Uno de esos mantras, tan frecuentes cuando se ha hablado de Europa en España y que con más fuerza han alimentado durante años el relato europeo, es la idea de consenso respecto al proceso de integración europeo tanto en la sociedad española como entre las principales fuerzas políticas españoles
Lo cierto es que tanto en la izquierda como en la derecha política triunfaron en los años del cambio político las opciones moderadas sobre las más radicales y el europeísmo tenía mucho que aportar en esa lógica centrista. Por un lado, para la izquierda, la europeización de España significaba traer al país la demo- cracia, las libertades, y el Estado del bienestar. Por el otro, para la derecha, la vinculación a Europa significaba la garantía de la economía de mercado y de la alineación occidental con Estados Unidos y sus aliados en la guerra fría.
En ambos casos, Europa significaba de una o de otra manera sobre todo la modernidad y la normalización que tanto ansiaba España. Sin embargo, Europa y la europeización, han sido también objeto de instrumentalización al servicio de intereses ideológicos o partidistas.
Ciertamente, los partidos políticos han actuado como transmisores efi- caces de una visión simbólica y legitimadora de la Unión Europea, cuya invocación retórica ha constituido un rasgo para explicar, justificar, impul- sar o alentar determinadas posturas partidistas y algunas políticas públicas en determinados sectores, pero paradójicamente, esa misma labor puede ayudar a matizar la extendida tesis de una unanimidad de las fuerzas polí- ticas y sociales sobre Europa desde antes de la recuperación de las liberta- des democráticas.
Pero el significante Europa no se correspondió durante la Transición ni se corresponde actualmente con un único significado. Europa y la cons- trucción europea han sido expresiones genéricas que han sido interpreta- das de forma laxa y sin tomar en consideración alguna de las implicacio- nes del proyecto europeo. De hecho, la afirmación se halla sometida a re- visión, al constatarse las diferencias de modelo y de proyecto europeo existentes más allá de las coincidencias tácticas en el discurso43.
43 Al respecto, puede observarse en relación con las posturas ante la Convención Europea POWELL, Ch. «El debate español sobre el futuro de la Unión Europea» Análisis del Real Instituto (27/12/2002) Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégi- cos. <http:/www.realinstitutoelcano.org/analisis>
Para los socialistas, por referirnos tan sólo a las principales fuerzas polí- ticas, la integración en Europa sirvió para legitimar y justificar el programa de modernización económica que se implantó en 1982 y que se siguió de ahí en adelante. Los gobiernos de González presentaron y legitimaron cada parcela de la política gubernamental tomando como base la necesidad de ajustar las estructuras políticas y socioeconómica españolas a su calidad de miembro de la Unión Europea. De ese modo, la modernización y la euro- peización se sumaron a los esfuerzos del PSOE para conservar el poder y como única opción posible de propiciar los cambios clave necesarios para garantizar el futuro de España44. El Partido Popular, al contrario que los socialistas, no han necesitado Europa ni como sanción para evitar caer en tentaciones inflacionistas, ni como coartada para unas políticas de rigor macroeconómico, sobre todo desde lograr la entrada en el euro, sin embar- go, su visión política de Europa se fue tiñendo de tintes más netamente nacionalistas tanto en lo económico como en lo político45.
En cualquier caso, esas diferencias nos remiten a la necesidad de conside- rar la existencia de diferentes interpretaciones, sustancialmente divergentes, sobre la reciente historia de España y sobre el papel de Europa en su proceso de modernización. «La llegada al poder del Partido Popular en 1996 —escribe J.I. Torreblanca—, fue poniendo de manifiesto paulatinamente que existía otra idea de Europa en España y que en absoluto compartía la interpretación de la historia reciente de España ni el papel en ella atribuido a Europa que defendie- ron los socialistas». De hecho, aunque democracia y Europa, desde antes de la Transición, constituían los dos grandes pilares ideológicos para asentar un sistema de libertades y, también, para reincorporarnos a la cultura histórica continental, la lógica de la derecha que evolucionó desde el nacional-catoli- cismo hacia un europeísmo global y de carácter fundamentalmente económi- co, fue diferente de la lógica de la izquierda que evolucionó de la ruptura a la reforma, con el nexo común de los valores de Europa.
Esa situación hoy es más evidente que nunca. Si se consulta las páginas web de las dos Fundaciones afines al Partido Popular y al PSOE, FAES e IDEAS, respectivamente, para averiguar cual es su diagnostico y qué propo-
44 HOLMAN, O. (1996). Integrating Southern Europe: EC Expansion ans the Transnationa- lization of Spain. Londres, Rutledge. GILLESPIE, R., y YOUNGS, R. (eds.) (2001). Spain: the european and international challenges. Londres, Frank Cass.
45 BARBE, E. E. «España en Europa» en Dossier La Vanguardia «Qué quiere ser Europa», nº. 6, Abri-junio (2003) pp. 44-48.
nen para salir de la crisis europea y se leyesen sus propuestas comproba- ríamos lo siguiente.
La Fundación FAES afirma que «los responsables políticos han aplazado unas reformas económicas y sociales necesarias, y se han negado a trasladar ante sus opiniones públicas la verdad, que no era otra que Europa ha estado viviendo por encima de sus posibilidades y que si se quería consolidar el sistema social euro- peo era necesario emprender reformas estructurales». Y propone como solución: «Establecer un mecanismo europeo de garantía de depósitos y resolución ban- caria con capacidad de intervención y saneamiento en todos los países del euro serviría para prevenir y solucionar mejor las crisis futuras»46.
Por el contrario, para la Fundación IDEAS «la raíz de estos desequili- brios se encuentra en la ausencia de un sistema coherente de gobierno de la política económica, capaz de gestionar adecuadamente los desequili- brios que inevitablemente surgen en una economía a lo largo del ciclo; más aún en un espacio económico tan grande y heterogéneo». En su opi- nión, la solución consistiría en «crear un fondo de reactivación económica; establecer un Tesoro Europeo, atendiendo a la propuesta de emitir eurobo- nos; ampliar el presupuesto de la UE hasta el 5% del PIB comunitario, in- troducir reformas regulatorias relativas al papel que desempeñan las agen- cias calificadoras de riesgo»47.
Ciertamente, como afirma J. I, Torreblanca «es difícil encontrar dos vi- siones más contrapuestas que las que se observan aquí: una apuesta por reformas estructurales acompañadas por un rescate bancario a escala euro- pea; otra por dotar a la Unión Europea de todos aquellos instrumentos de gobierno económico y regulatorios que los Estados miembros han perdido o están a punto de perder»48.
46 FERNÁNDEZ MÉNDEZ DE AVILÉS, F., y NAVARRETE ROJAS, F. «Un Euro con futuro. Un Mecanismo Europeo de Garantía de Depósitos y Resolución Bancaria para la mo- neda única europea» en Papeles FAES, n.º 158 (10/09/2011). <http://prensa.fundacion- faes.org/2011/09/PAPELES+FAES+158.pdf>
47 ESTELLA, A.; MARTÍNEZ, C., y FERNÁNDEZ, R. «Avances el Gobierno económico de la unión Europea» Documentos de trabajo 4/2011. Fundación Ideas 2011 <http://www.fundacionideas.es/sites/default/files/pdf/DT-vances_del_gobierno_econo- mico_en_la_UE-.pdf.>
48 TORREBLANCA, J. I. ¿Por la izquierda, o por la derecha? Blog Internacional El Pais - Café Steiner. 12 de octubre de 2011. <http://blogs.elpais.com/cafe-steiner/2011/10/por- la-izquierda-o-por-la-derecha.html>
Desde esta perspectiva el clivage derecha —izquierda es clarísimo. Tan- to es así que la crisis ha trastocado también eso, y por primera vez desde los ochenta, al final de la campaña electoral se ha producido aunque tími- do un fuego cruzado entre los principales candidatos sobre la forma en la que la unión europea está afrontando la crisis. Pero lo grave, es que nadie nos ha ofrecido un relato creíble que nos permita acceder al sentido de los nuevos sacrificios que nos van a imponer, ni a los complejos entresijos de las decisiones que los fundamentan. Lo que nos están hurtado es la posibi- lidad y la esperanza de que en algún momento podamos llegar a ser un agente activo en la UE, y no meros subalternos que siguen las órdenes de los que en realidad mandan.
3. CODA
En nuestra opinión, sin embargo, es ciertamente difícil encontrar para el caso español algún interés económico, político, estratégico o moral, que no pase por Europa o que no esté atravesado, en mayor o menor grado, de interés europeo, y estamos convencidos que el proceso más importante que se ha producido en relación con la sociedad, la política y la economía españolas en las últimas tres décadas, ha sido su progresiva europeización. Una europeización que ha respondido en líneas generales a la premisa de
«a más Europa más España».
Pero como escribe el expresidente Felipe González: «Para España es fundamental contar con Europa. Su propia proyección exterior hacia América Latina, hacia el norte África, hacia oriente, mejora con las si- nergias que seamos capaces de generar como europeos... (España) como los demás países de la unión tiene su propia historia, su cultura, sus vínculos prioritarios con el mundo, pero integrados en una Europa que pierda relevancia como conjunto, también nos lleva a perderlo como país»49.
De hecho, añadimos por nuestra parte, la evolución del proyecto políti- co europeo hasta la actual unión europea, ha puesto en cuestión el círculo virtuoso orteguiano «si «más Europa» no necesariamente significa «más España» entonces, el europeísmo que ha guiado nuestra acción política
durante los últimos veinticinco años ya no parece ser la respuesta automá- tica a todo nuevo desafío.
La crisis ha logrado acentuar la percepción de que lejos de fortalecer el poder de cada uno de los estados gracias a la acción conjunta, los ha dismi- nuido políticamente, incluso a la mismísima Francia. Sólo Alemania parece levantar cabeza, aunque se declara harta de tener que tirar del carro que arras- tra a tantos bueyes perezosos. Y es que esta crisis en menos de tres años nos ha cambiado el guión: siempre pensamos que las cesiones de soberanía estatal irían hacia las instituciones centrales de la Unión Europea, no hacia los esta- dos más poderosos económicamente. Ciertamente, el futuro no es lo que era. Y a este respecto, como historiador no podemos olvidar que la historia se escribe desde el presente y la pregunta que, hoy por hoy, precisa de una respuesta no se orienta solo hacia cuánta Europa necesita España para mantener el nivel de europeización alcanzado, sino que se dirige a interro- garnos por cuanta Europa necesitamos y qué Europa tenemos. Sobre todo si consideramos, que para perplejidad de los españoles, Berlín, Londres, París y Roma han puesto a Europa en segundo lugar de sus preferencias, afirmando sus deseos nacionales sin complejo alguno y España, a su pesar, desde la segunda fase de la crisis financiera, desconcertada, se esta viendo obligada también a optar50.
De la misma manera, debemos tener en cuenta la incidencia de estos cambios sobre la narrativa nacional: el relato europeo de España no puede presentarse tan solo desde la perspectiva de un cuento de navidad del que forme parte una España democrática y europeizada en aras de su normali- zación como decíamos al principio de estas líneas. Es necesario algo más… sobre todo hoy.
El referente Europa tal y como se ha construido a ojos de los españoles posiblemente no es tan real como parece; es en gran medida un icono que hemos ido construyendo a base de proyectar sobre él nuestros miedos, debilidades, deseos y pasiones. Y ahora nos sentimos preteridos, y no sólo nos enfurece el no haber sido capaces de anticipar los desajustes de la economía, sino también el no haber aspirado a un mayor protagonismo.
En definitiva, una explicación desde la Historia exige considerar la ten- sión resultante entre concepciones tradicionales y nuevos problemas y no
olvidar que algunas de las lecturas más interesantes sobre la historia del tiempo presente se hallan en los signos de interrogación sobre símbolos, conceptos, interpretaciones y creencias que hasta hace apenas unos años dábamos por supuestas. Dudas que han crecido en sintonía con la turbu- lencia, el conflicto y las deudas sobre nuestros propios marcos de referen- cia, y como consecuencia de la confusión respecto al presente y de la desorientación hacia el futuro. Preguntas que con seguridad una genera- ción anterior no hubiera ni tan sólo podido imaginar.
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