijos de Lea, como “primeros” están en la misma relación con los hijos de Raquel, los “segundos”.

Por eso el amor de Jacob por Raquel era tan profundo, porque incluía el cuerpo que se siente “uno” con el Alma. Es el nuevo cuerpo, la nueva materia, la materia santificada por la primogenitura de Jacob. La túnica multicolor que Jacob regaló a José fue signo de este amor.

Raquel era la menor de las hermanas, y recibió de manos de Lea los dudaím, las “manzanas de amor”, porque se encontraba, como hermana menor, en una relación especial con Jacob; ya que ella dio a luz al séptimo y octavo hijo directos; o bien, sumando los hijos de ambas mujeres y de sus criadas, al primero y al segundo después de haberse cumplido el número 10 (decimoprimero y decimosegundo hijos).

Judá, como hermano mayor, no puede comprender cómo el “cuerpo”, la apariencia, puede ser rey por más que se encuentre atado al Alma. Él vende ese “cuerpo” a Egipto, tierra de dualidad, mundo del desarrollo, del far. También desgarra

la túnica jubilosa, el ketonet pasim que Jacob regaló a José, quien había logrado la armonía.

Son las reflexiones de un hombre que está cerca del Alma y no quiere comprender que también el cuerpo posee un gran significado. Son las mismas reflexiones de los Ángeles, las primeras criaturas que no pudieron creer que el hombre terrenal, con su cuerpo, podría ser el objeto de la creación.

Esta forma de reflexión es típica de la fuerza del desarrollo; en ella se manifiesta lo contradictorio. En el origen todo es bueno, todo es sagrado, pero lo que surge desarrollándose a partir de allí está poseído por la soberbia del desarrollo. Así es su pensamiento, y por ello José fue entregado al mundo de la dualidad desnudo, sin vestimenta lujosa, para servir allí como esclavo. ¡Cómo será posible que el cuerpo ocupe el primer lugar! Labán fue quien estableció el fundamento para estas reflexiones, y con ello para la esclavitud en Egipto.

Esta concepción se prolonga hasta el momento en que Judá, con su convicción del valor exclusivo del Alma, tiene que descender él mismo a ese mundo. El hambre lo obliga a ir hacia aquel mundo y pedir ayuda en él.

De repente, sus criterios que parecían tan seguros, no valen más. El se había basado exclusivamente en el mundo del origen con la convicción de que eso era positivo. Satisfizo todos sus requerimientos en esta vida: fue honrado; cumplió con su palabra; pagó por lo que compró... y sin embargo, todo eso parecía haber perdido su valor en el momento de su descenso a Egipto, frente a ese señor extraño quien deformaba todo, acusándolo a él y a los suyos. En tales circunstancias el hombre está asaltado por la duda, cree en la injusticia y siente por otro lado que a lo mejor había errado en algo. ¿No había acaso destinado un lugar inferior a aquel cuerpo, que provino del mismo padre pero de una madre diferente, para que viva como esclavo en el mundo de la dualidad? ¡Allí pudo hacer lo suyo, servir al far, o sea a la fuerza del desarrollo! ¿Qué significaba para la esencia lo que comía el cuerpo; dónde estaba parado o acostado, arrodillado o caminando? ¿No era suficiente para el esclavo tener su pan y sus juegos? Por supuesto, el cuerpo demanda su goce, ¿Pero qué tenía que ver el alma con éste? El cuerpo es sólo polvo; es portador del Alma. Esa es su tarea, no tiene otro sentido. Por ello su lugar es Egipto, pero el Alma está y se queda en Canaan... así pensaba el hombre Judá.

Ahora está en Egipto, en el mundo que expresa también la muerte; donde ese señor incorrecto le pregunta también por Benjamín, que proviene de la misma madre que José.

La Tradición94 cuenta que Benjamín era casi igual a José, sólo que en otro nivel. Ella también señala los nombres de los diez hijo de Benjamín, que están relacionados con los diez importantes acontecimientos en la vida de José. Benjamín es la parte que todavía queda de la originaria totalidad del “cuerpo”, lo último que Jacob posee aún de su amada Raquel, y justo ese remanente es lo que debe ser entregado ahora.

Los hermanos reconocen su error frente a José, a quien habían vendido al mundo del dualismo justo en el momento en que toman conciencia de que en este mundo todo obedece a leyes extrañas y desconocidas. Ahora también Judá intuye que el cuerpo tiene su valor, y es por eso que él se ofrece como rehén en reemplazo de Benjamín.

José trata al hermano menor con máxima benevolencia. Lo prefiere visiblemente. Benjamín recibe cinco partes, mientras que los otros se tienen que conformar con una (Gén. 43:34). Al recibir los hermanos una túnica festiva, a Benjamín se le regalan cinco de ellas, además de trescientas monedas de plata (Gén. 45:22). Benjamín no recibe “una” parte ni “cuatro” partes, sino las cinco partes, 1 + 4. Está claro que a los otros

hermanos no se les debe dar el “cuatro”, aquella parte del cuerpo que hace frutos, sino la parte que es fruto. En cambio, Benjamín recibe el regalo de las “cinco partes”, el

árbol que es fruto y hace frutos, el “uno” y el “cuatro”.

Después de parecer todo en orden, nuevamente viene el golpe duro. El “gobernador del mundo” exige lo máximo: retener a Benjamín como esclavo. Deberá compartir la suerte de José cuando éste fue llevado capturado a Egipto. Ahora Judá se resiste. Prefiere quedarse él en el lugar del hermano, para que Benjamín pudiera volver al lado del padre. El cambio en Judá es total. Él comprende ahora el valor que puede tener el cuerpo; quiere devolver al padre por lo menos aquello que quedó del cuerpo.

Al ver José el cambio, se hace conocer a los hermanos. Ellos deben saber que él también es un ibrí, su propio hermano, y que no pertenece al mundo de la dualidad.

La Tradición manifiesta al respecto que los hermanos no habían reconocido a José porque partieron de una falsa actitud; quien cree que el cuerpo humano no es más qué producto del desarrollo no comprende las fuerzas motivantes del mundo de la dualidad. Recién después de entender que cuerpo y Alma deben llegar a ser “uno” se tomará conciencia de la existencia de José en el mundo de la dualidad.

El cuerpo, al unirse al desarrollo material, había causado la muerte. Tomó el camino de la serpiente. Pero este estado llega a ser base de la existencia humana; de ella puede surgir la convicción de que todo es bueno a pesar de la muerte y del visible perecer de toda materialidad. El hombre toma conciencia de que está atravesando diferentes fases. Sus actitudes pueden variar –dependiendo de su visión de la vida– desde comprometerse con las fuerzas del desarrollo, hasta tomar finalmente el camino que conduzca al origen –ello en el caso de que se interese verdaderamente por el sentido de las cosas y la relación entre las fuerzas opuestas.

La tendencia a menospreciar el cuerpo significa también menospreciar el sentido de la creación. Sería como reprocharle a Dios haberse equivocado en la creación.

No sólo duerme el hombre para descansar, también para reconocer que el dormirse y el despertar, en su esencia, es lo mismo que el irse y venir de este mundo. Cada respiro es expresión del camino de la creación 1-2-l. Por eso, todos nuestros actos deben orientarse siempre, nuevamente, hacia la conexión con el Origen. José es el hijo especialmente amado de Jacob, hermoso y de bello semblante, tal como es hermoso el cuerpo (Gén. 39:6). Por ello no es indiferente de qué manera el cuerpo está sentado o parado; también la postura corporal puede alejar de Dios o llevar a Él.

La Tradición95 cuenta que Jacob perdió su integridad cuando José fue vendido a Egipto. Su nombre Israel se perdió, y fue recuperado recién cuando supo que José estaba con vida aún. Sin José, su padre Jacob también está quebrado, no es más unidad.

Dios creó la multitud de las formas manifiestas. Y el hombre, con la revelación de la Biblia a su lado, sabe cómo unir estas formas maniflestas con su núcleo, con su esencia. Con este saber, el hombre puede enfrentar lo multitudinario de las formas fenoménicas después de haber reconocido en ellas el sello y el modelo de Dios. Recién entonces puede orientar sus actos, en medio de estas formas múltiples, de manera tal que estén dirigidos hacia Dios. Así fue reglamentada la vida judía cotidiana. Recién cuando el hombre se dirige a Dios con todo su corazón se da cuenta del sentido de sus actos, y entonces “ve” por qué cada una de sus acciones son tan importantes.

El significado de lo corporal y de sus actos correspondientes se muestra especialmente en la función del sacrificio. La Biblia prescribe en todo detalle las instalaciones del Tabernáculo así como del Templo, idéntico a aquel.

Según la Tradición96 la instalación del Tabernáculo es considerada como expresión de la creación en el nivel del mundo.

El Templo consiste de cuatro partes; el camino a través del Templo, es a la vez camino a través de toda la creación. Su entrada se encuentra hacia el oriente. El hombre se traslada, por lo tanto, de oriente a occidente, en dirección del tiempo, o sea del curso solar.

La parte más externa del Templo es el Atrio de las mujeres, porque primeramente uno se encuentra en la creación con lo corporal, con lo femenino. En este Atrio, se encontraba también un Tribunal de Justicia. El derecho, din, se encuentra a la izquierda, en el lado de la “envoltura”.

La segunda parte es el Atrio de Israel. El estado siguiente de lo corporal está caracterizado por la entrega de la primogenitura a Jacob para que éste efectúe la unión entre Alma (2) y cuerpo (1), por lo cual recibirá el nombre de Israel.

La tercera parte es el Atrio de los Sacerdotes. En éste se ofrendan los sacrificios. Allí se encuentra el Altar para los sacrificios animales.

La cuarta parte es “lo sagrado”. Allí está la Casa, la parte cubierta. Esta parte está dividida en dos; dualidad en armonía en el núcleo mismo de lo sagrado. La parte externa contiene tres elementos.

al norte, la mesa de los panes

al sur, el candelabro de siete brazos, la Menorah al este, el altar para los sacrificios humeantes El oeste está cerrado por la “cortina” (el “Parojet”)

La parte interna, detrás de la cortina, es “lo Santísimo” (Sanctasanctórum). Contiene sólo el Arca, el Arca de la Alianza, con sus dos Querubines, los que a partir de la imagen en espejo que forman uno del otro, constituyen una unidad; tal como los dos

Iod en el Alef, los que también forman la unidad partiendo de una imagen especular

recíproca. Dentro del Arca de la Alianza se encuentran las dos Tablas de la Ley, las que siendo “dos”, también conforman una unidad.

El hombre no va al Templo con las manos vacías. Trae consigo su sacrificio, su

Korbán. Tal como lo dice la voz “korbán”, él quiere acercar algo a Dios. Quien viene

sin nada no puede atravesar el Templo. Se debe acercar a Dios algo material. El “hacer con el cuerpo” debe orientarse hacia Dios. El animal es sustraído de la esfera del desarrollo y es llevado de vuelta al origen. El animal, el cuerpo, debe ser liberado por el hombre a fin de no perderse en el desarrollo. Por el acto del sacrificio el hombre lleva a la Unidad dos energías: cuerpo y alma.

Quien quiere ofrendar su sacrificio, su “Korbán”, 100-200-2-50, debe hacerlo con alegría y plena conciencia. Un sacrificio forzado no es un sacrificio. No es posible llegar a Dios forzadamente.

Por razones de simplificación hablamos aquí sólo del sacrificio animal. Con él, el hombre lleva a Dios su existencia corpórea, sus actos corporales. El animal se encuentra en el lugar del cuerpo. Vimos en el sacrificio de Abraham en el monte Moriá, que Isaac lo acompaño como “animal” de sacrificio. Recién ahí, donde será construido el Templo de Jerusalem, se presenta el animal a ser sacrificado como sustituto de Isaac. El animal es liberado de su camino del desarrollo, que lo aleja del origen, y llega a Dios; mientras que el hombre (Isaac) ha visto el Paraíso en vida.

El animal de sacrificio debe ser sano, bueno y valioso. Cuando un hombre enfermo, un hombre quebrado, busca a Dios, no es un sacrificio, ya que él desea algo de Dios, por ejemplo la salud. No trae nada, pero quiere recibir. Después de no haber

podido ser ayudado por los médicos, hace un intento aún con Dios, quizás Él lo podrá ayudar. Quizás al enfermo, al quebrado, lo ha tocado la enfermedad, el sufrimiento, para que se acuerde de Dios, para que piense en el sentido de la vida, a fin de volver a encontrar el camino justo. También es posible que Dios tenga un propósito especial para con él, pero el Korbán debe ser bueno y bello. Se debe querer unir con Dios lo más precioso, no algo sin valor, o algo de lo cual se está ya saturado.

Llevando al animal de la mano el hombre se siente contento, dispuesto a entregar lo mejor a Dios. Lleva al animal hasta el tercer Atrio, el Atrio de los Sacerdotes. Los Sacerdotes son de la tribu de LeVI: 30-6-10. El nombre “Leví” está emparentado con el concepto de ‘acompañar’, ‘atarse a algo’ y ‘acompañarlo’: “LaVéH”, 30-6-5. Así, la tribu de Leví llegó a ser ‘acompañante’, líder de la marcha a través del desierto.

Moisés está ubicado, dentro del sistema, a la derecha por debajo de Abraham, como cuarto; y Aharón, a la izquierda por debajo de Isaac, como quinto. Leví aparece como aquel que hace posible el camino a Canaan, camino que va de la dualidad a la unidad, al Mundo Venidero.

Según la Tradición97, el Leviatán lleva el mundo entero hacia lo venidero.

En la tercera de las tres Festividades bíblicas –Pascuas, Pentecostés y Festividad de las Tiendas– la cosecha del tiempo entre Pascua y Pentecostés es trillada. Se libera núcleo de envoltura para que encuentre su destinación en el pan (Lev. 23:33-36, y 23:39-44; Núm. 29:12-38). En este “tiempo de las tiendas”, se reside durante siete días en una cabaña. Debido al hecho de que se trata de una construcción temporaria, ella no posee un techo fijo, sólo ramas se colocan auxiliarmente sobre ella. Estas ramas deben estar tan sueltas que a través de ellas se pueda ver el cielo y las estrellas98. Durante siete días se reside en esta casa, no del todo sólida, tal como el hombre no encuentra en la