Type II resistance: percentage of spikelets infected
CHAPTER 7: GENERAL DISCUSSION 7.1 Summary of Findings
7.4 Utilisation of the Information Generated by QTL Mapping 1 Generation of new wheat varieties
Nehemías reaccionó con dolor y oración (1:4). Aunque vivía lejos de la tierra santa, se identificaba con el pueblo allí. Su reacción duró “días” (la palabra “algunos” no está en el hebreo), los cuales, como se verá en 2:1, se extendieron a cuatro meses. El hebreo literalmente tiene “estuve ayunando y orando”; indicando acción repetida (cf. v. 6). El ayuno expresaba dolor y arrepentimiento (Joel 2:12, 13) y reforzaba la oración (Esd. 8:23).
Semillero homilético
Dios usa a un líder que ora por su pueblo
1:4–11
Introducción: Haga una lista de las maneras o razo- nes por las que el mundo es imperfecto: enfermedad, divorcios, injusticias, desempleo, guerras, terremo- tos, etc. ¿Qué puede hacer usted acerca de todo es- to? Nehemías se dio cuenta de la imperfección de su mundo. Él oró al oír sobre la pésima situación en que se encontraba su pueblo en Jerusalén. Apeló primeramente a la autoridad suprema, la divina. Luego, apeló a la autoridad humana, la terrenal. Analicemos la oración de Nehemías prestando atención a la actitud que tuvo hacia Dios, hacia su pueblo y hacia sí mismo. Consideremos detenida- mente cuál fue su petición al Señor. La oración de Nehemías ha llegado a ser un modelo para nosotros, aunque las situaciones y condiciones son diferentes. Este líder del Antiguo Testamento debiera convertir- se en uno de nuestros profesores en la escuela de la oración.
Examinemos nuestra actitud hacia Dios. Reconozcamos la grandeza de Dios (v. 5a).
Reconozcamos que Dios es fiel a su pacto (v. 5b). Reconozcamos que Dios es fiel a su propia natura-
Reconozcamos que Dios es fiel a sus promesas (v. 6a).
Reconozcamos que Dios responde a las oraciones de sus hijos (v. 6b).
Examinemos nuestra actitud hacia nuestro peca- do.
Confesemos que todos hemos pecado (v. 6c). Confesemos que nosotros mismos hemos pecado
(v. 6d).
Confesemos que hemos distorsionado (actuado inicuamente) nuestra vida (v.7a).
Confesemos que hemos violado la ley divina (v. 7b).
. Examinemos nuestra actitud hacia el plan divino. El plan divino incluye el castigo por el pecado (v.
8).
El plan divino incluye la oferta de reconciliación (vv. 9, 10).
. Examinemos nuestra actitud hacia nuestras peticiones.
Nuestras peticiones tienen que ser basadas en nuestra relación familiar con Dios (v. 10).
Nuestras peticiones tienen que estar basadas en nuestro respeto y reverencia por Dios (v. 11a).
Nuestras peticiones son correctas al pedir la gracia de Dios a favor de lo qu es su voluntad divina (v. 11b).
Conclusión: Jesús, también, nos enseñó cómo orar en la Oración Modelo (Luc. 11:1–4). Tanto Nehemías como Jesús nos enseñan que nuestras oraciones tienen que: (1) tomar en cuenta nuestra reverencia para con Dios, (2) confesar el pecado nuestro y el de nuestro pueblo, y (3) pedir que Dios haga su volun- tad divina por medio de nuestra vida de obediencia.
[página 96] El título “Dios de los cielos” (1:4, 5) se aplica a Jehovah ya en Génesis
24:7, y Jonás, hablando a paganos, también lo usa (Jon. 1:9). Durante el dominio per- sa los judíos empleaban el título con mayor frecuencia (1:5; 2:4, 20; Esd. 5:12; 6:9, 10; los Papiros de Elefantina), refutando así a los persas que lo atribuían a su dios supre- mo, Ormuz.
En 1:5–11 Nehemías resume su oración por Judá; está cargada con expresiones to- madas de las Escrituras, especialmente de Deuteronomio (cf. también 1 Rey. 8:28, 29; 2 Crón. 6:19, 20). Por otro lado, no corresponde en su forma a ninguno de los géneros conocidos de oraciones. Está compuesta de un llamado a Jehovah que enumera sus virtudes (1:5), un ruego a escuchar la oración (1:6a), una confesión de pecados (1:6b, 7), un ruego a recordar las promesas del pacto (1:8, 9), una alusión a la obra pasada de
Jehovah a favor de su pueblo (1:10), otro ruego a escuchar (1:11a) y, al final, la petición concreta (1:11b). En cuanto a su temática, es una oración de arrepentimiento como en 9:6–37; Esdras 9:6–15; Daniel 9:4–19; y el apócrifo Baruc 1:15–3:8.
Nehemías se dirigía a Jehovah como el Dios supremo, poderoso y leal (1:5; cf. Dan. 9:4). El nombre Jehovah, usado por Nehemías sólo aquí y en 5:13 (ver la exposición de 1:11), subraya la relación de pacto entre Dios e Israel. La enumeración de las virtudes divinas constituía una alabanza y a la vez una confesión de confianza de que Jehovah concedería la petición.
Dios grande y temible (1:5) es una frase que proviene de Deuteronomio 7:21; 10:17 señala que Jehovah es supremo (el hebreo literalmente dice “el Dios grande”) y hacedor de obras asombrosas que inspiran temor. Tal Dios sería capaz de responder (cf. 4:14).
La descripción de Dios en el v. 5b proviene de Deuteronomio 7:9. Guardar el pacto significa cumplirlo. Se trata del pacto de Moisés, en el que Jehovah se había compro- metido a bendecir a Israel si este cumplía con su parte. En relación con los pactos el vocablo hebreo jésed 2617, [página 97] comúnmente traducido como misericordia, signi-
fica más exactamente “fidelidad, lealtad”. Amar a Jehovah (1:5) no era primordialmente asunto de los sentimientos, sino de gratitud expresada en lealtad y obediencia. Los que aman a Dios guardan sus mandamientos (Juan 15:16, 21, 23, 24; 1 Jn. 5:2, 3).
Nehemías enmarcaba la mayor parte de su oración entre dos ruegos a que Jehovah le prestara atención (1:6, 11), tema común en las plegarias del Antiguo Testamento (ver 1 Rey. 8:28; 2 Crón. 6:40; Sal. 130:2; Isa. 37:17). Nehemías elevaba su oración de día y de noche (1:6), o sea, constantemente (cf. 1 Tes. 5:17). Aunque casi todos los habitan- tes de Judá pertenecían a las tribus de Judá, Benjamín y Leví (ver Esd. 1:5), los deno- minaba los hijos de Israel. Así daba a entender que la comunidad de Judá era la conti- nuación legítima de las doce tribus de Israel y heredera de las promesas de Dios a su pueblo (cf. Esd. 6:17). Si bien no habían sido obedientes a Jehovah (1:6b, 7), ahora los llamaba tus siervos (1:6; ver 1:9–11).
La confesión de los pecados de Israel (1:6b, 7) tiene paralelos en otras oraciones del período (9:6–37; Esd. 9:6–15; Dan. 9:4–19). Repitiendo “hemos pecado” (traducido hemos cometido la primera vez), Nehemías se solidarizaba con la culpa de Israel (1:6b). La primera persona plural se emplea con el mismo fin en v. 7, Esdras 9:6–15 y Daniel 9:5–16, conforme al modelo de Moisés en Éxodo 34:9. Al incluirse a sí mismo entre los pecadores, Nehemías reconocía que ante Jehovah no hay ningún justo (cf. Dan. 9:20). Sin embargo, hablaba sobre todo de la infidelidad de Judá al pacto mosaico antes del cautiverio babilónico (1:7). La expresión los mandamientos, las leyes y los decretos pro- viene de Deuteronomio (ver Deut. 6:1), así como tu siervo Moisés (ver Deut. 34:5).
Verdades prácticas
Dios nos habla de distintas maneras. Haga una lista de las diferentes maneras en que Dios le ha hablado a usted durante el mes pasado. Seamos sensibles a su voz.
Antes de que podamos lograr algo de valor en re- lación con las autoridades humanas, tenemos que tener primero el apoyo de la autoridad divina.
Nuestra oración no convence a Dios de que noso- tros tenemos la solución de los problemas. Al con- trario, la oración nos pone en relación con Dios y
abre la ventana celestial para que sus respuestas celestiales actúen eficazmente para cambiar las si- tuaciones terrenales.
Habiendo confesado el pecado de Judá, Nehemías no podía basar su petición sola- mente en el amor y la obediencia del pueblo (cf. v. 5b). Por eso, acudió a otro “manda- miento” del pacto de Moisés: la promesa de restauración (1:8, 9). Al decir mandaste (1:8) insinuaba que Jehovah se había obligado a sí mismo restaurar al pueblo arrepen- tido.
La palabra (1:8) que Nehemías resume en 1:8, 9 era Deuteronomio 30:1–4. La con- dición que Dios había establecido para restaurar a Israel era un arrepentimiento mani- festado en obras (1:9; Deut. 30:1–3). Al citar esta condición Nehemías insinuaba que los judíos ahora la cumplían. [página 98] Ciertamente, el grupo que regresó de Babilo- nia a Judá se había limpiado de la idolatría (aunque esta seguía siendo un peligro real, ver 13:23–27; Esd. 9:1, 2).
Joya bíblica
Oh, Jehovah, por favor, está atento tu oído a la oración de tu siervo y a la oración de tus sier- vos que quieren reverenciar tu nombre. Prospera, por favor, a tu siervo hoy, y concédele gracia an- te aquel hombre (1:11a).
La promesa que Nehemías cita en su oración es la del retorno (1:9b). Ahora bien, Dios había cumplido esa promesa hacía unos 90 años (ver Esd. 1–6). Sin embargo, la promesa del retorno en Deut. 30:1–4 está ligada a otras de bendición y prosperidad en la tierra prometida (Deut. 30:5, 9). De estas promesas aquí indirectamente Nehemías le recuerda a Jehovah.
El extremo de los cielos (1:9) era el horizonte más lejano (cf. Deut. 4:32; 30:4). El lu- gar escogido para que allí habitara el nombre de Jehovah (1:9b) era el templo (Deut. 12:5, 11, 14; 1 Rey. 8:29; 2 Crón. 6:20), pero aquí la expresión parece abarcar más. Para Nehemías no sólo el templo, sino toda Jerusalén era casa de Dios (ver “Autor” y “Enseñanzas” en la “Introducción”). Al final del v. 9, él sutilmente le recuerda a Jeho- vah que todavía no se ven las evidencias plenas de su morada en la ciudad y la tierra santas.
Luego trae a colación la obra de Dios para librar a su pueblo (1:10). Hace eco de Deuteronomio 9:29, donde Moisés, después del éxodo, intercede ante Jehovah para que no destruya a Israel en el desierto. Nehemías da a entender que de nuevo el Señor ha librado a su pueblo, ahora de Babilonia, y que de nuevo no lo debe dejar perecer. A la cita de Deuteronomio 9:29 Nehemías agrega ellos son tus siervos, sugiriendo así una vez más que los que han retornado llenan la condición de arrepentimiento (ver v. 9). La redención de Egipto por la poderosa mano de Jehovah es un lugar común en Deutero- nomio (Deut. 3:24; 4:34; 5:15; 7:8; 9:26).
Repitiendo el ruego que Dios escuchara su oración (1:11; ver v. 6), Nehemías se diri- ge a él como “Señor” (equivocadamente traducido Jehovah), reconociendo así su poder y soberanía (cf. 4:14, el único otro pasaje donde “Señor” se usa en Nehemías). Agrega que otros siervos del Señor también oran como él. El aporte de otros a la restauración de Judá y Jerusalén será un tema cada vez más prominente conforme avanza el libro (ver “Personajes” en la “Introducción”).
El hebreo traducido quieren reverenciar (1:11) es lit. “se deleitan en temer”. Temer al Señor es tener miedo de desobedecerlo (cf. Éxo. 20:20), pero también la confianza de que él bendecirá a quienes acaten sus mandamientos (ver Deut. 6:2, 3). Esa bendición es la que Nehemías ahora busca.
La petición apremiante y específica a la cual toda la oración apunta apenas se men- ciona al final (1:11b). Todo lo anterior (1:5–11a) echa los fundamentos para esta peti- ción (ver el mismo fenómeno en la oración de 2 Crón. 20:6–12). A primera vista, no en- tendemos la petición, un ruego de que Dios le concediera “misericordia, compasión” (una traducción más exacta [página 99] que gracia) ante algún hombre. Sólo sabemos que hoy, cada día, Nehemías repite esta súplica.
Habiendo resumido su oración incesante, Nehemías nos asombra con una nota es- cueta: ¡Él era un alto funcionario con acceso personal al rey persa! (1:11b). Esta revela- ción nos obliga a releer y reinterpretar todo el cap. 1. Ahora vemos que Nehemías tenía posibilidades de influir a favor de Judá. Si bien el rey no se ha identificado todavía, su- ponemos que será el rey de Susa (cf. 1:1), el emperador persa, soberano sobre la mayor parte del mundo conocido, incluyendo Judá. Sin embargo, para Nehemías era, en com- paración con Jehovah, sólo un hombre (1:11).
Las evidencias del Antiguo Oriente indican que el copero era no sólo un siervo de mucha confianza, sino también un funcionario de alto rango. Una de las más llamati- vas son las listas asirias de años epónimos. Los reyes asirios asignaban a cada año su propio nombre o el nombre de alguno de sus funcionarios. En muchos reinados el co- pero principal fue honrado así en el tercero, cuarto o quinto año. Que Nehemías era el principal copero es sugerido por el acceso diario que tenía al rey (ver hoy en el 1:11) y las responsabilidades que posteriormente se le asignarían (2:4–10; 5:14).
Posiblemente Nehemías era eunuco, así como muchos funcionarios persas, espe- cialmente los que tenían acceso al harén real (cf. 2:6). Sin embargo, había funcionarios persas que no eran eunucos, como Amán (cf. Est. 6:13; 7:8), y posiblemente Nehemías. De otro modo, sus enemigos seguramente lo hubieran publicado, pues según Deutero- nomio 23:1 los eunucos debían ser excluidos de la congregación de Jehovah.