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Problems and issues in developing guidelines

9 Replacement Demands

12 Generating Results for Local Enterprise Partnership Areas 1 Rationale for producing local level projections and their limitations

12.3 Problems and issues in developing guidelines

La sociedad de lectores que se estaba formando y en consecuencia las correspondientes prácticas de lectura, incluyeron un cambio en los espacios de recogimiento, las habitaciones comenzaban a individuarse cada vez en sus funciones, si bien no había aún unos límites, se abrían espacios para la lectura. Así mismo el mobiliario se diversificaba cada vez más y se comenzaban a introducir nuevos aditamentos que llamaban a la introspección y a la lectura, los muebles de asiento se volvían más abullonados dándosele importancia a los tejidos de tapicería, se introducían canapés y sillones, de la moda se llegaba a la búsqueda de comodidad (Ilustración 42-Ilustración 43). Aída Martínez Carreño en uno de sus artículos se centra en los cambios de dotación de la casa de Nariño, Aida a través de documentos compara el inventario de la casa del padre de Nariño con la de él 15 años después:

se le añade un segundo piso, y se dota con nuevos muebles a la moda "las paredes de la nueva casa están cubiertas con papeles pintados, el mobiliario, antes integrado por tarimas, sillas, cojines y taburetes, se complementan ahora con canapés de nogal de diferentes dimensiones, unos forrados en damasco, otros en filipichín; se había impuesto un cuarto solo destinado solo para comer, perfectamente dotado de sillas, mesa , vajilla de porcelana y servicio de platería, que no existía en la generación anterior, en las cuales, cuando no se

122 comía en la cocina, se tendía una mesa en cualquiera de las salas, o cada cual tomaba sus alimentos en un lugar diferente.208

Ilustración 42. Silla Chippendale, siglo XVIII. Madera tallada y pintada en diferentes capas de aplicación. Museo colonial.

Ilustración 43. Sillón estilo Luis XV Siglo XVIII. Madera Tallada y dorada, tapizado bordado en seda. Museo colonial.

123 Así mismo dentro de la privilegiada comunidad de lectores y de las reuniones que llevaban a cabo, se implantaban importantes elementos en la sociabilidad que subrayaban el espíritu de búsqueda de civilidad. Si bien el desarrollo de estas juntas buscaba un beneficio intelectual y un progreso para la sociedad, en éstas se desarrollaban ideas que se mantenían dentro de grupos sociales elitistas, los cuales se consideraban a sí mismos como los benefactores del bien público gracias a su honorabilidad. La afirmación social dentro del mismo grupo se llevaba a cabo a través de la demostración de unas costumbres refinadas, ellos tenían la obligación de demostrar a través de su apariencia (en su amplio significado) su lugar intelectual y social. Éste se manifestaba a través de diversos elementos, como el conocimiento de las buenas maneras y de las formas tradicionales de sociabilidad que incluían la contención de las formas corpóreas, que si bien no seguían una férrea etiqueta ceremonial, como en los decenios anteriores, sí se exigía una urbanidad y un orden en la apariencia. Como por ejemplo la que se pedía a un pintoresco personaje que asistía la tertulia Eutropelica, Linio un petimetre llamado por los asistentes socio masculfimeneo, criticado y mal visto por su aspecto ya que contradecía el ordenamiento por sexos en la disposición de la reunión, a pesar de las tímidas apertura hacia el sexo femenino en este tipo de discusiones:

Uno de los Tertulianos parece que por desgracia de educacion, por moda, ó bien por debilidad de Espiritu, no poseía aquel ayre varonil digno de un verdadero hombre. A este Cavallero semidama se le hizo presente con mucha cortecia y urvanidad la obligación en que estaba constituído de satisfacer á la Tertulia ácerca del respetivo asiento que debía ocupar, pues sin este requisito tanto hombres como mujeres dudarian siempre el lugar que justamente le correspondia.209

En este tipo de reuniones que eran demostraciones de un refinamiento de las costumbres, no se desligaba de la búsqueda de placer, las conversaciones se acompañaba de recitales de poesía o se hablaban de temas poco prácticos como el de la belleza sublime; inclusive se las

124 acompañaba con bebidas, biscochos y dulces que se decoraban siguiendo las líneas sinuosas de las demás decoraciones "en el siglo XVIII según la costumbre española una mesa rica debía ostentar un "ramillete" o plato de dulces muy adornado y vistoso”210 .

Igualmente en las reuniones se consolidaban costumbres que se podrían considerar relativamente nuevas, aceptadas socialmente y por los especialistas211 se introducían y adquirían formas refinadas. La ingesta de estimulantes como el chocolate, café, té y los usos del tabaco representaban las aculturaciones más importantes de plantas consideradas en un primer momento como exóticas en Europa. Si éstas se habían convertido en una moda en el continente Europeo, en América se habían convertido en parte integrante de las costumbres. En la Nueva Granada eran populares sobretodo los usos del chocolate y el tabaco, en las Maravillas de la Naturaleza se habla de la habitual y frenética práctica de

fumar o aspirar tabaco, tanto mujeres como hombres, inhalaban o “chupaban” esta planta como una actividad que se enmarcaba en la búsqueda de placer:

Es tan común allá este vicio, que por las calles hombres y mujeres todos chupan. Hasta las monjas en la reja, cuando tienen visitas al instante les despachan candela y cigarros y ellas a la parte de adentro también toman su cigarro. Y en cualquier casa que vaya uno de visita, al instante le sacan tabaco y cigarros.212

210 Posiblemente se seguían parámetros en la presentación de los dulces de celebraciones fastuosas “para confeccionar los ramilletes con qué se adornó la mesa de recibimiento del virrey Gil Y Lemos, en , 1789, se contrataron dos pintores por 22 pesos y los dulces con que se "vistieron", costaron 75 pesos. A este respecto véase: Aída Martínez Carreño, “La vida material en los espacios domésticos”, en: Historia de la vida cotidiana en Colombia, p.352. Así mismo en algunos libros dirigidos directamente a las mujeres como el

Ceremonial de estrado y críticas de visitas de Antonio de Espinosa o Lavirtud en el estrado que María del

pilar López encuentra en inventarios de la época, se explica detalladamente la etiqueta que se debía seguir y la forma de servir las viandas. En: María del Pilar López, Las salas y su dotación en las casas de Santa fé de Bogotá, p. 14-15.

211“la valorización médica seguramente contribuyó a la difusión de su uso, especialmente entre los estamentos privilegiados. Pero más importante fue el hecho que una instancia prestigiosa y reconocida por la ideología dominante, otorgaba una justificación para su consumo” Francesc Xavier Belvis Costes, “HABITUS TABACI. Un análisis estructural de los discursos sobre el tabaco cuando su introducción en España (1500-1700)”, Revista de Antropología Experimental nº 10, (2010):265.

212 Fray Juan de Santa Gertrudis,

125 El beber chocolate también era una costumbre popular, Ulloa en sus descripciones hace distinciones de la forma en el que lo tomaban las castas y las personas de distinción:

…es tan frecuente, que lo acostumbran tomar diariamente hasta los Negros Esclavos, después que se han desayunado, y para este fin lo venden las Negras que lo tienen ya dispuesto en toda forma y con solo calentarlo lo van despachando por jícaras, cuyo valor es Quartillo de Real de plata, pero no es todo puro Cacao, porque este común es compuesto de maíz la mayor parte, y una pequeña de aquel; el que usan las Personas de Distinción es puro, y trabajado como en España….213

Las formas en que se consumían estos populares productos era la señal que marcaba la distinción. Cada quién podía mostrar su honorabilidad en estos juegos de sociedad, a través del uso de objetos que llegaban de fuera para el uso de unos géneros de tipo local y prehispánico. Se crearon accesorios para estas costumbres adquiridas, objetos de moda que iban a ritualizar los actos de beber y fumar, en este caso un acto de sociedad en donde se le ofrece tabaco al interlocutor y a los presentes sacando una tabaquera, en este caso una con la efigie de Carlos IV o braceros de plata para encenderlos (Ilustración 44- Ilustración 45 respectivamente).

Las apreciadas cajitas de rapé eran consideradas como estimadas alhajas hechas con finos materiales e incrustaciones varias, como la que se describe en el Correo Curioso, en la zona de noticas de interés en la que se anunciaba una recompensa por su pérdida:

El que entregase una caxa de tomar tabaco en polvo de carei negro, lisa de tres pulgadas de largo, una y media de ancho, engaste haro, y goznes de plata: la labor del haro de media cuña, y con recorte á los perfiles: se le darán en la tienda de este despacho 6 pesos de albricias, por la exhibición de la alhaja214

213 Jorge Juan y Santacilia,

Relación histórica del viage a la America Meridional [recurso electrónico

Biblioteca Nacional de Colombia], tomo I, p. 52. 214 Correo Curioso n 7 martes 31 de marzo 1801.

126 Se teatralizaban estas costumbres por el uso mismo de los objetos, por ejemplo al tomar el polvo de rapé desde una cajita para después estornudar y sacar el pañuelo, era un movimiento que debía ser estudiado para hacerlo con gracia y elegancia 215 . Así mismo el uso de engorrosas mancerinas y ostentosas jícaras para el chocolate (f.15), necesitaba de una familiaridad y práctica que se permitían solo al estar vinculado a estos grupos de distinción. Las ceremonias al servir las bebidas tenían ecos de las fastuosas recepciones, como por ejemplo el servicio de café recepción virrey Messia de la Zerda en 1761 después de la cena, traído a colación por Aída Carreño: "pasó a otra pieza que estaba cubierta de damasco carmesí, espejos, cornucopias y su sitial, y en ella se sirvió el ramillete y el café"216 .

Esta estatización extrema de la vida cotidiana y del disfrute de lo bello respondía no solo a una imitación de las estéticas cortesanas, a la moda y su parafernalia de maneras, sino también a unos intentos de perfeccionamiento y organización, a una imposición del hombre sobre la naturaleza. Los actos de distinción que se llevaban a cabo en los diversos espacios de sociabilidad del siglo XVIII correspondían a la llamada esquizofrenia entre tradición e innovación217, entre lo que debía ser en la búsqueda de la justa apariencia y el capricho desmedido. La idea de ostentación y refinamiento, a través de su circulación, se comenzaba a trasladar a la idea civilidad y progreso, de moda y educación ideas que comenzaba a tomar importancia dentro de los estrato aventajados de la sociedad neogranadina.

215 el tomar el polvo de rapé con gracia y aun con cierta elegancia no era tan fácil como pueda suponerse; era, por el contrario, una práctica que debía realizarse en tiempos preestablecidos: se abría la tabaquera, se tomaba el polvo de rapé con las puntas de los dedos, se estornudaba, se cerraba el estuche y se guardaba en el interior del jubón. Estos movimientos habían de estudiarse para realizarlos con gracia.” En: Max Von Boehn, Accesorios de la moda 247

216 Aída Martínez Carreño La vida material en los espacios domésticos, p. 352. 217 Bolívar Echeverría, La modernidad de lo barroco, p.123.

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Ilustración 44.Tabaquera con la efigie de Carlos IV, Ca. Fabricación española 1790. Colección Museo de la Independencia-Casa del Florero. Mincultura.

Ilustración 45. Chofeta para encender cigarros, Ca 1800. Martillado (plata, madera) 4,3 x 27 x 7,8 cm. Museo de la Independencia- Casa del florero.

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Conclusiones

A finales del siglo XVIII e inicios del XIX en el Virreinato de la Nueva Granada las estrategias de refinamiento se encontraban en una confluencia de características propias del Antiguo Régimen y unos elementos propios de la modernidad. Los objetos suntuarios eran herramientas de autoafirmación y de un ordenamiento social estamentario, a través de los cuáles se llegaba a una ritualización de lo cotidiano, lo cual correspondía a la aparatosidad y teatralidad barroca, pero que poseían al mismo tiempo unos elementos de modernidad, en cuanto se buscaba un embellecimiento y una búsqueda de placer en una realidad mundana que ponía al hombre y su corporeidad como medida de un orden que se suponía divino. A partir de aquí se puede decir que:

Este periodo intentó un control más férreo de la sociedad neogranadina era el momento en el que comenzaban a crecer unos intereses individuales, que en el campo de la distinción se puede entrever en el desarrollo de la capacidad de “escoger” de la élite ante un mayor flujo de textiles, objetos y modas, ordenar unos espacios de acuerdo a un gusto; así como de la formación de una opinión o punto de vista, que se formaba gracias a la circulación de ideas a través de formas de sociabilidad como de impresos.

El gusto que comenzaba a caracterizar a la élite de la Nueva Granada se desarrollaba a partir de unas necesidades de distinción locales, que se llevaba a cabo frente a sus iguales, a los poderes de la Corona y a grupos subalternos, una búsqueda de prestigio ante la deseada Limpieza de Sangre, reconocimiento que peligraba ante una realidad mezclada. Al mismo tiempo este gusto se alimentaba de las innovaciones, estéticas y modas europeas, teniendo el contrabando como principal elemento para satisfacer las necesidades de distinción. De esta manera se exacerbaban los sentimientos de un “origen” ibérico y los ponía aparentemente como actores desde una mirada “occidental”.

Se puede ver a la élite como poseedora de unos ideales propios de la ilustración, abanderando ideas de un bien público para progreso del reino iban a conformar esa “Buena

130 Sociedad” distinguiéndose de un pueblo que consideraban ignorante y deshonroso, al cual desde su posición “adulta” se le debía enseñar un refinamiento de las maneras signo de civilidad. La distinción en este periodo se fundamentaba entonces, a partir de un honor de conocedores que se superponía a unas estructuras que se basaban en un honor de sangre cristiano y medieval.

Los objetos y aditamentos pueden ser vistos como las extensiones de una distinción, éstos van a ritualizar las acciones de la vida cotidiana, van a recordar las reglas de la ceremonialidad barroca, pero al mismo tiempo el rito cotidiano se va a insertar dentro de unos ideales de civilidad y de perfeccionamiento que miraba hacia un futuro.

Se puede decir que el gusto que se desarrolla en este periodo, parte de un sentimiento Rococó, que partiendo de un exceso de influencias, reúne e imita distintas manifestaciones que vienen de fuera, trastocándolas de manera singular con lo local, con lo cual se podría decir que esta manifestación estética encarna la esquizofrenia del mestizaje, propio de una sociedad en gestación.

Por último quisiera considerar como el gusto, como herramienta de distinción que se desarrolla en este periodo, va a repercutir en el carácter de la élite criolla que se instaura como rectora después de los movimientos independentistas, ésta va a continuar exaltando lo blanco y lo europeo como signos de civilización, no solo en cuestiones estéticas y de moda en un amplio sentido, sino también en la construcción de programas políticos dentro de la misma construcción de nación a finales del siglo XIX, en donde se instaurarán modelos europeos bajo el préstamo de unos lentes occidentales, que mirarían hacia el futuro bajo las idealizadas imágenes del progreso.

Por otra parte sería interesante ver como este fraccionamiento entre un consumo suntuario, símbolo de un estado aristocrático y su subsecuente mercantilización, llevaron a unos cambios paulatinos en el significado de representación intrínseco de estos objetos, pues ya no significaban el posicionamiento según un estado que venía de cuna, sino el poder

131 adquisitivo que puede tener un individuo y de los conocimientos que puede tener sobre los mimos. A partir de este trabajo sería interesante indagar sobre nuestro propio presente y de cuáles son los parámetros en los que funciona la teatralización de nuestra apariencia, en un mundo donde hay una mercantilización y reproducción acelerada de distintos objetos, donde el significado intrínseco de éstos va a estar sujeto a múltiples lecturas y puntos de vista, dados por una virtualidad de contenidos que parecieran infinitos.

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