6. Quito – Answering the Research Questions
6.3. The Research Questions for Quito
6.3.3. Question 3 Is the Development of the Implementation of the BRT Desirable?
La relación entre el periodismo y la historia es íntima en algunos de sus aspectos más fundamentales. En el mundo anglosajón es de uso popular la frase que reza “journalism is the first rough draft of history”42. La constitución de los textos periodísticos
como primer borrador de la historia es defendida, entre otros, por Karin Wahl-Jorgensen y Thomas Hanitzsch en el mismo comienzo de su manual: “It is primarily through journalistic texts that historians and other observers of an age apprehend that age, in
42 “El periodismo es el primer borrador de la historia”. Traducción propia. La frase se suele atribuir a Phil
Graham, quien fuera editor y copropietario del diario The Washington Post entre 1946 y 1963, pero su origen real parece ser diferente. Es interesante al respecto consultar el artículo “Who Said It First?”, publicado por Jack Shafer en la revista en línea Slate:
http://www.slate.com/articles/news_and_politics/press_box/2010/08/who_said_it_first.html. [Consultado el 11 de junio de 2012].
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accounts and reactions of events and people.”43 (Wahl-Jorgensen y Hanitzsch, 2009: 3-
4). El historiador y periodista E. H. Carr (1962: 9) encuentra un punto en común entre las dos disciplinas en lo relativo a la selección de hechos: “every journalist knows today that the most effective way to influence opinion is by the selection and arrangement of the appropriate facts. It used to be said that facts speak for themselves. This is, of course, untrue. The facts speak only when the historian calls on them: it is he who decides to which facts to give the floor, and in what order or context. […] The historian is necessarily selective. The belief in a hard core of historical facts existing objectively and independently of the interpretation of the historian is a preposterous fallacy, but one which it is very hard to eradicate.”44. Carr expresa un punto de vista que seguramente
pueda encontrar tanto número de defensores como de críticos, y no es este el lugar para hacer disquisiciones al respecto. Basta con asumir la inevitabilidad de la selección a la hora de realizar un relato de hechos, eventos o acontecimientos de cualquier tipo que puedan ser susceptibles de publicación y difusión posterior, como es el caso de los textos periodísticos45.
La prensa registra de forma inmediata la transformación histórica, y es efectivamente el primer bosquejo de la historia. Sus contenidos son representaciones en
43 “Es principalmente a través de los textos periodísticos la manera en que los historiadores y otros
observadores de una época dada llegan a comprender dicha época, en los relatos y reacciones sobre acontecimientos y personas.” Traducción propia.
44 “Todo periodista sabe hoy que la forma más eficaz de influir en la opinión consiste en seleccionar y
ordenar los hechos adecuados. Solía decirse que los hechos hablan por sí solos. Es falso, por supuesto. Los hechos solo hablan cuando el historiador apela a ellos: él es quien decide a qué hechos se da paso y en qué orden y contexto hacerlo. […] El historiador es esencialmente selectivo. La creencia en un núcleo óseo de hechos históricos existentes objetivamente y con independencia de la interpretación del historiador es una falacia absurda, pero dificilísima de desarraigar”. Traducción tomada de CARR, Edward Hallett (2011): ¿Qué es la Historia?, Barcelona, Ariel, pp. 81-82.
45 Es de interés en este punto recordar la visión que al respecto expresa Adam Schaff (1974: 370; cit.
Almuiña Fernández, 1989b: 616): “En su trabajo, el historiador no parte de los hechos, sino de los materiales históricos, de las fuentes, en el más amplio sentido del término, con cuya ayuda construye en la medida en que selecciona los materiales disponibles en función de un determinado criterio de valor y en la medida en que los articula confiriéndoles la forma de acontecimientos históricos. Así, a pesar de las apariencias y de las convicciones difundidas, los hechos no son un punto de partida, sino un punto culminante, un resultado. Por consiguiente, nada hay de sorprendente en que los mismos materiales, semejantes en esto a una materia prima, a una sustancia bruta, sirvan para construcciones diferentes.” Se encuentra aquí un valor fundamental en el uso de la prensa como fuente historiográfica. El conocimiento y representación de los hechos tal y como se perciben por el público, al menos en el primer momento de la recepción, viene definido en gran manera por la orientación que a dichos acontecimientos otorgan los medios de comunicación. Así, un tratamiento honesto, sensible y ponderado de ciertos hechos por parte de los informadores u opinadores ha de resultar necesariamente en una representación sensata de dichos hechos por parte del historiador que, al trabajar con determinadas fuentes, podrá interpretarlas de diferente forma y hacer que deriven en diferentes conclusiones sobre un mismo asunto. Al mismo tiempo, esas fuentes nunca permitirán al investigador honesto traspasar las fronteras marcadas por su esencial condición de realidad, de no-ficción.
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forma escrita de hechos, acontecimientos, sucesos de carácter político y de trascendencia social. Los periódicos pueden verse como instrumentos que sirven para evaluar el ambiente de una época, para revelar la atmósfera de las sociedades a las que pertenecen y dentro de las cuales se desarrollan. En el caso del iberismo, la importancia que tuvieron los papeles periódicos a la hora de difundir los mensajes que defendían la unión de España y Portugal como uno de los principales factores para la expansión de dicha ideología es reconocida, además de por una gran mayoría de los investigadores que se ocupan de este asunto, por un historiador de la talla de Oliveira Marques (1981: 35).
La concepción del periodismo como primer apunte de la historia se puede rastrear hasta la Antigüedad clásica: “Tucídides había entendido la historia como una actividad puramente informativa, que solo podía desempeñarse mediante un conocimiento directo de los hechos y en la que no cabía la interpretación o la especulación. […] Para Tucídides la única historia posible es la historia contemporánea, concebida a la postre de forma casi periodística: desde una obsesión por la objetividad que convierte a todo historiador en una especie de reportero.” (Sáiz y Fuentes, 1993: 525-526). En nuestros días el periodismo se convierte en una suerte de historia instantánea del presente, y la producción periodística, una vez pasado su tiempo natural de consumo –la actualidad misma sobre la que se informa– pasa a formar parte de un curioso fondo arqueológico de la vida cotidiana.