El conflicto con “Caballo Blanco” guarda similitudes con otros que se desarrollan actualmente en América Latina y en diversas regiones de México, aunque, en menor grado, “Caballo Blanco” contiene características que lo diferencian y hacen de él un caso particular de estudio. De entre las luchas socioambientales nacidas en la entidad veracruzana, a “Caballo Blanco” lo define la duración del conflicto (un lapso de dos años), la construcción de una red de relaciones y el vuelco en el apoyo gubernamental, lo cual hizo posible la detención de actividades.
Asimismo, la elegibilidad de las localidades de estudio corresponde a tres rasgos: localización, relación con la PNLV y actividades económicas, la cuales permiten considerarlas, a pesar de su tamaño, espacios clave que otorgan un panorama de la dinámica local en la parte costera de Alto Lucero.
Podemos catalogar, como un primer aporte de la investigación, la reconstrucción de una cronología que toma en cuenta archivos hemerográficos. En la investigación se abarca un lapso de cuatro años. Esta reconstrucción definió el análisis como un “proceso de lucha”, puesto que marcó, para la investigación, tres momentos clave: “la falta de información” (el inicio del conflicto), “ll llamado a movilizarse” (el momento álgido de la lucha) y “el Caballo ha muerto” (la tentativa solución); a cada instante lo caracterizaron acciones directas y públicas, convocadas por terceros actores, y un cambio en las decisiones políticas que influyeron para la suspensión del proyecto.
Durante la etapa 2010-2011, las acciones en torno a “Caballo blanco” estuvieron definidas por un vacío de información y un hermetismo gubernamental que no permitía la circulación de documentación sobre el asentamiento y avance del proyecto minero. El surgimiento de la organización Asamblea Veracruzana de Iniciativas y Defensa Ambiental, denominada LAVIDA, se consolidaría como una de las organizaciones líderes en la defensa del territorio veracruzano frente a proyectos
de gran magnitud. Es así que LAVIDA permitiría el inicio de una oposición en torno a los posibles impactos y abriría paso a la conformación de una lucha socio-ambiental. El impulso y visibilidad que logró darle la organización LAVIDA al proyecto “Caballo Blanco” contribuyeron a la construcción del proceso de lucha, que se especificó en los tres lapsos de tiempo ya mencionados. Para la segunda etapa, que se extiende a lo largo de 2012, no sólo se destaca la consolidación de una resistencia socio- ambiental, sino que se observa la confluencia de una pluralidad de actores provenientes de sectores diversos. La tercera, y última etapa, da cuenta de aquel resolutivo sobre el proyecto minero, en donde se observa el cambio en la postura política del gobierno veracruzano.
Las interrogantes planteadas durante el desarrollo de la investigación contribuyeron a problematizar la acción colectiva en torno a “Caballo Blanco” y, al mismo tiempo, a cuestionar nuestro propio análisis, con la finalidad de esclarecer aquellos factores que incidieron y condicionaron la participación de los entrevistados.
1. De esta forma, si intentamos dar respuesta al primer planteamiento, podemos decir que la participación en torno a “Caballo Blanco” construyó el proceso de lucha,95 el cual cuenta con dos rasgos importantes: en primer lugar, fue un proceso compuesto por una pluralidad de actores multisectoriales, lo que permitió entender la capacidad del conflicto socio-ambiental para incorporar personajes diversos. A esta capacidad hay que atribuirle la posibilidad de que un individuo se adhiera a la lucha, motivado por la causa, bajo las premisas de la defensa de “lo común”, de lo ambiental o de los derechos humanos. Lo que se observó en el conflicto con “Caballo Blanco” fue, desde el análisis socio-ambiental, el surgimiento de nuevas formas de movilización y participación ciudadana, acompañadas por actores multisectoriales que convergen en esa defensa de “lo común”, entendido esto como los recursos naturales de por medio. En este contexto, queda esclarecida una relación asimétrica de poder entre actores que plantean distintas formas de gobernanza, lo que permite
98 Cabe mencionar que hablo de un “proceso de lucha” cuando hago referencia a las acciones colectivas ubicadas en la cronología (2010-2014) y de un “conflicto con Caballo Blanco” cuando parto del análisis desde las localidades.
ver en “Caballo Blanco” que la disputa no se remite a la conservación y defensa de lo ambiental, sino que entran en conflicto las expectativas de vida y formas de desarrollo que plantean las comunidades.
En segundo lugar, la capacidad de incorporar una pluralidad de actores contribuyó a la construcción de una red interna que aportó las estrategias y acciones que dirigieron la lucha. La formación de esta red permitió la intensificación de actividades a nivel local y, al mismo tiempo, un despliegue de apoyo que visibilizó la lucha veracruzana a escala nacional e internacional. Se considera que dichas redes solidarias fueron la base para construir y sostener una resistencia en torno a “Caballo Blanco”.
La participación de los terceros actores se desarrolló en un espacio público y estratégico. La capital de la entidad veracruzana fue la zona en donde la mayor parte de las manifestaciones se llevaron a cabo. De entre el repertorio de acciones, se identifican las marchas, los festivales culturales, las mesas de información, foros de debate y otras estrategias, como fue el volanteo y la recaudación de firmas. A la par, algunas manifestaciones de apoyo se dieron en grandes urbes, como la Ciudad de México u Orizaba, lo que hizo visible el alcance de la red de apoyo. Otra acción colectiva muy importante fue el lanzamiento del Pacto por un Veracruz Libre de Minería Tóxica, el cual ha sido un antecedente de las luchas anti-mineras, donde el apoyo ciudadano es el sustento de la oposición.
Al concluir que en el caso de “Caballo Blanco” se definieron nuevas formas de movilización y nuevas formas de participación, debemos añadir que la construcción de ciudadanía fue producto de ese capital social compartido. Dicha interacción permitió el intercambio de conocimiento, organización y acciones directas dirigidas a visibilizar la problemática en el espacio público. Ese intercambio de saberes y estrategias consintió que la lucha influyera de acuerdo a la coyuntura. De igual forma, se observó la construcción de una identidad colectiva, que caracterizó a los terceros actores y que los distinguía gracias a la defensa de los llamados “bienes
comunes” y el rechazo hacia aquellas irrupciones del modelo económico neoliberal, el cual reclama otro tipo de gobernanza. De ahí que la construcción de ese “nosotros colectivo” adoptara un conocimiento, recurriendo a nuevos lenguajes de valoración que identificarían una lucha socio-ambiental, con frases como “sí a la vida, no a la mina”, “la mina mata”, “por un Veracruz libre de minería tóxica”, entre otras.
2. “Caballo Blanco” construyó un marco de acción colectiva para la entidad veracruzana. Esta lucha organizó algunas de las acciones con mayor impacto y también fue la primera experiencia de lucha contra un proyecto minero a cielo abierto. Si bien no ha sido la primera disputa icónica en la entidad, en materia de lucha socio-ambiental dictó nuevos repertorios de acción colectiva, producto del intercambio de experiencias, estrategias y personajes interactuantes. Una lucha que, por sus características, rememoró aquellas acciones colectivas contra la Planta Nucleoeléctrica Laguna Verde y que, para las poblaciones locales, revivió una experiencia que influyó en la concepción del actuar colectivo.
El proceso de lucha contra “Caballo Blanco” estuvo referido a los procesos de negociación y presión política que los terceros actores desplegaron para influir en el rumbo de las decisiones políticas. De aquí que el análisis del caso “Caballo Blanco” se haya considerado, desde un inicio, como un conflicto de carácter político, puesto que su constitución y resolución dependió, en gran medida, de las estrategias que desplegaron los terceros actores para contrarrestar la asimetría de poder.
El análisis de la acción colectiva partió desde la noción de la acción, desde su significado y orientación (Melucci, 1999), para atender los procesos que la constituyen. Este proceso afecta la identidad, el tiempo y la acción individual, puesto que la acción es una interacción de objetivos, recursos y obstáculos que se establecen dentro de un sistema de oportunidades y coerciones (Melucci, 1999). Entonces, en el proceso de lucha de “Caballo Blanco”, vemos a esa colectividad constituirse en un “nosotros”, al compartir objetivos, recursos, obstáculos, metas y estrategias para enfrentar al otro, a un adversario con el que se estableció esa
relación de conflicto. Lo que observamos en esa defensa de “lo común” es el interactuar de una pluralidad de actores que aportaron al colectivo sus experiencias y estrategias para la acción y que, al mismo tiempo, tuvieron la característica de ser actores fragmentados, parciales y temporales, que han confluido o se han reencontrado en momentos coyunturales. La posibilidad de conformarse en la “red de relaciones” de “estructuras reticulares” (Melucci, 1999) otorga a la pluralidad de actores la posibilidad de adherirse al compromiso colectivo, de acuerdo a sus posibilidades. De aquí que las “redes de movimiento” hayan tenido la posibilidad de compartir una cultura, una identidad colectiva y una circulación constante de personas e información.
Lo que concluimos en el análisis es que la acción se orientó hacia la producción de sectores excluidos por el propio sistema y, a su vez, generó espacios de participación mediante el repertorio de acciones colectivas, generadas por los terceros actores. De esta forma, a partir de aquí, no sólo se decidió analizar la acción colectiva “pura”, sino que se atendieron los factores que motivaron o coaccionaron la participación de los habitantes en las comunidades de estudio. Es por eso que las motivaciones, necesidades y experiencias tuvieron gran peso en el análisis.
3. Para tratar la posibilidad de una resignificación territorial, posterior a la lucha, “Caballo Blanco” se miró desde dos perspectivas de corte socio-ambiental. Por un lado se tomó en cuenta la perspectiva de Mauricio Folchi (2002); retomamos la idea de que el problema “Caballo Blanco” no puede remitirse a una visión ambiental, pues estaría sesgado su análisis, ya que en éste confluyen diversas percepciones, tradiciones y urgencias materiales, y en donde, más bien, coexisten problemas sociales, intereses económicos y disputas de poder. Desde Sabatini (1997), posicionamos a “Caballo Blanco” como un movimiento socio-ambiental, donde convergen intereses económicos, políticos y sociales. Así pues, no habría un purismo ideológico de conservación ambiental, sino que este tipo de conflictos se vuelven tales, porque se disputa la distribución de la riqueza y las oportunidades en poblaciones en contextos de desigualdad. Sin embargo, el mismo autor objeta que la
no participación no puede explicarse en términos de “indolencia ambiental”, pereza o falta de voluntad para defender los espacios de vida, pues esta visión no considera aspectos venidos del contexto, la cotidianidad y sus experiencias organizativas previas.
Se podría debatir aquella famosa tesis del “ecologismo de los pobres”, que plantea que, ante la amenaza del contexto de vida y la desigual distribución de oportunidades, haría surgir en “los pobres” un sentimiento de comunidad y responsabilidad colectiva. Para el conflicto de “Caballo Blanco” observamos dos rasgos: 1) los actores involucrados se consideran alejados de los beneficios económicos y sociales, en las tres comunidades la visión de pobreza está asociada a la condición de ser propietarios de terrenos y de la continuidad de la actividad ganadera; 2) desde el análisis concreto de la participación de los habitantes de las tres localidades, en sólo una de ellas surgió ese sentimiento de colectividad que impulsó su adhesión a la resistencia socio-ambiental y que motivó a una comunidad a elaborar estrategias de resistencia, desde el interior.
El análisis puede verse desde dos planos, uno cuyas acciones colectivas se dieron en el espacio público, impulsadas y abanderadas por los terceros actores. Y otro, desde las localidades de contexto rural, donde la dinámica de (no) inserción al proceso de lucha atendió a factores distintos. En ese sentido, si bien la tesis del ambientalismo de los pobres plantea que toda lucha puede considerarse un conflicto ambiental y que en toda población en contexto de desigualdad económica surgirá un “nosotros colectivo” para la defensa de sus espacios de vida, en el análisis de la participación de las localidades contra “Caballo Blanco” no se reafirmó la tesis. A diferencia, se observó un impulso de los terceros actores que definió el conflicto y cuya característica fue la interacción de capitales diversos, pero no una inclusión en la lucha de las poblaciones locales, ni que ésta fuese sostenida por ellas.
Cabe rescatar nuevamente a Folchi (2002), pues en “Caballo Blanco” la disputa no fue por un medio ambiente en específico, sino un conflicto de intereses entre dos