6 VULNERABILITY ANALYSER – PROTOTYPE AND EMPIRICAL ANALYSIS
6.2 EXPERIMENTAL RESULTS
6.2.1 Prototype – Vulnerability Analyser (VA)
Al primero o segundo día de hacerme cargo de la Parroquia, se me presenta en la sacristía un individuo mal encarado, seco de facciones, y
más seco y agrio de expresión y de palabras, que me espeta el siguiente saludo:
— ¿Usté es el cura de aquí?
—Para servir a Dios y a Vd. —responde rebosando amabilidad el preguntado—. ¿En qué puedo servirlo?
—Pos venia a que me casara usté, digo a que me dijera usté qué papeles me hacen falta y qué me va usté a llevar, y si en dos o tres días podía estar todo eso arreglao porque... si no me casa usté pronto y barato... nos vamos a lo siví.
Un doble movimiento de pena y de indignación sugería respuestas variadas al novel Cura.
¡Qué grosería! ¡cuánta ignorancia! ¡qué agresividad! ¡qué atropello a la dignidad del Sacramento y del Sacerdote!
En estas y parecidas frases se revolvía mi mente agitada en un largo minuto de respuesta en silencio, cuando de pronto sobre aquel oleaje, salta una ola más pujante que aplaca las demás. ¡Toma!, me digo a mí mismo, ¡si yo soy más ignorante que este pobre hombre...! ¡Si yo tampoco sé qué documentos necesita para casarse ni qué derechos marca el arancel parroquial, ni qué procedimientos hay que seguir para la rápida obtención de dispensa de proclamas, ni para borrar de esta cabeza la atracción y la amenaza del matrimonio civil...!
—Bueno, bueno —respondo con el buen humor que pude recoger de las grandes reservas de que el Corazón de Jesús me regaló al nacer—, con que Vd. quiere casarse pronto y bien ¿no es eso?
Meneo afirmativo de cabeza del prójimo dialogante.
—Pues lleva Vd. muchísima razón, si señor, muchísima razón, y yo pondré d mi parte todo lo que pueda...; ahora, que le voy a dar un consejo para que le salga bien—
Como el Sacramento del Matrimonio es la unión de un hombre con una mujer para toda la vida, sin poderse ya separar, hay que pensarlo mucho, como que es uno de los pasos más importantes de la vida... ¡nunca se arrepentirá Vd. ni la que va a ser su mujer de haberlo pensado y de haber pedido a Dios luces...! Así es que usted va a dedicar dos días a pensar y después se viene usted por aquí, y ¡todo se arreglará!
Y con una palmadita en la espalda, empujándolo cariñosamente hacia la puerta, y un hasta dentro de dos días, si Dios quiere”, muy
afectuoso, corté el camino a un “no me da la gana” que se veía venir por la mirada avinagrada del visitante.
Ni que decir tiene que me dediqué urgentemente a pedir a un capellancito corto de estudios y largo de prácticas, una clase de Teología pastoral sobre lo que hay que hacer para casarse como la Santa Madre Iglesia manda.
Y cuenta (y así termina la narración del diario), que acababa de graduarme en Derecho Canónico...” (36).
—Uno de los síntomas de fe débil —escribía él mismo en su “Anecdotario Pastoral”— es la aspiración de no pocos creyentes y aún practicantes, de cumplir con el precepto dominical oyendo una Misita corta, la más corta de toda la feligresía.
Y ¡qué apuros pasa el pobre Cura que se empeña en que no pasen por las Misas, la mayor y las rezadas, de su Parroquia los fieles sin oír la palabra de Dios...!
PROCEDIMIENTO
En la Misa primera que a las cinco y media de la mañana tenia en mi Parroquia de Huelva, los días festivos, puse la brevísima homilía en distintas partes de la misma; después del primer Evangelio, antes del último, después de las Avemarías. Todo tenía su pero y dificultad, hasta que me decidí por un sistema mixto y caritativamente agresivo, a saber:
1.º “Nada de parte fija; unas veces al principio, otras al final de la Misa.
2.º Solía aprovechar preferentemente la última vuelta de cara al pueblo, o sea, la última bendición, que es el momento en que los y las impacientes se levantan para irse y (aquí viene lo de agresivo) cuando veía que alguno o alguna, a pesar de mi predicación, seguía en dirección a la pila del agua bendita, les decía en el mismo tono de la plática: esperen un momento esos que están junto a la pila, que les voy a contar en que paró tal escena, o tal milagro de Nuestro Señor Jesucristo, y ante aquella indirecta, se detenían, algunos por cierto con la mano metida ya en el agua, y en esa actitud recibían la píldora o la lección comprimida de Evangelio que les daba.
El resultado fue que pronto se acostumbraron a quedarse hasta el final sin impaciencia ni prisa.
Otro procedimiento era el del día de difuntos.
Como este es el día en que acuden a Misa más cristianos, aún los que no la oyen nunca, nos daba lástima verlos tan cerca y dejarlos pasar sin decirles una palabra bue na, algo del Evangelio, de sus almas, de la otra vida, siquiera una vez al año.
A las cuatro de la mañana en que ya estaba la espaciosa iglesia llena de fieles (más o menos infieles), y en que empezaba la primera Misa, ya estábamos uno de mis coadjutores o yo, rezando partes del Rosario por las ánimas benditas y metiendo en el comentario de cada misterio lo más importante del Dogma y la Moral en la forma más apropiada para aquella masa tan heterogénea atraída, más que por el culto a Dios, por el de sus muertos (37).
II
¡Por el alma de los niños!
Pero en aquellos lentos atardeceres al pie de su Sagrario, en la soledad de la Parroquia, llegan a sus oídos turbándole la paz del alma, los gritos y las blasfemias de aquellos niños desharrapados, sin escuela y sin Dios...
Ayer le apedrearon cuando pasaba por el Polvorín; hoy, camino de San Pedro, lo han insultado, y uno más atrevido le ha arañado las manos con una penca espinosa que arrancó de las chumberas del valladar cercano. Otro día ¡cómo sangraba su corazón! un rapazuelo de aquellos, salvaje y montaraz, sin poder sospechar siquiera toda la inmensa malicia de su sacrilegio, arrojó una piedra hacia el altar en la capilla de las Agustinas, que rebotó sobre el viril de la custodia.
¡Pobres niños envenenados!... Sus gritos y sus blasfemias le apuñalaban el alma...
En aquellas horas de oración angustiosa y confiada ante su Sagrario, siempre les tenía, a aquellos rapazuelos descreídos y procaces, a flor de labios...
Hay que conquistar para Dios esos corazones que han perdido la inocencia. Hay que cultivar aquellas parcelas, las más hermosas de la viña del Señor...
A fuerza de pisotearlas con sus malos ejemplos unos y otros... ¡se han endurecido tanto!
Labrador, ¡qué difícil será tu siembra!...
“¡Ay de las tierras contagiadas de malas semillas y plagadas de malas hierbas!
¿Quién las limpiará? ¿Quién las volverá a su estado original, a su inocencia?” (38).
Tarea difícil, pero el Amo está contigo. Manos a la obra. “Salvemos las almas de los niños.”