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ÓMO FUNCIONAN PSICOLÓGICAMENTE LOS TRIÁNGULOS

AMOROSOS

Hay quien dice que los celos son la manifestación del verdadero amor. Para nada es así. Los celos, la rivalidad y la envidia son el resultado natural que produce la lógica del deseo amoroso debido a su naturaleza triangular y mimética.

Deseamos lo que vemos desear a nuestro modelo. Y esto es un problema siempre que el objeto de deseo no puede ser compartido.

La transformación del modelo en obstáculo es lo que genera la rivalidad, la envidia, el resentimiento y finalmente la violencia. La mutua imitación o reciprocidad puede pasar de ser positiva (amor-amor) a la reciprocidad negativa (odio-odio). La tragedia de la trascendencia desviada o idolatría relacional lleva a convertir al otro en un dios al que adorar (imitar). Su calificativo como algo negativo no procede de un esquema apriorístico moral o ético sino de su evidente consecuencia destructiva para las relaciones amorosas.

Desde el momento en que alguien es modelo para mis deseos, voy a tener que entrar en conflicto con él y él conmigo de una forma que me dirige a la rivalidad y violencia.

El carácter mimético del deseo nos revela que la apropiación de un objeto amoroso o sexual no se produce per se o por características del propio objeto amado, sino mediante la copia del deseo de otro ser humano por ese mismo objeto que es anterior. Esto es la fuente inagotable de los conflictos amorosos entre seres humanos.

Al desear lo que el otro desea, el sujeto A transforma a su modelo B en un rival, en un verdadero obstáculo que le cierra el camino, al mismo tiempo al poco de haberlo seleccionado como modelo. A clona o imita el deseo de B por el objeto amoroso C (que supuestamente le atribuía desear). La adquisición o posesión del objeto es percibida por el narcisismo de A como una forma de llegar al ser de B, alcanzar su nivel, categoría, en definitiva a su estatus como «ser» superior:

1. Refuerzo del deseo por el objeto y resistencia de B.Al notar el deseo de A por el objeto C, el modelo se transforma en imitador de su imitador. B refuerza su deseo por el objeto C por el mero hecho de que A muestra interés en él. Con ello nace el doble vínculo, es decir, dos partes que se imitan recíprocamente en cuanto a sus deseos. El deseo de ambos A y B por C redobla en intensidad.

a. El modelo B refuerza su deseo por el objeto C, deseo que quizás había desaparecido o incluso nunca había existido en absoluto, pero había sido presupuesto por A como real.

2. Rivalidad mutua por el objeto

a. Ambos contendientes inician una guerra por la consecución exclusiva del objeto.

b. En el proceso, el modelo B es percibido por el agente A como obstáculo para alcanzar el «ser» desde la apropiación del objeto C.

c. El sujeto A es percibido por el modelo como un usurpador de su deseo por el objeto C.

d. El tiempo desaparece. Los dos reivindican la prioridad de su deseo por el objeto C. Ambos tienen razón y ambos a la vez se equivocan. La ceguera del mimetismo y el doble vínculo mantienen en los dos contendientes la ilusión de que «el otro empezó».

3. Reducción de las diferencias entre imitador y modelo: dobles

gemelos

a. A percibe de manera creciente que la diferencia con su modelo C es cada vez menor. Se refuerza el carácter inestable de la diferencia o carácter especial o único del modelo.

b. A se plantea reducir la diferencia mediante acciones o estrategias que persiguen:

− Menoscabar el prestigio social del modelo B para eliminar la percepción pública del carácter ideal o adecuado del modelo B para ser imitado por otros.

− Arrebatar el objeto C al modelo B, privándole de él.

− Mantener la inequidad de roles entre A y B, pero invirtiéndolo. Ahora el imitador se vuelve modelo para su anterior modelo. 4. Establecimiento del doble vínculo o mutua imitación. Despliegue de

la reciprocidad negativa. Las estrategias de A son imitadas a su vez

por el modelo B, dando lugar a que A es a la vez el modelo de B, además de su imitador (doble vínculo). Sugestión e imitación se intercambian en un escalamiento que instala a ambos en la reciprocidad negativa:

a. Se desarrollan sentimientos de animadversión que se realimentan mutuamente:

− Envidia: no puedo verlo, tengo que quitarlo de mi vista.

− Rivalidad: tengo que poder vencerlo, tengo que ganarle, tengo que poder con él.

− Resentimiento: proceso de intención que presume la animadversión del otro. El otro es malvado, pérfido, malintencionado, cruel…

5. Desaparición del objeto y génesis de mitos. Puesto que el deseo es mimético, ha generado un objeto amoroso nuevo que previamente no existía para A, una ilusión arrastra a ambos A y B:

a. Para A se genera la ilusión de que su interés por el objeto C era anterior o primordial. Yo lo vi primero.

b. Para B se genera la ilusión de que A tiene mala intención a la hora de pretender arrebatarle el objeto de deseo. A es un malvado, pérfido y envidioso.

c. Ambos A y B entran en una guerra por el objeto amado C.

UN EJEMPLO REALDE TRIÁNGULO AMOROSO

Juan y Antonio son amigos desde la infancia y suelen quedar juntos para salir. Desde siempre Antonio tiene más la iniciativa y parece ser el líder informal del grupo de amigos en el que ambos se mueven para salir.

Juan parece ser un poco más tímido para ligar y se muestra más retraído que Antonio a la hora de entrar a las chicas en un ambiente festivo un sábado por la noche.

El sábado pasado, al entrar en la discoteca, Antonio mira a una chica que está en un grupo creyendo reconocer en ella a una antigua compañera de clase de su colegio. A pesar de que echa un vistazo rápido al grupo de amigas y vuelve su mirada inmediatamente hacia sus amigos que están en la barra con él, esto no pasa desapercibido para Juan. A Juan le resulta evidente que Antonio muestra un interés especial por esa chica y lo confirma cuando ve que aprovecha una incursión al baño para pasar por su lado y entablar conversación con ella.

Al ver a Antonio charlando con la chica, Juan no puede sino sentir curiosidad y acercarse. La conversación va sobre los viejos tiempos, los profesores y las anécdotas de cuando Antonio y María, que así se llama, coincidieron en aquel colegio.

Juan se acerca y pide ser presentado a María, a lo que Antonio accede, no sin sentir repentinamente una cierta incomodidad por esa intrusión de Juan en esa conversación.

Aunque Antonio conoce a María desde hace años y nunca le gustó ni realizó ningún intento de salir con ella, sin saber por qué le apetece resultar ocurrente y comienza a desplegar frente a María una actitud de galanteo o flirteo que Juan observa con incomodidad.

La noche transcurre en la discoteca entre la divertida charla de Antonio, quien despliega todas sus capacidades de encantamiento y seducción habituales, y los torpes intentos de Juan de caerle bien a María.

El resultado se salda cuando Antonio al cabo de un rato aparta a María a un reservado de la discoteca y a los pocos minutos se marcha con ella agarrada a su brazo. Al salir, Juan no puede sino sentir malestar por lo que está presenciando. Se siente traicionado por su amigo.

Juan se siente miserable y furioso con Antonio por haberle levantado a la chica que le gustaba justo cuando él se estaba aproximando a ella. Su amigo debería haberse apartado. Al fin y al cabo, nunca le había interesado salir con María…

Ya no le importa la chica, pero le queda un resentimiento contra Antonio por haberle fastidiado el plan de la noche.

Antonio, una vez fuera de la discoteca y constatado su triunfo sobre los torpes intentos de Juan por ligarse a la chica, descubre que, en el fondo, no le gusta María y la despide en la esquina marchándose a casa acto seguido. Aun así, al día siguiente, envía al grupo de WhatsApp de sus amigos un mensaje dando a entender lo bien que se lo ha pasado con ella la noche anterior…

En los siguientes días y semanas Juan y Antonio ya no se llaman ni se ven. Están enfadados. La relación se enfría y nunca más vuelven a quedar. Una amistad de toda la vida ha quedado rota para siempre.

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