solución normal o legítima. La diáspora según Ieoshúa es una fuente de catástrofes y amenazas a la existencia del pueblo judío, el la causa de nuestro destino "amargo y cruel". El Sionismo, según Ieoshúa, "tiene sus orígenes en la
sensación de miedo ante el exilio (Galut). Repentinamente los judíos tomaron conciencia sobre cuan peligrosa y terrible puede resultar esta condición existencial" (Ibid.,p.37). Solo una minoría revolucionaria comprendió esta situación y desarrolló el pensamiento sionista. La mayoría del pueblo judío no aceptó este diagnóstico y se siguió aferrando a la diáspora, hecho que continúa hasta nuestros días. Ieoshúa no esconde sus críticas hacia el pueblo judío y su falta de voluntad (o de conciencia) en lo referente a la urgente necesidad de liquidar la condición diaspórica. Sin embargo, la mayoría de los judíos no legitimizó ideológicamente la condición diaspórica, por lo cual se produce una situación anómala, patológica, de rechazo instintivo a la par de una aprobación práctica. Esta situación es definida como "neurótica" (Ibid.,p.41).
Según Ieoshúa la diáspora constituye una solución a conflictos internos del Judaísmo, como las tensiones entre religión y nación y la necesidad de evitar que la dimensión política amenace a la fe mesiánica, o el dilema de ser un pueblo elegido (el miedo ante una posible normalización). La respuesta sionista moderna exige un tratamiento de raíz a estos conflictos basado en una negación esencial de la condición diaspórica. El Sionismo ofrece un proceso terapéutico de liberación de temores ancestrales, la
recuperación de la conciencia nacional y de la independencia, necesario ante el peligro inminente del antisemitismo en la era moderna. No obstante, 30 años después de la creación del estado judío resurgen los temores y se refuerza la búsqueda de una "solución neurótica" en la diáspora. Con la existencia del estado hay un seguro de vida, un resguardo constante, lo que permite una mayor legitimación de la diáspora. Ante ello Israel y el Sionismo deben proponer alternativas de acción y esclarecimiento. La conclusión de Ieoshúa es tajante: "En lugar de ocuparnos de cultivar la educación judía por si misma en la diáspora debemos hablar solamente de la Aliá... En lugar de tratar de seducir a los judíos para que vengan a Israel, en base a ofertas imaginarias, debemos develar la patología de la
Corrientes y Dilemas del
Pensamiento Sionista
Contemporáneo
diáspora, su inmoralidad..." (Ibid., p.71). La polémica es necesaria, la condena pública tiene un carácter curativo imprescindible, concluye Ieoshúa.Paralelamente a la publicación de los ensayos de A.B. Ieoshúa sobre el pensamiento sionista, el profesor Eliezer Schweid comenzó a impulsar esa misma tendencia de retorno a la negación de la diáspora en círculos universitarios y marcos educativos de Israel. Schweid es quizás el pensador israelí más prominente en el campo de la historia del pensamiento judío, y se destaca por su prolífica tarea de difusión popular más allá de las numerosas investigaciones que ha publicado en las últimas tres décadas. Sus ensayos sobre el
pensamiento sionista, el problema de la diáspora y la
normalización de la vida judía, fueron publicados en la década del 70 y del 80 en importantes órganos periodísticos de
alcance popular. Entre los años 1979 y 1981 publicó varios artículos claves sobre este tema que fueron recopilados en un libro de ensayos publicado en el año 1983 por la Organización Sionista Mundial titulado: "Del Judaísmo al Sionismo y del Sionismo al Judaísmo - Ensayos" (en lengua hebrea).
Los tres artículos que hemos mencionado se titulan: "La magia de la diáspora y el problema de la normalización" (1979), "La negación de la diáspora como pilar de la moral sionista" (1980), y "Sí, negación de la diáspora!" (1981). Estos títulos son sintomáticos y demuestran prima facie la tesis de su autor. Al igual que Ieoshúa, Schweid considera que la diáspora es "un fenómeno estructural en la historia de Israel" (Ibid., p.139). También las explicaciones sobre las causas de la atracción de la diáspora son similares, si bien el análisis de Schweid de enmarca en la disciplina filosófica más que en la histórica, psicológica o literaria: "... en la diáspora es más fácil llegar a una solución que disuelve la tensión de una demanda ideal. En la diáspora los judíos pueden integrarse a sus ocupaciones privadas, en actividades culturales del entorno y aun sobresalir en ellas.." (Ibid., p. 146). La demanda, anclada en la misma Torá, de una vida judía plena en Eretz Israel, una vida nacional y de fe, es demasiado exigente y compleja.
Para Schweid el Sionismo tiene como fin "diseñar una moral judía diferente, moral de un pueblo que sobrelleva por si mismo la responsabilidad de satisfacer todas sus necesidades
Corrientes y Dilemas del
Pensamiento Sionista
Contemporáneo
vitales, moral de un pueblo que vive dentro de sus propios marcos y para si mismo" (Ibid., p. 152). Sionismo implica pues en una negación de la condición diaspórica, como esencia y como ente social. Sionismo significa educar hacia un cambio interno, de personalidad. La existencia del judío en la diáspora es "simbiótica": por un lado se identifica con el Estado de Israel que afianza su seguridad, y por el otro se aferra al entorno no- judío. La conclusión es pues muy clara: "La lucha contra la moral de la diáspora es aun hoy en día la lucha principal del Sionismo. Este no venció en la lucha, y mientras no se obtenga la victoria, no está asegurado su futuro" (Ibid., p. 153). Dos problemas centrales aun no han sido resueltos: ¿Cómo
superar la moral diaspórica no solo de los judíos en la diáspora sino también en el Estado de Israel? ¿Cómo desarrollar una vida nacional judía como todo pueblo que mora en su tierra y es leal a los principios de su cultura y su moral?
Evidentemente existe una tensión básica entre ambos problemas pero ambos roles del Sionismo pueden complementarse.
La tesis central de Schweid establece que "después de la creación del estado desapareció la idea negadora de la diáspora de la infraestructura ideológica que definió la
cristalización de las relaciones entre Israel y las comunidades judías libres" (Ibid., p.155). Ello constituye un hecho negativo e inmoral. Debemos rescatar el elemento moral, el llamado a transformar la personalidad del judío en base al principio de la negación de la condición diaspórica: "... en función de las condiciones creadas en la era moderna el pueblo judío no tiene futuro en el exilio" (Ibid., p. 162).
Schweid enfatiza la dimensión moral-filosófica del Sionismo y es por ello que llama a retornar ideológicamente a la negación de la diáspora. Esta moral se basa en valores de auto-
suficiencia, independencia y sentido de poder. Se debe abandonar la legitimación de la vida judía en la diáspora en función de una búsqueda de unidad o de apoyo material de los "no-sionistas". El diagnóstico sionista sobre el fracaso eventual de la emancipación aun en las "tfutzot" (comunidades libres de occidente) es válido en nuestros días. El argumento de
Schweid es muy claro y duro: "Es posible decir que aun en la diáspora de nuestros días la existencia judía como pueblo es parasitaria" (Ibid., p.168). Conclusión: "La negación de la