CHAPTER 7 CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS
7.2 Recommendation for future work
en cuenta que la primera encuesta sobre hábitos de lectura excluyo a los menores de 12 años, en el año 2000, no se pudo evaluar las tendencias de lectura en la escolaridad primaria. Dentro del ítem de textos de la encuesta, se incluyó los textos escolares, donde en este caso los jefes del hogar se forman como respondientes, como también, los estudiantes de secundaria.
La encuesta indaga acerca de las prácticas de consumo de libros, características como la compra, el préstamo entre otros factores que más allá de definir un hábito de lectura define una tendencia de adquisición de textos. Es así como los jóvenes son los lectores que priman
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en la lectura de libros, siendo estos representativos de la categoría textos escolares en la encuesta.
“Aunque hay preguntas que hacen referencia a otros materiales de lectura, es muy
clara la preferencia en el instrumento por el rubro libros, el que desafortunadamente
incluye también a los textos escolares […] hace que los resultados de la encuesta no se refieran realmente a hábitos de lectura (aunque sería preferible hablar de
“comportamientos de lectura” dada la forma como se ha definido al lector habitual), sino que más bien se interesa por reportar el consumo de libros” (Venegas, 2001, p.
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Esto revela una condición de obligatoriedad frente a la lectura por parte de los jóvenes, que en el capítulo anterior, se evidenciaba con cifras, la falta de interés por el libro a medida que
la población crece en edad, “la lectura deviene una cierta <<práctica>> del lenguaje, una actividad que iría mucho más allá de una mera comprensión del texto escrito; la lectura sería
una actividad directamente involucrada con el hacer humano en general” (Antezana, 1999,
p, 245) Más aun cuando esta práctica se consolida en horas invertidas en el estudio de lunes a viernes, 26, 26 en mujeres y 26, 40 en hombres (DANE, 2007)
Sin embargo, los jóvenes, que en este estudio son los lectores de libros por excelencia, no reconocen el valor significativo y la trascendencia que existe del conocimiento y la información que se puede adquirir de la lectura, un buen aprovechamiento y reconocimiento de la importancia resultaría un crecimiento personal más allá de las aulas de clase,
“¡Que raro que los jóvenes no parezcan entender la lectura escolar como instrumento de desarrollo personal y cultural! Qué extraña dicotomía la que parece existir según las respuestas: Leer sirve para estudiar o para entretenerse, pero no para las dos cosas al mismo tiempo; menos aún para informarse y desarrollarse
personalmente. […], entonces no es sorprendente que una vez la lectura cumpla con
su función instrumental se abandone. Ya se pasó el examen, ya se terminó la clase,
ya se acabó el colegio: dejemos de leer, ya no sirve para nada” (Venegas, 2001,
p.90)
La motivación por los textos escolares que involucran al alumno en su proceso de formación, se constituyen en un hábito de lectura que se crea, se construye y se identifica con la práctica, hecho que para ser fructífero necesita de un acompañamiento desde la casa y la escuela, para que el afianzamiento por la lectura cumpla su objetivo en el aprendizaje. Entonces la formación no debería entenderse como una acción de ilustración escolar, sino además de apropiación de conocimientos que generen en el niño, una formación propia, una construcción de conocimientos para la vida y para las reflexiones que le atañe día a día. Los padres y responsables del menor, podrían llegar a un entendimiento propio de la lectura, que
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abarque no solo la formación como estudiante, sino el crecimiento y la incentivación propia, así el niño no verá al libro como simple material de escuela.
“Para que un niño se sienta implicado en la tarea de lectura o simplemente para que se sienta
motivad hacia ella, necesita tener algunos indicios razonables de que su actuación será eficaz, o cuanto menos, que no va a consistir en un desastre total. No se puede pedir que tenga ganas de leer aquel para quien la lectura se ha convertido en un espejo que le devuelve
una imagen poco favorable de si mismo. Sólo con ayuda y confianza la lectura dejará de ser para algunos una práctica abrumadora y podrá convertirse en lo que siempre debería ser: un
reto estimulante” (Solé, 2006, p. 79)
Más aún, el incentivo por la lectura, reconocido por los propios estudiantes viene del profesor, quienes respondieron en mayor porcentaje de preferencias como al maestro, cuando en la encuesta se le preguntó por el mayor incidente en la lectura, no sobra advertir, que era un resultado que ya se pronosticaba, teniendo los antecedentes del concepto de
lectura en los estudiantes, “El hecho de que el impacto de la escolaridad sea en esta materia
más relevante que la influencia de los amigos o del hogar, le confiere al docente una oportunidad privilegiada, en cuanto a la formación de sus estudiantes como lectores”
(Venegas, 2001, p.90)
También la encuesta del 2000 permitió observar los tiempos de lectura que utiliza el estudiante y la razón por la cual lee libros. Esta información permitió observar que los inscritos en planteles oficiales dedican menos horas de su tiempo a la lectura, que los de planteles privados. Al igual que en el 2005, representando la población infantil matriculada en establecimientos no oficiales, los lectores de textos significaron un 83, 4% por encima del sector oficial con 80,5%. El motivo por el que se lee, sigue siendo por estudio, dejando de segundo lugar al entretenimiento.
Pero surge la inquietud del acceso a la lectura, ya visto por la escuela, ¿Qué pasa en el hogar? En el 2000 sólo el 8% de los colombianos dice tener más de cien libros en la casa, este valor en estrecha relación con el nivel de escolaridad y nivel de ingresos más altos. En porcentaje más alto, se encuentran los hogares que no tienen libros o tienen menos de 35 libros en su casa. Es así como la lectura de libros por parte de los niños, está de igual forma relacionada con la tendencia de libros en el hogar y la incidencia de lectura de los adultos. En el 2005, el 19,8% corresponde a los hogares que leen diariamente y posee entre 1 y 5 libros, le sigue los hogares que tienen de 6 a 10 libros, con 15,1%, y de 11 a 20 libros con 15,3%. De 1.768 hogares donde se afirma que los adultos no le leen a los niños, el 24% de este grupo dice no tener un ni un solo libro.
Sin embargo, teniendo en cuenta que las lecturas de libros decrecen a medida que pasan los años, en comparación con las revistas, periódicos y otros tipos, es necesario pensar los hábitos de lectura desde la diversidad de contenidos y formatos.
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Además de una práctica académica, la lectura de textos escolares puede ser plena desde una observación por el detalle del gusto por la lectura, esta práctica puede llegar a ser una cualidad estética y el fomento de la construcción de un gusto (Pérez, 2006). “no hay quizás días de nuestra infancia que no hayamos vivido tan plenamente como aquellos que pasamos
con uno de nuestros libros preferidos” 11 (Proust, 2003 p.76)
5.1.3 Bibliotecas públicas. La biblioteca además de ser un espacio de encuentro con los