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DEL CONTINENTE

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Guillermo Cieza (2)

Muchas gracias por la invitación, en nombre de las compañeras y compañeros del Frente Popular Darío Santillán. Para empezar quería señalar algunas cuestiones de América Latina. La primera y más saliente es destacar que existe un período donde lo más importante es el protagonismo de los pueblos; período que algunos autores ubican empezando con la insurgencia zapatista en el 94´, y otros autores ubican en la Guerra del Agua en Bolivia en el año 2000. Pero más allá de discutir cómo empezó esto, cuál es el punto de arranque, nos interesa advertir también que habrá un final. Es decir, estamos transitando un período, un momento finito, por lo tanto es una oportunidad histórica que tendríamos que aprovechar para lanzar cambios sociales, cam- bios revolucionarios.

1. Intervención en el Taller de Talleres 2009.

Con respecto a aprovechar esta oportunidad histórica, es importante alejar- nos de las miradas milagreras o espontaneístas, que reproducen teorías elabo- radas en algún laboratorio, y que utilizan a América Latina y a nuestros países como la justificación de esas teorías. Esas miradas milagreras están afectando puntualmente a los espacios donde se está produciendo pensamiento crítico, donde se desarrollan luchas, en particular a América Latina. Por eso nosotros reivindicamos nuestra autonomía, nuestra decisión de contar nuestras pro- pias historias, y de sacar conclusiones de nuestros propios procesos.

Desde nuestra propia mirada advertimos que nuestros procesos no son linea- les, que vivimos un período complejo, donde se dan alzas y bajas, victorias y derrotas. El proceso venezolano es un proceso de avanzada, pero representa- tivo de este proceso, con triunfos, golpes de Estado, otro triunfo, una derrota en plebiscito, otro triunfo. Es decir, hay un proceso abierto en todos los países de América Latina, donde el protagonismo de los pueblos tiene un nivel de acompañamiento en lo institucional. Digo acompañamiento y no encarna- ción, porque no es una cuestión mecánica.

Si observamos lo de Brasil, era impensable que un obrero metalúrgico, can- didato de un partido denominado “de los trabajadores” hubiera llegado a Pre- sidente, si no hubiera habido una actividad importante de los trabajadores de Brasil y de los movimientos sociales. Pero también es cierto que el gobierno de Lula para nada encarna a los movimientos sociales, a los trabajadores de Brasil. Es más bien una continuidad matizada de la administración de Fernan- do Henrique Cardoso.

Por el contrario, si miramos el caso de Venezuela, advertimos que el lideraz- go de Chávez y algunas medidas de gobierno, parecen ir por delante de la experiencia de lucha y de la organización popular acumulada en los últimos años en ese país. Son procesos muy complejos, donde hay algunos reflejos institucionales, pero que no traslucen mecánicamente lo que está pasando por abajo.

En este tema es importante tomar en cuenta que este protagonismo de los pueblos no se desarrolla en el vacío, sino que operan otros proyectos. Aparece un proyecto de las burguesías locales, entendidas como alianza de las filiales

de las multinacionales y sectores de la burguesía nativas, que se han transna- cionalizado. Y acá no hablamos de burguesías nacionales, sino de burguesías locales, que tienen proyectos neodesarrollistas en lo local y lo regional. Uno de los ejemplos más claros es el MERCOSUR. Existen también estrategias contrarrevolucionarias desde Estados Unidos, cuya prueba más evidente son las bases en Colombia, y el “golpe constitucional” en Honduras.

En este panorama tan complejo, hay que prestar atención a lo que es el motor de los cambios, a la articulación política, social, cultural, que da batalla en toda la sociedad y también en lo institucional… a esas fuerzas que disputan con- sensos en la sociedad y los van ganando para impulsar cambios sociales. Por eso, para pensar el destino de cada país, hay que mirar cómo están crecien- do, cómo están funcionando esos motores de cambio social que son originales en cada lugar. Insisto en que hay que prestar atención a lo que se está cons- truyendo por abajo, al poder popular que finalmente puede sostener a un go- bierno con vocación de cambio social, o le puede poner límites a un gobierno cuyas intenciones no superan garantizar la gobernabilidad y los intereses del capitalismo en tiempos de auge de las movilizaciones populares.

Finalmente, creo que hay otra característica importante para América Lati- na, que es que hay una confluencia estratégica entre movimientos populares avanzados de América Latina, que se viene desarrollando hacía algunos años, que de alguna forma ahora se le pone el nombre de Movimientos Sociales del ALBA, pero es una relación preexistente, que en gran parte tiene que ver con el desarrollo y el trabajo del Movimiento Sin Tierra de Brasil. Los Movimien- tos Sociales del ALBA pueden ser una instancia que potencie esta articula- ción estratégica. Nosotros somos parte de esta iniciativa, y vamos a tratar de que conserve el carácter de una articulación estratégica.

Con respecto a Argentina, vivimos también una etapa de protagonismo de los pueblos. Entre el año 2000 y 2002 se vivió un alza de lucha muy importan- te de los trabajadores, de los pueblos, sobre todo de lo territorial, también con una experiencia sindical muy interesante que tuvo su epicentro en diciembre del 2001. Ahí se produce una crisis política muy importante, que las fuerzas populares no pudimos capitalizar y la capitaliza el kirchnerismo.

El Partido Justicialista -que viene cogobernando el país desde 1983-, de- mostrando su capacidad enorme de adaptación, es el que genera un gobier- no capaz de contener la movilización popular de esos años. Un gobierno que apunta a recuperar la confianza en la institucionalidad capitalista, pero que además garantiza sostener la gobernabilidad con un modelo económi- co apoyado en el saqueo de los bienes naturales, y un aumento de la super- explotación de la mano de obra.

El kirchnerismo ha tomado algunas banderas populares, como es el caso de los derechos humanos, o devolverle al Estado el control de la plata a los ju- bilados, o la ley de medios. Ha tomado algunas consignas populares, y las ha combinado con una política feroz de cooptación y de fragmentación de los movimientos sociales. Estas políticas de fragmentación de los movimien- tos sociales, también estuvo acompañada por algunas visiones de algunos teóricos, que no miran el continente, que planteaban que la fragmentación, que la soledad, es signo de pureza, que cuando más solos estamos y menos nos organizamos estamos mejor… somos más revolucionarios.

Con esta ofensiva ideológica por un lado, y las políticas del kirchnerismo por otro, los movimientos populares estuvimos unos cuantos años en una situa- ción bastante complicada. Sin embargo pudimos sobrevivir y llegar a estos nuevos tiempos en que advertimos que el kirchnerismo se ha desgastado. Des- gaste producido por nuestra lucha, pero también por su enfrentamiento con los sectores tradicionales de la derecha. En consecuencia este gobierno que ha sido capaz de irritar a la derecha, pero incapaz de ganar el corazón popular, ha vaciado su caudal político, mientras las organizaciones populares, en general, han sobrevivido, e inician un proceso de agrupamiento político.

Creo que la gran novedad en Argentina es el inicio del reagrupamiento político de las fuerzas populares; hay distintos proyectos que andan dando vueltas. Está el Proyecto Sur, intentando un reagrupamiento desde lo electoral, está la Constituyente Social. Hay compañeros presentes en este panel y ellos co- mentarán su experiencia.

Nosotros hemos iniciado un proceso a partir de la Coordinadora de Movi- mientos Populares, donde se han juntado distintas organizaciones con un

perfil anticapitalista, un proyecto que nosotros consideramos que es de me- diano plazo. Y habrá otros proyectos, pero la constante en la Argentina para los próximos años es la superación de la fragmentación y el reagrupamiento político. Este reagrupamiento político parte de pisos muy altos. Esto es muy importante. Esto es lo que nos dicen compañeros de otros países latinoame- ricanos que conocen la Argentina.

Nosotros tenemos una experiencia de la clase obrera de avanzada en América Latina; tenemos movimientos populares de demandas como el Movimien- to Campesino Indígena, la Unión de Asambleas Ciudadanas, como el movi- miento de mujeres. Tenemos una porción de nuestra sociedad que tiene una formación e intereses de izquierda. Nosotros hemos sido capaces de articular luchas y experiencias multisectoriales y producir síntesis política. Tenemos una muy buena experiencia en la organización urbana, y todo esto es muy valioso. Lo acaba de decir Joao Pedro Stédile hace poco en Brasil: las grandes luchas, las grandes batallas, se van a dar en las grandes ciudades, en los gran- des concentraciones urbanas.

Finalmente, creo que hay visiones de que en Argentina todo se cae, se dete- riora, y creo que eso se corresponde con el haber compartido determinadas ficciones, diagnósticos que no tenían realidad. Desde nuestra mirada creemos que hay posibilidades para que avance un cambio social en la Argentina. Que hay un escenario que, a mediano plazo, nos permite ser optimistas.

HACIA UNA CONSTITUYENTE SOCIAL: