199
El cuanto se transforma y se convierte en otro cuanto; la determinación ulterior de esta mutación, vale decir que progresa al infinito, consiste en esto: que el cuanto está puesto como contradiciéndose en sí mismo. —El cuanto se convierte en un otro; pero se continúa en su ser-otro; el otro, por ende, es también un cuanto. Pero éste es el otro no sólo de un único cuanto, sino del cuanto mismo, lo negativo de él como de un terminado, y por lo tanto es su ilimitación, su infinitud. El cuanto es un deber ser; contiene el ser determinado
por si, y este ser-determinado por sí es más bien el ser-determinado en un otro, y
a la inversa, es el eliminado ser determinado en un otro, es un indiferente subsistir por sí.
La finitud y la infinitud contienen por este medio en seguida cada una en sí misma un significado doble y sin duda opuesto. Es finito el cuanto en primer lugar como terminado en general; en segundo lugar como el remitir más allá de sí mismo, como el ser determinado en un otro. Pero su infinitud consiste en primer lugar en su no ser terminado, y en segundo lugar en su haber vuelto a sí, y en su indiferente ser-para-si. Si comparamos en seguida estos momentos uno con otro, se evidencia que la determinación de la finitud del cuanto, el remitir más allá de sí a un otro, donde se halle su determinación, es, a la vez una determinación de lo infinito; la negación del término es el mismo más allá de la determinación, de modo que el cuanto en esta negación, que es lo infinito, tiene su última determinación. El otro momento de la infinitud consiste en el ser-para-sí indiferente con respecto al término; pero el cuanto mismo es lo terminado de tal modo que es lo indiferente por sí frente a su término, y por ende frente a otros cuantos y a su más allá. La finitud y la infinitud (la que debe estar separada de él, vale decir, la mala infinitud) tienen en el cuanto cada una ya en sí el momento de la otra.
El mismo cualitativo y cuantitativo se diferencian mutuamente por esto, que en el primero la oposición de finito e infinito es cualitativa y el traspaso de lo finito en el infinito, o sea la relación de ambos entre ellos está sólo en lo en-sí, vale decir, en su concepto. La determinación cualitativa se halla como inmediata y se refiere al ser-otro esencialmente como a un ser otro suyo; no está puesta como para tener su negación, su otro en sí misma. La magnitud, al contrario, es, como tal, una determinación eliminada; está puesta como para ser desigual consigo e indiferente frente a sí misma, por lo tanto para ser lo mudable. Lo finito e infinito cualitativos, permanecen, por lo tanto, uno frente al otro de manera absoluta, vale decir, abstracta; su unidad consiste en la relación interior que yace en su fundamento; lo finito, por ende, se continúa en su contrario sólo en sí, pero no en él. Al contrario lo finito cuantitativo se refiere en si mismo dentro de su infinito, donde tiene su determinación absoluta. Esta relación suya se muestra ante todo en el progreso cuantitativo-infinito.
200
El progreso al infinito es en general la expresión de la contradicción, y aquí de aquélla [contradicción] contenida por lo finito cuantitativo o por el cuanto en general. Es el alternarse de las determinaciones de lo finito y lo infinito, que ha sido considerado en la esfera cualitativa, con la diferencia de que, como acaba de recordarse, en lo cuantitativo el término en sí mismo es el que remite y continúa en su más allá, por lo cual, a la inversa, también el infinito cuantitativo se halla puesto como para tener el cuanto en él mismo; pues el cuanto en su ser-fuera-de- sí es a la vez él mismo, y su exterioridad pertenece a su determinación.
Ahora bien, el infinito progreso es sólo la expresión de esta contradicción, y
no la solución de ella; pero debido a la continuidad de una determinación en la
otra, éste [progreso] lleva consigo una solución aparente en una unificación de las dos [determinaciones]. Tal como se halla puesto en primer lugar, éste [progreso] constituye el problema del infinito, no su logro: es el perpetuo engendrarse de él, sin que salga más allá del cuanto y sin que el infinito se convierta en un positivo y presente. El cuanto tiene en su concepto el de tener un más allá de sí mismo. Este más allá es en primer lugar el momento abstracto del no-ser del cuanto; éste se resuelve en sí mismo; y así se refiere a su más allá como a su infinitud según el momento cualitativo de la oposición. Pero en segundo lugar el cuanto está en continuidad con este más allá; el cuanto consiste precisamente en ser el otro de sí mismo y exterior a sí mismo; por lo tanto este exterior no es a la vez un otro distinto del cuanto; el más allá o el infinito es pues él mismo un cuanto. El más allá se ve de este modo llamado de retorno de su huida y el infinito se halla alcanzado. Pero porque éste, que se ha convertido en el más acá, es a su vez un cuanto, ha sido sólo puesto otra vez un nuevo término; éste, como cuanto, ha huido de nuevo también de sí mismo, y, como tal, se halla más allá de sí mismo y se ha repelido desde sí mismo en su no-ser, en su más allá, que se convierte perennemente del mismo modo en un cuanto, y como tal se rechaza desde sí mismo en el más allá.
La continuidad del cuanto en su otro engendra la conexión de ambos en la expresión de un infinitamente grande o un infinitamente pequeño. Porque ambos tienen en sí todavía la determinación del cuanto, permanecen variables, y la determinación absoluta, que sería un ser-para-si, no se halla por lo tanto alcanzada. Este ser-fuera-de-sí de la determinación está puesto en el doble infinito, que se contrapone según lo más y lo menos, vale decir, en lo infinitamente grande e infinitamente pequeño. En cada uno, precisamente el cuanto se halla conservado en la oposición que se perpetúa contra su más allá. Lo grande, por cuanto se amplía todavía, desaparece hacia la imposibilidad de ser considerado; en tanto se refiere al infinito como a su no-ser, la oposición es
cualitativa. El cuanto ampliado no ha ganado por lo tanto nada respecto al
infinito; éste es tanto antes como después el no-ser de él. O sea, el acrecentamiento del cuanto no es de ningún modo una aproximación al infinito; pues la diferencia entre el cuanto y su infinitud tiene esencialmente también el
momento de no ser una diferencia cuantitativa. Se trata aquí solo la expresión