Type II resistance: percentage of spikelets infected
CHAPTER 5: A QUALITATIVE AND QUANTITIVE EXPLORATION OF EAR INFECTION IN SELECTED GENOTYPES USING TWO
Para algunos comentaristas los eventos relatados en los capítulos 9 y 10 del libro de Esdras corresponden al trabajo paralelo de Esdras y Nehemías (ver Neh. 10:28–30; 13:3, 23–30), mientras que para otros relatan el trabajo independiente de Esdras antes de la época de Nehemías. (Considérense las varias propuestas al problema cronológico de los eventos del libro dadas al inicio de este comentario). Sin embargo, si bien es cier- to que el libro de Nehemías presenta de manera más apropiada la reforma religiosa de Esdras, especialmente en cuanto a la lectura pública de la Ley y la reacción de la gente, estos dos capítulos del libro de Esdras proyectan una acción preliminar para eliminar un problema bastante serio: los matrimonios mixtos.
Aunque un tanto brusca y legalista, la acción de Esdras era necesaria para desper- tar al pueblo a la realidad de su desobediencia de la Ley de Dios, aún después del cau- tiverio. Por otro lado, las acciones aquí presentadas proyectan el carácter de Esdras y su propósito reformista desde el punto de vista religioso.
(1) Esdras se entera del problema de los matrimonios mixtos, 9:1, 2. Acabadas
estas cosas no debe tomarse como una indicación cronológica (o secuencia) de lo que sucedió después de la llegada de Esdras a Jerusalén. Al contrario, la frase da pauta para pensar que otros eventos se habían llevado a cabo, que ya había pasado un buen tiempo, y hasta que ciertos esfuerzos por parte de Esdras no habían arrojado el resul- tado deseado (cf. 7:8, mes quinto y 10:9, mes noveno). Algunos consideran que aquí de- bieran insertarse los eventos relatados en Nehemías 8:1–18 (ver la acotación “venido el mes séptimo” en Neh. 8:1). Pero también se pudiera pensar que Esdras ya había puesto en marcha su reforma religiosa por medio de la enseñanza de la Ley. Al fin y al cabo ese era su objetivo (Esd. 7:10).
Los informantes de Esdras fueron los magistrados, un tipo de líderes de distrito que existían en la región. Este era su título oficial. Otras versiones traducen “jefes” (DHH), “príncipes” (RVR-1960). El asunto implicaba a gente de todo rango. El cargo era bas- tante serio: no se han separado de los pueblos de las tierras. En primera instancia pa- reciera que Esdras está [página 70] recibiendo el informe de algo que se había ordena- do hacer, pero que la gente no había cumplido aún. Sin embargo, el tono del v. 2 da la clave para pensar que esta era la primera vez que Esdras oía del asunto. “Los pueblos de las tierras” designa a la gente (razas, pueblos) que los judíos encontraron en sus tie- rras al regresar del exilio.
Las abominaciones se refiere a la idolatría y sus consecuentes prácticas inmorales que los pueblos vecinos e incrédulos tenían. La RVR-1960 dice: “Y hacen conforme a sus abominaciones”. La lista de los pueblos pudo haber sido copiada o extraída de Deu- teronomio 7:1–4, ya que esa era la base para considerar que estas prácticas, juntamen- te con la de los matrimonios mixtos, estaban en contraposición a las demandas de la Ley de Dios. Algunos de los pueblos mencionados (los cananeos, los heteos, los fere- zeos, los jebuseos) ya no existían. Otros (los amonitas, los moabitas, los egipcios y los amorreos) no representaban peligro alguno para los judíos, pero su influencia se hacía sentir en el estilo de vida que ellos proyectaban.
El meollo del asunto era que tanto la gente del pueblo como los líderes religiosos es- taban participando de esta situación. De los pueblos paganos habían tomado mujeres para sí y para sus hijos. Los matrimonios mixtos, judíos con personas de otras razas, fueron considerados como la causa principal de la decadencia moral y espiritual del pueblo hebreo, de su fracaso y posterior caída, y el porqué sufrieran el exilio. Ahora representaba una rebelión abierta al mandamiento expreso del Señor (cf. 9:7, 10–12; 1 Rey. 11:1 y siguientes). Tal acción había leudado la simiente santa, o sea la raza judía, considerada así porque estaba consagrada, dedicada, separada, a Dios (Éxo. 19:5, 6; Isa. 62:12). El mal ejemplo venía de algunos de los magistrados y los oficiales (dos tipos de líderes civiles del pueblo) al ser los primeros en incurrir en esta infidelidad.
(2) Esdras lamenta (se duele) por el pecado del pueblo, 9:3, 4. La reacción de Es-
dras fue una de lamento y, aunque su manifestación es un tanto dramática, era típica del hebreo antiguo cuando sentía un pesar profundo: rasgué mi vestidura y mi manto (toda su ropa, cf. Isa. 20:2–4; Miq. 1:8); me arranqué los pelos de mi cabeza y de mi barba (cf. Amós 8:10; Jer. 16:6; Eze. 7:18; Job 1:20). Aparentemente, su mismo ego fue tocado profundamente: me senté consternado (“angustiado en extremo”, RVR-1960; “completamente deprimido”, DHH; “atónito”, BA). Quizá evaluó la situación y se sintió fracasado en todos sus intentos de hacer cumplir la Ley de Dios. Probablemente le do- lía que el pueblo no hubiera aprendido de sus fracasos pasados (9:13, 14), o tal vez te- mía la reacción justiciera de Dios contra el pueblo.
Esdras mostró su lamento públicamente, en las afueras del templo (10:1). Los que temían la palabra de Dios se unieron a él, lo apoyaron en medio de su dolor. Temían puede referirse al hecho de que cumplían la Ley, estaban haciendo todo lo posible por ponerla en práctica nuevamente, o temían el castigo de Dios (como dice la versión Dios Habla Hoy, DHH). La palabra de Dios alude a todo lo que Esdras estaba enseñando. Lo inaudito era que de esta “infidelidad” (el buscar esposas paganas) estaban participando aquellos que habían regresado del exilio, los del cautiverio. Esta última frase alude a quienes ya tenían un buen tiempo de haber regresado de Babilonia. Algunos piensan que incluye a [página 71] algunos de los que volvieron con Esdras mismo, pero las po- sibilidades son muy remotas. Esdras estuvo sentado y consternado hasta que llegó la hora del sacrificio de la tarde, probablemente un período dedicado mayormente a la oración (cf. Éxo. 29:39; Hech. 3:1).
(3) Esdras confiesa a Dios el pecado del pueblo, 9:5–15. Esdras aprovechó el
tiempo de la oración vespertina en el templo para interceder públicamente a Dios por el pueblo, confesando el pecado y apelando a la misericordia del Señor.
Su postura proyecta la manera común en que un judío piadoso se dirigía a Dios en sus momentos de angustia, especialmente en este caso que afectaba a todo el pueblo.
Su oración es una evaluación consciente y objetiva de las acciones de Dios y del pueblo, juntamente con sus resultados.
La vergüenza y pesar que experimentó Esdras al saber que el pueblo continuaba obstinado en pecar contra Dios fueron inmensos (v. 6). No tenía el valor o la confianza
de presentar su petición ante Dios: estoy avergonzado como para levantar mi cara a ti. Las pruebas de la infidelidad de la gente eran patentes, habían continuado acumulan- do iniquidades (toda clase de mal) y culpa (motivos de castigo) ante la presencia del Se- ñor. La idea general del versículo es que ya era mucho lo que el pueblo hacía en des- obediencia al Señor, y lo que él lo soportaba.
El v. 7 prácticamente resume cómo se había manifestado esta rebeldía en el pueblo desde sus antepasados hasta ese entonces. Esdras exonera a Dios de cualquier idea de injusticia. Nosotros, dice él, hemos tenido gran culpabilidad; son nuestras iniquidades las que nos han acarreado todo tipo de mal. Nadie había escapado de las consecuen- cias de todo ello. Las varias maneras en que esto se había hecho sentir eran muy cono- cidas: entregados en manos de reyes de otras tierras, expuestos a la sumisión, control, impuestos, súbditos; a la espada, la muerte y derrota; al cautiverio, forzados a ir a vivir en tierra ajena; al saqueo, dejarlos con las manos vacías y necesitados; y a una ver- güenza total. Esta última frase literalmente significa “vergüenza del rostro”, no poder levantar cabeza, una humillación total, la pérdida de su identidad política y el derecho de existir como nación libre. “Como en este día” alude a la situación presente del pue- blo que aún se hallaba sujeto al control persa (cf. v. 9). El término entregados debe en- tenderse en todo este contexto como la acción divina de abandonar al pueblo a su suer- te, dejarlos sin protección o ayuda. Por eso sufrieron todo esto (cf. Isa. 5:1–7).
El ahora del v. 8 cubre los eventos que se dieron para que el pueblo saliera de Babi- lonia (Esd. 1:1–4) hasta el momento en que Esdras había regresado a Jerusalén. Aun- que eran muchos años, parecían un breve momento en el contexto histórico de todos los eventos anteriores al exilio. La misericordia de Jehovah, el favor inmerecido del Señor, se había mostrado en diferentes aspectos:
Primero, al permitir que hubiera un [página 72] remanente (sobrevivientes libres, cf. Isa. 4:3; 6:13; 10:22; Jer. 24:8; Amós 5:15). Segundo, darles un lugar donde vivir (un punto de apoyo, literalmente una “estaca”, cf. Isa. 22:23–25), un lugar de asiento. En su lugar santo se refiere al lugar escogido por Dios para que habitara su pueblo, es decir, Judea y Jerusalén. También podría ser una referencia al templo, tal como lo sugieren algunas traducciones: “santuario” (RVR-1960, cf. Éxo. 38:20). La idea pudiera ser la de un centro de adoración, alrededor del cual se edificaban las ciudades. Tercero, restau- rando o levantando el ánimo, el espíritu, la vida de la gente (alumbre nuestros ojos). La idea es la de proveer de una nueva perspectiva, un nuevo incentivo para su existencia. Cuarto, concederles seguir viviendo (nos revitalice), poder existir a pesar de las condi- ciones en que vivían. La idea de “servidumbre” en este sentido es más por el hecho de estar bajo el control de Persia que de la esclavitud misma.
Semillero homilético
El arrepentimiento verdadero
9:3–15
Introducción: En cierta ocasión hubo un gran conflic- to entre un pastor y su compañero de trabajo. Se rompió una amistad de varios años. Los dos se sepa- raron con un espíritu de amargura. Los dos trataban de servir en paz a Dios en otras iglesias, a pesar de no haber superado sus diferencias personales. Por fin, el pastor recapacitó y se dio cuenta de que tal actitud era un pecado. Se acordó que Hebreos 12:14, 15 dice: “Procurad la paz con todos, y la santidad sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien que ninguno
deje de alcanzar la gracia de Dios; que ninguna raíz de amargura brote y cause estorbo, y que por ella muchos sean contaminados”. El pastor se arrepintió ante Dios, buscó a su ex compañero de trabajo, le confesó su pecado, y le pidió perdón. Su hermano hizo lo mismo. El Señor restauró esta relación, y comenzó a darles paz de nuevo en el ministerio. Los dos hermanos experimentaron las bendiciones de Dios por el arrepentimiento verdadero. Esdras nos muestra cómo lograr una buena relación con Dios por medio del arrepentimiento verdadero. Para lo- grarlo hay que:
Humillarse ante el Dios santo (vv. 3–5). Confesar el pecado (vv. 6, 7).
. Reconocer la grandeza y la gracia de Dios (vv. 8, 9).
. Confesar específicamente el pecado (vv. 10–14). Depender de la justicia y de la gracia de Dios (v.
15).
Conclusión: Podemos confiar que Dios en su gracia nos va a perdonar nuestros pecados (Mat. 6:14, 15). La clave para recibir el perdón de Dios es la confe- sión del pecado (1 Jn. 1:9). El modelo de Esdras nos puede servir también a nosotros como ministros y líderes al frente del pueblo de Dios. El arrepenti- miento verdadero nos puede abrir la puerta para un gran avivamiento espiritual.
[página 73] El v. 9 continúa el pensamiento sobre las maneras en que Dios ha mos-
trado, hasta el presente, su misericordia para con el pueblo. Una de las principales fue la de mover el corazón de los reyes de Persia para que los dejaran salir de Babilonia, otorgarles ciertos favores al regresar a Jerusalén, y proveerles de lo necesario para la reconstrucción del templo. Por otro lado, Dios también les había provisto de protección. Este término significa lit. “una muralla”, lo cual pudiera tomarse en un sentido simbó- lico (para hablar de la protección del Señor) o literal (como una referencia al muro que se levantó con Nehemías). La posición cronológica que se tome para el período del mi- nisterio de Esdras en Jerusalén determinará el significado se dé a esta palabra.
La pregunta que Esdras dirige a Dios es, más bien, una súplica, un clamor porque él extienda un poco más su misericordia y perdón sobre el pueblo. No había excusa pa- ra haber abandonado tus mandamientos, es decir, dejarlos de lado, desobedecerlos. En este contexto, por lo que se lee en los vv. 11 y 12, la desobediencia específica es la de los matrimonios mixtos. La acotación: que mandaste por medio de tus siervos los profe- tas no está del todo fuera de lugar, aun cuando en ningún libro profético se encuentra expresado este mandato. Sin embargo, sí hay referencias al asunto en el libro de Éxodo (23:31b–33) y en el libro de Deuteronomio (7:1–4, véase también Lev. 18:24–30), o sea en la Ley dada por medio de Moisés, quien siempre fue considerado como un profeta de Dios (Deut. 18:15, 18; 34:10; Hech. 3:22).
El mandamiento en cuestión, tal como se da aquí (vv. 11, 12), es una especie de pa- ráfrasis o combinación de los varios textos antes citados. Quizá haya sido una fórmula
o la simple expresión de pasajes de memorización. Lo que sí es obvio es que Esdras menciona aquello en lo cual la gente había fallado (desobedecido) a Dios nuevamente: (1) La tierra en la cual vivían era una tierra inmunda debido a los pueblos que la habi- taban. La inmundicia era a causa de sus abominaciones, su idolatría y prácticas inmo- rales que las acompañaban. Así fue con los cananeos y otras razas que habitaban Pa- lestina antes de la primera conquista de la tierra por Josué, y después por la gente es- tablecida ahí cuando Judá fue llevada al cautiverio. (2) Para evitar que su pueblo se contaminara, Dios les había prohibido casarse con gente de otras razas. Cosa que, ob- viamente, no se observó diligentemente. Prueba de esto fue la idolatría que se desató en ambos reinos por el hecho de que los reyes se casaban con mujeres de otras razas, quienes a su vez fomentaban la adoración a sus propios dioses (como el caso de Jeza- bel). (3) La alianza con otros pueblos debía evitarse. El propósito era que el pueblo se fortaleciera y gozara de los bienes de la tierra, y tuviera un lugar de residencia perma- nente. Es bueno recordar que cuando el pueblo judío se dividió en dos reinos (Norte y Sur), la nación se debilitó y muchas veces uno y otro reino buscaron alianzas con otras naciones para pelear en contra de sus propios hermanos de sangre.
Con todo este antecedente histórico, es fácil imaginar que Esdras preveía lo que [pá-
gina 74] podía sucederle al pueblo a causa de los matrimonios mixtos, y si Dios decidía
actuar justicieramente.
El v. 13 es un lamento. No se ha aprendido la lección del pasado, a pesar de todo lo que nos ha sobrevenido, todo lo que el pueblo había sufrido a causa de sus malas obras y su gran culpa. Y aunque Dios los había castigado duramente, habían recibido menos de lo que merecían. Uno no puede dejar de oír aquí el eco de lo que expresara el escritor del libro de Lamentaciones: “Por la bondad de Jehovah es que no somos consumidos, porque nunca decaen sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fideli- dad” (Lam. 3:22, 23). La bondad y la misericordia de Dios eran palpables en que aún les permitía un remanente, un grupo de sobrevivientes.
Ante toda esta evidencia, ¿sería posible que el pueblo volviera a pecar y Dios no los castigara? (v. 14). El peligro de que Dios los hiciera desaparecer por completo estaba latente, hasta consumirnos, a lo menos en el pensamiento de Esdras. De aquí el clamor porque Dios obre nuevamente con misericordia y perdón (v. 15). La apelación es a la justicia de Dios: tú eres justo, y al hecho de que aún había unos cuantos fieles que se mostraban compungidos: Henos aquí delante de ti. Todo lo que se podía esperar era la acción justiciera de Dios, pero Esdras confiaba en que Dios obraría misericordiosamen- te y los perdonaría; que les daría una oportunidad más. El reconocimiento del pecado y la aceptación de la culpa abría la puerta para que Dios tuviera misericordia de ellos, aun cuando por su pecado nadie puede permanecer en tu presencia. Dios es santo y no acepta la inmundicia de su pueblo. Pero Dios es amor y se compadece de sus criaturas que se arrepienten.
Joya bíblica
Oh Jehovah Dios de Israel, tú eres justo, pues hemos quedado sobrevivientes como en este día. Henos aquí delante de ti, a pesar de nuestra cul- pa; porque nadie puede permanecer en tu pre- sencia, a causa de esto (9:15).