2. LITERATURE REVIEW
2.4 Rationale of CFD in Low-cost Cold Storage Micro-climate Dynamics
Los precios de los metales no férreos más importantes son determinados o bien fuertemente influenciados por las transacciones que se producen en las bolsas de materias primas, las más importantes son el London Metal Exchange (LME) y el New York Commodity Exchange (COMEX) Existen otras bolsas en operación que comercializan y realizan transacciones con metales, pero no cabe duda que las dos bolsas antes mencionadas son las referencias de precios claves en lo que a estos metales se refiere.
Los metales que se cotizan en las bolsas de Londres y Nueva York cambian en ocasiones. Actualmente, los metales que cotizan en la bolsa de Londres son Aluminio, Cobre, Plomo, Níquel, Estaño y Zinc. También existe actualmente un lugar para negociar las aleaciones de Aluminio. En la bolsa de Nueva York, además de los metales que se cotizan en Londres, cotizan además el Platino y el Paladio.
Para entender el papel que juegan las bolsas de metales en el comercio de minerales, vamos a describir algo su funcionamiento.
En esencia, este comercio se refleja en la existencia de unos contratos para una mercancía determinada de las que se cotizan en la bolsa, la cual es ofrecida a la venta durante unas determinadas horas de un día de negociado específico. No todo el mundo puede ofrecer o comprar en este tipo de centros de negocios. Existe una exigencia de crédito a las entidades que operan en las bolsas, pero la realidad es que o bien directamente o a través de una de las entidades autorizadas, prácticamente todo el mundo puede participar en estas bolsas.
Los contratos de una bolsa de metales especifican una cantidad estándar o fija para la mercancía que se está negociando. Por ejemplo, en la bolsa de Londres, el cobre se negocia en contratos de 25 toneladas métricas, sin embargo, en la bolsa de Nueva York los contratos de cobre se componen de 25.000 libras (11,34 Tm.). La calidad del metal, que se ofrece bajo estos contratos, debe cumplir unos requisitos muy estrictos los cuales son supervisados y certificados por departamentos complementarios de estas bolsas, que se conoce como el “brand” y su proceso de obtención constituye un largo periodo en el cual hay que demostrar que la calidad es mantenida regularmente. La obtención del Brand para un determinado productor, constituye un hito esencial para demostrar su calidad en la producción y el hecho de disponer del brand le permite realizar entregas en los almacenes oficiales de las bolsas de metales, repartidos por todo el mundo.
Las ofertas de metal se realizan en un lugar de la bolsa, es lo que se conoce como el RING, y constituye una cantidad determinada para entregar en una fecha determinada. Los contratos negociados en Londres tienen la opción de ser vendidos en el momento, “cash”, o para entrega a futuro en una fecha específica. Los contratos de la bolsa de Nueva York son siempre para futuro, especificándose el mes de la entrega.
Con los contratos de la bolsa, un vendedor puede entregar cualquiera de las calidades aceptables por esa bolsa en cualquiera de los almacenes a su vez aceptables para esa bolsa. Esta opción tuvo una gran importancia ya que desde hace algún tiempo, dichos almacenes no solo se limitan a las Islas Británicas, sino que están repartidos por todo el mundo. La bolsa de Nueva York tiene su estructura de almacenes repartidos en el territorio de los Estados Unidos.
En el caso de que un comprador tenga su entrega del producto en un almacén que no le conviene o disponga de una calidad que considere no conviene a su proceso de fabricación, existe una reglamentación mediante la cual puede realizar un cambio o bien de almacén o de calidad a través de cualquiera de los miembros componentes de la bolsa, sujeto al pago de un determinado “premio” denominado “cambio por físico”.
Sin embargo, la gran mayoría de las transacciones en la bolsa, no implican la entrega de un material físico. De hecho, el comprador de un contrato puede vender otro contrato o el vendedor de un contrato puede comprar otro por las mismas cantidades involucradas en el contrato original antes de que se ejecute la fecha de vencimiento del mismo. Surge la pregunta, por tanto, ¿Cual es entonces el verdadero propósito de estas transacciones? Muy sencillo, todo este proceso permite establecer el mejor precio para cubrir las ventas de un vendedor / productor o las compras de un comprador / consumidor.
Supongamos un fundidor secundario de cobre, quien compra chatarra de cobre para ser entregada dentro de 30 días en sus instalaciones. Después de la entrega, precisa de 45 días adicionales para procesar la chatarra y producir el cobre contenido para su venta. Durante este periodo de 75 días, el precio de cobre puede haber subido o bajado desde su operación de compra hasta que lo ponga a la venta en el mercado. Para cubrir esta eventualidad, el fundidor vende unos contratos de cobre en la bolsa en el momento en que compra la chatarra por una cantidad equivalente al cobre pagable contenido en la misma para entregar a los 90 días. Con ello, el fundidor ha fijado su precio de compra al precio de venta y evita correr el riesgo de una caída importante de los precios entre el momento de su compra y el de su venta. El día en que su producción física de cobre es obtenida y realiza la
entrega a su cliente, recompra los contratos al precio al que vende su físico, con lo cual su saldo es el precio al que compró la chatarra. Este mismo procedimiento también lo pueden realizar los productores mineros para fijar sus precios de venta en las operaciones de entrega física a futuro de sus minerales o concentrados.
Además de estas operaciones, que generan un importante volumen de negocio en las bolsas, llamadas de COBERTURA, existen en las bolsas otras operaciones de compra y venta por parte de los ESPECULADORES. Su filosofía de funcionamiento consiste en comprar un metal cuando creen que el precio va a subir y venderlo a futuro cuando creen que el precio va a sufrir una caída. Igual que pueden comprar metales porque piensan que su precio subirá, lo hacen con zumo de naranja, tomates, petróleo, carbón y cualquier materia prima que se comercialice en una bolsa. Su interés no reside en tener una propiedad real de un mineral como tal, sino simplemente unos documentos que acreditan esa propiedad. En la gran mayoría de sus operaciones, estos especuladores liquidan sus posiciones antes de que los contratos hayan vencido, o bien extienden las fechas de vencimiento de sus contratos sustituyéndolos por otros.
La clave de la tendencia en los precios de los metales, a pesar del efecto dinamizador de las operaciones especulativas, se centra en el balance entre la oferta y la demanda de la sustancia, metal o materia prima mineral que se negocia en las bolsas. Indudablemente, si los suministros superan la demanda, los inventarios crecen y los precios bajan. Si la demanda es superior a la oferta, las existencias bajan y los precios suben. La realidad es que las tendencias de subida o bajada de los costes de producción no afectan de una forma directa a las evoluciones de los precios, al contrario que en el caso de los precios de productor.
Los efectos de las actuaciones sobre los costes pueden llegar a ser contraproducentes. Supongamos que un productor final busca un clima de tranquilidad laboral y negocia un acuerdo económico con sus trabajadores con un incremento de costes importante. Para cubrir este coste necesita incrementar sus precios de venta a futuro y en la realidad lo que puede obtener es una disminución, sobre todo si se trata de un importante suministrador de metal a consumidores finales. El anuncio de un acuerdo de este tipo suele ser interpretado por el mercado como una amenaza de huelga a corto plazo y dificultades para mantener su producción, ante lo cual subirán las existencias de metal y caerán los precios. Algo de esto sucedió con el aluminio. Antes que el aluminio cotizará en bolsa, el precio productor del Aluminio en 1975 subió de forma muy importante (a pesar de estar sufriendo una crisis económica importante) Ante esta evolución, desde la óptica del productor, el sentido empresarial consideró que era un buen momento de aumentar los costes salariales. Una vez negociados los precios en el LME, durante la crisis de los años 80, los precios del aluminio cayeron de forma dramática a pesar de nuevos incrementos salariales posteriores.
Existen aún, hoy en día, algunos precios de productor a pesar de cotizarse también en una bolsa de metales. La mayoría de los grandes mineros productores están presentes tanto en la bolsa de Nueva York como en la de Londres y piensan que la volatilidad en los precios ha aumentado considerablemente desde que están sujetos a los mecanismos de una bolsa. Para buscar una cierta disminución de la volatilidad de sus precios, pero estando presentes en una política de precios marcada por una bolsa, los productores han adoptado algunas estrategias que pasamos a examinar: