1.14.1. Inteligencia emocional
En su trabajo explica que la inteligencia emocional es la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar los estados anímicos propios y ajenos. Al comprender este concepto, dentro de la comunicación no verbal, las personas pueden generar empatía hacia otras. Según Goleman, lo que se conoce tradicionalmente como inteligencia no garantiza el éxito ni la felicidad en la vida tampoco determina la inteligencia emocional. (Goleman, 2008).
1.14.2. ¿Qué son las emociones?
Indica un concepto de emocion, el cual dice que una emoción se produce de la siguiente forma: 1) Unas informaciones sensoriales llegan a los centros emocionales del cerebro. 2) Como consecuencia se produce una respuesta neurofisiológica. 3) El neocortex interpreta la información (Bisquerra, 2013).
De acuerdo con este mecanismo, en general hay bastante acuerdo en considerar que una emoción es un estado complejo del organismo caracterizado por una excitación o perturbación que predispone a una respuesta organizada. Las emociones se generan como respuesta a un acontecimiento externo o interno.
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Dentro de las emociones se identifica que no solo es sensorial también intervienen aspectos fisiológicos los cuales indican que cuando una persona siente una emoción, respira más rápido o más lento.
1.14.2.1. Infancia y emociones
Los niños son los seres que tienen menos prevenciones y prejuicios frente a las emociones, ya que suelen expresarlas con mayor fluidez. Somos los adultos quienes imponemos controles en la educación, que en muchos casos se tornan contraproducentes debido a que les enseñamos a negarlas o a no reconocerlas, disminuyendo su autoconocimiento emocional. Lo que se debe hacer es aceptar y enseñar al niño a reconocer sus propias emociones, en base a ese conocimiento, manejarlas y darle un adecuado curso a su expresión (López de Bernal & González Medina, 2005).
1.14.2.2. Tipos de emociones
Las emociones según expertos están clasificadas en básicas, primarias o innatas y emociones secundarias, sociales o aprendidas.
Emociones básicas, primarias o innatas
Los tipos de emociones categoriales típicos se propusieron por Ekman y friesen (1975), y se conocen como “The big six” (los grandes seis). Son los siguientes: Miedo: Anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad.
Sorpresa: Sobresalto, asombro, desconcierto. Es muy transitoria. Puede dar una aproximación cognitiva para saber qué pasa.
Aversión: Disgusto, asco, solemos alejarnos del objeto que nos produce aversión.
Ira: Rabia, enojo, resentimiento, furia, irritabilidad.
Alegría: Diversión, euforia, gratificación, contentos, da una sensación de bienestar, de seguridad.
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Tristeza: Pena, soledad, pesimismo.
Emociones secundarias, sociales o aprendidas
Son mezclas compuestas de distintas emociones primarias, y consistirían en emociones como amor, confianza, afinidad, menosprecio, humillación, remordimiento, culpa, etc.
A medida que el individuo vive y se desarrollan las emociones, estas se vuelven más complejas, apareciendo estados de valoración de las propias emociones, sentimientos, recuerdos, conexiones entre categorías de objetos y situaciones o emociones primarias (Damasio, 2005).
1.14.3. Educación y emocionalidad
En el proceso educativo por muchos años se creyó que la mejor forma de controlar las emociones era si se desterraba las emociones negativas; sin embargo, esto terminaban por acumularse que a la final salían aflote. Los niños, al igual que los adultos, deben estar en capacidad de aceptar que las emociones, ya sean positivas como negativas existen, porque son parte de la esencia del ser humano, lo cual deben asumirse con responsabilidad; es decir, tener la opción de decidir que se hace con la emoción, en vez de que la emoción decida por la persona (López de Bernal & González Medina, 2005).
1.14.3.1. Autocontrol
El autocontrol no implica negar o reprimir las emociones y sobre todo las negativas o desagradables, implica crear un manejo que logre la expresión adecuada. Cuando las personas sienten que no tienen control sobre sus emociones experimentan una vivencia limitada y debilitante debido a que no pueden asumir la responsabilidad de si mismos, sino que se la asignan a las emociones descontroladas y desorganizadas (López de Bernal & González Medina, 2005).
32 1.14.4.Técnicas de control emocional
1.14.4.1. La técnica del semáforo para el control de las emociones
La técnica del semáforo, la cual precisamente consiste en reconocer estas señales de emociones negativas como la ira, agresividad, impulsividad, etc. y mediante este conocimiento comenzar la dinámica de controlar las emociones. La situación es que cuando se presenta una de estas señales es semejante al semáforo en rojo (Sanchez Fuentes, 2015).
Descripción de la técnica del semáforo
Luz roja: Esto significa que, de la manera como se para una persona en un semáforo, la persona se debe estacionar y comenzar a detectar las señales que se mencionaron en el párrafo anterior, este es el primer paso que se debe dar en aras de determinar el estado de ánimo en el que el niño se encuentra.
Luz naranja: En este momento se puede entrar en la concientización de manejar los sentimientos, habiendo logrado el control de la emoción que se esté presentando, ya se está frente al descubrimiento del estado de enfurecimiento que se tenga, es decir, se puede determinar la causa de lo que esté sucediendo.
Luz verde: Este estado de La técnica del semáforo indica que el alumno debe pensar en primer lugar cuál es la mejor forma de expresar la emociones que está experimentando en el momento y a la vez, se necesita saber cuál es la mejor forma de salir de la emoción para retornar a un estado de comportamiento normal.
Luz intermitente: Cuando el semáforo tiene una luz intermitente, significa que los vehículos se deben detener para que los peatones puedan pasar, esto en los niños es cuando deben hacer un alto para mirar minuciosamente su conducta.
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Más allá de la situación emocional. Esta técnica no se centra únicamente en la situación emocional de las personas, lo mejor de todo es que se extiende a lograr mejoras en cuanto al comportamiento que en determinado momento se puede tener como respuesta a las circunstancias buenas o malas que rodean al alumno.
Todo es de manejo. El problema mayor es cuando se deja que la conducta avance y no se detiene para que la persona cambie en su forma de comportarse. Es por eso que La técnica del semáforo se aplica en múltiples casos y se pueden ver los resultados positivos que los alumnos pueden experimentar.
Lo normal de los niños. El comportamiento de los niños en cada una de las circunstancias que les rodean es semejante, es decir, se enojan cuando no están de acuerdo con ciertas situaciones de los demás niños y casi en todos los casos actúan de la misma manera, para lo cual sirve bien la técnica antes dicha (Sanchez Fuentes, 2015).
1.14.4.2. La técnica de la tortuga
La técnica de la tortuga es una herramienta de modificación de conducta basada en el autocontrol. Se desarrolló en el colegio Point of Woods, una escuela-laboratorio para niños con problemas de comportamiento, perteneciente a la Universidad Estatal de Nueva York. En palabras de los autores Schneider & Robin (2012) se dirige a: “Niños que carecen de la habilidad para gestionar el fracaso, a los que la frustración les produce rabietas, que pegan a otros, les insultan, les fastidian, que sufren innecesariamente por su falta de habilidad para controlar sus impulsos”.
El manual considera que la técnica puede ser eficaz para niños de Educación Infantil y del primer ciclo de Primaria (se puede adaptar a niños mayores sustituyendo la imagen de la tortuga por algo menos infantil como “tiempo muerto” o simplemente “stop”).
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Es una analogía con la tortuga, que se refugia en su concha cuando se siente en peligro, se enseña al niño a esconderse dentro de un caparazón imaginario cuando se siente amenazado por emociones incontrolables o por sucesos que le llevan a arremeter contra todo de forma impulsiva (Schneider & Robin, 2012).
Se enseña al niño a responder a la palabra “tortuga” pegando cabeza y brazos al cuerpo. Si está sentado en clase puede esconder la cabeza debajo de la mesa y recoger los brazos. Una vez que el niño ha aprendido eso, se le enseña a relajarse mientras está haciendo la tortuga, ya que la relajación es incompatible con los comportamientos agresivos o disruptivos. Por último, se le enseñan técnicas de resolución de problemas para buscar alternativas para responder a la situación que le ha llevado a hacer la tortuga (Schneider & Robin, 2012).