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4. Findings

4.6 Professional learning

Marroquín, dentro de las primeras historias de la literatura, fue considerado como uno de los grandes escritores de la época, esto se debe a que estas historias literarias obedecían a los criterios estéticos planteados por los regeneradores, en los que la función de la literatura era

17 Tierra virgen fue editada dos veces, la primera edición la hizo la Imprenta Departamental de Medellín en 1897. En el presente trabajo utilizaremos la segunda edición que recoge el prólogo ―Herejías‖ escrito por Tomás Carrasquilla.

42 principalmente educativa.18 De las novelas de José Manuel Marroquín, la de mayor impacto, y que hoy en día continúa siendo catalogada como una obra maestra, es “El Moro”, la historia de un caballo, la cual mereció una opinión irónica de Miguel Antonio Caro: «Tratándose de la historia de un caballo, Marroquín hace muy bien en hablar en primera persona». (Pérez, 2008) Sus otras tres novelas no recibieron tantos halagos, entre ellas Amores y leyes, pero los letrados de la Regeneración siempre defendieron la pulcritud del lenguaje y los fines morales en las obras de Marroquín:

La aparición de una obra literaria del Señor Marroquín ha sido siempre motivo de regocijo entre los que gozan con las observaciones de un espíritu delicado y penetrante, hechas en lenguaje que cuyas palabras han sido, una por una escogidas y dispuestas por modo que cada una de ellas diga todo lo que tiene que decir y se presente ahí donde tenga que presentarse para brillar con luz propia y hacer valer las voces anteriores y siguientes (J.R.G, 1895, p. 361)19

El primer trabajo que incluyó un estudio centrado exclusivamente en este género fue ―La novela en Colombia‖, tesis doctoral de Roberto Cortázar, en 1908, quien sostuvo que la función

de la novela consistía en enseñar a la sociedad «sus propios defectos y cualidades, para que viendo fielmente retratada la imagen de lo que hace y de lo que a su alrededor acontece, sepa mejorar éstas y corregir aquellas» (Cortázar, 2003, p. 51). Cortázar rescata las descripciones de Marroquín y su constante interés por educar moralmente a sus lectores. Sobre Amores y leyes, afirma que es la obra menos impactante de Marroquín, una historia que retrata a los famosos

―tinterillos‖, muy similar a la novela de Ángel Gaitán, Doctor Temis (1897). Resalta de la personalidad de Marroquín su parquedad y amor por la familia, dos características que ayudarían a este autor en la producción de sus obras literarias dentro de la doxa, ausentes de pasiones desenfrenadas y cuadros fantásticos. Por otra parte, Cortázar dedica un capítulo entero a la

novela antioqueña y critica la ―vulgaridad insufrible‖ de algunos autores de la región; de

Carrasquilla lamenta la falta de virtudes morales en sus personajes, no obstante reconoce que Frutos de mi tierra será «una obra que vivirá, porque a la par que corrige las costumbres, es a

18 Las historias literarias que hemos escogido para este trabajo son:

La novela en Colombia (1908), de Roberto

Cortázar; La literatura colombiana (1926) e Historia de la literatura colombiana (1935), de José J. Ortega Torres;

Literatura colombiana. Sinopsis y comentarios de autores representativos (1952), de José Arístides Núñez Segura;

Evolución de la novela en Colombia (1955), de Antonio Curcio Altamar; Letras colombianas (1944), de Baldomero

Sanín Cano, y La fábula y el desastre. Estudios críticos sobre la novela colombiana 1650-1911 (1999), de Álvaro

Pineda Botero.

43 veces una alabanza a la raza antioqueña (…)» (Cortázar, 2003. p. 136) Al tratar la novela de Zuleta, Tierra Virgen, afirma que:

…son verdaderamente fatigosos los primero cuatro y cinco capítulos de la novela, donde una compacta muchedumbre de personajes se lanza a la escena al hacer alarde de ridiculeces, a mostrar pasiones triviales que a nadie interesan y que pronto caen bajo la indiferencia y antipatía de los lectores. Capítulos éstos que contrastan admirablemente con algunos de los subsiguientes, llenos de vida y colorido, aunque allí hay escenas que horrorizan de que más bien deberíamos avergonzarnos porque tienen por teatro colombiano (…)‖ (Cortázar, 2003, p. 149)

Posteriormente, el jurado de la tesis de Cortázar, Antonio Gómez Restrepo, en La literatura colombiana (1926), incluye a Marroquín afirmando de éste que fue: «Formado en buena escuela literaria, conocedor de los clásicos castellanos, discípulo en gramática de Bello, fue Marroquín, escritor correcto y atildado, como pocos lo han sido en Colombia» (Restrepo, 1952, p.101); y más delante hace una breve referencia a Zuleta Eduardo Zuleta, «elegante escritor académico y periodista intencionado, también cultivó este género, en Tierra Virgen, que obtuvo igualmente lisonjera aprobación de Pereda.» (Restrepo, 1952; p.101)

En la Historia de la literatura colombiana (1935) de José J. Ortega Torres, con prólogos de Antonio Gómez Restrepo y Daniel Samper Ortega, se reseñan 568 trozos de 180 autores, entre los cuales figura José Manuel Marroquín, del cual afirman que se atrevió a empresas más importantes y publicó tres novelas: «Blas Gil, Entre Primos y Amores y leyes, y un libro el moro que puede calificarse de la novela de un caballo, para emplear un título de Tolstoi» (Ortega, 1935, p. 255). El nombre de Zuleta no aparece en esa historia literaria.

En 1952, José Arístides Núñez Segura, escribe Literatura colombiana. Sinopsis y comentarios de autores representativos, en donde dedica un capítulo al tema de la novela en nuestro país. Afirma, como muchos otros autores, que «la novela no ha tenido desarrollo en Colombia» (1967, p 607.). Ubica entre 1830 a 1950, el inicio del género «por moda cultural, o por tanteo experimental, o por esporádico impulso comunicativo y especialmente por influencia de escuelas literarias (…)» (1967,p. 607). Núñez ubica a Marroquín dentro de un ―movimiento de transición‖ que define como «un movimiento de reacción hacia los sentimientos moderados y hacia la realidad de las cosas, en literatura y en la vida» (1967; p.195). Incluye las cuatro novelas

44 dentro de un listado de novelas catalogadas como género social, sin hacer mayor énfasis en su contenido, o a su autor, lo cual hace que fácilmente puede ser ignorada su referencia por un lector desprevenido (1967, p. 608).

Dentro de las historias literarias publicadas en Colombia, el único autor que se atreve a ubicar las obras de Zuleta y Marroquín en un mismo capítulo es Antonio Curcio Altamar, quien

incluye a ambos autores dentro del género ―realista‖20. En su

Evolución de la novela en Colombia (1955), no obstante, destaca con mayor ahínco la tarea de Marroquín, al señalar que:

Ya en su ancianidad, de 1896 a 1898, publicó Marroquín cuatro novelas: Blas Gil, Entre

primos, El Moro y Amores y leyes; las cuales quedan engarzadas en una característica propia:

la excelencia estilística con que están escritas. Al decir que la riqueza lingüística de las novelas de Marroquín es sólo comparable al dominio que de la lengua castellana tuvieron en nuestra patria Rufino José Cuervo y Miguel Antonio Caro, queda entendido que en lo referente a conocimiento y empleo de los recursos lingüísticos, Marroquín es excepcional en la prosa narrativa de Colombia (Curcio, 1975, p.135)

El criterio estético sobre la literatura como medio para plasmar valores perennes, cambia a mediados del siglo XX, con la publicación de Letras colombianas (1944), de Baldomero Sanín Cano para quien: La literatura era una actividad autónoma, diferente de la arenga política, el propósito didáctico o el aleccionamiento moral» (Trujillo, 2007, p. 69). Sanín Cano afirma que, de las novelas de Marroquín «merecen recuerdo, si bien su lectura va cayendo en desuso, El moro y Blas Gil» (1984, p.116); también, resalta el cuidado de la lengua, pero reconoce que «a la narración en general, le falta el calor vital, el entusiasmo indispensable para mantener viva la atención del lector« (1984, p.117). No incluye en su obra a Zuleta, lo cual llama la atención si se tiene en cuenta el significado de la obra de Sanín Cano frente a la ruptura del canon literario impuesto por la Regeneración.

Finalmente, dentro de las obras recientes que recogen la dinámica de la novela, encontramos la de Álvaro Pineda Botero. En su obra La fábula y el desastre. Estudios críticos sobre la novela colombiana 1650-1911 (1999), el autor hace un acercamiento a este género en

20 La alusión a la obra de Zuleta como novela realista se puede leer en las historias literarias que recogen su nombre; sin embargo, en dichas historias se le asigna una categoría propia a la novela antioqueña, lo que da a entender que la producción literaria de esta región es perfectamente separable de las otras del país, y deja claro la calidad periférica de estas obras.

45 Colombia, y desde una posición de ―novelista‖, como el mismo autor lo refiere, reseña las

principales novelas escritas entre 1650 y 1911, incluyendo El Moro y Entre Primos de Marroquín, sin mencionar Amores y leyes. Sobre la obra de Zuleta escribe:

Logra profundidad crítica al poner en juego un vasto arsenal de conceptos científicos (observaciones sobre la cultura y la lengua, y teorías sobre el determinismo, la sociología y la psicología), logrando superar la visión idílica, ingenua y superficial de los costumbristas que le antecedieron. (p. 345)

Este breve repaso de algunas de las historias literarias escritas en nuestro país, muestra las dinámicas del campo en cuanto al posicionamiento de una doxa y su desplazamiento por la heterodoxia. Si bien es cierto que la novela de Marroquín Amores y leyes no fue ni ha sido la más aplaudida entre el público, la ideología detrás de esta tuvo gran influencia durante la Regeneración. No ocurrió lo mismo con Tierra virgen para ese entonces, pero posteriormente fue adquiriendo un lugar dentro del campo.