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8. More about programming

8.2. Program loops

General Jorge Osorio García

En julio de 1969, en medio del tumulto causado por la insubordinación del general Pablo Flores, Caldera nombró Ministro de la Defensa al general García Villasmil y ascendió al grado de General de Brigada a una nueva generación de oficiales encabezada por Jorge Alberto Osorio García. Estos ascensos dieron inicio a la política de Caldera para relevar a los generales que consideraba pro adecos en los altos mandos. García y Osorio eran oficiales de prestigio con una excelente carrera. Ambos eran señalados veladamente como líderes de la logia nasserista.

El general Osorio fue nombrado Director de la Academia Militar (AMV) en julio de 1970. Esa escogencia fue bien recibida en el medio castrense. García, tenía porte marcial, carisma y fama de prusiano. Aparte de ser una figura apolínea, tenía inclinaciones hacia la enseñanza, pasando la mayor parte de su carrera como oficial de planta de la AMV.

En julio de 1969, siendo Capitán, terminé mis estudios de ingeniería eléctrica en la universidad de Houston. Al regresar a Venezuela fui enviado al Servicio de Comunicaciones para participar en el diseño del “Sistema de Comunicaciones para la Defensa Nacional” (SICODENA). Estando allí fui llamado por el general Osorio con quien había trabajado siendo teniente. Osorio me tenía aprecio y me preguntó si quería volver a la Academia Militar como comandante de una compañía de cadetes. El me necesitaba además para participar en el diseño y desarrollo del Plan Andrés Bello. Acepté pero la transferencia no fue posible porque el Servicio de Comunicaciones se opuso. Yo había firmado un contrato para trabajar por cinco años en esa dependencia antes de irme a estudiar. Sin embargo fui autorizado para trabajar a tiempo parcial en ese proyecto.

Al terminar el diseño del Plan Andrés Bello el general Osorio invitó al presidente Caldera para presentárselo. A esa reunión fui invitado junto con otros oficiales y profesores civiles que habían colaborado con el proyecto. En esa oportunidad Osorio me presentó al presidente. Desde entonces cada vez que lo veía me saludaba. Al mismo tiempo empecé a dar clases de física a los cadetes. Uno de mis alumnos fue Hugo Chávez, un estudiante promedio quien no llamó mi atención por no verle en clase facetas descollantes.

Luego de familiarizarme con el proyecto del Plan Andrés Bello, sus lineamientos me parecieron buenos. Solo me intrigó el énfasis para exaltar la figura del Libertador como un semidiós. El plan contemplaba la creación de una cátedra bolivariana como centro del pensum y una nebulosa sociedad bolivariana con cadetes escogidos y una misión no definida. Para mí esa sociedad lucía como el embrión de una secta inconveniente. En privado le confié a Osorio mis reservas. El general arrugó la cara y me dijo:

—Peñaloza, usted regresó de EE.UU. americanizado, pero se le irá quitando y entenderá lo que estamos haciendo. Los gringos no son de confiar.

En ese momento consideré imprudente responder. Entretanto, gracias a la exitosa política de pacificación de Caldera, las guerrillas se habían ido minimizando. Fidel se

había replegado y Douglas Bravo no tenía los recursos ni el poder de convocatoria para convertirse en jefe único de la subversión. Pese a esas dificultades, el jefe guerrillero había iniciado en Barinas su proyecto de Escuela de Cuadros y Hugo Chávez era uno de los alumnos.

Osorio García hizo una gran labor como director de la AMV entre 1970 y 1974. En su primer año desarrolló un ambicioso plan académico elevando la AMV a nivel universitario. El plan de Osorio empezó llamándose “Plan Bolívar”, pero luego cambió su nombre a “Plan Andrés Bello”, por instrucciones del presidente Caldera. A Osorio no le gustó el cambio de nombre, pero obedeció. El plan giraba alrededor de un código de honor centrado en la figura de Bolívar. Ese Código dice en su artículo 10: “Estoy orgulloso de ser un legítimo heredero de las glorias de Bolívar y de cumplir con mi Código de Honor”. Para inculcar estas ideas se creó en la AMV una cátedra bolivariana destinada a exaltar al Libertador, así como una Sociedad Bolivariana para agrupar a los cadetes más fervorosos del héroe. El culto a Bolívar era de vieja data, pero a partir de la llegada de Osorio adquirió matices extremos.

Dentro de ese rígido código se inculcó a los cadetes que eran “herederos de las glorias del Ejército libertador” y que ellos serían los generales del año 2000 sobre los cuales descansaban las esperanzas de la nación. Las doctrinas que inculcó Osorio facilitaron la creación de una logia militar centrada en Bolívar. La primera promoción que se formó bajo esa concepción fue la de Chávez en 1975. En relación con las reformas, el general Ochoa Antich 9 comentó al respecto:

“Las reformas académicas en las Fuerzas Armadas han tenido importantes consecuencias históricas en Venezuela. Así ocurrió en 1908, al fundar Cipriano Castro la Escuela Militar de Venezuela. El prestigio militar del general Isaías Medina Angarita, que lo condujo a la Presidencia, surgió al haber sido durante once años consecutivos comandante de la compañía de cadetes. Las principales conspiraciones militares del siglo XX están relacionadas con vinculaciones que surgieron en la Academia Militar”.

El compañerismo y solidaridad entre los militares facilita la formación de logias castrenses dirigidas por oficiales ambiciosos con prestigio. Estas logias son adoctrinadas y usadas como instrumento para derrocar el Gobierno. Osorio, siendo coronel había sido durante tres años Comandante del Cuerpo de Cadetes y posteriormente (por cuatro años) director de la AMV. En ese tiempo trabaje con él y nunca supe que estuviese conspirando. Por su presunta asociación con los nasseristas Osorio era visto con recelo por los políticos. De esa manera se creó fama de anti adeco atrayendo la atención de Caldera. Triunfo de Allende

En noviembre de 1970, en Chile, el candidato socialista Salvador Allende ganó la elección presidencial en una segunda vuelta —apoyado por los socialcristianos y los comunistas—, luego de firmar públicamente un acuerdo de respetar la Constitución. En 1971, al tomar el poder, restableció relaciones con Cuba y empezó a violar la Carta Magna.

Pese a haber sido candidato de una pequeña minoría, al llegar al poder asesorado por Fidel Castro trató de imponer un sistema socialista a troche y moche. La injerencia cubana llegó al punto de que Fidel pasó más de un mes en Chile apoyando Allende. Esto

despertó recelos entre los militares. Ante esta situación el presidente norteamericano Richard Nixon dio instrucciones a la CÍA para defenestrarlo. A mediados de 1971, las medidas económicas socialistas hicieron aparecer los primeros síntomas de desabastecimiento y la resistencia contra él empezó a organizarse.

Al regresar a Cuba, Fidel hizo escala en Lima y se reunió con el dictador Juan Velasco Alvarado. Fidel consideraba a este general un “compañero de ruta”, no suficientemente revolucionario para su gusto.

El infiltrado de Douglas Bravo

En agosto de 1971, antes de irse a la AMV, Chávez visit ó a su maestro Ruiz Guevara para despedirse. En ese momento, la izquierda tenía grandes expectativas ante la llegada al poder de los socialistas en Perú y Chile. Al irse, Ruiz le entregó el santo y seña para ser contactado en Caracas ordenándole que lo memorizara.

Ese año se dio inicio al “Plan Andrés Bello” y a la Academia Militar se le dio rango universitario. De allí en adelante, los oficiales (al graduarse) obtendrían una licenciatura en ciencia y artes militares. Cuando a Chávez le preguntaban por qué había ingresado a la Academia Militar su respuesta era la misma: estaba allí por vocación siguiendo el ejemplo de su bisabuelo Maisanta, quien había luchado por la democracia contra Gómez. Al final, añadía que le hubiera gustado ser un jugador profesional de béisbol como su ídolo el pitcher Látigo Chávez, pero que su deseo fundamental era ser oficial para servir a la patria. La historia caló y todavía hay personas que repiten esa fábula. En ese momento nadie se imaginaba que él era un infiltrado de Douglas Bravo.

A los pocos días del ingreso quedó en evidencia el talón de Aquiles de Chávez. Al ser llevado a la piscina para una prueba de valor, al subir a la plataforma de saltos que tenía diez metros y entró en pánico antes de lanzarse. Gracias a una patada por el trasero fue lanzado al agua y se hundió como una piedra. De allí los salvavidas lo sacaron boqueando y fue enviado al equipo de natación para enseñarle a nadar. En la piscina demostró incapacidad total para ese deporte. Pese a que nunca aprendió a nadar, Chávez permaneció en la AMV porque el equipo de béisbol lo necesitaba. Aparte de ese detalle, lucía ante sus superiores como un cadete normal.

Luego de un mes de duro entrenamiento, se les permitió la primera visita a los cadetes nuevos. El recluta Chávez no tenía familia ni amigos en Caracas y esperaba al contacto que Ruiz Guevara le había anunciado. Esa tarde, cuando los familiares empezaron a llegar, él se colocó en el patio de ejercicios en un lugar que su mentor Ruiz Guevara le había indicado al lado de la culebrina, un cañón español del siglo XVI emplazado en el patio de ejercicios. Esta vieja pieza de artillería es un emblema de la Academia Militar. A los pocos minutos de espera, se le acercó un hombre alto, de unos treinta años, blanco y delgado vestido impecablemente de civil, pero con porte militar. Al verlo le preguntó:

— ¿Le gustan los caballos? Hugo reconoció de inmediato la primera parte del santo y seña que le habían asignado y emocionado respondió con la clave acordada:

Luego de un apretón de manos, el visitante se presentó como el capitán Ramón Guillermo Santeliz Ruiz. Al asegurarse de que nadie estaba cerca le dijo que era plaza del Grupo de Artillería Freites en Barcelona. Santeliz le dio un teléfono que debía memorizar y le dijo que en su primera salida a la calle llamara a ese número, desde un teléfono público. Si alguien atendía identificándose como “Harold” él debía responder “Maisanta”. Hecho esto recibiría nuevas instrucciones. Al terminar, “Rasputín” le dijo que cuando lo viera en público simulara no conocerlo. Dicho esto, el Capitán se marchó como una sombra.

Un mes después, en su primera salida a la calle en uniforme de cadete, Chávez se montó en el autobús de la Academia que lo dejó en la Plaza del Silencio, en el centro de Caracas. Al ver un teléfono monedero llamó. Luego de dos repiques, una voz profunda respondió:

—Habla Harold.

El joven cadete emocionado balbuceó: —Hola, soy Maisanta.

De seguidas “Harold” le dio una dirección en el barrio del Cementerio y le dijo que tomara un taxi hasta allá. Antes de colgar, le dijo que en el taxi se asegurara de que nadie lo seguía.

Media hora más tarde Chávez conoció a Harold, quien le dijo que a partir de ese momento él sería su contacto. Se verían esporádicamente acordando citas telefónicamente utilizando una clave que se iría cambiando. Después de una larga entrevista, “Harold” dio por terminada la reunión. Antes de separarse le dio instrucciones a Chávez para que se incorporara a la Sociedad Bolivariana y al Grupo de Teatro en la Academia Militar. Allí recibiría clases de actuación que le serían útiles. Durante sus años como cadete no debía tratar de reclutar a ningún compañero, ni hacer comentarios políticos y menos hablar de socialismo, marxismo o comunismo.

Terminada su entrevista con “Harold”, Chávez se fue al Cementerio para visitar la tumba de su ídolo beisbolero el Látigo Chávez. Ya no sería pelotero profesional, pero seguiría practicando ese deporte de origen norteamericano durante toda su vida. Por ahora se había ganado un puesto en el equipo de béisbol de la Academia. Aparte de eso, durante sus permisos de fin de semana, visitaba el apartamento de unos amigos de su padre en el barrio de El Valle. Ese lugar era muy conveniente porque podía ir caminando desde la Academia. Allí los fines de semana leía la prensa, veía televisión y se ponía al día sobre lo que pasaba en Perú con Velazco y en Chile con Allende.

El cadete Chávez

La trayectoria del cadete de Sabaneta no fue descollante pero tampoco pasó desapercibido. El dicharachero llanero fue un cadete superior al promedio sin ser un alumno excepcional. Siguiendo las prédicas de Ruiz Guevara, Hugo estudió duro para quedar en el tope de su promoción pero no era un alumno sobresaliente. En la Academia sus superiores le dieron notas elevadas en “Espíritu Militar”. Esa era una evaluación

subjetiva, no académica para medir atributos militares. Algunos superiores la usaban para hacer subir en el orden de mérito a sus pupilos. Gracias a sus altas calificaciones en “Espíritu Militar” Chávez se graduó como número 8 de su promoción.

El interés de Chávez no estaba en los libros, sino en áreas para las cuales tenía talento natural. Por eso fue un buen deportista sin ser una estrella. Otras áreas en las cuales se distinguió fueron el teatro y la Sociedad Bolivariana. Hugo tenía buenas condiciones histriónicas, una voz retumbante de barítono y un talento natural para contar leyendas del llano y de Maisanta. Estas habilidades lo convirtieron en el sempiterno animador de actos culturales, declamador y miembro de grupos musicales criollos.

La sociedad Bolivariana le permitió conocer muchos detalles de la vida del héroe. Allí estudió su pensamiento político, copió su lenguaje rimbombante y se convirtió en discípulo fanático del Libertador. De esta manera, el joven animador se convirti ó en elocuente orador. Estas influencias —unidas a las lecciones aprendidas en materia de liderazgo, táctica, estrategia, geopolítica e inteligencia— lo fueron preparando para cumplir la misión que le habían asignado. Durante su período de formación dominó sus instintos naturales absteniéndose de hacer comentarios públicos que lo evidenciaran como hombre de izquierda. Pese a esa autocensura política, su liderazgo magnético pudo manifestarse en otros planos. Por eso siempre se le vio rodeado de seguidores atentos a sus ocurrencias y a sus fábulas.

Al ingresar a la AMV, el apodo de “Tribilín” que recibió en Barinas lo siguió. Poco a poco el carácter extrovertido de Chávez y su afición por cantar joropos y corridos de su tierra le ganaron otro sobrenombre. En su limitado repertorio, sus dos principales éxitos eran el corrido “Furia” del famoso cantautor llanero Juan de los Santos Contreras, “El Carrao de Palmarito” y el poema Florentino y el Diablo, del barinés Alberto Arvelo Torrealba. Debido a la vehemencia con que declamaba estos poemas, Chávez empezó a ser llamado “Furia”. Sus relatos sobre las hazañas de su bisabuelo le ganaron el mote de Maisanta. Empieza la crisis chilena

En su intento por implantar el socialismo, Allende aplicó el libreto comunista. Nacionalizó las grandes industrias (especialmente las minas de cobre y los bancos). Puso bajo control del Estado el sistema de salud y la educación e inició la expropiación de tierras para una reforma agraria. Para garantizar la seguridad alimentaria creó un sistema de distribución de alimentos y control de precios. Adicionalmente tomó otras medidas socialistas incrementando la intervención del Estado en la economía.

El primer año, mientras se consumían los bienes nacionalizados, la economía creció y la inflación se redujo. Luego afloraron los problemas causados por la destrucción del aparato productivo. A finales de 1971 fui enviado a un curso de comunicaciones en Italia. En 1972 la economía empezó a desplomarse y se iniciaron protestas obreras y estudiantiles que culminaron en 1972 con una huelga nacional de 24 días. Las exportaciones se redujeron a menos de la mitad y la importación de alimentos se dobló. Mientras las protestas aumentaban, el Congreso acusó a Allende de pretender instalar

una dictadura castro comunista.

En 1972, el Presidente chileno viajó a la URSS para recibir el premio de paz soviético, pero el objeto real del viaje era pedir un aumento de la ayuda que recibía del imperio rojo. La URSS apoyaba en lo económico, político y militar, pero no era suficiente. En Moscú los soviéticos lo condecoraron pero le negaron ayuda adicional.

El teniente coronel Müller Rojas

Regresé de Italia en febrero de 1972 y esperaba ascender a Mayor en julio de ese año. A mi regreso al Servicio de Comunicaciones me informaron que debía aprobar el curso Avanzado, que era requisito para el ascenso. Hasta ese momento asumía que por ser ingeniero eléctrico con postgrado en Comunicaciones ese curso táctico no hacía falta. A fin de explicar mi caso, pedí una entrevista con el director de la Escuela de Comunicaciones. Como este oficial estaba de vacaciones fui recibido por el subdirector, el teniente coronel Alberto Müller Rojas a quien no conocía.

Al exponerle mi caso, Müller me dijo que ese curso era presencial y obligatorio, duraba un año y debía esperar el inicio del próximo curso en agosto. Ante esa situación le informé que si no ascendía en julio me vería obligado a pedir la baja. Luego de cavilar un poco, Müller me propuso hacer el curso por correspondencia y me dio plazo de cuatro meses para concluirlo. Como no tenía alternativa, acepté el reto. En junio terminé el curso y pude ascender a Mayor. Este episodio me permitió conocer a Müller Rojas, quien se convirtió en mi mentor y me di cuenta de que era un intelectual de izquierda cuyo discurso era similar al del capitán Santeliz.

Müller era inteligente y culto pero además fanático de Fidel. Él me dijo que tenía buenas referencias mías de sus compañero de promoción Enrique Medina Rubio, con quien yo había servido en el Cuartel Urdaneta. Como Medina era otro devoto de Castro no me sorprendió que fueran camaradas. Posteriormente me invitó a su casa y nos hicimos amigos. En esas reuniones sentí que estaba tratando de captarme para algo pero sin plantear nada. En una oportunidad me manifestó saber que yo había sido alumno de la Normal Miguel Antonio Caro y que eso le daba confianza. Después, un compañero me dijo en privado que Müller era de la logia de los nasseristas.

Müller me invitó a reuniones sociales en su casa. A algunas asistieron políticos de izquierda. De esa manera conocí a Alfredo Maneiro, un comunista renegado que había fundado el partido Causa R. En un aparte, Maneiro me preguntó qué posibilidades había para un golpe militar en Venezuela. Yo le respondí que esa era una etapa superada en el país. Después de ese encuentro no lo vi más. Esta conversación la reporté a mi jefe, el general Diomedes Quintero Silva, quien era el jefe del Servicio de Comunicaciones. Luego de oírme, sonrió y me dijo:

—No le pares. Ese Müller es un loco que se la pasa con comunistas.

Yo lo seguí tratando, porque me distinguía y nunca me propuso conspirar. En 1989, luego de ser nombrado Comandante del Ejército en 1989 tuve encontronazos con él estando ya retirado por sus labores proselitistas de izquierda en la Academia Militar y

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