PART III: EMPIRICAL ANALYSIS
6. MANIFESTATION OF GATE-KEEPING PRACTICES IN THE JUDICIAL CASES In the previous chapter, I shared various aspects of language use within educational
6.3. The question of language and identity in the judicial setting
Skinner tenía una enorme fe en la ciencia. Creía que sólo la ciencia podía decirnos la verdad sobre la naturaleza, incluida la humana, y defendió que podía resolver los problemas humanos. Desarrolló las principales líneas del conductismo de W, aferrándose a la metodología y evitando todo recurso a entidades inobservables en la explicación psicológica. Explicó toda conducta animal y humana en términos de su ambiente pasado y presente, mediado por unos cuantos mecanismos básicos de condicionamiento.
Defiende la ciencia como única entre las actividades humanas, ya que muestra un progreso acumulativo. Lo que es fundamental para la ciencia no es ni la medida ni los instrumentos, sino el método científico. Todos los enunciados tienen que ser sometidos al contraste de la observación o el experimento, y donde la evidencia no sea suficiente debemos admitir nuestra ignorancia. El científico intenta descubrir uniformidades o
relaciones legaliformes entre los fenómenos y construir teorías generales que expliquen todos los casos particulares. No ve una distinción clara entre la ciencia y la tecnología, afirmando que la labor de la ciencia no es sólo predecir, sino controlar el mundo.
Algunos científicos son cristianos, otros humanistas, otros de izquierdas, otros de derechas. S parece pensar que sólo en la ciencia se puede
encontrar la base de cualquier creencia. No encuentra base científica para la creencia en Dios y trata la religión como una de las instituciones sociales que manipulan la conducta humana. Los juicios de valor son una expresión de la presión ejercida por cualquier grupo social para imponer conformidad, una especie de mandato encubierto. Se les puede dar una base científica si se refieren a medios para fines (paraguas). La única base objetiva que puede ver para la evaluación de las prácticas culturales como un todo es su valor de supervivencia para la cultura. Pero dice que tampoco elegimos realmente la supervivencia como un valor básico. Lo que sucede es que nuestro pasado nos ha condicionado tanto que tendemos a buscar la supervivencia de nuestra cultura.
S es un ejemplo extremo de la tendencia a pensar que todas las preguntas pueden ser respondidas de una manera puramente científica. “Ciencismo” es un vocablo conveniente para esta posición, pero es una concepción filosófica extremadamente controvertida; no es una teoría científica ni algo que pueda ser contrastado por la evidencia observable.
2. Teoría de la naturaleza humana
Propone que la única manera de llegar a una teoría verdadera de la
naturaleza humana es el estudio empírico, científico de la conducta humana. Queremos saber las causas de la conducta humana, por qué los hombres se comportan como lo hacen. Se tendrán en cuenta cualquier condición o acontecimiento que se pueda demostrar que tiene un efecto sobre la conducta. Por medio del descubrimiento y el análisis de estas causas se puede predecir la conducta; según se puedan manipular, podremos controlar la conducta.
Pero ¿cuáles son las causas de la conducta humana? S rechaza explicar lo que hacemos en cuanto a entidades mentales “internas”. Admite que se pueden descubrir condiciones previas de la conducta de orden fisiológico, en especial del cerebro. Sugiere que se llegarán a conocer las condiciones neurológicas exactas que preceden, por ejemplo, a la respuesta “No,
gracias”. Pero afirma que tendremos que rastrear sus causas en el ambiente. Supone que para cada conducta, aunque haya una causa fisiológica (estado total del cuerpo en ese momento) también debe haber previas condiciones ambientales que sea la causa de ese estado corporal interno.
No quiere explicar la conducta humana en términos de entidades mentales, no sólo porque no son observables, sino porque piensa que nunca pueden tener un valor explicativo (decir que un hombre come porque tiene hambre no es asignar una causa a su conducta, sino simplemente redescribirla). Admite que los factores genéticos son relevantes, pero desprecia el uso profano de la herencia como una explicación puramente ficticia de la conducta y dice que los factores genéticos tienen poco valor en el análisis experimental porque no pueden ser manipulados por el experimentador. La interpretación de S de la naturaleza humana básica es una combinación confusa de preceptos metodológicos y teorías empíricas, derivados del conductismo de Watson. Debemos intentar discriminar los diferentes componentes de la mezcla. Define la psicología como el estudio de la conducta, siendo éste su punto metodológico básico. La mayoría de los psicólogos ha hablado en términos de entidades mentales. S no menciona entidades inobservables en sus explicaciones. Suponiendo que lo que se dice sobre las entidades inobservables es contrastable por la observación, no hay ninguna objeción válida contra ellas en principio. Así, si S rechaza las causas mentales de la conducta sólo porque son inobservables, debemos
juzgar esto como una metodología innecesariamente restrictiva para cualquier ciencia, incluida la psicología.
Otra razón para rechazar las causas internas conceptuales de la conducta es que no tienen valor explicativo, al ser entidades no observables. Pero ¿ha demostrado que estas causas internas conceptuales deben ser meramente descriptivas de lo que explican? Da ejemplos y, ciertamente, un estado interno S puede ser una explicación de la conducta B sólo si podemos tener alguna evidencia de la existencia de S distinta de la ocurrencia de B, una condición que seguramente se satisface a veces. Así, podemos tener buena evidencia para decir que alguien tiene hambre aun cuando no esté comiendo realmente, si sabemos que no ha comido durante 24 horas (tal vez diga incluso que tiene hambre). No es cierta la afirmación de que hay un único conjunto de hechos que viene descrito por las dos proposiciones: Él come y Él tiene hambre. Podemos tener hambre pero no comer aunque se nos
ofrezca comida y podemos comer sin tener hambre. S no ha dado una razón adecuada que explique el rechazo de todas las causas conceptuales de la conducta.
¿Qué sucede con el rechazo de los estados fisiológicos como causas? Que no resulten fáciles de observar o manipular no demuestra que no
desempeñen un papel fundamental en el proceso de causar la conducta. Asume que los estados fisiológicos internos se limitan a mediar en el efecto del ambiente en su comportamiento. Piensa que la psicología se debe dirigir a las leyes que conectan directamente las influencias ambientales con la conducta. Pero ¿es válido para los animales, los sistemas inanimados como los ordenadores y los seres humanos?
En 1º lugar, la conducta humana está gobernada por leyes científicas de alguna clase. En 2º lugar, estas leyes establecen conexiones causales entre
los factores ambientales y la conducta humana. Estas dos suposiciones se podrían tomar, en una interpretación metodológica, como expresión de un programa de búsqueda de leyes que conecten el medio ambiente con la conducta, que gobiernen la conducta humana. Pero, ¿son verdaderas?, pues son 2 suposiciones sobre las que se basa la tª skinneriana de la naturaleza humana.
En 1º lugar, ¿tenemos que asumir que toda conducta humana está gobernada por leyes causales? Decir esto es un supuesto metafísico que no encaja con un empirista como S.
Pero es más dudoso decir que toda conducta es una función de variables ambientales, lo que significa que para cualquier fragmento de conducta, hay un conjunto finito de variables ambientales tales que es una ley causal que cualquiera a quien se apliquen esas condiciones tendrá esa conducta.
También lleva a la negación de que los factores hereditarios signifiquen algo para la conducta de los seres humanos. Pero la herencia desempeña algún papel, aunque esto no implica negar la enorme importancia del ambiente. S habla del condicionamiento operante que condiciona cualquier tipo de conducta que el animal pueda desplegar espontáneamente sin ningún tipo de estímulo particular. Por ej, adiestrar a las ratas para que presionen
palancas, lográndolo alimentando al animal cada vez que presione una
palanca. A través de experimentos, S y sus seguidores descubrieron muchos detalles nuevos de la eficacia de varios procesos de condicionamiento
(programas de refuerzo). Por ej, el refuerzo intermitente tiende a producir una mayor proporción de la respuesta, de modo que si queremos que una rata presione muchas veces la palanca, deberíamos alimentarla de forma
Se critica la extrapolación de los resultados de los experimentos con los animales a la naturaleza humana en general. Aunque señala que no podemos asumir que la conducta humana es diferente de la animal, asume de forma injustificada que lo que se aplica a los animales de laboratorio se aplica también a los seres humanos.
Un ámbito en el que S intentó aplicar sus teorías a la conducta humana es nuestro uso del lenguaje. En su libro Conducta verbal, se propuso mostrar que el habla humana se puede explicar en términos del condicionamiento de los hablantes por su ambiente, incluidos su ambiente social en la niñez, los sonidos emitidos por los seres humanos de su entorno y las reacciones ante los sonidos emitidos por ellos en la infancia. Así, un bebé en una familia de habla y cultura hispanas está rodeado del español. S dice que cuando sus reproducciones son fieles a lo que ha oído, se ven reforzadas por la
aprobación y la recompensa y así el niño aprende a hablar español. El habla de los adultos también es una serie de respuestas a estímulos procedentes del ambiente, incluyendo los estímulos verbales de otras personas.
Chomsky dice que si S intentó describir cómo se aprende el lenguaje, su explicación tiene poco valor porque no presta atención a la cuestión de qué es lo que aprendemos cuando adquirimos la habilidad de hablar un idioma como nuestra lengua materna. Es difícil preguntar cómo aprendemos X a menos que sepamos qué es X. Tenemos que tener un criterio para decidir que alguien ha logrado aprender X. El lenguaje humano es un tipo de
fenómeno muy diferente de las ratas que presionan palancas. S diría que las diferencias son un asunto de grado de complejidad. Chomsky sugiere que los rasgos creativos y estructurales del lenguaje humano hacen que sea
diferente de cualquier conducta animal. Si esto es así, el ensayo de analizar el habla humana en términos derivados de la conducta de animales
inferiores es un fracaso. Y lo mismo se puede aplicar a otras formas de conductas típicamente humanas.
Incluso las sugerencias de S sobre cómo se aprende el lenguaje se basan en analogías poco sólidas. Por ej. , el refuerzo que puede estimular a un niño a hablar correctamente no es la comida, sino algún tipo de aprobación social. Pero es mera especulación. El uso de un término como refuerzo que tiene un significado estrictamente definido en ciertos experimentos con animales, no garantiza la objetividad científica de su uso en situaciones humanas
aparentemente análogas. Así, el enfoque empírico de S, oculta una buena dosis de especulación no empírica.
Otro aspecto que, según Chomsky derrumba las teorías de S cuando se aplican al lenguaje humano, es el caso de los factores hereditarios, de la contribución hecha por el hablante más que por el ambiente al aprendizaje del lenguaje. Los niños chinos aprenden chino, por lo que el ambiente social produce un efecto muy importante. Todos los niños normales aprenden un lenguaje humano, mientras que los animales no aprenden nada que se parezca a los lenguajes humanos en cuanto a la formación de un nº indefinido de frases complejas de acuerdo con las reglas gramaticales.
S sostiene que nuestro aprendizaje del lenguaje se debe a una compleja serie de refuerzos procedentes de nuestro ambiente humano. C dice que la rapidez con que los niños, a partir de una muestra limitada e imperfecta del idioma que oyen, aprenden las reglas gramaticales de ese idioma, sólo se puede explicar asumiendo que la especie humana tiene la capacidad innata de procesar el lenguaje de acuerdo con esas reglas. Así, de be haber una estructura sistemática básica común a todos los lenguajes humanos y
debemos suponer que no aprendemos esta estructura de nuestro ambiente, sino que procesamos en términos de esa estructura cualquier estímulo
lingüístico que recibimos. La evidencia apoya esta hipótesis en detrimento del extremo ambientalismo de S.
Hablar no es la única actividad humana, pero es representativa de las
capacidades mentales superiores de los seres humanos (es la manifestación de la capacidad de entendimiento y de la razón subrayado por Platón y Kant). De este modo, si las teorías de S no logran explicar adecuadamente el lenguaje, debemos concluir que, aunque explican algunos rasgos de la
conducta humana, no pueden ofrecer una interpretación de la naturaleza humana en general. Nos resta la posibilidad de que otros importantes aspectos de la conducta humana no sean aprendidos del ambiente, sino que sean primariamente innatos.
3. Diagnóstico
El D puede ser considerado como el opuesto exacto al de Sartre. Sartre mantiene que somos libres aunque fingimos que no lo somos. S dice que estamos determinados, pero preferimos creer que somos libres. Afirma que nuestras prácticas sociales actuales se basan en una confusión teórica. Cada vez somos más conscientes de cómo el ambiente determina la conducta y de ahí que no le echemos la culpa a la gente apelando a las circunstancias que les han influido (educación, escuela, cultura). Sin embargo, mantenemos que los individuos son responsables de sus acciones (criminales). S afirma que estamos en una fase inestable de transición y que la actual condición desgraciada del mundo puede ser debida a nuestra vacilación y que es casi seguro que seguiremos siendo incapaces de resolver estos problemas hasta que adoptemos un punto de vista consecuente. Se necesita una revisión demoledora del concepto de responsabilidad porque nuestra práctica del castigo es ineficaz en el control de la conducta. Tendremos que abandonar
la ilusión de que los seres humanos son agentes libres que controlan su propia conducta, pues estamos controlados.
Este diagnóstico sobre la condición desgraciada del mundo es muy dudoso. Plantea problemas prácticos y éticos decidir el alcance de la
responsabilidad, estrechamente conectados con profundas cuestiones teóricas y filosóficas relativas al concepto de libertad. Pero el rechazo de S de este concepto es una respuesta inadecuada y mal argumentada. En Más allá de la libertad y la dignidad, parece decir que como era un error del animismo tratar las cosas inanimadas como personas y atribuirles
pensamientos e intenciones, también es un error tratar a las personas como personas y atribuirles deseos y decisiones. Esto es absurdo.
Un 1º paso para salir de esta confusión es el siguiente. La tesis de
determinismo universal es que todo acontecimiento (incluyendo decisiones humanas) tiene un conjunto de causas suficientes que le precede. Aun cuando esta tesis sea verdadera (S no da razones para creerla), no nos impide seleccionar como libres aquellas acciones humanas que incluyen entre sus causas la elección de la persona. El concepto de acción libre no implica que la acción no tenga causas (no se sabría quién es su agente), sino que está causada por la elección del agente. Podríamos seguir considerando a las personas responsables de las acciones que eligen, aunque pensemos que esas elecciones tienen causas. S cree que es importante usar métodos de control social que dependan más de la consciencia individual y, por tanto, de la elección en algún sentido de la palabra, que de formas subliminales,
encubiertas de condicionamiento de las que las personas no son conscientes. Sin embargo, el libre albedrío sigue siendo una fuente de profundo asombro filosófico.
Sostiene que las circunstancias humanas pueden y deberían ser formadas humanamente (como Marx). Si es el ambiente social lo que nos convierte en lo que somos, lo que produce las diferencias individuales y culturales más importantes, deberíamos cambiar el ambiente social deliberadamente de manera que el producto humano encuentre especificaciones más aceptables. Afirmaba que la psicología puede ofrecer técnicas de manipulación y control de la conducta humana y, por tanto, del cambio de la sociedad humana. Sólo si abandonamos las ilusiones de la libertad y la dignidad individuales,
podremos crear una vida más feliz condicionando la conducta de todos de la forma apropiada. Por ej. dejaríamos la ineficaz práctica del castigo y, en su lugar, induciríamos a las personas a actuar moral y legalmente haciendo que quieran conformarse a las normas de la sociedad. Se puede hacer mediante una combinación de educación e inducciones positivas (refuerzo), no
necesariamente mediante la propaganda o la manipulación encubierta. Así, la ciencia podría conducir al diseño de un gobierno que promoviera realmente el bienestar de los gobernados y quizá también, a un conjunto de “valores morales” que pudieran ser generalmente aceptados. Suponiendo que se diversificara el control entre los diferentes individuos e instituciones, no tendría que haber peligro de despotismo.
Este programa parece optimista y, sin embargo, bastante inquietante por su desprecio de la libertad individual. Lo que S quiere decir se pone de
manifiesto en Walden Dos, en la que su comunidad ideal combina la atmósfera cultural y feroz de una escuela de verano para adultos con el sistema político de la República platónica (hay un sabio diseñador de la comunidad que dispone todo desde el principio de acuerdo con los principios conductistas “correctos”).
Pero, ¿sobre qué base deciden los diseñadores de la cultura lo que es mejor para todos?, ¿cómo prevenir el abuso del poder? S admite la suposición, de que el fin de la política debería ser producir un tipo ideal de sociedad y de individuo. Pero una concepción alternativa es que este fin debería ser entendido en términos más limitados, negativos (eliminar las causas de la infelicidad humana, como la pobreza, la enfermedad y la injusticia), y que intentar producir personas de acuerdo con algún esquema es traspasar el ámbito de la elección individual.
De este modo, no tenemos que aceptar el juicio de S de que la libertad individual es un mito y carece de importancia. Esto entraña cuestiones prácticas, pues la terapia de la conducta basada en los principios de S del condicionamiento se aplicó a neuróticos y criminales. Pero en los casos de la conducta anormal o desviada, ¿cuándo tiene alguien el derecho de
condicionar la conducta de algún otro? Hay profundos problemas de cómo la consideración puramente científica de la persona, como organismo cuya conducta tiene causas identificables y manipulables, puede combinarse con nuestro tratamiento ordinario de nuestros semejantes como seres
racionales que son responsables de sus acciones. S dice que estos 2 puntos de vista son incompatibles y que el último debe dar paso al 1º. Pero esto es sólo la posición adoptada por un psicólogo en el apogeo del conductismo. Chomsky se preocupaba más por la libertad de los individuos y los grupos. Sería una lástima que los fallos de las generalizaciones ambiciosas y poco rigurosas de S acerca de la naturaleza humana nos desanimaran en la búsqueda de una mejor comprensión de nosotros mismos a partir de la psicología empírica.