El filósofo y político italiano Antonio Gramsci (1891-1937), propuso en sus múltiples escritos que la denominada estructura31 de un modo de producción es sólo el punto de referencia y de causación dialéctica – no mecánica – de las superestructuras. Según Betancourt el “aporte fundamental de Gramsci, no consiste en la distinción estructura-superestructura sino en el vínculo orgánico entre ellas” (1990, p. s/p). En todo caso forman una unidad dialéctica o totalidad orgánica en donde tienen una relación de permanente reciprocidad y dinamismo. Esa dinámica da pauta a dos condicionamientos clave en el cambio social: el primero se da cuando las condiciones materiales y relaciones sociales predominantes le ponen límites a los cambios superestructurales, estipulan los marcos de actuación orgánicos de los cambios en las formas de reproducción social, es decir los cambios en la política, cultura, educación, etc. se “validan” en las condiciones materiales de una sociedad determinada. La validación se da a partir de la funcionalidad de los cambios para la conservación o ampliación de esas condiciones materiales (Betancourt, 1990; Portelli, 1983); el segundo condicionamiento es inverso ya que Gramsci (1986) propone que los cambios sociales fundamentales (entiéndase transformaciones de la base productiva en pos de relaciones sociales de producción menos injustas) sólo pueden realizarse en conjunción con cambios en el sistema de reproducción y en especial en el sistema de control de las formas de pensar de la sociedad. Entonces un cambio estructural no puede ser exitoso si no es acompañado (o incluso precedido) por “formas de ver la realidad” que los impulsen y que sean compartidos por buena parte de los estratos sociales (Portelli, 1983; Betancourt, 1990; Morton, 2007).
La estructura y la superestructura no pueden verse en forma aislada sino a partir de su integración como bloque histórico que deviene en totalidad dialéctica. El bloque histórico es un elemento analítico que pretende abordar las especificidades de las prácticas políticas y culturales y las relaciones socioeconómicas de un estado-nación en un momento histórico determinado. Un
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Para el marxismo tradicional la estructura es el factor fundamental del proceso histórico y determina el desarrollo y el cambio social, está compuesta por las fuerzas productivas (la fuerza de trabajo, los medios técnicos y los recursos naturales) y por las relaciones sociales de producción. Por otro lado la superestructura o las “relaciones de reproducción social” incluye actividades humanas diversas que se constituyen para permitir la conservación y desarrollo de las bases materiales: la política y todas las instituciones del Estado, el derecho, la religión, la moral, la filosofía, la ciencia misma, el arte, etc. Dentro del tema base de esta tesis se puede considerar que todos los elementos concernientes a la RCP tales como su aspecto jurídico, su carácter institucional, la participación social posible y sus concepciones son parte del conjunto de la vida social aquí definido como superestructura. Esta ubicación conceptual de la RCP implica que los rasgos particulares de las concepciones, prácticas y ensamblajes jurídico-institucionales en los que la RCP se da en un Estado en particular tienen una relación importante – cierto nivel de dependencia- con las relaciones sociales de producción y de las fuerzas productivas que priven en él.
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bloque histórico también es una totalidad dinámica de otros elementos en permanente tensión: la sociedad política y la sociedad civil.
La sociedad política es la “parte de la superestructura que ejerce la función de dominación mediante los aparatos jurídicos y político-militares del Estado” (Betancourt, 1990, p. s/p). La sociedad política es equivalente al “aparato” del Estado, a su estructura de acción. Burócratas y militares son los funcionarios de la sociedad política. Estos órganos tienen el propósito y la facultad de ejercer la coerción legal (o incluso ilegal), de aplicar la fuerza “de las instituciones” para la imposición de acciones o normas consideradas legales por las burocracias dirigentes y por las clases sociales con mayor influencia en las instancias gubernamentales. En este sentido el accionar de la sociedad política no se reduce al ejercicio del poder y de su conservación sino que también representa intereses económico-corporativos pues ha de proporcionar entornos políticos, sociales y económicos adecuados para la rentabilidad y ampliación del capital. Así, toda sociedad política está fuertemente evaluada en función del crecimiento de su economía, de su capacidad de dotar a la sociedad de los medios para satisfacer sus necesidades materiales (Betancourt, 1990; Portelli, 1983).
La sociedad política es el ámbito de la dominación, del uso de instrumentos organizacionales, materiales y legales para la coacción social. Pero no es un elemento aislado, no se nutre solo de sus propios intereses y acciones, no funciona con independencia del otro componente de la superestructura, la sociedad civil.
La sociedad civil está constituida por “las organizaciones llamadas privadas” en donde se generan y expresan las diferentes formas de pensar de los grupos sociales. Entre estos grupos sociales están las iglesias, las organizaciones escolares, la prensa y los medios de comunicación masiva, los sindicatos, las asociaciones privadas con intereses específicos y en general todo grupo que exprese una interpretación política o cultural de la realidad social. Al ser la sociedad civil el ámbito de la creación y expresión de la ideología cumple una función esencial para el sistema económico: proveer de los elementos de difusión de las “visiones del mundo” acordes con el avance de las fuerzas productivas. En el sistema capitalista la sociedad civil “debe entenderse como el terreno de arraigo de la ideología de la clase dirigente y como función de la hegemonía de esta sobre la sociedad” (Betancourt, 1990, p. s/f). La sociedad civil es diversa pues sus concepciones “se derivan de las desigualdades generadas en la esfera de la economía” (Miorelli, 2001, p. 5) así como de formación histórica concreta de cada grupo social, pero estas
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variables (desigualdades y curso histórico) provocan asimetrías en los recursos de difusión, de su expansión como referentes culturales para otros grupos sociales.
Para Gramsci el poder político en el que se soporta el sistema económico no consiste simplemente en dominación (coerción desde el aparato estatal para imponer un orden social dado), sino también en dirección, es decir en el convencimiento, en el acuerdo social (fundamentado en la asentimiento generalizado de una ideología considerada suficientemente funcional en un momento histórico dado). El poder político para maniobrar, combina la coerción y el consenso, los órganos de gobierno y la cultura dominante difundida por la sociedad civil (Portelli, 1983, p. 30-35).
Esta necesidad doble de coerción y consenso en la sociedad capitalista llevó a Gramsci a concebir al Estado en dos niveles: a) un nivel estrecho que corresponde al “aparato de Estado”, es decir a las formas organizacionales del gobierno, la estructura política, jurídica y militar y a las relaciones entre estas y la sociedad, el aparato de Estado es el ámbito de acción de la sociedad política, y b) un Estado ampliado o extendido en el que interactúan la sociedad política y la sociedad civil y por tanto más que una estructura jurídico- política es un ámbito de relaciones sociales en lucha por balancear coerción y consenso (Gramsci, 1984, p. 76; Morton, 2007), la noción de Estado ampliado trata de evitar su aislamiento en asuntos políticos como guardián del orden o como mero apéndice administrativo promotor de los intereses de las clases dominantes. Bajo este óptica el Estado es una relación social que refleja combinaciones históricamente determinadas de grupos sociales (en las sociedades política y civil) que involucran la coexistencia de diferentes culturas unidas por la coerción y el consentimiento32.
Para expresar las relaciones consenso-dominio al interior del Estado ampliado o en el análisis del bloque histórico (contextualizadas históricamente) Gramsci elaboró el concepto de Hegemonía. La Hegemonía se refiere a la forma de poder con consentimiento que hace posible la identificación de la sociedad con sus instituciones políticas y sociales y que por lo tanto contrasta con la forma coercitiva de la dominación (Portelli, 1983; Cohen y Arato, 2001; Icaza, 2004; Otero, 2004). La hegemonía se realiza a través de corrientes de pensamiento, preceptos y valores generalizados, equivalentes a un sentido común de explicación de la realidad que cooptan y subsumen a formas alternas de pensar (Icaza, 2004). La hegemonía se instrumentaliza a través
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Para evitar confusiones en este trabajo se utiliza indistintamente la palabra Estado y Aparato de Estado ya que se utiliza esta última noción. Se utilizará el calificativo “ampliado” cuando se desee referir al Estado como instancia de acción de la sociedad civil y política.
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de las instituciones de reproducción social tanto del aparato del Estado como de la sociedad civil. Para Gramsci la Hegemonía de una clase sobre la sociedad en su conjunto toma lugar cuando ejerce el poder político a través del liderazgo cultural, cuando cumple la función de dirección intelectual, lo que implica cierto nivel de consentimiento de la sociedad y no solo de la dominación vía coerción y fuerza del Estado. La Hegemonía es el mecanismo que contribuye a través de medios culturales (folklor, sentido común, religión, ciencia y filosofía) a la reproducción de un orden político y social.
Sin embargo la formación de la hegemonía implica también conflicto entre grupos sociales y sus ideas: es la formación intersubjetiva de modos de conciencia o lucha de intersubjetividades por llegar a ser dominantes (Morton, 2007, p. 93). De la Garza resalta también este punto de interacción al comentar que
la hegemonía no es simple subordinación de un proyecto y una identidad con otro, es sobre todo interpenetración con dominancia…y [su] capacidad es la de influir en la reconfiguración de las identidades de los otros a partir de una configuración que aparece más fuerte y atractiva, más viable. (De la Garza, 1992, p. 46)
De esta forma si un grupo o clase social pretende ser hegemónico tiene que ir mas allá de sus intereses corporativos inmediatos y ampliar la base de su explicación a otros grupos que intenta dirigir (Gaggero, 2005; Betancourt, 1990) mediante una visión de la realidad amplia e incluyente que genere consentimientos.
De los textos de Gramsci se deriva que la hegemonía no es perdurable sino que está en continuo cambio dialéctico. Así la dominación vía consentimiento no es monolítica ni completa sino transitoria e históricamente específica. Evoluciones y contextos distintos de los Estados ampliados dan arreglos hegemónicos distintos y sus agentes, sus énfasis y sus mecanismos varían de sociedad a sociedad y de tiempo en tiempo33.
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En un régimen de tendencia democrática la dirección política y cultural es ampliamente incluyente lo que implica una sociedad civil activa y una sociedad política abierta. En un régimen de este tipo los intereses de la gran mayoría de las fracciones sociales han sido considerados en el ejercicio del poder político. En términos usados por la ciencia política se diría que existe amplia coincidencia entre los mandantes y los mandatarios, entre las acciones del aparato del Estado y los requerimientos de amplias capas sociales. En cambio en una dictadura la sociedad política ejerce el poder político-militar con la mínima hegemonía, se torna simplemente dominante, es decir que para realizar sus acciones ha de hacer uso de sus mecanismos de coacción. En la dictadura los distanciamientos entre el aparato del Estado y las clases beneficiarias de él con los grupos sociales mayoritarios se hacen evidentes (Portelli, 1983, p. 28 y 74).
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El permanente devenir del poder hegemónico y las especificidades históricas hacen posible la aparición – principalmente en el seno de la sociedad civil- de proyectos sociales, económicos y políticos diversos entre los cuales puede haber alternativas de resistencia y contestatarias al orden social dominante (Icaza, 2004; Miorelli, 2001). La consideración de la particularidad histórica permite observar las coyunturas en que las formas alternativas de pensamiento provenientes de grupos -ahora subalternos o subyugados- pueden emerger y tornarse contestatarias luchando en diferentes niveles por la hegemonía (Maya, 2002; Otero, 2004; Icaza, 2004). En síntesis la sociedad civil es el terreno adecuado para la aparición de agencias, de sujetos sociales capaces de trastocar el orden social hegemónico.
Para los fines de este trabajo es importante la hegemonía ya que envuelve la difusión consensada de una particular perspectiva cultural y moral entre la sociedad y su interconexión con las funciones coercitivas del poder político (Morton, 2007, p. 95). Un componente importante en la hegemonía es la concepción de la interacción entre la sociedad civil y la política a través del aparato de Estado. Aquí es donde entra la RCP dado que genera relaciones de control de una sociedad respecto de su aparato gubernamental y ello quiere decir que es posible que exista un pensamiento hegemónico, es decir, una serie de concepciones, preceptos y valores que expliquen su extensión y aplicación y que sea ampliamente aceptada. Esta aceptación subordinaría a otras formas de pensar, explicar y practicar la RCP. Este pensamiento hegemónico coadyuva a la reproducción de las relaciones sociedad-estado que privan en un momento histórico y gira en torno al asunto de la autonomía gestora del aparato de Estado y de la posibilidad y medios que los ciudadanos tienen para controlarlo.