CHAPTER 5: FINDINGS
5.2 Programme Impacts and Outcomes
5.2.4 Relational changes
Jacob quiso tener a Raquel por mujer. Labán, su suegro, sin embargo lo confundió, dándole primero a Lea y más tarde recién a Raquel. Labán ocupa una posición curiosa. Él había creado una dualidad: Raquel–Lea. Esta dualidad continuó en los hijos de ambas madres y sus criadas. Finalmente esta dualidad lleva también a la venta de José por sus hermanos. Ella también llevó a Salomón a la división del reino de Judá e Israel. A propósito, Labán dio a Jacob esa dualidad, que fue llevada por los hijos finalmente de vuelta a la unidad.
El nombre LaBáN: 30-2-50, es la forma masculina de “luna”, ‘LeBaNáH’: 30-2- 50-5. Ella, la luna, trajo también en la creación la dualidad al mundo (Gén. 1:16): Esta fuerza de la dualidad se manifiesta en todas partes. Es el sentido de la vida hacer de la dualidad nuevamente la unidad. Labán le dio a Jacob, en lugar de Raquel, a Lea (Gén. 29:23-25). Jacob contaba con una mujer, pero recibió finalmente dos mujeres. Así conocemos hijos de Lea y de su criada, y también hijos de Raquel y de su criada. Los hijos de las criadas deben ser vistos como hijos indirectos. De por medio está la señora (ver el cuadro de la pág. 72 “La Familia de Jacob”).
LA FAMILIADE JACOB
1. MUJER: LEA
HIJOSDE LEA: 1. RUBÉN; 2. SIMÓN; 3. LEVI
SUSIRVIENTA: SILPA 4. IEHUDA
2. MUJER: RAQUEL HIJOSDE BILHA: 5. DAN; 6. NAFTALI
SUSIRVIENTA: BILHA HIJOSDE SILPA: 7. GAD; 8. ASSER
LEATUVOUNAHIJA: HIJOSDE LEA: 9. ISAJAR; 10. SEBULUN
DINA HIJOSDE RAQUEL 11. JOSÉ; 12. BENJAMÍN
De Lea nacen seis hijos, antes que Raquel tuviera su primer hijo José. Este es el séptimo de los hijos directos. Al nacer Benjamín, el octavo de los hijos directos y el decimosegundo de los hijos, Raquel fallece en el camino a Bet Lejem –Belén– (Gén. 35:16-20). Otra vez, el octavo nace cerca de Bet Lejem, cerca de la Casa del Pan con el número de límite entre lo séptimo y lo octavo: 490.
Jacob siente un amor especial por José. Es como el amor de Dios por el séptimo día. Hace confeccionar para José una túnica multicolor (Gén. 37:3). Una verdadera vestimenta de lujo, que en hebreo recibe la denominación de KeToNeT PaSIM: 20-400- 50-400, 80-60-10-40. Ésta túnica multicolor juega un gran papel. No sólo es bella sino también valiosa; pero la Biblia quiere contar aun más. La Tradición90 dice que estaba hecha de retazos de los más diversos colores. Si se considera que José es el séptimo hijo, el hijo tan esperado de la amada Raquel, entonces esa ropa multicolor tiene aun otro significado, y lo tiene: él es tan multicolor como el mundo que Dios dio al hombre. Las más diversas vidas y mundos están dados como un todo, entrelazados, tienen los más diversos colores, y sin embargo forman una sola envoltura, un todo.
Así, la Biblia es también un todo. Los cuatro ele toldot forman un conjunto, tal como el relato del Paraíso, de Caín y Abel, del diluvio, etc. Siempre, nuevamente, notamos la misma estructura, aun cuando se dan otros coloridos. Ello concuerda con la Biblia, la que también es una vestimenta lujosa.
Quien quiere dar a una vestimenta sólo un color parte desde el enfoque de la continuidad, quiere hacer valer el color de esta vida como único; pero la Biblia cuenta
justamente sobre una discontinuidad, de medidas constantemente cambiantes. No se pueden sumar simplemente las fechas porque los patrones cambian91, pero en el todo puede verse una estructura y un sentido.
Esta ruptura de la continuidad se encuentra también allí donde Jacob quiere separar sus animales de los de Labán (Gén. 30:25-43). Allí, Jacob toma los animales manchados, y deja a Labán los de un solo color. Estos animales, como expresión del cuerpo humano, nuevamente muestran lo multifasético de la vida en sus distintos niveles.
La ropa multicolor de José encuentra su armonía y su belleza justamente por el juego de sus colores. Es como el Árbol de la Vida, como la Biblia, como el saber del sentido de la vida, como el estar ya en la meta, y simultáneamente moverse hacia ella.
Jacob había esperado a este hombre para darle esta vestimenta. A aquella gente acostumbrada a ver al mundo como una masa unicolor de cosas en constante desarrollo, esta variedad de colores que presenta la Biblia puede tornarles dificultosa la comprensión de los relatos que ella expone. Esa gente no puede comprender tampoco cómo es posible que se muestre por todos lados la estructura 1-4, y en todos lados de manera diferente, según el color.
Cada retazo de esa prenda es algo autónomo en sí, tiene su propio color, pero está rodeado por otros colores, pierde algo de su propio valor, de su peso, y es incluido en una unidad, que se denomina posteriormente “ropa multicolor”.
Todos los días el sol se levanta y se pone, sin embargo existe una continuidad a través de las estaciones, a través de los años. En la antigüedad se empleaba a menudo, como imagen de evolución, la caparazón del caracol92, una espiral que asciende.
José es envidiado por esta túnica. Los hermanos se arrojan encima de él, le desgarran la túnica y lo echan a un pozo seco. Es vendido a Egipto, a Mitzraim, al mundo de la dualidad.
La túnica es manchada con la sangre del cabrito. El macho cabrío es el décimo animal, el GueDI: 3-4-10, valor total 17 (Gén. 37:31-32). José tenía 17 años (Gén. 37:2). Para su padre Jacob, está muerto. El relato cuenta de un fin, de una muerte. José entra ahora en otro mundo, en una nueva fase de la vida.
En Mitzraim José ocupa pronto un lugar prestigioso en la casa de su señor Potifar (Gén. 39). Pero después acontece el encuentro con la mujer de Potifar. Esta se le ofrece a José, pero él la rechaza. Ella no está acá para él, ya que pertenece a su amo. El texto hebreo emplea en Gén. 39:6 y en Gén. 39:9 las mismas palabras para relatar que Potifar le entregó todo a José excepto el pan que Potifar comía (39:6), y para relatar que José le comunicó a ella que todo le fue entregado a él en la casa, excepto la mujer (39:9).
En la misma situación que otrora en el Paraíso, todo le fue dado al hombre con excepción del árbol del conocimiento. Ya hemos visto que en el “sistema de los frutos” el trigo está ubicado en el primer trío, exactamente en la misma posición donde se encuentran los higos (del árbol del conocimiento) en el segundo trío; de este modo, el pan recibió su significado especial, tal como está expresado en el nombre Bet Lejem.
Nuevamente, el árbol del conocimiento es ofrecido al hombre, aquello que le está prohibido, por ello la Biblia relata que sólo el pan fue reservado a su señor. El pan reservado para el amo, es entonces este árbol del conocimiento, el árbol que hace frutos, que aquí está expresado en la mujer que quiere alejarse de su hombre, que quiere tener muchos amos, que busca lo múltiple. Por ello, la elección de las palabras en cuanto al pan y a la mujer, ambos reservados al amo, es la misma en ambos casos. Es la fuerza del desarrollo que está reservada a Dios por razones de la creación.
91 ver Rashi sobre Núm. 9:1; T.B. Pesajim 6a. 92 Zohar, comienzo de Génesis.
José no acepta el “pan”. La Tradición93 cuenta que en el momento crítico el veía la imagen de su padre, del padre que había vencido a Esaú (la fuerza de la evolución). La fuerza se torna en contra de él. Ella invierte la situación, acusa a José, lo llama ibrí, “el hombre del otro lado”. Es un extraño en este mundo (de Egipto) donde es visto como normal por todos seguir la fuerza de la evolución.
Nuevamente José entra en una nueva fase. La ropa abandonada es la forma de manifestación de José, que él había dejado atrás como la fuerza del desarrollo. No quiso aceptar esa fuerza que se le ofrecía. Nuevamente tiene que abandonar un mundo, entrando al mundo de la prisión. En este nuevo mundo está atado, sin libertad. En este nuevo mundo él encuentra al copero y al panadero (Gén. 40).
El copero y el panadero simbolizan dos extremos. El copero se encuentra del lado del agua, y el panadero del lado del fuego, tal como existe en el sistema de la creación un lado izquierdo y otro derecho, un lado de agua y otro de fuego. Cuando la nueva vida se acerca al final de la atadura en Egipto, José está confrontado con estos dos extremos. También estos dos han descendido de su vida anterior a la esclavitud de la atadura.
Aparte de simbolizar ellos los extremos de derecha e izquierda, fuego y agua, el panadero tiene que ver con el primer fruto: el trigo; en cambio el copero, con el tercer fruto: la vid. Ya hemos conocido el trigo y el camino hasta el pan terminado como
árbol del conocimiento.
José les interpreta sus sueños prediciéndole al copero que volverá a encontrar la gracia del faraón, mientras que el panadero será colgado en la horca. José ve que aquel que ofrece el árbol del conocimiento es rechazado y extirpado de la tierra. También ve que el mundo será colocado al lado izquierdo, lento; y ve su relación con el tercer lugar, el tercer fruto.
Siguiendo un viejo saber, el copero y el panadero siempre están presentes cuando una comida comienza. En su esencia, la comida es el suceder en la esfera de lo cotidiano, en la esfera de la casa.
En las comidas, el hombre reúne todo consigo mismo dentro de su casa, dentro de su mundo. En este acto se da una santificación. El sentido de toda acción en una vida orientada hacia una meta, es llevar de vuelta al origen aquello que ha incorporado.
La casa del hombre es su “dos”. La letra “dos”, Bet, significa ‘casa’. El hombre, en su casa; es el mundo. Todo lo hecho dentro de su casa es determinante para su existencia en la tierra. La comida casera dentro de la familia, y todo lo que lleva de preparación, es una manera con la que el hombre sigue su camino hacia el origen. En su casa él recibe experiencias, en ellas tiene encuentros. La mesa es algo como un Altar, donde se ilumina el sentido de la vida.
Las comidas, y lo que se habla durante ellas, no tienen nada que ver con vitaminas y calorías; tampoco son solamente un goce para el paladar y para el estómago; la comida es un símbolo de un caminar de un mundo a otro. Una acción en este mundo transforma algo esencial. Ya que el hombre vive en dos mundos, sus actos conectan un extremo corpóreo con otro extremo: el Origen. Por eso sus actos tienen tanto significado.
Las comidas comienzan con curiosas preparaciones en cuanto al pan y al vino. Mientras el pan está cubierto aún, se hace la bendición sobre el vino. Mantenerlo cubierto significa que no se deja participar abiertamente al “pan”, árbol del
conocimiento, con la apertura de la comida a través del vino. Recién después de haber
bebido del vino, este vino que cubre la alternativa embriaguez–satisfacción, después de haberlo santificado, se descubre el pan, se bendice y se come. El comienzo del mundo es con vino, por ello el copero vuelve al faraón, mientras que el panadero ya no vuelve a
ver el mundo. La dualidad copero–panadero es dividida, llegando el copero a manifestarse como “primero”. Pero a través de la comida se hace claro que también al pan llega su turno después de haber sido cubierto. La comida queda cumplida con vino y pan.
En el éxodo de Egipto, o sea en el pasaje de un mundo a otro, también tuvo lugar una comida; el que la observa sale vivo de Egipto; quien no la cumple encuentra su muerte por Dios en Egipto. “Quedar con vida” se expresa en este contexto por la voz
PeSaJ: 80-60-8, cuyo valor total es 148. La palabra “Pesaj” significa ‘saltear’. Dios
había salteado aquellas casas en las que se observaba la comida. La voz hebrea que denota “vino” es ‘IaIN’, valor total 70; y de “pan” es ‘LeJeM’, 30-8-40, valor total 78. La comida en la cual se toma vino y pan tiene como característica entonces el valor de 70 + 78 = 148, que concuerda exactamente con el valor de la palabra PeSaJ = 148. Aquella comida fue tomada en Egipto antes del éxodo, junto con el corderito, el sacrificio de Pesaj. La ofrenda de Pesaj fue una santificación del mundo, una necesidad del hombre a fin de salir vivo del mundo de la dualidad, y poder pasar por el éxodo con sus milagros.