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1.- La influencia recíproca y la mutua construcción

En una revisión general se puede sostener que el arte, la cultura y la sociedad son entes autónomos, pero a la vez recíprocamente se sustentan, construyen y justifican unos a otros. Esto es, toda acción y producción artística, produce desarrollos culturales y ambas se encuentran incluidas dentro de un sistema social determinado que puede ser considerado en lo local y en lo global.

De algún modo entonces, la imaginación y la propia creatividad al ejecutarse y manifestarse en obras de arte o en artefactos artísticos, potencialmente se reproduce en un desarrollo cultural que venga a repercutir en la realidad social, esto es, “todas las culturas se apropian del mundo real y posible o intentan hacerlo suyo.”272

270 Aguirre, 2014, p. 24. 271 Aguirre, 2014, p. 111. 272 Berger, 2014, p. 201.

Así, todo objeto artístico produce cultura, pero no todo lo culturalmente relevante es básicamente un objeto artístico, es decir, la cultura tiene más en su contenido, que solamente arte, más el arte en el sentido más estricto, siempre será eminentemente un efecto cultural de primer orden. Es importante subrayar que no puede existir sociedad alguna, sin su propia cultura y sin su propio bagaje y contenido de orden artístico, pues estos son sus principales perfiles en cuanto una sociedad pretenda presentarse como tal.

Respecto a qué es la cultura se han señalado las siguientes “características de la cultura: Esta estrechamente unida a una sociedad dada, histórica y geográficamente situada. No puede vivir ni transmitirse independientemente de la sociedad que la nutre. No existe ninguna sociedad que no posea su propia cultura. Toda cultura esta socializada. En relación con la mundialización de los mercados, las culturas parecen localizadas”.273 Es claro a partir de estas opiniones que, existe un vinculo muy poderoso y claro entre cultura e identidad, mismo que también se construye y funda a partir de la potencialidad artística de toda cultura social posible, “la lengua y la cultura están en el corazón mismo de fenómenos de identidad. Identidad conjunto de repertorios de acción, de lengua y de cultura que le permite a una persona reconocer que pertenecen a un cierto grupo social e identificarse con él. En el marco de la mundialización de la cultura, el mismo individuo puede asumir identificaciones múltiples que movilizan diferentes elementos de lengua, de cultura y de religión en función del contexto. Por supuesto, esto en ningún caso quiere decir que un wolof o un francés puedan perder en un instante sus idiomas, sus hábitos alimentarios, sus repertorios de acción, en suma, su cultura, para confundirse perfectamente en otra entidad sociocultural a merced de las relaciones de fuerza. Solo pensarlo sería absurdo. En efecto, la tracción, a través de la cual se transmite la cultura, nos impregna, tanto el cuerpo como el alma, desde la infancia y de manera indeleble”.274 La cultura es todo esto y más. Se trata de un fenómeno complejo multicausal que a la vez provoca muchas otras más vinculaciones de relación entre individuos, contextos, momentos epocales, historias particulares y colectivas, convergencias y divergencias, modos de ser, modos de organizarse política y jurídicamente, formas de interpretar y de entender, cosmovisiones compartidas y divergentes, tradiciones políticas, estructuras sociales, formas de comportamiento, aportaciones cognoscitivas, y por supuesto contenidos artísticos de muy diversas disciplinas y raigambres, así como una larga

273 Warnier, 2002, p. 13. 274 Warnier, 2002, p. 15.

tradición histórica que pueda darle la fusión y concreción como cultura identificada e identificable que pueda llegar a ser; así, la cultura, “es un capital de hábitos incorporados que estructura las actividades de quienes la poseen”.275 Es decir, la cultura pertenece a un colectivo y no a individuos particularizados, es un fenómeno de masas y no de individualidades, se puede entender y estudiar en tanto incorpore e incluya a los más.

Es un fenómeno de complejidades mayúsculas que no es controlable por unos cuantos, sino tan solo es comprensible en tanto empape la vida y la complejidad de un conglomerado determinado, es el todo, el fenómeno mayúsculo y mínimo de lo social, “la cultura es una totalidad compleja hecha de normas, de hábitos, de repertorios de acción y de representación adquirida por el hombre en su condición de miembro de una sociedad. Las culturas están constituidas por prácticas y creencias religiosas, educativas, alimenticias, artísticas, lúdicas, también tienen que ver con las reglas de organización del parentesco, de la familia y de las agrupaciones políticas… Las culturas siempre estuvieron en contacto y en relación de intercambio entre si.”276

De algún modo, todas las culturas mantienen una conexión entre sí mismas, y nunca están aisladas unas de otras, además de que la influencia cultural es una constante por la necesidad de intercambios de productos y conocimientos.

Las culturas se construyen con el devenir del tiempo, y sus formas y posibilidades se complejizan conforme dialécticamente pasa el tiempo; y de una época a otra, se sucedan enormes cúmulos de conocimientos y experiencias que sumándose a las ideas novedosas y a los nuevos conocimientos producidos por el arte, la ciencia o la tecnología actuales, logran constructos culturales más integrales y complejos para afrontar con éxito las necesidades de una sociedad cuantitativamente mayor y a la par más demandante por una mejor forma de vida, esto es más demandante cualitativamente.

En éste sentido, la cultura no es un ente estático, sino que por el contrario, se encuentra siempre en transformación constante, en evolución permanente, y éste devenir, esta en respuesta de los retos que la realidad le opone a la sociedad que busca su mejor y más cálida sobrevivencia, en las situaciones de crisis y vulnerabilidad que amenazan la permanencia de los individuos y sus constructos sociales.

275 Warnier, 2002, p. 17. 276 Warnier, 2002, pp. 19-20.

La cultura así, es un constructo en permanente conformación, siempre está en desarrollo, cambiando, superando sus límites posibles, los cuales, de existir, estarían en referencia a la algidez intelectual y creativa de sus individuos que la conforman, de este modo la cultura nunca llega a su etapa final, ni definitiva, pues esta no existe por el momento, y se debate siempre en la lucha permanente por mejorar la situación vivencial de los seres humanos que la componen y la complejizan, así, permanentemente tiene que enfrentar día a día el reto de lograr la sobrevivencia de su propia existencia en un núcleo social determinado.

Se podría sostener entonces que, la cultura es lo que sus individuos construyan en base a su experiencia y conocimiento, y que son estos los que crean y modulan su propia cultura.

Así, cada sociedad va dialécticamente y en un aliento temporal amplio construyendo sus parámetros culturales, sus modos y modelos de apreciación de la realidad, su cosmovisión o modo de ser, de entender y de manifestarse frente al universo, la vida y la realidad física de un espacio geográfico determinado, dentro de una situación geológica particular que tiene una relación directa con los climas, la flora, la fauna, los ciclos hídricos y demás fenómenos naturales que de algún modo son una determinante fundamental respecto a lo que culturalmente se pueda lograr, proponer o construir.

La cultura engloba todo el cúmulo de características de una sociedad, esto es, todo aquel bagaje de realidades, objetos, ciencia, artefactos, ideas, Derecho, política, usos, costumbres y demás productos de la mente y la creatividad humana, que reacciona ante un contexto natural y social y paulatinamente va conformando y construyendo un discurso social y una realidad social tales que son los que concretamente caracterizan a la cultura social en particular.

Así cada conglomerado social, cada sociedad, inicialmente construye su propio entramado cultural a base de discursos propios que parten de sus experiencias y sus contextos.

El arte es un elemento fundamental de la cultura, sino es que el elemento más relevante de la cultura, pues es lo que permanece, lo que las distingue, lo que las explica, el que narra que ocurrió, como ocurrió y porque ocurrió.

No perdamos de vista que lo que primordialmente se muestra en los museos es el arte de las viejas culturas, y a partir de este se les estudia, se les conoce, se les comprende, interpreta y se pueden entablar conjeturas respecto a su propio devenir, así el arte, juega un papel preponderante al momento de tratar de conocer una cultura y por lo mismo a una sociedad.

Es importante resaltar, verbigracia, la importancia que tienen los asentamientos o ciudades antiguas que en algunos sitios del mundo existen, ahora protegidos como ciudades patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO277, sitios en donde se ha comprobado que existieron asentamientos antiguos que son la cimiente del desarrollo cultural de la actualidad, estos sitios patrimoniales son propiamente museos vivos y abiertos a ras de cielo, y los conocedores obtienen información importante de su época, de su modo de ser y de su cultura, con el hecho de estudiar sus formas y modelos de construcción, la orientación de los edificios, la ornamentación de los mismos, las diferentes propuestas arquitectónicas, los tipos de acabados, fachadas, callejuelas, andadores, el pulido de los materiales, las argamasas utilizadas para unir las partes del todo, en fin.

El desarrollo cultural de toda sociedad además de heredar cimientes arcaicas y antiguas, a su paso va dejando una gran estela de vestigios que son manifiestas muestras de su cultura, estos elementos patrimoniales de la cultura de la humanidad, se protegen como vestigios y como testimonios de lo que existió o existe aún; y dentro del patrimonio cultural se sostienen como unas de sus más importantes representaciones, todas las actividades artísticas, de las épocas pasadas como las que sobreviven en la actualidad, así como las que al momento se están produciendo y emergiendo.

Así, este bagaje posible incluye disciplinas y actividades artísticas de lo más disimiles, que van desde la danza, el teatro, la música, su ejecución y su composición, la literatura, la dramaturgia, las artes visuales, las artes constructivas o arquitectónicas, la cerámica, la escultura, la vestimenta, a la par de la gastronomía, la agricultura, el desarrollo culinario, las festividades tradicionales, por supuesto el Derecho y sus formas de organización, y un largo etcétera. La suma de todos estos elementos culturales, muestra abiertamente y conforma el nivel cultural de una sociedad.

Así las cosas, se puede presumir que, una cultura y una sociedad se pueden conocer por medio del arte que ha producido y que produce, y de algún modo éste arte, será su principal característica, y la que lleve a una sociedad a ser singular, única e irrepetible.

Lo relevante es pues, que el más mínimo y rudimentario vestigio del trabajo, la reflexión, la imaginación y la creatividad humana, se convierte y es una gran fuente de información para conocer qué es lo que ocurrió en una época, en un momento histórico y/o que es lo que ocurre y

sucede cultural y socialmente en la contemporaneidad, ahora bien, si los vestigios aportan gran cantidad de información cultural, no se diga lo que se puede aprender, deducir y desarrollar a partir de las grandes obras de arte que toda gran cultura delega, hereda y aporta al desarrollo cultural de futuro.

Obras de arte que, incluso traspasando hasta las más gruesas y vigiladas fronteras, llegan a ser consideradas de la humanidad en toda la extensión de la palabra, pues su alta creatividad, innovación, ruptura o transgresión viene a provocar un crac de orden cultural del cual toda las culturas pueden aprender y valorar sus aportaciones, son un parte aguas que marca a partir de su existencia la posibilidad de nuevos y de otros desarrollos más poderosos y potentes, ejemplos de esos son una constante en el devenir de la humanidad, y uno de los más grandes portentos de ello lo representan las construcciones e inventos del gran maestro italiano Leonardo da Vinci, quien invento maquinas muy adelantadas a su época: el avión, el automóvil, el submarino, el traje de buceo, realizó investigaciones botánicas y biológicas; desarrollo conocimientos del cuerpo humano y el funcionamiento de sus órganos, inusitadas en su momento y, por si esto fuera poco, creo obras de arte que hoy representan las cumbres de la creatividad contemporánea: la Gioconda, La Última Cena, entre muchas otras.

Muchísimas son las obras y los creadores que se pudieran enlistar entre los grandes aportadores a la cultura de la humanidad, y sus obras y personalidades son catalogadas y estudiadas por la historiografía mundial, la cual dedica sus esfuerzos en documentar las grandes creaciones de la humanidad, las que no solo son una aportación a las artes, sino a la cultura en general y al propio desarrollo de la humanidad.

Las culturas entonces, se desarrollan de modo particular, más no funcionan de modo aislado unas respecto a otras, sino que por el contrario, estas siempre están de algún modo en comunicación constante y permanente, y el intercambio entre unas y otras, logra entre las mismas un enriquecimiento mutuo y necesario, pues las sociedades no pueden permanecer aisladas ni pretender su autosuficiencia sin el apoyo y respaldo de otras sociedades, algo así como lo que pasa al interior de cada sociedad, en donde los individuos no pueden vivir aislados, y es más, se encuentran en permanente comunicación e intercambio, brindándose apoyo unos a otros e intercambiando sus productos y servicios como base de la manutención del sistema social, pues nadie es absolutamente autosuficiente en el sistema social, sino que unos dependen de otros, y es el mismo caso entre sociedades y culturas.

Así las cosas, las culturas han intercambiado durante muchos años, décadas y siglos, sus desarrollos, sus aportaciones artísticas y sus productos propios, de tal modo que lo que se puede constatar al día de hoy es que se ha dado paulatinamente una especie de mezcla cultural que las viene a enriquecer a unas de otras, sumándose además los efectos de la intromisión, producto de las guerras, las políticas colonizadoras, los sometimientos de unas sociedades por otras y todo ese cúmulo de acontecimientos que provocan una mezcla cultural en algunos casos voluntaria y en otros por medio de la irrupción de la fuerza y la violencia.

El caso es que al día de hoy, es imposible y tampoco es deseable hablar de culturas propias, únicas o puras, si no que todas se han influido de un modo u otro, y las unas a las otras se ceden desarrollos propios y al mismo tiempo asimilan los desarrollos y aportaciones de otras; y ésta es la marcha ordinaria de la humanidad hoy en día.

Hay muchos tipos de amenazas que se blanden hoy sobre las culturas, y que les provocan irrupciones a veces no deseadas que vienen soterradamente a carcomer sus formas de ser, tales como la preponderancia de la sociedad internacional y global sobre la nacional y local, los avanzados sistemas de comunicación, la delincuencia y el crimen organizado, el tráfico de armas y de personas, la migración internacional, la guerra, el terrorismo y las amenazas del terrorismo, el libre mercado, los monopolios, los riesgos sanitarios, las amenazas reales a la vida natural y al equilibrio ecológico, la industrialización masificada, el poderío económico en pocas manos, el control centralizado de la política internacional, el tráfico internacional de estupefacientes, el nuevo imperialismo y el neocolonialismo disfrazado, y un largo etcétera.

Todas estas amenazas y muchas más por el estilo, representan claros riesgos claros que penden sobre las culturas varias y que las obligan a cambiar, a adaptarse, a someterse a las nuevas ordenanzas y necesidades del todo.

Así las cosas, toda sociedad y toda cultura, se organiza, se informa y se forma para lograr su consecución, su permanencia y sobrevivir a los avatares de la contemporaneidad, que no son pocos, ni fáciles, ni accesibles; sobre todo en estos momentos de un inusitado y gran desarrollo mundial y de una gran comunicación mundial, nunca antes vistos, en donde la producción en serie, el monopolio de la fabricación, la competencia desleal de los mercados, la desigualdad económica entre sociedades, la amenaza desproporcionada del potencial armamentístico, la dictadura en la política y en el derecho internacional, entre muchas más esferas del poder real,

están presentes en todos los rincones del planeta, y la batuta de éste poderío, es maniobrada por muy pocas manos.

Construyéndose por lo mismo, un esquema de competencia desigual entre sociedades y culturas que, condena a unas a su silenciosa desaparición o absorción, y conlleva a la supremacía de otras rotundamente poderosas, y por lo mismo preponderantes, y listas para absorber y abducir a las diferentes y menores, imponiéndoles por lo mismo y soterradamente, sus propias consideraciones como las que han de reinar en éste mundo de competencias desleales y desiguales, abismales y abismándose cada vez más.

Estos grosso modo son los retos que han de enfrentar las culturas en el siglo XXI, apuestas que no son menores en el contexto de la realidad inmediata y cruda, pues en la gran mayoría de las ocasiones no es dable ni siquiera, el intento por competir ante la real hegemonía de unas empoderadas propuestas, sobre otras que luchan por sobrevivir a sus propias dificultades, dificultades que en no pocas ocasiones han sido patrocinadas y sembradas por quienes les han explotado siglos atrás; verbigracia, “la producción industrial compite con los productos de las culturas locales. Casetes y transmisores contra el balafón, la flauta andina, el xilófono el gamelan; mesa y silla contra taparrabos o pareo; hipermercado contra intercambio aldeano; doctor contra chaman. No es más que una cultura de la tradición entre otras, pero la industria la dota de un poder de difusión planetaria”.278 Además de que, los adelantos técnicos y científicos dotan a sus poseedores de otras formas de entender, comprender y aprehender, y los mismos adelantos, suelen hacer más fácil la vida en general, así como proporcionar mayor confort y comodidad a sus poseedores.

Esto sumado además, a que el ejemplo de la última cita se vislumbra ya a estas alturas un tanto cuanto anticuado, sobre todo cuando hoy se habla ya, de ultra tecnología para por ejemplo, archivar música y todo tipo de documentos o elementos electrónicos y reproducirlos, enviarlos o intercambiarlos.

Y no se diga respecto a todos los desarrollos que ha traído el crecimiento del área de lo computacional y el uso del internet, que es una herramienta irremplazable hoy día y hasta los niños ya saben ocupar un ordenador individual, sumándose como complemento de esta complejidad el poder satelital y los desarrollos de la ciencia médica y social en general; todo

esto, da un nuevo cariz al fenómeno vivencial de la contemporaneidad, cariz impensable tan solo unas décadas atrás.

La tendencia reinante dada esta inercia, pareciera ser la de la pavimentación de las diferencias, alcanzándose poco a poco una homogeneidad basada en el hecho de compartir comodidad, confort y medios diversos que vengan a erradicar y a hacer desaparecer las diferencias culturales a favor de una cierta homogeneización.

Desde hace varias décadas se vive esto como una constante en crecimiento, y “entre nuestros contemporáneos, son numerosos quienes tienen la sensación de que la modernización progresivamente hará converger las culturas de todo el mundo hacia un modelo único. La diversidad de tornasolada raza puede llegar a unirse, por medio del mestizaje, en un gris apagado. En la década de 1960, los sociólogos habían racionalizado este sentimiento en la forma de una teoría de la convergencia de las civilizaciones por efecto de una ineludible modernización, la modernización es el proceso de cambio hacia el tipo de sistemas que se desarrollaron en la Europa occidental y en América del Norte desde el siglo XVII hasta el siglo