Elkin asegura que los delitos por los que hay más presos en la cárcel son el hurto y el porte de armas de fuego. Considera que las personas roban, en parte, llevadas por la necesidad, y en parte, porque son vagos, no les gusta trabajar y prefieren robar; y que el aumento de penas puede ayudar a que disminuya la comisión del delito de hurto, pero en los casos en los que la motivación es la necesidad económica, tal vez ello no ocurra. También dice que, para las personas que adoptaron el hurto como profesión, no importa el aumento de penas, pues ellos creen que van a quedar impunes siempre.
Elkin no está de acuerdo con el hurto, pues no le parece justo que las personas trabajen y les quiten lo que ellos se han ganado. Dice que a pesar de que su mamá es abogada, él desconoce las normas penales.
Al preguntarle sobre el papel que está cumpliendo la cárcel frente a la reinserción de los condenados en la sociedad, responde que él no es una mala persona, y que cuando lo capturaron estaba pasando por el momento “más juicioso de su vida”; pero que la vida le quiso “cobrar” lo que había hecho cuando era “más casposo”. Piensa salir y no volver a enloquecerse. No obstante, considera que la experiencia en la cárcel lo acompañará como un mal recuerdo, y que en vez de salir resocializado, saldrá más tramposo. “Después de estar en la casa de las trampas uno no es el mismo.”
Ante una pena diferente, como un trabajo social, dice que para él hubiera sido mejor que estar allá, conviviendo con lo peor de la sociedad. Hubiera estado con su familia y hubiera realizado algún trabajo útil para la sociedad.
Al comparar su pena con la de otros, dice que la suya está dentro de un promedio.
1.4.4 Proceso
Cuando Elkin vivía en un pueblo de la Sabana, vino a Bogotá a pasar un fin de semana, y salió con sus amigos. Bebieron alcohol en un parque y después todos se fueron a un apartamento. En el grupo había un sujeto al que él no conocía, quien era recluso en la Picota por entonces, y estaba en goce de un permiso de 72 horas ese día. En el apartamento, este personaje acosó a una mujer embriagada y drogada. Elkin salió del apartamento por una o dos horas, y al volver, solo estaban el dueño de la casa y la mujer que había sido acosada. Ella le reclamó que la hubiera dejado sola, y le acusó de “haberla puesto en bandeja a sus amigos”. Elkin no sabe en qué momento se robaron el celular de la mujer.
Un día lo llamaron a su celular, de parte del CTI, y le dijeron que tenía una citación. Al ir a recogerla, le notificaron que tenía orden de captura, le dijeron que sabían que su madre trabajaba con el Estado y que la llamara, para que lo ayudara. Hermes era otro de los muchachos que estaba el día de los hechos. Fue al primero a quien capturaron y quien acusó a los demás, pero quedó libre por principio de oportunidad. En un principio, la víctima aseguró que su testimonio no comprometería a Elkin, pues él no había participado en el delito, pero al parecer la amenazaron y desistió de su intención inicial.
A Elkin le impusieron medida de aseguramiento. Tenía un abogado particular, pero peleó con él, pues el abogado le aconsejó aceptar los cargos, y él se negó a hacerlo, pues no
deseaba asumir responsabilidad por algo que no había hecho. Después tuvo un defensor público, quien también le recomendó aceptar cargos, con el argumento de que todo sería más fácil, pues el juez le daría mayor credibilidad al testimonio de la víctima, y así él fuera inocente, lo iban a condenar a más años. Elkin no deseaba aceptar los cargos, pero al final su mamá le mostró que no tenía otra salida, pues si no lo hacía, se iba a ir a juicio y lo iban a condenar por más tiempo. Hicieron un preacuerdo con la Fiscalía, para que le dejaron con la pena mínima. El defensor le prometió sacarlo con libertad condicional o con prisión domiciliaria, pero no cumplió. Aún así, Elkin se sintió bien defendido. Para tomar decisiones, el abogado, siempre tuvo en cuenta su opinión y la de su mamá.
Elkin cree que no son justos los cargos por los cuales lo acusaron. Al momento de juzgarlo, el juez tuvo en cuenta sus antecedentes.
1.5 Jairo
1.5.1 Historia de vida
Nació en Colombia, en 1982, en el seno de una familia conformada por sus papás y un hermano. Su papá se dedica a la ganadería y al trabajo en fincas. Su mamá está en Bogotá, para estar pendiente de él.
Es bachiller e hizo cursos de escolta. Y trabajó como escolta en Barranquilla. Lleva siete años viviendo en Bogotá. Apenas llegó, trabajó con una cadena de almacenes de ropa, como jefe de personal. Después se independizó y montó sus propios negocios.
Carece de antecedentes penales. Decidió robar porque andaba con un grupo de personas que lo hacían, y quería mostrarles que él podía ser igual o mejor que ellos. Robar
era una conducta que no solo era aceptada en el barrio dónde vivía, sino que además le daba “respeto ante los demás”. Con sus amigos del barrio cometió diversos hurtos, y hasta cuando cometió el delito por el que esta pagando prisión, la Policía nunca lo había detenido. Usualmente robaba con otras personas, pero en ocasiones lo hizo solo. Tenían diferentes modalidades de atraco, y la más frecuente era el robo a negocios. Lo hacía por tener más dinero, nunca por necesidad, pues sus otros trabajos le daban ingresos.
1.5.2 Experiencia en la cárcel
Jairo considera que el delito por el que más personas hay en la cárcel es el de hurto, y que ello es así porque existen muchas personas con necesidades. Asegura que en la cárcel uno aprende conductas delictivas que antes desconocía, pues vivir tantos años rodeado de ladrones solo lleva a convertirse en un mejor ladrón. No está seguro sobre qué hacer cuando salga libre, pues no sabe cómo están las cosas afuera, ni sabe qué puede pasar. Espera poder reencauzar su vida; pero al preguntarle si volvería a robar responde con una señal de interrogación y una pequeña risa. En otra entrevista, manifiesta que el hecho de robar o no depende las condiciones económicas en las que se encuentre al salir de la cárcel.
1.5.3 Hurto y sus normas
Antes de cometer el delito por el cual está preso, Jairo desconocía las normas del Código Penal. Cree que si las hubiera conocido, habría pensado más en lo que estaba haciendo, y le parece justo que las personas vayan a la cárcel por incurrir en hurto. Lo que le parece injusto es la forma como se distribuyen las penas: dice que al comparar éstas, se da cuenta
de que hay hurtos que tienen penas más altas que homicidios. “Quien está robando”, sostiene, “está haciendo algo malo, pero no le está quitando la vida a nadie.”
Hay personas que han tomado el hurto como un estilo de vida, pero también hay quienes roban por primera vez, y estos deberían recibir algún beneficio, o por lo menos tener opciones diferentes a las de quienes tienen una conducta delictiva recurrente.
Jairo no cree que el aumento de las penas sirva para que las personas dejen de cometer hurtos. El hecho de tener un antecedente penal hace que sea muy difícil conseguir trabajo, y eso obliga a las personas a volverse a regresar a la calle y robar.
1.5.4 Proceso
El proceso por el que Jairo está actualmente en la cárcel se fundamenta en haber atracado a varias personas en un bus. Para ello, Jairo y sus cómplices se valieron de armas blancas. Él estaba al frente de la operación, y cuando se bajó del bus, en compañía de uno de sus compañeros, fueron capturados, posiblemente por un llamado a la Policía por parte de alguien dentro del vehículo. Fueron vanos sus esfuerzos por huir. Les dieron medida de aseguramiento. Lo defendió una abogada privada, pero no contó con suficiente tiempo para explicarles su caso, y no siente que fueron bien defendidos por ella. Más aún, cree que su larga condena se debe en buena parte a la ineficiencia de esta profesional. Asegura que había diversas circunstancias que hubieran podido jugar en su favor, como el hecho de que no tenía antecedentes. Además, dice no ser responsable de las lesiones por las que fue acusado. En el bus apareció una persona con una cortada.
Jairo cree que su abogada solo logró que le no le imputaran porte de armas, pues él nunca cargó ninguna. No aceptó cargos en la primera audiencia, pues las acusaciones que le
hicieron carecían de fundamento. Aceptó cargos en la segunda audiencia, y llegó a un preacuerdo. Aceptó cargos por hurto, pero no sabe por qué aceptó cargos por lesiones. Dice que tal vez lo hizo por recomendación de su abogada, para salir con algún beneficio. Fue ella quien le propuso el preacuerdo, y se encargó de todo. Jairo piensa que en ese bus no hubo varios hurtos sino uno solo, pues si bien los hechos involucraron a varias personas, “ocurrieron en un solo lugar y en un mismo lapso de tiempo”. El juez, en el momento de juzgar, nunca tuvo en cuenta la situación familiar, económica o social de Jairo. Consideró que él no es apto para la sociedad y por eso lo envió a La Modelo. Jairo acepta que debía cumplir una pena, pues había incurrido en hurto, incluso, que aceptaría una pena que pudiera justificarse, pero no una pena tan prolongada que ni siquiera es impuesta por un homicidio. Cuando dictaron la condena, quedó sorprendido por el largo tiempo de la misma y apeló la sentencia. La abogada hizo una mala exposición y perdieron la apelación.
Jairo considera que una pena alternativa, como el trabajo obligatorio, le podría servir. Al comparar su pena con las de otras personas que han cometido hurto, dice que la suya es la pena más alta. Ha oído casos de hurto que están en concurso con lesiones o incluso con tentativas, y están por debajo de la suya. Hoy todavía no entiende por qué su pena quedó tan alta.