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Previous research on the recognition and classification of phrasal verbs

Chapter 2. The recognition and classification of phrasal verbs in Late Modern

2.2. Previous research on the recognition and classification of phrasal verbs

Durante un lapso de seis meses se llevaron a cabo las observaciones en sala, con el objetivo de identificar la presencia o ausencia de la temática propuesta para investigar. Este tiempo demostró la contradicción existente entre el discurso de las familias y lo que realmente se observaba en los/as niños/as dentro de la sala. Lo mismo sucedió con las docentes entrevistadas; mientras que aparecieron discursos donde manifestaban no transmitir roles o mandatos sociales a los/as niños/as, se observó precisamente lo contrario. Los niños y niñas tienen bien en claro qué pueden hacer las nenas – por ser nenas-, y qué pueden hacer los nenes – por ser nenes-. Ellos/as cargan con un contenido cultural y social que los identifica con uno u otro género.

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Como punto de partida de las observaciones se establecieron ítems sobre los cuales se pondría mayormente atención dentro y fuera de la sala. Entre estos, se priorizó el juego en los/as niños/as, la interacción entre ellos, el comportamiento, su desempeño en la sala, además se observó la forma en que iban vestidos, los útiles y accesorios que estos llevaban al jardín. Por otro lado, se observó el abordaje o no de la temática por parte de las docentes de la institución y cómo se encontraban estructuradas en su interior las salas.

El primer acercamiento a la institución me permitió reconocer cómo se encontraba estructurada cada sala, de acuerdo a que objetos la organizaban. Cada una de ellas se encuentra caracterizada por un color que las identifica de acuerdo a la edad de los/as niños/as que la integren. En el caso de sala de 5, el color que identificaba a la sala fue el naranja, mientras que sala integrada se identificaba con el color verde. En este caso particular, los colores que identifican cada sala se encuentran disociados de los roles de género. Pero si bien todas son diferentes, en su interior poseen los mismos objetos – muebles, sillas, mesas, armarios etc.; no puede faltar en cada una de ellas, el rincón de la

casita, donde se simula el armado de una casa con cocina, ollas, tazas, platos y muñecos para que las niñas puedan jugar a ser madres y reconstruir simbólicamente todo lo que sus mamás hacen en el hogar. Dentro de este sector, juegan todos los niños, nenas y nenes, aunque ellos dejan en claro qué rol cumplen, es decir, se observo que los niños juegan a ser padres, mientras que las niñas a ser madres. Al respecto uno de los niños expresó “(…) en el rincón de la casita juegan las nenas”, este discurso deja de manifiesto la apropiación de los lugares y objetos que hacen los/as niños/as de acuerdo a su género. Si bien es cierto que en este espacio la mayoría de los/as niños/as que juegan son nenas, los nenes también lo hacen reproduciendo su rol de padres. La representación de este sector dentro de la sala tiene gran trascendencia, ya que su sola presencia si no se cuestiona estaría inculcando desde la niñez formas de actuación y marcando fuertemente los roles que competen a cada género.

Dijimos anteriormente que los roles son transmitidos inconscientemente por diferentes vías y una de las principales es la familia. El proceso de observaciones dejó entrever formas indirectas de transmisión de los roles en los/as niños/as, de las cuales las familias son parte. Una de ellas está constituida por todos los accesorios que los/as niños/as

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llevan al jardín. Estos accesorios como mochilas, cuadernos, vasos, toallitas de mano se encuentran caracterizados de acuerdo al género de pertenencia y son consumidos por esas familias que acceden a comprarlos. Las niñas tienen mochilas con brillos y colores como rosa, rojo y fucsia con imágenes de dibujos de princesas, hadas y demás animaciones de Disney, mientras que los niños llevan mochilas con imágenes de autos, superhéroes, clubes de futbol entre otros; los mismo sucede con los vasos y las toallas de mano, todos están caracterizados por un dibujo animado que a su vez se identifica con el niño o con la niña.

Para los/as niños/as los colores resultan muy significativos, al punto que se observaron situaciones en donde el niño se negaba a merendar porque su tasa era de color rosado. Ellos/as se arraigan fuertemente a los colores que identifican su género, colores que a su vez marcarán toda su infancia, desde los juguetes, libros, hasta su vestimenta. Todos sabemos que históricamente los guardapolvos y uniformes en jardín han sido de color rosa, para las niñas y color celeste para los niños. Esto continúa en la actualidad en todos los jardines públicos de la localidad de Bolívar, pero los géneros se ven aún más reforzados por las familias ya que en los uniformes de las niñas aparecían imágenes bordadas de dibujos animados como “kitti”, “Minnie” u otras; mientras que los guardapolvos de los niños que son de color celeste únicamente, aparecen imágenes de superhéroes como “spiderman”, “los increíbles” etc. De esta manera se deja entrever la dulzura y debilidad con la que se asocia a las mujeres por un lado, mientras que por otro los varones continúan siendo asociados a la fuerza. Ante esta situación se ven involucradas dos instituciones fundamentales, como los son la familia y el Jardín, que indirectamente contribuyen a reforzar la inequidad entre los géneros, ya que el jardín legitima que los/as niños/as usen ese tipo de uniformes al igual que las familias quienes lo compran.

Los juguetes, los libros ilustrados, los programas televisivos que consumen los/as niños/as tienen a reproducir roles que se corresponde para uno u otro género. Basta con recorrer una juguetería para apreciar la clasificación que éstas realizan sobre sus productos, identificando los juguetes para niñas y niños. El juego en los/as niños/as es muy característico, se convierte en un momento representativo de la infancia, donde se aprenden valores y formas de actuar que a su vez se encuentran atravesados por representaciones sociales y culturales de género. El Jardín de infantes se constituye como el lugar de

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excelencia donde los/as niños/as aprenden jugando, dramatizando y haciendo uso didáctico de juguetes. El proceso de observación en las salas permitió develar que tanto juegos como juguetes distan mucho de ser neutrales. Tal como se expresó, son muchos los momentos en los que los/as niños/as juegan dentro del jardín, las salas contienen juegos y juguetes de todo tipo, didácticos, de entrenamiento y los clásicos que todos conocemos – autitos, muñecas, carritos, cocinitas etc.- además del patio donde se encuentran las hamacas, areneros, toboganes entre otros. Al momento del juego se ven fuertemente diferenciados los roles y la personalidad de cada género, dentro de la sala lo hacen con dakis, ladrillitos y maderas para construir y encastrar, los nenes construyen en su mayoría robot, autos y armas, mientras que las nenas prefieren ir al rincón de la casita, dibujar o leer cuentos. Es en el patio donde los niños/as tienen tiempo libre para jugar a lo que ellos prefieran, los nenes se ven más atraídos por correr, jugar con pelotas o juegos más bruscos, mientras que las nenas, si bien corren también, prefieren jugar en las hamacas y toboganes. Los juegos de los varones aparecen ligados a la violencia o movimientos bruscos, mientras que las niñas por su “debilidad” estarían asociadas a juegos más tiernos y maternales. Lo cierto es que, como plantea Morgade

Es evidente que los juguetes representan al sistema social que divide al mundo en modelos de hombres y mujeres, figuras buenas y malas, exitosas y fracasadas, ricas y pobres, valientes y cobardes, lindas y feas, etc.; que tienden a exaltar el afán de dominio y poder en los varones y el deseo de seducir en la niñas. (Morgade, 2012:42)

Por ello, los juegos y juguetes que circulan, comercialmente, se convierten en una fuente permanente en la construcción de los roles de género. Respecto de esto, se observó que las docentes por un lado, permiten que tanto niñas como niños jueguen por igual a lo que ellos prefieran, es decir no establecerían una diferencia genérica. Pero por otro lado, acceden a comprar juguetes que sí tienen una preferencia genérica, como por ejemplo en sala de 5 las docentes de ambas secciones, luego de juntar dinero con las familias, compraron juguetes para los/as niños/as. Para las nenas compraron accesorios para la casita (ollas, platos, vasos) todos de color rosa, entre los que aparecía una plancha que en su

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paquete de envoltorio decía “ahora puedo planchar como mamá”; mientras que para los nenes compraron autitos, camiones y herramientas. Esto habla además de la comercialización de juguetes sexistas que presenta el mercado, donde existe una clara diferencia entre los juguetes de niños y niñas, para estas últimas el mercado ofrece aún más variedad.

Otro punto que establece la diferencia genérica entre niños y niñas lo constituye el uso del cuerpo, los gestos y el uso del espacio. Este tipo de manifestaciones se vieron reflejadas en la clase de música donde las nenas se mostraron más sueltas y desinhibidas, les gusta cantar y bailar, mientras que los nenes sin bien cantan y bailan se muestran más vergonzosos al momento de hacerlo. Esto hace también a la personalidad que cada familia, la sociedad y las instituciones van construyendo sobre niñas y niños en sus primeros años de vida. Pero, ¿hasta qué punto las diferencias en el comportamiento de las niñas y los niños se deben al sexo o al género? Muchos sostienen que realmente existen diferencias estructurales entre el comportamiento de varones y mujeres de acuerdo a la cultura de pertenencia. Las diferencias biológicas, que traen hombres y mujeres, serían las causantes de aquellas diferencias estructurales, por ejemplo el hecho de que el varón y no la mujer, tome parte de la caza y la guerra demostraría que éste posee diferencias biológicas que tienden hacia la agresión. Por otro lado, otros autores sostienen que aquellas diferencias se expresan de acuerdo a la cultura de pertenencia. Por ello, aducen que “(…) del hecho de que un rasgo sea prácticamente universal, no se deduce que tenga su origen biológico” (Giddens, 1991:192). Con esto refiero a que, las diferencias que se pueden o no establecer en el comportamiento entre niñas y niños se deben pura y exclusivamente a la imagen que de ellos quieren construir e incide fuertemente la cultura. Desde este punto de vista las diferencias que se establecen son parte del aprendizaje y la construcción de identidades femeninas y masculinas.

Ahora bien, lo expuesto anteriormente ¿Favorece a la construcción del género en los niños y niñas? entiendo que sí. Desde el momento mismo en el que nacemos, más allá de nuestras determinaciones biológicas se nos atribuye un género, femenino o masculino. Inmediatamente se carga con un contenido cultural, que traducido en expectativas, construye un imaginario de lo que el niño/a deber ser y hacer. Este primer acercamiento a

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lo que conocemos como género es adquirido dentro del grupo familiar en los primeros años de vida, cuando los/as niños/as comienzan a hablar. Se asiste a la construcción de la identidad en los/as niños/as, ya que su entorno familiar (madre, padre u otros) refuerzan culturalmente aquellos mandatos sociales preestablecidos para los géneros, a pesar de que éstos no conocen sus diferencias biológicas. Es decir, el proceso de adquisición del rol de género, ocurre con el proceso de socialización de los niños/a, conformándose a partir de las normas y valores previamente establecidos, dictados por la sociedad y la cultura acerca del comportamiento de lo femenino y lo masculino.