Article VII SPECIFIC PROVISIONS
7.11 Powered Model Vehicles
su lista
Como se expuso en el capítulo 3, el proceso de habituación exige un contacto extensivo y prolongado con las situaciones, lugares y objetos que provocan la ansiedad. En general, la habituación acontece cuando
se encuentra en contacto con la situación que genera la ansiedad y su nivel de USAs desciende aproximadamente a 20.
La exposición y el ritual de prevención de Mary
En nuestro ejemplo, Mary repitió su primera exposición (conducir junto a un vagabundo con las ventanillas cerradas) una y otra vez, per- catándose en cada ocasión del cambio en su nivel de USAs. Tras un tiempo, esta situación que en su momento generó tanto temor, se con- vierte simplemente en aburrida. Tasó su nivel de USAs durante esta exposición en 20 o menos.
Después estuvo preparada para pasar al siguiente ítem de su lista- do de ansiedad/exposición (conducir cerca de un vagabundo con los cristales bajados una pulgada). Inicialmente, esta exposición incre- mentó su nivel de USAs hasta 60-70. A pesar de lo ilógico que parecía, incluso para ella misma, el trastorno obsesivo compulsivo de Mary le generaba el temor de que el “aire contaminado” que envolvía al vaga- bundo podría contaminar el interior de su coche. A pesar de dicho miedo, repitió su exposición reiteradamente hasta que se habituó a ello y se sintió poco angustiada (cuando era el caso).
Después pasó gradualmente a los siguientes ítems de su listado y repitió los pasos 1-4 con cada uno de ellos. Cuando Mary se encontra- ba preparada para confrontar su situación más temida (tocar el suelo en el que se congregaban los vagabundos y después el interior de su propio coche), llegó a angustiarse mucho. Entre sus pensamientos de miedo se incluían:
• “Nunca estaré ‘limpia’ de nuevo”.
• “Toda mi casa se contaminará” (si iba del coche a su hogar). • “Todo se contaminará”.
A pesar de sus temores, perseveraba con la exposición, repitiendo la tarea de tocar ligeramente todos los objetos de su coche, dentro y fuera. Cuando Mary completó su lista del “vagabundo”, empezó con la del “hospital”. Pasó ligeramente la esquina de un pañuelo de papel por la parte trasera de las sillas de la sala de espera del hospital (las cuales
pensaba que se hallaban contaminadas con el virus del SIDA). Se llevó el pañuelo a casa y rozó con él muchos objetos del hogar, incluyendo las instalaciones del baño, los muebles del dormitorio e incluso el lavabo.
Mary practicó las exposiciones diariamente, durante algunas horas. Tras una semana, fue capaz de tocar prácticamente todos los objetos del hogar con su pañuelo y sentir muy poco temor. Su meta era “elu- dir la evitación”. Cualquier idea de querer proteger un objeto de la “contaminación” era contrapuesta tocando el objeto con el pañuelo. A medida que ganaba confianza en que nada “terrible” le iba a suceder a ella o a sus seres amados, disminuyeron sus temores obsesivos.
APLICANDO LA EPR EN ALGUNOS PROBLEMAS HABITUALES EN EL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO.
Ahora que está parcialmente familiarizado con los principios bási- cos de la EPR, aprenderá algunos detalles más sobre el modo de apli- carlos a algunos de los síntomas más comunes del trastorno obsesivo compulsivo, incluyendo los suyos propios.
Lavado compulsivo
Método del “camino rápido” empleando el bloqueo total del agua
Este método, aunque en un principio parece ser el más amenazador, si se sigue rigurosamente logra resultados rápidos en el caso de los “lavadores” compulsivos en un período de tres semanas.
• Durante un período mínimo de tres semanas, excepto en el caso de los procedimientos de la lista inferior, debe limitar drásticamente, o bloquear, el empleo del agua para su cuerpo: lavado de manos limi- tado, no enjuagarse en exceso, no emplear toallas húmedas o pre- humectadas y no nadar. La ducha durará 7 minutos para los hom- bres (10 para las mujeres) cada tres días (esto incluye el lavado del cabello). Emplee un temporizador para limitar sus duchas. El lava-
do ritual o repetitivo de ciertas áreas corporales –tal como los geni- tales y el cabello– debería restringirse en la medida de lo posible. • Es pertinente el empleo de gel y otros artículos de aseo (sales de
baño, desodorante, etc.), excepto cuando su uso reduzca la “conta- minación”. No emplee bactericidas, jabones u otros elementos de aseo.
• El afeitado se efectuará con maquinilla eléctrica, nunca con agua. Ésta podrá beberse o emplearse para el lavado de los dientes. Ha de prestarse atención a que el agua no se derrame por sus manos o la cara.
• Restrinja su lavado de manos a los siguientes momentos: antes de las comidas; tras el uso del sanitario y después de manejar objetos grasosos o visiblemente sucios. No exceda los 6 lavabos diarios ni pase más de 30 segundos en cada ocasión. Pueden elaborarse con- sideraciones especiales en aquellos casos en los que la persona desempeña un trabajo en el que es necesario lavarse las manos más a menudo, tal como las enfermeras y otros profesionales sanitarios, y en aquellos sujetos que, por razones médicas, necesitan acudir al baño con más frecuencia que la media. Una vez que haya progre- sado, podrá empezar a lavarse las manos con normalidad.
• Las personas con rituales de aseo exagerados, por ejemplo aquellos que emplean lejía y otros detergentes innecesariamente fuertes para la limpieza corporal, deberían retirar por completo de su casa dichos elementos. Cualquier limpieza del hogar debería efectuarse con productos de limpieza sencillos y no tan agresivos (véase la discusión sobre la limpieza normal en la página 135).
Para los limpiadores compulsivos, la meta del programa de preven- ción del ritual es “volver a calibrar” la relación del cerebro con el agua y la función de la limpieza y del lavabo. En la limpieza y el lavabo impulsados por el trastorno obsesivo compulsivo, el agua, el jabón y los detergentes se emplean, de modo erróneo, como herramientas de regulación de la ansiedad para eliminar la “contaminación”. En con- traposición, la meta de la limpieza y el lavabo normal es simplemente lograr la sensación de “fresco y limpio”.
Método gradual para los lavadores compulsivos: “demora de ritual”
Si el método rápido de prevención del ritual descrito anteriormente le parece abrumador, trate de seguir este procedimiento empleando la demora del ritual. Se efectúa mejor en tres fases, las cuales se llevan a cabo a su propio ritmo.
Durante la fase uno, la cual puede durar unos días o una semana, trabajará para llegar a sentirse más cómodo con la idea de demorar su lavado, a la vez que se acorta la duración de éste.
En la fase dos, se le permitirá un breve lavado sólo cuando su nivel de USAs haya disminuido. Continuará hasta reducir la duración y el número lavados diarios.
Durante la fase tres, usted se expondrá a situaciones que cada vez le generen más ansiedad y reducirá el lavado a niveles normales. Esto sig- nifica que usted se lavará solamente en las situaciones prescritas como “normales”. Para ayudarle a decidir qué es “normal”, hemos incluido instrucciones (véase la página 135).
Aunque usted pudiera no progresar tan rápida y profundamente como indica el “método rápido”, algunas personas consideran que este procedimiento es más fácil de manejar. Cualquier otro puede ser extre- madamente efectivo y servirle en su meta de deshacerse del trastorno obsesivo compulsivo.
Primera semana: fase I
1. Elija, de su lista de situaciones de ansiedad/exposición, un objeto o situación “contaminado” que desencadene habitualmente un lava- do de manos y/o ducha u otras conductas neutralizantes (emplea- mos el término “neutralizante” para designar un “descenso de ansiedad” o una “disminución del malestar”). Después escoja un período de tiempo en el que se va a abstener de lavarse, lo cual gene- rará un nivel de ansiedad de aproximadamente 50-60 USAs. Puede ser un minuto, cinco, diez, veinte o más. Eso depende de usted. 2. Toque el objeto hasta que se sienta lo suficientemente “contamina-
do” (50-60 USAs). Empleando un cronómetro, temporizador o cualquier otro método, espere durante el período de tiempo elegi-
do sin lavarse, ducharse y sin neutralizarlo. Experimente la ansie- dad sin bloquearla.
3. Para el final de su período de tiempo predeterminado (cinco, diez, veinte minutos, etc.), lávese, dúchese y neutralícelo tal y como haría normalmente. Pero esta vez, reduzca la duración de su lava- do en un cincuenta por ciento. Trabaje, en cada ocasión, en reducir su período de lavado en segundos, minutos u horas, dependiendo del nivel de su línea base en lo que respecta al lavabo (antes de que iniciara el programa autodirigido). Si usted normalmente se ducha durante una hora, redúzcalo a media. Si usted se lava las manos durante tres minutos, acórtelo a un minuto y medio. Si neutraliza- ra su ansiedad de algún otro modo, reduzca el período de tiempo que emplea a la mitad. Repita esta exposición tres veces diarias o en tantas ocasiones como pueda, hasta que capte la idea de demo- rar el lavado.
Usando de nuevo a Mary como ejemplo, aquí se expone su gráfica mostrando su programa de demora del ritual para la fase I, de una semana de duración. El nivel (inicial) de la línea base de rituales de Mary implicaba lavarse sus manos una media de 50 veces por día y ducharse durante una hora u hora y media. Durante la fase I, su expo- sición consistía en sentarse en su coche, en la zona “contaminada” del aparcamiento durante cinco minutos antes de permitirse lavarse sus manos o ducharse. Mary repitió la situación de exposición al menos tres veces diarias, en días consecutivos hasta que su nivel de USAs se redujo hasta 20. Al tercer día, añadió otro ítem –tocar sus llaves “con- taminadas” (las cuales habían tocado a su vez el coche “contamina- do”). Trabajó simultáneamente en dos exposiciones, permitiéndose experimentar tanto malestar como le era posible.
Mary fijó la meta, en la fase I, de reducir los rituales (el número total/duración de los lavados de manos y la duración de las duchas) a un 50 por ciento. Inicialmente, eso era lo que consideraba que podría manejar. Sin embargo, hacia el final de la semana, ¡se percató de que podría disminuir aún más el número y duración de los lavados de manos y duchas! Registró el número de veces que se lavaba las manos
a diario empleando el formulario de trabajo (en la página 138). Se empleó un temporizador para restringir la duración de sus duchas.
Observe que para otros desencadenantes de ansiedad, tal como tocar el buzón “contaminado” de la fase II, la demora del ritual puede acortarse un día o dos si fuera necesario, dependiendo del grado de USAs. Cuanto más ansiosa estaba Mary, menos tiempo lo lograba demorar, al menos en un inicio. Durante la fase I, es importante seguir incrementando el período de demora y, en la medida de lo posible, con cada día sucesivo de exposición.
Gráfica de la demora del ritual en Mary: fase I
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