la guerra tiene timbre de mujeres. Ellas, las madres, hermanas, compañeras, hijas, han sido las líderes del movimiento por la liberación de las víctimas del secuestro, por encontrar a sus seres queridos desaparecidos y por la verdad, la justicia y la reparación.
(UNIFEM, 2009: 37).
En este país de guerras inconclusas, las mujeres han tenido que padecer no solo la desaparición y muerte de sus seres queridos, sino que además han sido objeto de todo tipo de violación a sus derechos fundamentales, se han visto sometidas al desplazamiento forzado, agresiones sexuales, asesinato, desapariciones forzadas y la exclusión social y política entre otros, tal como lo afirma la alianza Iniciativa de Mujeres por la Paz (IMP).
“En Colombia el 70% de las victimas sobrevivientes del conflicto armado son mujeres. Son casi 110.000 que han perdido a seres queridos y que han sufrido de violencia física, sexual y psicológica como una práctica sistemática y generalizada de estrategia de guerra y de persecución social por los diferentes armados involucrados en el conflicto”. (IMP 2009: 10).
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En el texto las mujeres colombianas y la construcción de paz en Colombia, Ana Mendoza Díaz hace una descripción de la situación por la que atraviesa nuestro país y las distintas acciones que han emprendido las mujeres y los colectivos de mujeres para construir paz en Colombia.
“En el ámbito histórico del conflicto político y social que vive la sociedad colombiana, las mujeres no solo han sido víctimas directas e indirectas de la violencia política, sino que con el tiempo se han constituido en sujetos políticos, se han insertado en la vida armada. Lo anterior tiene impactos para ellas en sus trayectos de vida, y para los imaginarios construidos sobre las mujeres frente a la guerra. Esta mirada, sin duda es necesaria, pues como parte de la historia las mujeres no hemos sido ajenas ni ausentes de la historia de la humanidad “de una historia anclada en una cultura que ha legitimado la violencia y la guerra como su partera” Las mujeres ya sea como víctimas, o como actoras indirectas a través del esfuerzo por oponerse a la violencia, tratan de sobrevivir en medio del conflicto, no se ubican de manera pasiva frente a los efectos de la guerra sino que como sujetos políticos, participan en diversos movimientos de resistencia y paz” (MENDOZA, 2001)
A simple vista puede parecer que nada ha cambiado en la sociedad colombiana desde que los movimientos y las expresiones de resistencia de las mujeres en Colombia, han permitido hacer visible las posturas de las mujeres en contra de la guerra, las consecuencias de la militarización en el conflicto armado, los costos del armamentismo en contraposición a la inversión en política social y en general, todos esos temas que parecen menores, pero que sumados nos demuestran la importancia que tiene la presencia de las mujeres que desde 1.930 con la aparición del movimiento sufragista colombiano, vienen luchando por conseguir espacios que antes eran impensables para las mujeres en Colombia.
Todo lo que hacemos es importante. Toda cosita que hacemos, toda línea de huelga que caminamos, toda carta que escribimos, todo acto de desobediencia civil en que participamos, cualquier reclutador militar con quien hablamos, todo padre de familia con quien hablamos, todo soldado con quien hablamos, todo joven con quien hablamos, cualquier cosa que hacemos en clase, todo lo que hacemos en la dirección de un mundo mejor es importantes, aunque en el momento nos parezcan inútiles, porque así es como ocurre el cambio. El cambio viene cuando millones de personas hacen cosas pequeñas, las que en ciertos puntos de la historia se juntan, y entonces pasa algo bueno y algo importante. (RUTA PACIFICA DE LAS MUJERES: 2010)
Muchas mujeres han optado por proponer alternativas diferentes a la guerra como solución a los problemas de violencia; por un lado, han presentado
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iniciativas encaminadas a conseguir una salida negociada al conflicto armado colombiano y por el otro, han luchado incansablemente por la reivindicación de las víctimas y la recuperación de la memoria histórica con miras a lograr consolidar un futuro libre de la guerra, donde sea posible sanar las heridas y la reconciliación se convierta en una posibilidad real.
Hacer visible las posturas de las mujeres contra la guerra y la búsqueda de procesos que permitan incidir políticamente en la construcción de una paz posible, con mirada y sentido de mujer es una gran contribución para lograr una sociedad más incluyente.
En el año 2002, una alianza de organizaciones y movimientos13 realiza una movilización en la cual participan cerca de 40.000 mujeres de todas las regiones del país y de todos los sectores, que se encontraron en la Plaza de Bolívar en Bogotá para pronunciarse contra la guerra.
Cuando las mujeres se concentran en la vía pública ejercen su derecho a la palabra en asuntos cívicos, de expresar su desacuerdo y proponer cambios. Esta presencia tiene lugar en silencio cuando es para denunciar crímenes de guerra; el silencio conviene especialmente en situaciones dramáticas cuando no hay palabras para expresar los sentimientos; es igualmente una estrategia válida frente a minorías fanatizadas o agresivas: no se contesta a los insultos, ni se entra en dialécticas sin sentido. (MENDOZA, 2001).
13Las organizaciones y movimientos que formaron esta alianza fueron: Ruta Pacífica de las Mujeres, Red Nacional de Mujeres, Mesa de Concertación, Iniciativa de Mujeres por la Paz, y Organización Femenina Popular.
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3. LA RUTA PACIFICA DE LAS MUJERES Y SU APORTE EN LA