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Project Inventory (CRIS database) and Analysis

El autor más reconocido del Crack, Jorge Volpi, asume y ejerce la novela como “una forma de conocimiento”, como una manera de “explorar el mundo” y a nosotros mismos como seres humanos, un instrumento para llegar a la verdad –o verdades- a través de la ficción y, sobre todo, de “conservar la memoria lejos de la severidad de la historiografía”, como veíamos en el anterior capítulo. Es bajo esta premisa de novela con función epistemológica que emprende su Trilogía del Siglo XX, uno de sus proyectos literarios más ambiciosos, con el que intentó explorar, conocer y comprender un período que él mismo califica como el “siglo de la incertidumbre”.

Siguiendo los parámetros de la ‘novela total’ que proclamaba el Crack en su Manifiesto, así como ese gusto por la mezcla entre el ensayo y la novela que defendía Volpi, en la Trilogía del Siglo XX el autor parece haber puesto en práctica gran parte de las estrategias delineadas por primera vez en su ensayo “Los libros del caos” (1996). El enfoque no deja de ser paradójico: para conocer el ‘siglo de la incertidumbre’, el siglo en el se supone cayeron las metanarrativas totalizadoras y se perdieron las certezas, se utiliza la novela y las estrategias de los ‘libros del caos’ - que tampoco pretenden presentar una verdad, por no imponerla como la verdad unívoca- para desentrañar y resumir el siglo; es decir, para ‘conocer’ y ‘totalizar’ una época de quiebre, como analizaremos en breve.

La búsqueda exhaustiva de conocimiento se inserta entonces como fundamento mismo de la literatura volpiana, en una narrativa de interpretación histórica, política y filosófica. Así lo afirman Ricardo Chávez Castañeda y Celso Santajuliana:

Para Volpi, la literatura no se cierra en un fin en sí mismo. Narrar le supone un medio de conocimiento –en sus propias palabras: “escribo sobre lo que no conozco y escribo para conocerlo”- y esta exploración del mundo siempre queda “grabada” con mayor o menos sutileza en sus libros, convirtiéndolos en un híbrido entre la novela y el ensayo. (2004: 94)

Según su análisis, fue así como Volpi se adentró en el mundo de la alquimia a través de la escritura de A pesar del oscuro silencio, exploró lo diabólico y el mal en Días de Ira, y se sumergió en la mitología del juicio final en El temperamento melancólico, “novelas de ideas, novelas de tesis, novelas con una pesada carga documental […], una enciclopedia de sus pasiones intelectuales” (Castañeda y Santajuliana, 2004: 94).

Lo que comenzó como un tanteo de los vínculos entre la ciencia y el poder -el germen de En Busca de Klingsor- evolucionó hacia una radiografía de toda la centuria. “Empecé escribiendo En busca de Klingsor interesado en explorar la relación entre la ciencia y la política durante la primera mitad del siglo XX, cuando iba ya avanzado en su escritura descubrí que lo que quería era escribir una trilogía del siglo XX”, contó en una entrevista (Santodomingo, 2004). Aunque se trata de textos independientes en cuanto a historias y personajes, comparten el mismo “espíritu de mezclar historia y ficción y de hablar en el fondo sobre el derrumbe de las utopías en el siglo XX”, explicó el autor.

La trilogía volpiana se presenta así integrada por En Busca de Klingsor (1999), enfocada, en principio, en la utopía científica y del progreso; El fin de la locura (2003), dedicada a la utopía de la izquierda revolucionaria; y No será la tierra (2006), centrada en el fin del socialismo real, con la caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética.

Compuesta por tres libros independientes, la trilogía busca sin embargo englobar la totalidad del siglo, cubriendo los hechos históricos, científicos,

económicos y políticos más importantes, para revisar críticamente lo que en términos lyotardianos serían algunas de las metanarrativas esenciales del siglo XX, como el progreso, el capitalismo, el socialismo y la globalización. Así, la trilogía de Volpi da un repaso a los momentos críticos de la pasada centuria, para revisarlos en clave de ficción historiográfica, enfocando cada novela en una determinada época y un conflicto específico, que bien podemos relacionar con aspectos clave de la crisis de la Modernidad, con En busca de Klingsor como punto de quiebre. En ese sentido, ubica cada novela en momentos y lugares significativos, espacios geográficos y tiempos determinados, que como escenarios simbólicos evocan imaginarios concretos:

1) En busca de Klingsor, la Alemania de la postguerra, en plenos juicios de Núremberg –con algunos antecedentes en Estados Unidos y algunas secuelas en plena Guerra Fría– hasta la caída del Muro de Berlín, para adentrarse en la dinámica que permitió tanto el desarrollo de la física cuántica, como la bomba atómica y el cambio de paradigma que, desde la ciencia, inauguraba la ‘era de la incertidumbre’, revisando críticamente las visiones teleológicas de historia, ciencia y progreso, así como el alcance de la ‘razón’ como instrumento de distinción ética, tal y como ahondaremos en los próximos apartados.

2) El fin de la locura, el París de mayo de 1968 y la Latinoamérica de la década de los 70, hasta el México de Salinas de Gortari, para diseccionar el cambio de paradigma en lo filosófico y político, incorporando a la ficción algunas de las figuras más importantes del pensamiento francés —Jacques Lacan, Louis Althusser, Roland Barthes y Michel Foucault- y de la historia política –Fidel Castro y Salvador Allende. Las memorias del protagonista sirven en realidad para contar los devenires ideológicos y políticos de la década de los setenta y ochenta, desde el moviendo estudiantil de mayo del 68 y las críticas estructuralistas y posestructuralistas, pasando por la revolución de Fidel Castro y el proyecto de Salvador Allende, hasta el triunfo del neoliberalismo en México.

3) No será la tierra117, el tenso eje Rusia y Estados Unidos –con algunos otros escenarios y momentos clave, como la crisis del 29 o Afganistán en los 80-, en pleno

117

No será la tierra abarca una horquilla de tiempo bastante más amplia que las otras dos novelas, cubriendo desde la crisis de 1929, hasta el 31 de diciembre de 2000. El corazón de la ficción, sin embargo, se encuentra en el fin del comunismo y la expansión del neoliberalismo.

derrumbe de la Unión Soviética (URSS), incluyendo momentos de especial significancia como el desastre de Chernobyl, la caída del muro de Berlín, el golpe de estado de Gorbachov y el ascenso de Yeltsin, para analizar el derrumbe del comunismo, la expansión triunfal del neoliberalismo y los efectos perversos de la globalización.

Entre saltos temporales y múltiples escenarios, Volpi cubre de esta manera todo el siglo XX, desde el nacimiento de Gustav Links en 1905 –el narrador de En Busca de Klinsgor–, hasta el 31 de diciembre del 2000, en No será la tierra. Pretende así elaborar una radiografía de la pasada centuria, a través de sus secuencias históricas capitales: el desarrollo científico, la vida intelectual y el pensamiento de izquierda, la globalización y el desarrollo del neoliberalismo.