AS PERSONAS pueden creer las ideas más peculiares, no porque sobre excita alguna evidencia para mostrar que ella son verdaderas, pero más bien porque hay escasa o ninguna evidencia para mostrar que ellas son falsas. Por muchos siglos las personas llegaron a creer que la tierra era plana, simplemente porque esta observación no era fácil de probar ni de falsificarse. Muchas ideas que también se han atado definitivamente a las profecías bíblicas pertenecen a esta misma categoría. Claramente estos incluyen algunas añadidas a la declaración de Jesús sobre “Los Tiempos de los Gentiles” en Lucas 21:14.
L
Por ejemplo, la Biblia en ninguna parte explícitamente dice:
1) Que Jesús, hablando de estos los “ tiempos gentiles,” tenía en mente los “siete tiempos” de la locura de Nabucodonosor que es mencionada en el libro de Daniel, en el capítulo 4;
2) Que estos “siete tiempos” eran siete años;
3) Que estos “años” no eran los años civiles de Babilonia ordinarios, sino “años” proféticos de 360 días cada uno, y que por consiguiente deben resumirse como que son 2,520 días;
4) Que estos 2,520 días no sólo se aplicaban al período de locura de Nabucodonosor, pero también tendrían un cumplimiento mayor;
5) Que en estos días del cumplimiento mayor deberían contarse como años, para que nosotros consiguiéramos un período de 2,520 años; y
6) Que éste período de 2,520 años empezó cuando Nabucodonosor, en su año 18 de reinado, desoló la ciudad de Jerusalén.
Ninguna de estas seis asunciones pueden verificarse por claras declaraciones bíblicas. De
hecho, ellas son, nada más que una cadena de suposiciones. Siendo entonces, que la Biblia no discute ni aún hace mención de ninguna de estas ideas, entonces tampoco en ninguna parte se nos dice explícitamente que ellas son falsas.
Sin embargo, cuando se reclama aún más allá, ésta será la núm. (7), que la desolación de Jerusalén por Nabucodonosor tuvo lugar en el 607 a. E.C., nosotros entonces hemos alcanzado un punto en el tren del pensamiento que puede probarse y puede falsificarse. Esto es porque la cronología del período neobabilónico no cae dentro de un área de asunciones inaveriguables.
Como se demostrará en este y en los capítulos subsecuentes, que la longitud del período neobabilónico se ha establecido hoy día firmemente por varias líneas diferentes de evidencia,
catorce de ellas se discutirán en estos dos capítulos.
En los capítulos anteriores se mostró que la validez de la Sociedad de la interpretación profética de la fecha 1914 está íntimamente conectada con la longitud del período neobabilónico.1
Ese período finalizó cuando Babilonia fue capturada por los ejércitos del rey Persa Ciro en el 539 a. E.C., una reconocida, fecha fiable.
En el primer año de su reinado sobre Babilonia, Ciro emitió un decreto que les permitió a los judíos retornar a Jerusalén. (2ª Crónicas 36:22, 23; Esdras 12:1– 4). Según la Sociedad Watch Tower esto finalizó el período de los setenta años mencionados en Jeremías 25: 11, 12; 29: 10; Daniel 9:2, y 2ª Crónicas 36:21.
Si, como mantiene la Sociedad, el remanente judío retornó a Jerusalén en el 537 a. E.C., el período de la dominación babilónica habría empezado setenta años más temprano, o en el 607 a. E.C. 2 Y siendo que la Sociedad Watch Tower sostiene que este período de setenta años fue uno
de desolación completa para Judá y Jerusalén, se nos dice que esto fue para el año 607 a. E.C., que Nabucodonosor destruyó a Jerusalén, en su decimoctavo año de reinado. (2ª Reyes 25: 8: Jeremías 52: 12, 29). Este evento, se asume, que inició los 2,520 años, llamados los Tiempos de los Gentiles, que comenzarían en el año 607 a. E.C.
Este punto de partida, sin embargo, es incompatible con varios hechos históricos. ∼
1. El término “neobabilónico” normalmente se refiere al período que comenzó con el reino de Nabopolasar (fechado al 625– 605 a. E.C.) y concluyó con Nabónido (555–539 a. E.C.) Debe notarse, sin embargo, que muchos eruditos usan el término “neobabilónico” a un período más extendido. The Assyrian Dictionary (eds. I. J. Gelb et al., Chicago: Oriental Institude, 1956 –) Por ejemplo, comienza este período en el 1150 a. E.C., y termina en alguna parte en el cuarto siglo a. E.C. En ésta presente obra el término es conferido a la dinastía babilónica, que empezó con Nabopolasar y concluyó con Nabónido.
2. El primer año de Ciro se extendió desde la primavera de (Nisanu 1) desde el 538 hasta la primavera del 537 a. E.C. Si Esdras siguió el método judío de contar el año de asentimiento (ascensión) como el primer año, él puede haber contado el 539/38 como el primer año de Ciro. Sin embargo eso pudiera ser, pero la evidencia es que Ciro no emitió su decreto mucho tiempo después de la caída de Babilonia. El tal llamado Cilindro de Ciro muestra que Ciro, poco después de la conquista de Babilonia, emitió un decreto que permitió a las distintas personas que se habían deportado a Babilonia retornar a los respectivos países de sus morada (James el B. Pritchard Ancient near Eastern Texts Relating to the Old Testament (“Antiguos Textos del Cercano Oriente que Relacionan al Viejo Testamento”), Princeton, New Jersey: Princeton University Press, 1950, pág. 316.) El decreto que probablemente les permitió a los judíos retornar a Jerusalén era una parte de este descargo general de liberar a las personas exiliadas. Como es mostrado por el libro de Esdras, los judíos que respondieron inmediatamente al decreto empezaron a organizarse para la jornada de regreso. Esdras 1: 5 — 2: 70) y en el “séptimo mes” (Tishri, correspondiendo a las partes de septiembre y octubre) ellos se habían establecido en las ciudades de sus moradas. (Esdras 3:1) El contexto parece implicar que esto todavía estaba sucediendo en el “primer año de Ciro”. (Esdras 1:1— 3:1). Por consiguiente, la mayoría de las autoridades concluyen que esto fue cerca del otoño en el 538 a. E.C., y no el 537 como la Sociedad Watch Tower insiste. (Vea por ejemplo la discusión del Dr. T.C . Mitchell en, The
Cambrige Ancient History, 2da ed., Vol III: 2, Cambrige; Cambrige University Press, 1991, pp. 430 – 432; También, la discusión
completa de la historicidad de Ciro editada por Elias Beckman en Studies in Jewish and Christian History, (los estudios en la Historia Judía y Cristiana”), leiden: E. J. Brill, 1976, pp. 72 – 108.). La Sociedad Watch Tower, sin embargo no puede aceptar a la fecha 538 a. E.C., para el retorno, debido a que esto movería el principio de su período de sus setenta años atrás al 608 a. E.C. Esto, claro, destruiría sus cálculos de los Tiempos de los Gentiles.
∼ Lo que sigue a continuación en los capítulos subsiguiente, en muchos casos la información es de una naturaleza técnica, acompañada por la documentación detallada que la involucra. Mientras que esto contribuye a la fundación firme de las fechas establecidas, se han hecho también los esfuerzos necesarios por parte de algunas fuentes para neutralizar la evidencia histórica, ofreciendo información que tiene una apariencia de validez, incluso de erudición pero que, en el examen, se ha demostrado ser inválida y superficial. Algunos lectores pueden encontrar los datos técnicos difíciles de seguir. Aquellos que no sienten que necesitan todo los detalles pueden tornar directamente a los resúmenes al final de cada uno de
estos dos capítulos. Estos resúmenes dan una idea general de la discusión, de la evidencia presentada, y las conclusiones deducidas de los mismos.
A. LOS HISTORIADORES ANTIGUOS
Hasta la última parte del siglo decimonoveno la única manera de determinar la longitud del período neobabilónico era consultando a los historiadores griegos antiguos. Esos historiadores vivieron centenares de años después del período neobabilónico y desgraciadamente sus declaraciones son a menudo contradictorias. 3
Aquellos sostenidos para ser los más fiables son 1) Beroso y 2) él o los recopiladores de la lista del rey normalmente conocido como el Canon de Tolomeo, a veces también, y más correctamente, llamado el Canon Real.
Parece adecuado empezar nuestra discusión con una presentación breve de estas dos fuentes históricas siendo que, aunque ninguno de ellos por si solo proporciona la evidencia conclusiva para la longitud del período neobabilónico, su testimonio antiguo ciertamente se merece consideración por sus méritos.
3. Estos historiadores antiguos incluyen a Megastenes (3er siglo a. E.C.), Beroso (c. 250 a. E.C.), Alejandro Polistor (1 a. del siglo
E.C.), Eusebio Pánfilo (c. 260 - 340 E.C.), y Georgio Sincelo (última parte del 8 siglo E.C.) Para una conveniente la visión general de las cifras dada por estos historiadores antiguos, también vea a Raymond Philip Dougherty, Nabonidus and Belshazzar [“Nabónido y Belsasar”] (New Haven: Yale University Press, 1929), pp. 8 - 10; cf. También a Ronald H. Sack, Images of Nebuchadanazzar [“las Imágenes de Nabucodonosor”] (Selinsgrove: Susquehanna University Press; Londres y Toronto: Associated University Press, 1991), pp. 31 - 44
A – 1: Beroso
Beroso era un sacerdote babilónico que vivió en el siglo tercero a. E.C.
Aproximadamente para el 281 a. E.C., él escribió una historia de Babilonia en griego conocida como Babyloniaca o Chaldaica que él la dedicó al rey Seléucida Antíoco I (280−260 a. E.C.), cuyo inmenso imperio incluyó a Babilonia. Después Beroso abandonó Babilonia y se estableció en la isla Ptolemaica de Cos. 4
Sus escritos desgraciadamente, han estado perdidos, y todo lo que es conocido sobre ellos viene de las veintidós citas o paráfrasis de su obra por otros escritores antiguos y de once declaraciones sobre Beroso que fueron hechas por los escritores clásicos, judíos, y cristianos. 5
Las citas más largas tratan de los reinos de los reyes neobabilónico y se encuentran en la obra de Flavio Josefo Contra Apión y en su, Antigüedades de los Judíos, ambos escritos en la última parte del primer siglo E.C.; en La Crónica de Eusebio y en su Preparación para el
Evangelio [citado en inglés], ambos del principio del cuarto siglo de la E.C., y en otros trabajos
anteriores. 6 Se sabe que Eusebio citó indirectamente de Beroso vía el estudioso grecorromano
Cornelio Alejandro Polistor (del primer siglo a. E.C.).
Aunque algunos eruditos han asumido que Josefo, asimismo, sólo conoció a Beroso vía Polistor, la evidencia para esto falta. Otros estudiosos han concluido Josefo tenía una copia del trabajo de Beroso a mano, y recientemente Dr. Gregory E. Sterling a argumentado fuertemente que Josefo citó directamente del trabajo de Beroso. 7 Los estudiosos están de acuerdo que las más
¿Dónde Beroso consiguió su información sobre los Reyes neobabilónicos? Según sus propias palabras él “tradujo muchos libros que se habían preservado con gran cuidado en Babilonia y que trataban de un período de más de 150,000 años”. 9 Estos “libros” incluyeron
cuentas de reyes legendarios “antes del diluvio” con longitudes muy exageradas de los reinos. Su historia de las dinastías después del diluvio hasta el reinado del rey babilónico Nabonasar (747 – 734) también está lejos de ser fiable y evidentemente contiene mucho material legendario y exageradas las longitudes de los reinos.
El propio Beroso indicó que era imposible de dar una historia fidedigna de Babilonia antes
de Nabonasar, ya que ese rey “coleccionó y destruyó los archivos de los reyes antes que él para
que la lista de los reyes caldeos pudiera empezar con él.” 10
A pesar de estos problemas, sin embargo, para los períodos posteriores, y sobre todo para
el crítico período neobabilónico, se ha establecido que Beroso utilizó generalmente crónicas
babilónicas muy fiables, o fuentes similares a estos documentos, y que él en griego informó cuidadosamente de su contenido.11 Las cifras que él da substancialmente para los reinos de los
reyes neobabilónicos están de acuerdo con las cifras que se dan por esos documentos cuneiformes antiguos.
4. Erich Ebeling y Bruno Maissner (eds.), Reallexikon der Assyriologie, Vol. II (Berlín y Leipzig: Walter de Gruyter & Co., 1938), pp. 2, 3.
5. Una traducción con una discusión extensa de estos fragmentos se publicó por Paul Schnabel en Berossus und die Babylonisch -
Hellenistische Literatur (Leipzig y Berlín: B.G. Teubner, 1923). La primera traducción inglesa completa de los fragmentos
sobrevivientes del trabajo de Beroso han sido publicados por Stanley Maywer Burstein in the Babilonica of Berossus. Sources from
the Ancient Near East [“Babilonica de Beroso Las fuentes del Antiguo Cercano Oriente”], Vol. 1 el fascículo 5 (Malibu, Calif.:
Undena Publications, 1978),
6. Véase a Flavio Josefo Contra Apión, Libro I: 19−21; Antigüedades de los Judíos, Libro X:XI, 1: La Crónica de Eusebio es preservada sólo en una versión Armenia, exceptuando por las citas que se conservaron en la cronografía del cronista bizantino Georgio Sincelo (al final del octavo y a principio del noveno siglo de E.C.).
7. Gregory E. Stering, Historiography and Self − Definition Stering, [“La historiografía y Auto−Definición”] (Lieden, Nueva York, KölnE. J. Birill, 1992), pp. 106, 260, 261.
8. Por ejemplo, Burstein dicen: “los más tempranos son aquellos hechos por Josefo en el primer siglo D.C., de las selecciones acerca del segundo y particularmente el tercer libro: Babyloniaca, el último desde luego proveyendo nuestra mejor evidencia para el trato de
Beroso del período “Neobabilónico.” ( Obra citada, pp. 10, 11; el énfasis se agregó). Las largas citas de Josefo del Contra Apión en
cuanto la era neobabilónica está mejor conservada en la obra de Eusebio Preparation For the Gospel (“Preparación para el Evangelio”), Libro IX, Capítulo XL. (Vea la discusión por H. St. J. Thackeray sobre Josefo, Vol. 1. [Loeb Classical Liberary Vol. 38:1], William Heinemann, y en Nueva York: G.P. Putnam’s Son, 1926) pp. xviii, xix.) La transmisión textual deficiente de la Crónica de Eusebio, por consiguiente, no son de ninguna consecuencia para nuestro estudio. La Sociedad Watch Tower, en su diccionario de la Biblia Perspicacia Para Comprender Las Escrituras (Vol. I. pág. 590), dedica sólo un párrafo a Beroso. Casi todo párrafo consiste en una cita de una Assyrian Historiography [“Historiografía Asiría”] por A. T. Olmestead en la cual él deplora la historia de la supervivencia tortuosa de fragmentos de Beroso vía la Crónica de Eusebio (com. nota anterior # 6) Aunque esto es verdad, como es anotado, esencialmente no es pertinente en nada e irrelevante para nuestra discusión.
9. Burstein, obra citada, p.13. La versión de Armenia de la Crónica de Eusebio da “2,150,000 años en lugar de 150,000,” la cifras es preservada por Sincelo. Se cree que ninguno de ellos es las cifras originales dada por Beroso. Burstein, p.13, notan 3.
10. Burstein, obra citada p.22.
11. Burstein señala que, aunque Beroso cometió varios errores sorprendentes y ejecutó muy poca crítica sobre sus fuentes, “los fragmentos si hacen claro que él escogió fuentes buenas, lo más probable de una biblioteca en Babilonia, y que él informó sus
volúmenes fiablemente en griego”. (Burstein, obra citada, pág. 8 énfasis agregado). Robert Drews, en su artículo “The Babylonian
Chronicle and Berossus”, (“La Crónica Babilónica y Beroso”), publicada en Irak, Vol. XXXVII, parte 1 (Primavera del 1975), llegaron a la misma conclusión: “que las crónicas estaban entre estos registro de los cuales no se pueden dudar” (pág 54). Esto se ha demostrado por una comparación cuidadosa de declaraciones de Beroso con las crónicas babilónicas. Paul Schnabel, también, concluye: “Que él ha usado archivos cuneiformes, sobre todas las crónicas, por todas partes es bien manifiesto en cada paso”. (Vea nota 5 anterior), pág. 184.