Chapter 3 Hybrid DIA quantification workflow using DIA-derived internal library
3.2.8 Quantification in DIA data using DIA-Umpire
La belleza es muy superior al genio. No necesita explicación. Oscar Wilde
Lo bueno necesita aportar pruebas; lo bello no.
Fontenelle
Como lo explica Hanfling, el enfoque de la ‘experiencia estética’, que a su vez está
relacionado con el ‘juicio estético’, puede parecer más plausible que cualquier otro, pues ¿Para qué, después de todo, son las artes? ¿Por qué gastamos dinero, tiempo y esfuerzo en ellas? Históricamente, las respuestas a estas preguntas han tomado dos rumbos: uno que se ha concentrado en la ‘importancia social’ y el otro en la ‘experiencia individual’.
Los partidarios del primer enfoque, en donde sobresale Tolstoy (y los autores con visiones Marxistas, quienes discuten sobre el papel social y moral del arte), sostienen que las artes contribuyen, o deberían contribuir, al bienestar de la sociedad, y por esa razón deben promoverse, en la medida en que se ajusten a este propósito.37 Tolstoy, por ejemplo, comparó la capacidad humana del lenguaje
con el arte, sosteniendo que, así como gracias a la capacidad de expresar nuestros pensamientos en palabras se puede conocer el legado del pensamiento de la humanidad, gracias al arte se puede conocer lo que han vivido los contemporáneos y lo que han sentido y pensado los hombres desde hace miles de años. En sus palabras,
37 HANFLING, Op. Cit., p. xi. Para un análisis completo de esta posición ver en Hanfling el Ensayo
Siete ( “Arte, Sociedad y Moralidad”) y el Ensayo Once (“Marxismo y Estética”), además del celebre ensayo “Qué es Arte” de Tolstoy que se comenta a continuación.
Si la gente careciera de la capacidad de recibir los pensamientos concebidos por los hombres que los han precedido y de transmitirle a otros sus propios pensamientos, los hombres seríamos como bestias salvajes, o como Kaspar Hauser. Y si los hombres carecieramos de esta otra capacidad de dejarse contagiar por el arte, la gente sería aún más salvaje y, sobre todo, más separada y más hostil entre sí38
Sin embargo, como lo explica Hanfling, es difícil argumentar que el beneficio social sea la principal razón o justificación para la actividad artística. De ahí que los seguidores de la ‘experiencia individual’, entre los que se destaca Kant,se centren en cuestiones como el placer, el goce, el estremecimiento, o cualquier otro sentimiento que experimentamos cuando escuchamos música, leemos un poema o contemplamos una pintura. Como lo señala Diané Collinson, independientemente de cómo se describan estas experiencias, es claro que son ‘muy altamente valoradas’ y que para muchos están entre los mejores placeres de la vida.39
La “Crítica del Juicio” de Immanuel Kant es la obra fundacional en esta
perspectiva. Kant ubicó las características distintivas de la estética en la facultad del “juicio”, con el cual tomamos una cierta distancia con respecto a los objetos, separándolos de nuestros intereses científicos o prácticos. La clave de la dimensión estética, según Kant, subyace en una cierta actitud “desinteresada” que
podemos asumir frente a cualquier objeto. Esto quiere decir que la apreciación y el juicio estético que nos formamos del objeto no dependen de nuestros intereses personales o de las ventajas o desventajas que podamos obtener. Por el contrario,
38 TOLSTOY, Leo. (1978). What is art?En: The Portable Tolstoy. New York: Penguin Books. p. 837
y 838. (Traducido por el autor). Sin embargo, según Tolstoy, una gran proporción del arte Occidental, incluyendo muchos trabajos considerados obras maestras, no podrían ser considerados arte, por no ser accesibles a la gente común, o por contener sentimientos distintos a ‘la hermandad de los hombres’. (TOLSTOY, Op. Cit., p. 840).
39 HANFLING, Op. Cit., p. xi. Como dice Collinson, “la expriencia estética es única y extraordinaria
es necesario que nos desprendamos de estos intereses para poder apreciarlo, pues el interés durante la experiencia estética debe estar puesto en el objeto mismo y no en cómo éste se relaciona con uno.40 Por eso dice Kant que la
contemplación desinteresada es el corazón de la experiencia estética y el fundamento último para juzgar lo bello. Como escribió Marco Aurelio en sus meditaciones, lo bello, lo realmente bello, se refugia en sí mismo y no necesita ser elogiado para seguir siendo bello:
Por lo demás, todo lo que es bello en cierto modo, bello es por sí mismo, y termina en sí mismo sin considerar el elogio como parte de sí mismo. En consecuencia, ni se empeora ni se mejora el objeto que se alaba. Afirmo esto incluso tratándose de cosas que bastante comúnmente se denominan bellas, como, por ejemplo, los objetos materiales y los objetos fabricados. Lo que en verdad es realmente bello, ¿de qué tiene necesidad? No más que la ley, la verdad, la benevolencia o el pudor. ¿Cuál de estas cosas es bella por el hecho de ser alabada o se destruye por ser criticada? ¿Se deteriora la esmeralda porque no se la elogie? ¿Y qué decir del oro, del marfil, de la púrpura, de la lira, del puñal, de la florecilla, del arbusto? 41
Además, agrega Kant que 1) solo los seres racionales tienen experiencia estética, 2) todo ser racional necesita la experiencia estética y sin ella estará significativamente incompleto, y 3) la experiencia estética está muy cerca del juicio moral y es integral para nuestra naturaleza como seres morales. Estas observaciones de Kant nos deben llamar la atención, por una parte, sobre el hecho de que la experiencia estética no es exclusiva de los artistas, sino que es
40 Según Kant, “es a través de un sentimiento de placer que llegamos a juzgar que algo es bello.
Pero este placer debe distinguirse de otros dos tipos de placer ‘interesado’: el primero de ellos un gusto meramente sensorial, tal como el gusto por las fresas, y el segundo un placer en algo reconocido como moralmente bueno”. Citado por HANFLING, Op. Cit., p. xii
41 MARCO AURELIO. Meditaciones.
Recuperado de: http://www.imperivm.org/cont/textos/txt/marco-aurelio_meditaciones.html Accesado: Julio 10 de 2008.
fundamental para todos los seres humanos y, por la otra, sobre la estrecha relación que se plantea entre la estética y la ética.
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Es muy interesante observar que para Kant los juicios estéticos tienen un carácter muy particular que los diferencia de los juicios racionales. Según él, los juicios estéticos “están informados de una pulsión enérgica autoritaria [pues] un juicio estético no es un asunto de fría reflexión o de interpretación informada. Golpea como un relámpago. Es repentino, sorprendente, y con frecuencia abrumador.”42
Esto coincide con la sentencia de Henri Frédéric Amiel, moralista y escritor suizo del siglo XIX: “Mira dos veces para ver lo exacto; mira una sola vez para ver lo hermoso”. Esto sugiere entonces que el juicio estético es una forma diferente de tomar decisiones.
Sin embargo, es preciso anotar que para Kant un juicio estético es algo muy serio, tan serio que “sería una ligereza llamarlo solo un asunto de gusto. Las deliberaciones de la corte apuntan a encontrar la verdad; los juicios estéticos tienen precisamente la misma misión” 43. Para Kant pues, la estética es una forma
de encontrar la verdad, razón por la cual merece toda la atención del filósofo. A propósito de los juicios estéticos, en “Cartas a un joven poeta” Rilke invita al artista a excavar en sí mismo para juzgar su obra: “Una obra de arte es buena si nace de la necesidad. En esta característica de su origen está el criterio para su juicio: no hay ningún otro”44
42 Citado por GUILLET DE MONTHOUX, Op. Cit., p. 23. Traducido del inglés por el autor. 43 GUILLET DE MONTHOUX, Op. Cit., p. 24. Traducido del inglés por el autor.
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Otra importante contribución al enfoque de la ‘experiencia estética’ es la de Schopenhauer, que describió el tipo de absorción que con frecuencia experimentamos en la contemplación del arte o de otros objetos estéticos: “Nos
perdemos completamente en este objeto, olvidamos nuestra individualidad, nuestra voluntad”.45 En la filosofía de Schopenhauer, en donde la voluntad era de
una importancia central, la contemplación de los objetos estéticos está caracterizada por la ‘suspensión de la voluntad’.
El problema es que cuando pensamos en las experiencias estéticas, las encontramos extremadamente distintas, ya que la reacción ante una obra de arte dada será diferente entre dos personas: incluso si las dos experiencias son positivas, cada persona las puede describir de maneras muy diferentes. Como lo explica Hanfling, esto puede ocurrir incluso en el mismo individuo si se enfrenta a una obra en momentos diferentes. Y si además tenemos en cuenta la gran variedad de lo que llamamos ‘obras de arte’, la diversidad y el carácter elusivo de la experiencia estética se harán aún más evidentes:
¿Es realmente creíble pensar que solo hay un tipo particular de experiencia, que debe llamarse ‘estética’, común a todos los diferentes tipos de arte? Incluso al interior de un género dado, digamos la novela, nos puede impresionar más la variedad de los trabajos, y las correspondientes reacciones de los lectores, que cualquier cosa que tengan en común (…) Ninguna explicación única de la experiencia estética parece capaz de producir una característica o serie de características que pueden servir como la base de una definición de la experiencia.46
45 Citado por HANFLING, Op. Cit., p. xii. 46 HANFLING, Op. Cit., p. xi