elmonasterio152 de Poitiers.
aquellosapices plenosdefirmepropósitoointrépidaconstanciaycuyosignificado
nosotros mismosallí hemosexplayado”. BOLL.
149 Eltextode Baudonivia (cap. 7) aclaraelpasajede Hildeberto. 150 Eltextodicepotestas frentea Baudonivia (cap. 7) quedicerex.
151 Baudonivia (cap. 7) es másexplícitaal narraresto mismo: sicut Arrius, qui contra fi dem catholicam certans, omnia intestina in secessu dimisit, ita et de istis evenit qui contra beatam reginam egerunt.
152 Eltextoofrecevotissimum, término noregistradoporlos Diccionbarios aluso. El Du Cangeregistraellemayremiteavotivus, donde hayunareferencia a Papías: votissimum, quod jam dedicatum est voto. Estaría, pues, por “monasterio” / “recintosagrado”·.
(0976D) 25. A partir de ese momento la santísima mujer,
desechandotodo miedo, diotérmino felizmenteasucarrera [y]
conservó la fe, a la espera de que le fuera impuesta por Dios,
el Señor, la corona de la justicia153. Toda su atención estuvo
fi jada (0977A) en atormentarse a sí misma constantemente,
servir como una esclava, sin descanso, a los pobres, guardar ininterrumpidamentela Reglaconventual. Divididaentretantos sentimientos, ella, una mujer, detal manerase manifestabatoda entera en cada ocasión que dabala impresión de que prestaba unaatención singularacadaunoen particular. En efecto, apartir del día en que renunció a la gloria de palacio, del escasísimo condumio con el que se sustentaba procuró dejar de lado una buena parte. A partir de aquel día no conoció ninguna pericia delas cocineras, ningún estímulode la gula. A partir de aquel día, desdeñando incluso las delicias comunes, cumplió con la
necesidadabasedelegumbresy hierbas; inclusotalesplatos no conocieron elcondimento delaceite ni elcondimentode lasal. También tuvo pan, pero de cebada, pan que ella misma cocía. Este [pan], tomado una vezaldía, erael querompíasuayuno, [pero] nosaciabasu hambre. En cuantoalased, encendidapor laexcesiva aridezdelpan, la mitigabacon sorbosde hidromiel (0977B)ozumodepera. Y es que, en cuantoalvinooalacerveza, jamás hizoaellosla menoralusión. Supecho, endurecidocon la ceniza ycon un ciliciosobreél, lo queprometía erala cruz, no eldescanso.
26. Ahorabien, apesarde quelosdelicados miembrosdela
mujerapenaspodían hacer frenteatantosytan gravessuplicios,
lasanta154, en losdíasde Cuaresma, losaumentó parasu [propio]
castigo, yel Señor, parasucorona. En efecto, en esetiempo, ya
153 Cfr. II Timoteo, 4, 7-8: cursum consummavi, fi dem servavi; in reliquo reposita est mihi corona iustitiae.
154 Eltextolatinovuelvearepetir, acortadistancia, mulier, porlo que hemos preferidotraducirpor “santa”.
excepción deldíadel Señor155, seabstuvodepan totalmente. En
esetiempo [de Cuaresma] sesustentó con unaligerarefección [a base] deraícesy hierbas. Suausteridad nola mitigó con elañadido desalodeaceite. Durantetodoesetiempoaplacó elardordela sed con un sorbo de agua pura y simple. En los únicosdías en que, comose hadicho, comía, tan parcamentesealimentaba que,
lacerados sus labios por la sequedad, (0977C), hasta perdió su antigua facultaddecantarlossalmos. Ahorabien, sin desistiren su recitación por ningunaincomodidad, en la medidaen quepodía llevarlo a cabo, no cesaba de recitar el oficio divino. En medio de tales quebrantos de su carne, y entre tales atormentadoras torturas, muchasvecespasabala nochesin dormir, en unacontinua oración. Como compañero desus vigilias, un incesante llanto y una meditación acerca de los gozos celestiales. Por otra parte,
ascendiendocomocon un ciertovuelodesu mente, detal manera tomabaparteen losasuntosdelos hombrescomositomaraparte en los asuntosdelos ángeles; disfrutabay veíacuán suaveesel
Señor; suspirabaydecía: “su misericordia ( Vulg., “sabiduría”) no tiene medida” (Salm. CXLVI, 5).
27. Y, dado queelespíritu leenseñaba queel que mássufre
más premio recibirá, a las penalidades de los ayunos (0977D) y de las vigilias añadió el tormento de su propia carne. En
efecto, exhibiendo ingenio a la hora de aplicarse castigos, hizo que le fabricaran una lámina de latón156, la que tuvo por
costumbre calentarla al fuego e imprimirla profundamente en
susdelicados miembros, con elfi n de, lo que hubieradelinquido voluptuosamente, purificarlo con la subsiguiente tortura. Este tormentoseloincrustó en lacarneunayotravez, persiguiéndose así mismacon hostilidad, porque, talvezsin haberlo querido, se
155 El Domingo.
156 Nota 46: (977D) apropósitodelapalabradeltextolatinoauricalco: “otros escriben orichalcumoaurichalcum, queesunaespeciede metalconocidoporotros diversospasajes”. BOLL.
había complacido en la culpa. Incluso una Cuaresma, como le pareciera que nolebastaban los mencionados sufrimientos ala
horade merecerlagraciadel Señor, seciñó losbrazos, juntamente con el cuello, con unos aros metálicos, (0978A) rodeándose el restodel cuerpocon una triple cadena. Sólo el pesodel hierro constituía un gravesuplicio, pero más grave [fue] la profunda incisión en lacarne. Éstasobresalió por encima del hierroy [la santa] soportó el martirio en secreto y sin testigos. Ya habían
pasado los cultos cuaresmales cuando la necesidad, extrema,
obligó aretirarel hierroincrustadoen lo másprofundo. Ahora bien, extraídoel hierrocon dificultad, tan gran cantidaddesangre brotó de su cuerpo lacerado que, desprovistas sus entrañas dela sustancia vital, estuvo a punto deexhalar su espíritu. De esta manerapersiguiéndose así misma dedía en día, vivió, en
cuantoasí misma, paraelsuplicio; en cuantoalasdemás, para elejemplo.
28. Después, en otra Cuaresma, inventó otrotipodetormento contra sus miembros, tantas veces quebrantados. En efecto, da orden de que le sea llevado un recipiente lleno de carbones encendidos; manda que sus íntimas salgan, cierra la celda,
se desprende del cilicio y, mujer fuerte por encima de mujer,
(0978B)searmaparaelsuplicio. Pocoleparecíaelofrecera Dios,
adiario, un corazón contrito, si noabrasabatambién sucarneen
un voluntario holocausto. Asípues, preparadosu ánimoparala cruz, searroja sobreel fuego; buscaloscarbones másardientes y, extendidossobreellossus miembros, el fuegobuscadorompe ypenetraen supielyen sucarne. Porlargotiempopermaneció
sobreel fuego, [y] sudelicadocuerpo fuevíctimadeunaprofunda
herida. Elrecipientedebroncesevuelcasobresus miembros; sus entrañasdeconsumen con elardor. Delo quesetrataesde que
no157 quede nadaporabrasar, comosiella mismasintieraaversión
por las partes no quemadas. Al tormento se añade, como una
157 En eltexto hay, indudablemente, unaerrata: apareceno (agitur no quid...)
nuevatortura, ladespreocupación mismaporlacarne quemada. La mujerpensó quesugloriosavictoriaibaapermaneceroculta,
pero lacarne, gangrenada, con su hedorsacó a laluzelsecreto
martirio; lasangre, brotando detodo su cuerpo, sacó a lavista (0978C)lo que habíacalladolalengua.
29. ¿Quién osaría negara Radegundaelpremiodel martirio? ¿Quién diría que aquí no se ha dado una espada, quién que aquí no ha habidoun sicario? ¿Quién diría queaquí no hayun martirioen el queeltorturadoresuna mujer; elinstrumento, el
fuego; el motivo, Cristo? Silo quebuscasesun verdugo, nadie
máscruelpara nadie queellaparasí misma; silo quebuscases unaespada, cuantoscarbones, encontrarásotrastantasespadas;
siel motivo, lo queseintentabaeraganara Cristo. Piensen otros lo que quieran, peroyo notendréel menorreparoen afirmar que
Radegunda, laceradaporun ásperocilicio, consumidaporunos continuosayunos, quebrantadaporelpesodel hierro, abrasada con unoscarbonesyunalámina metálicaalrojovivo, mereció el premiode mártir158en latierray mereció obtenerloen elcielo159.
158 Nota 47: (0977D) “talvezporésteoporotrorazonamientosemejante
(0978D) Bonino Mombritiopusoal frentedelas Actasdes. Radegundaeltítulode
mártir”. BOLL.
159 Yaen laVita 1 hay alusionesdirectasalavoluntadde Radegundade convertirseen mártir: cap. 2: siendoaún niña, deseaba, “silasuerte ledeparaba laocasión oportuna, convertirseen mártir”; cap. 26: alrelatar elepisodiode la lámina delatón incandescente que, comopenitencia, Radegundaseaplicasobre sucuerpo: “suespíritusearmaparaelsuplicio, intentando, puesto que noeran ya tiemposdepersecución, en hacerdesí mismauna mártir”; cap. 29: anteelcúmulo desacrificios, penitenciasytorturasdelasanta, elbiógrafotiene quereconocer: “si alguien quisieracontardepuntaapuntatodolo quelasantísimacon fervorllevó a caboen ayunos, actosde humildad, decaridad, dedolorysufrimiento, tendría que proclamarlatantoconfesorcomo mártir”. Porsuparte, laVita 2 noaludeen ningún momentoaldeseode Radegundadeconvertirseen mártir. En cuantoa Hildeberto,
comovemos, ofrecetodaunaexposición de motivosporlos que Radegundadebe serconsiderada mártir. Remitimosa nuestrotrabajo “El Prólogode V. Fortunato alaVida de santa Radegunda frentealosde Baudoniviae Hildebertode Lavardin”,
(0978D) 30. Tal vez alguien piense que aquella admirable
mujer, agotada por tantos tormentos, se mostró reticente a la
hora de poner en práctica las obras de misericordia. [Ahora bien], si alguien desea conocer su devoción en el ejercicio de estavirtud, que lea lo que va a seguir. Desde el momento que se despojó de reina y se revistió de humilde monja, durante todo el año, en la quinta feria160 y el sábado, tras acoger a los
pobres, les preparó el baño y un común refrigerio. Acogidos en la hostería, ella misma, con sus propias manos, les lavaba lacabeza; con sus uñas lesraspaba sus costras, les limpiaba la suciedad, les extraía los vermes de sus úlceras, les frotabacon
Hildeberto, ala horadepedirpara Radegundaeltítulode mártir, fundamentasu petición en losexacerbadostormentosalos quelasantasometió sudelicadocuerpo. El martirio habíasido, en laprimeraépocadelcristianismo, elcamino másdirecto yseguroparaentraren elcatálogodelossantos; peroaquellaépocayapasó desde
que, porun lado, elemperador Constantino, y, porotro, elemperador Teodosio, nosólo habían dejadodeperseguiraloscristianossino que habían llegadoincluso aotorgarlesbeneficiospolíticos. Elcamino, pues, del martirioleestabavedadoa
Radegundaala horadeaspiraralasantidad. Elotrocamino que habían seguidolas santas mujeres, eldelavirginidad, y, en sucaso, elabandonodel mundoysuretiro aun lugarapartado (unasveces, emparedadas; otras, en eldesierto) tampocopodía serseguidopor Radegunda, obligadayconstreñidaporlasparticularescondiciones desuvida, esposaderey.
Los hombreslotenían más fácil: paraellos, lasendaalasantidad, en esaépoca,
pasabaprincipalmenteporsu adscripción ala jerarquíaeclesiástica; y así se ha podidodecir quelosobisposdelossiglos V y VI, delos quesetuvieraconstanciade
que no habían cometidoun asesinato nidirecta niindirectamente, habrían acabado porsertomadosporsantos, al menos en suspropiasdiócesis. Nos remitimosal trabajode J. Tibbetts Schulenburg, “Sexism andthecelestial Gynaeceum - from 500
to 1200”, Journal of Medieval History, 4. 2, 1978, 117-133, de quien tomamoseldato de queen els. VI (siglode Radegunda) el númerototaldesantosesde 540; elde
hombressolos, 494; elde mujeres, 46 (elporcentaje, pues, deestas últimas nopasaría del 8’5). Deentreesossantosvarones, la mayorparte eran obisposoabades. La inaccesibilidaddelas mujeresala jerarquíaeclesiásticaexplicataldesproporción. Nosotros hemoscimentadoen talesdatospartede nuestrotrabajocitadoen esta
nota: “El Prólogode V. Fortunato...”. 160 El jueves.
aceite, y, más humilde quecualquieradelas humildessirvientas, no consideraba vergonzoso ponerse al servicio de todas sus
necesidades. (0979A) Inclusoalas mujeres enfermasdelas que entendía que necesitaban cuidados, lasbañaba; alas escuálidas lesdaba friegasen los hombros, yprocurabaaplicaracadauno desus miembroslacorrespondienteatención.
31. Indagaba con toda diligencia lo que le fuera necesario a cada uno, distribuyendo entre todos vestidos y zapatos161
en la medida en que los necesitaban. Y así pensaba que era una desconsideración no poner a su disposición asientos, no ofrecerles servilletas, no presentarles agua para lavarse las
manos. Lesponía, incluso, losplatos, escogiendodeantemanolas
mejores viandasy repartiéndolasentrelosenfermos. Sialguien
se veía abrumado por más graves incomodidades, ella misma les cortaba elpan y ella misma la carne. A algunos incluso les daba decomer con sus propias manos. Colgaba desu hombro un pañocon el quelimpiabalo quesederramaba, bien fuesede la boca, bien de las cucharas. Le asistían, como acompañantes,
unas muchachas, (0979B), pero ninguna de ellasdesempeñaba el papel de sirvienta. Radegunda ofrecía el cuidado que cada circunstancia pedía, comportándose según la necesidad lo exigía162. Radegundaseinclinabaantelos queestaban tumbados;
permanecíaen pieante los queestaban sentados; ayunabaante los que comían. Allí no surgía ningún alboroto, al imponer
Radegunda, en cierto modo, el silencio monástico. Finalmente,
161 Textolatino: sotulares. Blaise, Lexicon... = ‘zapatos’. Nota 48 delaPatrología: (0979D) “entrelosescritoresdela Edad Mediasedenominan, también, subtalares,
con elsignificadode ‘zapatos’, talcomosepuedeveren el Glosariode Du Cange”. BOLL. En efecto,, el Ducangeinforma: “sotulares”: vide “subtalares”: calcei, nostris “souliers” [pedulium genus, quibus maxime Monachi per noctem utebantur in aestate. Ita etiam passim nuncupantur calceamenta Episcoporum sacra peragentium]. Papías:
subtalares, genus calceamenti, quasi sub talo proprie”.
162 Elautorseexplayaen juegosdepalabras: Radegundis curam qua tempus egebat, agebat; sicut necessitas ocurrebat, discurrebat.
terminada la comida, se apresuraba a la horade retirarse a su celda, rogando que todasuactividad nosólocomenzaradesde
Dios sino que, una vez empezada, terminara a través de Dios. Todoslos Domingos, comoen losdíasseñalados163, otorgabauna
comidaalos necesitados. Ahorabien, como quiera queen taldía seimponíaunacelebración mássolemneen las misas, después derepartirelprimer plato, ytras164ofreceratodosunaprimera
bebida, sevolvíaatodaprisaal monasterio, dejandoal frentede lospobresaunas muchachas queseocuparan con diligenciadel servicioemprendido.
(0979C) 32. Su aplicación a los leprosos era tan entregada comosi notuvierala menordudade queera Cristoen persona
quien estabapresente: trasacogerloscon todocariño, ella misma,
inmediatamente, lavaba con agua sus manos, no rehuyendo acariciarsupiellaceradacon laimposición delassuyaspropias. Es más, aaquellas mujerescuyosrostros habíallagadolaterrible enfermedad mencionada no tenía ningún reparo en abrazarlas y en besarlas entrañablemente. Puesta, después, la mesa,
con el fi n de que no estuvieran sentadas sobre unos asientos demasiado duros o tuvieran los pies colgando, se ocupaba de
que se extendieran asientos más muelles. ¿Quién negaría que
Radegundaactuó desirvientedelosacogidosleprosos? ¿Acaso rehuyó ofrecer una bebida aquella que no tuvo ningún reparo en ofrecer un beso?165 (0979D) Nadie crea que Radegunda
amó unacorona tan tibiamente quetemiera merecerla una vez ofrecida. Malamente estaría preocupada por el premiopues la donación deésteimpideelpremioalosotros; yloimpidió ella
que, arremangada, sin enojocumplió un deberenojoso166.Ahora
163 Juevesy Sábados.
164 Eltextolatinoofrece: per [post] oblatum.
165 Juegodepalabras: off erre poculum (...) conferre osculum.
166 Elpasaje, propiedadexclusivade Hildeberto, es nopococonfusoyde no
bien, una vez que selevantaban después de habercomido, les
hacía donación de la ropa que les fuera necesaria, al tiempo
que besaba sus manos y les daba dinero. Dondequiera que se enterabade que, fueran cuales fueran, seveíaalguien postrado,
víctima delasfiebresodecualquiertipode enfermedades, con
toda diligencia procuraba ponerse al tanto de qué remedios podían serle saludables, qué alimentos comerían con más agrado, quédeleitespodrían apetecer. (0980A) Jamásse negó a laspeticionesde nadie, siempre queestuvieran deacuerdocon
las circunstancias. Más de una vez sucedió que aquellos que,
según constaba, hacía tiempo que padecían una enfermedad,
recuperaban la salud perdida juntamente con sus regalos167. Todosestaban estupefactosantesu munificenciayseadmiraban
dedóndesacabatantasriquezas, desconociendo quesecumplía lapromesadel Señor: “dadyseosdará” (Lucas, VI, 38).
33. Deahí quela queeraricaparalospobres, se mortificabaasí
mismabajounagravepobreza. Elsuntuosoaderezolopersiguió
con un odioinexorable, vistiéndosecon ropastoscascon las que recubría elcilicio. Pudiendo, comopodía, disfrutardelascosas devalor, muchas vecessevio necesitadadeellas, conscientede
que una delas virtudesesla pobreza, lacual espromovida no por la necesidad sino por la voluntad. Porello, comoen cierta ocasión le hicieran falta unas mangas168, recortó una de sus
cáligas(0980B)paracubrirselosbrazos. Bienaventurada mujer, que hasta tal punto quiso no nadar en la abundancia que no
167 Nota 49 apropósitodelapalabradeltexto, eulogiis: (0979D) “másarriba [parágrafo 8, con la nota 28 delaPatrología], Hildeberto, en vezdeeulogiae había