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Prepare a Plan or Order

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Plan or Order Development

6.3.1 Prepare a Plan or Order

la vida terrenal de Jesús y también después de la Pascua, nadie puso nunca en duda la realidad de la humani­ dad de Cristo, es decir, el hecho de que Él fuese un hombre co­ mo los demás. ¿Acaso no eran conocidos su madre, sus herma­ nos, su patria, su edad y su trabajo? Lo que se podía discutir no era su humanidad, sino tal vez su divinidad. La acusación de los judíos era: "Tú, que eres hombre, te haces Dios" Qn 10, 33). Por esto, cuando habla de la humanidad de Jesús, el Nuevo Testa­ mento se muestra interesado más en la santidad de la misma que en la verdad o realidad de ella.

Menos de un siglo después de la muerte de Jesús, esta situa­ ción aparece totalmente cambiada. Ya, por las cartas de san Juan se sabe que algunos niegan que Cristo haya venido "en la carne" (cf. 1 Jn 4, 2-3; 2 Jn 7). Una de las mayores preocupaciones de san Ignacio de Antioquía, en sus cartas, es la de demostrar la ver­ dad de la humanidad de Jesús y de las acciones realizadas por Él en la carne: que verdaderamente ha nacido, que verdaderamen­ te ha sufrido, que verdaderamente ha muerto, y no "sólo en apa­ riencia, como dicen algunos sin Dios y sin fe".l

Estamos, en una palabra, frente a la herejía del docetismo, que niega la realidad de la encarnación y la verdad del cuerpo huma­ no de Cristo. Tertuliano resumió así las varias formas que esta he­ rejía presentaba en su tiempo: "Marción, para poder negar la car­ ne de Cristo, negó también su nacimiento. Apeles admitió la car­ ne, pero negó su nacimiento. Valentino admitió la una y lo otro, ya sea la carne como el nacimiento, salvo que luego los explicó a su manera. En efecto, él consideró que era del orden de la apa­ riencia (to dokein), y no d_e la realidad, no sólo su carne, sino

también su misma concepción, su gestación, su nacimiento de la Virgen y todo lo demás. "2 "Debemos, por tanto --concluía- ocu-

1 San Ignacio de Antioquía, Ad Trall., 9-10.

jesucristo, el Santo de Dios

parnos de la humanidad del Señor, porque su divinidad está ase­ gurada. Es su humanidad la que está cuestionada, la verdad y ca­ lidad de la misma." Para este autor, se trata de algo tan vital pa­ ra la fe, que le hace exclamar, dirigiéndose al herético: "Ahorra la que es la única esperanza de todo el mundo (Paree unicae spei totius orbis). ¿Por qué quieres destruir el escándalo necesario de la fe? Lo que es 'indigno' de Dios es para mí la salvación. "3

En el Nuevo Testamento, toda la atención estaba dirigida ha­ cia la novedad de la humanidad de Cristo (a Cristo hombre "nue­ vo" y "nuevo" Adán); ahora ella se dirige toda hacia la verdad, o

consistencia ontológica, de ella. La afirmación más común, en es­ te nuevo contexto, es que Jesús fue un "hombre perfecto" (teleios anthropos), entendiendo "perfecto" no en el sentido moral de "santo", de "sin pecado", sino en el sentido metafísico de "com­ pleto" y de· realmente existente.

¿Qué fue lo que provocó, en tan poco tiempo, un cambio se­ mejante de perspectiva? Simplemente el hecho de que la fe cris­ tiana se ha asomado ahora a un nuevo horizonte cultural y ha te­ nido que afrontar los desafíos y los problemas propios de esta

nueva cultura, que es la cultura helenística. En efecto, muchos factores contribuían a hacer inaceptable, en esta nueva cultura, el anuncio de Dios llegado en la carne. Primero un factor teológico :

¿cómo puede Dios, que es inmutable e impasible, someterse a un nacimiento, a un crecimiento y aún más, a un sufrimiento en la cruz? Un factor cosmológico : la materia es el reino de un dios in­

ferior (el Demiurgo) y es incapaz de conseguir la salvación; por tanto, ¿cómo se le puede atribuir a Dios un cuerpo material? Un factor antropológico: es el alma la que. constituye al verdadero

hombre, que es de naturaleza celeste y divina; el cuerpo (soma)

es más bien tumba (serna) que compañero del alma; ¿por qué en­ tonces el Salvador, que vino a librar al alma presa de la materia, se hizo a sí mismo prisionero de un cuerpo? Para finalizar, un fac­ tor cristológico: ¿cómo pudo Cristo ser el hombre "sin pecado", si

Raniero Cantalamessa

tuvo contacto con la materia que es en sí misma mala? ¿Cómo puede pertenecer al mundo de Dios, si pertenece al mundo sen­ sible que es incompatible con el mismo?4

La Iglesia tuvo que conquistar, palmo a palmo su fe en la ple­ na humanidad de Cristo. Una conquista que no terminó hasta el siglo VII. Primero, en la lucha contra el docetismo, se conquistó la certeza de la realidad del cuerpo humano del Cristo y de su nacimiento humano de María; luego, en la lucha contra la here­ jía de Apolinario de Laodicea, se conquistó la certeza de la exis­ tencia en Cristo también de un alma humana; y al final, precisa­ mente en el siglo VII, en la lucha contra la herejía monotelita, se conquistó la certeza de la existencia, en Cristo, también de una voluntad y una libertad humanas. Cristo, entonces, tuvo un cuer­ po, este cuerpo estaba dotado de un alma, ¡y esta alma era libre! Por tanto, Él fue "en todo similar a nosotros" verdaderamente.

Todas estas conquistas, excepto la última que se agregó más tar­ de, entraron en la definición dogmática de Calcedonia, donde se lee que Cristo es "perfecto en su divinidad y perfecto en su huma­

nidad, verdadero Dios y verdadero hombre, que resulta de un al­

ma racional, y de un cuerpo, consubstancial con el Padre en cuan­ to a la divinidad y consubstancial con nosotros en cuanto a la hu­

manidad, hecho en todo similar a nosotros, salvo en el pecado ".5

Así se formó el dogma de Cristo "verdadero hombre", que quedó operante e inmutable hasta nuestros días.

2. El dogma de Cristo

verdadero hombre

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