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Task 7. Measuring the dynamic mechanical response of hydrated mouse bone by

5. Potential for Future Work

Como bien pensaba Albert Camus, creemos que, a pesar de los meandros de su propia historia, los hombres no cesan de avanzar en la consciencia de su destino (Camus, "Les Amandiers" 1993, 835). Puede que aún sea demasiado pronto para precipitar el de las dos comunidades concernidas. Solo cuando esta toma de conciencia fragüe, el proyecto cuajará de forma decisiva. ¿Cómo podríamos corroborar en ello?, con la convicción de que no podemos avanzar en su lugar. El proyecto debe alcanzar un empoderamiento comunitario, de ahí la necesidad de pensarlo como un proceso en el que el proyecto se construye como objeto, capacitación y reinterpretación. Solo una vez reapropiado y concebido como propio, aun si solo unos pocos lo desarrollan, el proyecto terminará por formar parte de su "realidad". Es ya su "realidad".

Es cierto que lo emprendido estuvo marcado por un enfoque demasiado calcado sobre la ruta de Ingapirca, de ahí la necesidad, tarde o temprano, de replantearlo. Si es que la comunidad, o un grupo que pueda liderarlo, lo creyeran preciso. Como queda dicho, no debemos perder de vista en este análisis el hecho de que los principales actores del primer proyecto hayan emigrado al extranjero o a la misma ciudad de Cuenca, de ahí la necesidad de capacitar a gente sin otra experiencia que la agroganadera.

Hasta 2005 las intervenciones de agentes externos sobre otros planes de desarrollo endógeno resultaron más eficientes por corresponder su entronque a lógicas compartidas, lo que permitió el pronto empoderamiento de los proyectos (especialmente claro en el de riego, menos claro en el de algunos cultivos). En intervenciones como las del turismo comunitario puede que una de las disfunciones radique en la que las lógicas partían sobre presupuestos distintos, predominando la lógica del interventor (eran ellos los que sabían) y, sobre todo, sus tiempos diferían: para unos las subvenciones estaban acotadas temporalmente, había plazos que cumplir, y, para otros, la medida del tiempo funciona a largo plazo, la lógica de la prisa no suele tener sentido para ellos, mucho más la de la oportunidad, pero para que esta se dé, debía sentirse como tal. A nuestro modo de ver, el plan de turismo comunitario de Caguanapamba/Sisid tiene que tomar en cuenta todo un proceso de apropiación del proyecto. Ahora aflora lo que puede ser un proyecto consecuente, mas se debe aún afianzar una motivación suficiente como para dar el salto a la conducción autónoma. Se debe afianzar el proceso formativo sin cejar por ello en el asentamiento del embrión existente. Para un futuro a medio término, el

proyecto, amén de que debiera ser reapropiado por las dos comunidades, no debería perder de vista su integración con la economía, la cosmovisión y la vida social de ambas comunidades. El proyecto debería tener en cuenta el manejo integral del territorio, especialmente del páramo y de la zona de Culebrillas. Así, redinamizando la actividad agrícola y ganadera el proceso adquiriría una dimensión integral del que se beneficiaría el conjunto de la comunidad.

¿Cómo poder intentar una experiencia comunitaria que tuviera en cuenta todo ello? Difícil responder taxativamente. En primer lugar no sería desdeñable continuar comprometiendo en esta reflexión a más gente (por ahora entre 18/28 directamente o un máximo de 45 familias indirectamente están más o menos implicadas en el proyecto, frente a las 750 que forman ambas comunidades). A medio término habría que motivar de algún modo a otros grupos locales e implicar a instituciones comarcales o regionales. En resumen, dado el contexto "mercantil", nos parece importante insistir en la importancia de ambas ilaciones: por un lado, la mayor implicación de las fuerzas vivas locales y, por otro, la colaboración de las instituciones externas con el fin de procurar formación o apoyo logístico suficiente para que las condiciones de acogida sean óptimas, poner en circulación el producto y afianzar su asentamiento en el mercado, escrutándolo finamente para mejor sacar partido de él. De acuerdo con lo que Macarena Hernández plantea en otro capítulo de este libro:

«el turismo comunitario es un proyecto que dispone otros insumos, además de los turistas, y que sobre todo compromete a más actores que a los protagonistas de la oferta turística».

6.4 Empoderamiento

Este último mes de marzo (2007), los participantes a un seminario especializado de la Universidad de Cuenca fueron a visitar la experiencia. Algunos volvían a los seis meses de aquella visita en la que estuvieron desgajados entre la esperanza y la desilusión y lo que cuentan trasluce un progreso fundamental en el empoderamiento del mismo proceso. Los participantes del curso –profesores de universidades del Norte y de Loja, operadores de turismo y de la Universidad de Cuenca– parecían satisfechos. El propio responsable les felicitó porque encontraba una gran diferencia en tan solo seis meses. La mayoría creyó interesante traer a los grupos que ellos manejan de estudiantes y gente en formación o pequeños grupos de turistas con el fin no solo de visitar y compartir su recorrido y la mesapampa, sino de aprender. Una de las participantes, muy ligada a

trabajos de artesanías, quería ver la posibilidad de apoyar para que se pula y se cuente con lo que es típico: los ponchos y, sobre todo, la camisa bordada de los cañaris.

No creemos que esto fuera una reacción del grupo "misionero", se pudo sentir el fuerte contraste entre las dos visitas: si en la primera traslucía una orfandad desangelada, en la segunda, se respiró un encuentro con la cultura viva. Lucía estuvo allí y recogió el sentimiento unánime de que el proyecto estaba en marcha, de que se entreveía la punta del proceso, apuntalando con diversos apoyos como el de un líder de Saraguro para continuar con la capacitación y sobre todo con la implicación de la FEPTCE para su comercialización. Si uno de los líderes locales remodela una casa de madera, por encima de su chacra, según una de las responsables del proyecto, otras personas ya están en la perspectiva de tener este servicio.

Creemos que los procesos se traman en distintos tiempos. Los proyectos y sus presupuestos tienen unas fases, unas exigencias, unos apuros: el informar sobre unos resultados. En Caguanapamba y Sisid son otros los tiempos, los que toma apropiarse; ese proceso de ejemplos a seguir que mueve a la comunidad, esos tiempos que están intercalados con la cotidianeidad. Intuimos que la presencia del proyecto binacional va a incidir tanto como una presión desde fuera para que se enrumbe en una dirección de tendencia más intercultural como en los procesos de empoderamiento locales. Tiempos más largos en los que se van combinando los discursos con los manejos reales de propuestas como la música, el grupo folklórico que no se reduce al contacto con el turista, que se abre con ellos otras posibilidades de intercambio. Consideramos que varias perspectivas están convergiendo al momento, tanto internas como externas. Es innegable un discurso general de reconocimiento de la diversidad cultural acompañada con algunos instrumentos legales –CODENPE–, el discurso y la actitud de la nueva presidencia de la República que, más allá de su orientación, es de afecto personal y cercanía al sector indígena y que lo exterioriza en su camisas bordadas que modifican el protocolo y sus discursos en los que intercala frases en kichwa... e incentiva su valía en el conjunto de la sociedad. La tendencia de la cooperación para el desarrollo en general y para el turismo en particular se interesa por las culturas vivas, la migración y las mutuas modificaciones que implica, acá y allá y en las experiencia de las personas migrantes y lo que ellas transfieren a sus familias; la propia propuesta de una actividad turística cuya razón son los otros… Y, desde dentro, son ya algunas generaciones que tienen acceso a la educación media y superior, los dirigentes nacionales de hoy y un sin número de nuevos líderes locales bien formados ya no están en las mismas condiciones

de acceso a la información que las y los dirigentes de la época de la reforma agraria 64- 72 y eso hace que requieran cada vez menos de la intermediación de la palabra del criollo o del mestizo. La revalorización de sus prácticas agrarias, de su sabiduría medicinal, de su conocimiento de la naturaleza… son ya corrientes que van y vienen en ambas direcciones; las tecnologías de la comunicación les han modificado y nos han modificado, como personas y en nuestras relaciones.

Llegados aquí, y a modo de conclusión, cabría preguntarse en qué sentido la intervención externa ha sido un factor relevante, a lo cual podríamos dar una respuesta ambivalente marcada tanto por lógicas distintas como por coyunturas políticas determinantes. Cañar e Ingapirca han vivido un complejo entramado de intervenciones externas que van desde proyectos del Estado, la fuerte presencia de las iglesias católica y evangélica, la acción de múltiples ONG y agentes de cooperación, e incluso las diversas organizaciones indígenas. Esto ha configurado un escenario conflictivo, por los intereses en juego, en el cual hemos de enmarcar la experiencia concreta del proyecto de turismo comunitario en Caguanapamba-Sisid.

Específicamente para el proyecto que estudiamos, y en un primer momento, la lógica de la intervención no supo medir los discursos excluyentes que tanto contribuyeron a la toma del complejo de Ingapirca y a la tensión consecuente –de ahí que se actuara de modo un tanto autista62–, ni puso en práctica una metodología participativa. Posteriormente, se producirán cambios metodológicos e ideológicos a los que contribuyeron otras lógicas de intervención, que facilitan la confluencia de organizaciones de naturaleza muy distinta (CEDIR, FEPTCE, AECI, IIPC) y que se traduce en una práctica diferente de la intervención. En este contexto, no desdeñamos la materialización que para el proyecto representa el acondicionamiento del pequeño centro de interpretación y la señalización de un itinerario, sin embargo, consideramos que por sí solos hubiesen resultado un mero cascarón. Esa nueva dinámica participativa en la que se inscribe una acción de formación consecuente y el factor tiempo han permitido, a nuestro entender, que el proyecto cuaje; pues amén de que haya facilitado integrarlo en la autognosis de las comunidades, se dio un cambio de coyuntura política proindigenista, tanto más eficiente cuanto que resulta elocuente la inhibición del Estado

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Autismo propiciado tanto por las expectativas que los estereotipos de los discursos enfrentados generaron, como por no haber apreciado acertadamente las percepciones territoriales de las comunidades concernidas que, como bien apunta Antonio Fresco, se configuran sobre espacios y lugares de vieja raigambre comunitaria como pueden serlo Paredones y Culebrillas –tierras y aguas, ellas sí, consideradas por los indígenas de Caguanapamba y Sisid de propiedad ancestral "indiscutible".

y el fracaso del manejo del sitio de Ingapirca por los mestizos. Queremos creer que este es un momento fértil para permear los discursos de pequeñas realidades sobre las que no se vuelve atrás. Ahora sí, tenemos la impresión de que el proyecto eclosiona. "Cuando el sapo llora... es tiempo de siembra", decía Juana Yupa, –el canto del mirlo y el llanto del sapo son signos de buen augurio–; falta todavía un buen trecho para su floración, pero, por los distintos signos que lo anuncian, se puede considerar que el proyecto ha alcanzado su punto de inflexión.

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