El enfoque de la Intencionalidad que se ha adoptado en este libro es resueltamente naturalista; creo que los estados Intencionales, proce sos y eventos son parte de nuestra historia biológica del modo en que la digestión, el crecimiento y la secreción de bilis son parte de nuestra historia biológica. Desde un punto de vista evolutivo, así como hay un orden de prioridad en el desarrollo de otros procesos biológicos, así también hay un orden de prioridad en el desarrollo de los fenómenos Intencionales. En este desarrollo, el lenguaje y el significado, al me nos en el sentido en el que los humanos tienen lenguaje y significado, aparecen muy tarde. Muchas otras especies distintas de la humana tie nen percepción sensorial y acción Intencional, y diversas especies, ciertamente los primates, tienen creencias, deseos e intenciones, pero muy pocas especies, quizás sólo los humanos, tienen la peculiar, aun que también biológicamente basada, forma de Intencionalidad que asociamos con el lenguaje y el significado.
La Intencionalidad difiere de otras clases de fenómenos biológicos en que tiene una estructura lógica, y así como hay prioridades evoluti vas, así también hay prioridades lógicas. Una consecuencia natural del enfoque biológico defendido en este libro es considerar al significado, en el sentido en el que los hablantes quieren decir algo por medio de sus emisiones, como un desarrollo especial de formas más primitivas de Intencionalidad. Así interpretado, el significado de los hablantes sería enteramente definible en términos de formas más primitivas de Intencionalidad. Y la definición no es trivial en este sentido: defini mos el significado del hablante en términos de formas de Intencionali dad que no son intrínsecamente lingüísticas. Si, por ejemplo, podemos definir el significado en términos de intenciones habremos definido una noción lingüística en términos de una noción no lingüística aun cuando muchas, quizás la mayoría, de las intenciones humanas se rea lizan de hecho lingüísticamente.
De acuerdo con este enfoque, la filosofía del lenguaje es una rama de la filosofía de la mente. En su forma más general equivale a la idea de que ciertas nociones semánticas fundamentales tales como el signi ficado son analizables en términos de nociones psicológicas más fun
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damentales incluso tales como la creencia, el deseo y la intención. Ta les ideas son bastantes comunes en filosofía, pero hay un considerable desacuerdo entre los que se adhieren a la idea de que el lenguaje de pende de la mente sobre cómo debería ser el análisis de las nociones semánticas. Una de las versiones más influyentes de esta idea (que de riva de Grice)1 es que el querer decir algo para un hablante por medio de una emisión consiste en tener un cierto conjunto de intenciones di rigidas hacia un auditorio real o posible: el querer decir algo para un hablante mediante una emisión consiste en proferir esa emisión con la intención de producir ciertos efectos sobre su auditorio. Característi camente, los que se adhieren a esta idea han considerado como primi tivas las nociones de intención y acción, así como otras nociones men tales tales como la creencia y el deseo.
En este capítulo quiero resumir la discusión del análisis del sig nificado en términos de las intenciones del hablante. El enfoque que adoptaré difiere del de la tradición, incluido mi propio trabajo ante rior, en dos aspectos importantes. Primero, usaré la explicación de las acciones y de los estados Intencionales proporcionada en los ca pítulos previos para fundamentar las nociones de significado y actos de habla en una teoría de la mente y de la acción más general. El significado es un género de Intencionalidad; ¿qué lo distingue de los otros géneros? Los actos de habla son géneros de actos: ¿Qué los distingue de los otros géneros? Segundo, rechazaré la idea de que las intenciones que importan para el significado son las intenciones de producir efectos sobre auditorios. La cuestión primaria que plantearé es simplemente ésta: ¿Cuáles son los rasgos de las intenciones del hablante en las emisiones significativas que hacen que sea el caso que el hablante quiera decir algo por medio de su emisión? Cuan do un hablante hace una emisión produce algún evento físico; dicho lisa y llanamente: ¿Qué añade su intención a ese evento físico que hace de ese evento físico un caso en el que el hablante quiere decir algo mediante él? ¿Cómo, por así decir, pasamos de la física a la se mántica?
Esta cuestión, «¿Cuáles son las características de las intenciones de los hablantes que las hacen conferir significado?», tiene que distin guirse de algunas otras cuestiones de la filosofía del lenguaje que son aquí, según creo, totalmente irrelevantes. Por ejemplo, el problema de cómo los hablantes son capaces de producir y comprender un número potencialmente infinito de oraciones es un problema importante, pero no tiene especial conexión con el problema del significado. El pro- *
' H. P. Grice, «Meaning», The Philosophical Review, vol. 66 (1957), n.° 3, pp. 377-388. [Versión castellana en Cuadernos Crítica, UNAM , México, Í977. (N. del T.)]
blema del significado, al menos en la forma en que lo estoy plante ando, seguiría siendo exactamente el mismo para un hablante de un lenguaje que permitiese sólo un número finito de oraciones.
Otra cuestión relacionada es: ¿Qué conocimiento debe tener un hablante para decir que conoce un lenguaje, tal como el francés o el castellano? Esto es también una cuestión interesante pero no tiene es pecial conexión con el problema del significado, al menos tal como yo interpreto este problema. El problema del significado surgiría incluso en el caso de personas que se estuviesen comunicando entre sí sin usar un lenguaje común. Me sucede algunas veces en un país extranjero, por ejemplo, que intento comunicar con personas que no comparten conmigo un lenguaje común. En tal situación el problema del signifi cado surge de una forma sangrante, y mi pregunta es: ¿Qué hay en mis intenciones en tal situación que las hace específicamente intenciones de significado? En tal situación quiero decir algo mediante mis gestos, mientras que en otra situación, haciendo exactamente los mismos ges tos, podría no querer decir nada. ¿Cómo funciona esto en los casos significativos?
En nuestra discusión de la estructura de la acción en el Capítulo 3 analizamos acciones simples, tales como levantar el propio brazo, en sus componentes relacionados: una acción intencional realizada con éxito consiste en una intención-en-la-acción y un movimiento corpo ral. La intención-en-la-acción causa y a la vez presenta el movi miento corporal. El movimiento corporal, en tanto que causado por ella, es su condición de satisfacción. En una secuencia que involucre una intención previa y una acción que consiste en llevar a cabo esa intención, la intención previa representa toda la acción, causa la in- tención-en-la-acción que a su vez causa el movimiento corporal y por la transitividad de la causación podemos decir que la intención previa causa toda la acción.
Sin embargo, en la vida real muy pocas intenciones y acciones son tan simples. Un tipo de intenciones complejas involucran una relación causal del tipo por-medio-de. De este modo, por ejemplo, como vimos en el Capítulo 3, sección V, un hombre podría tener la intención de apretar el gatillo de una pistola para disparar la pistola para matar a su enemigo. Cada paso en la secuencia —apretar el gatillo, disparar el arma, matar a su enemigo— es un paso causal y la intención-en-la- acción abarca los tres. El asesino tiene la intención de matar a su ene migo por medio de la acción de disparar la pistola y tiene la intención de disparar la pistola por medio de la acción de apretar el gatillo. Pero no todas las intenciones complejas son causales de este modo. Si se ordenase a un hombre levantar su brazo podría levantar el brazo con la intención de obedecer la orden. De este modo, él tiene una intención compleja: la intención de levantar su brazo para obedecer la orden.
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Pero la relación entre levantar su brazo y obedecer la orden no es una relación causal en el modo en que apretar el gatillo y disparar la pis tola es una relación causal. En tal caso hay condiciones de satisfacción relacionadas con el movimiento corporal que no se tiene la intención de que sean causadas por o causen el movimiento corporal: él tiene la intención de levantar su brazo para obedecer la orden, pero no tiene la intención de que el que su brazo suba cause algún fenómeno adicional al de obedecer la orden. En ese contexto, levantar su brazo es justa mente obedecer la orden y se intenta que sea así. Tales condiciones de satisfacción adicionales no causales son también características de in tenciones de significado, como veremos en breve.
Para clarificar las intenciones de significado, debemos compren der estas distintas nociones: la distinción entre intenciones previas e intenciones en la acción; el carácter causal y autorreferencial de am bas, y la presencia tanto de condiciones causales como no causales en intenciones complejas, ya sean intenciones previas o intenciones en la acción.
II. LA ESTRUCTURA DE LAS INTENCIONES