Los criterios adoptados actualmente de manera general para la clasificación y diagnóstico de los trastornos mentales están fijados en dos documentos (el segundo incluye todo tipo de enfermedades, tanto psíquicas como físicas):
El “Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders” (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales), conocido como DSM, publicado por la American Psychiatric Association. En la cuarta versión (DSM-IV) del año 1994, aparece por primera vez el síndrome de Asperger. Desde entonces sólo se ha hecho una revisión del texto, conocida como DSM-IV-TR, en el año 2000, y actualmente se está trabajando en la quinta versión136, prevista para 2012.
El “International Statistical Classification of Diseases and Related Health Problems” (Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud Relacionados), conocido como ICD, y en España como CIE —Clasificación Internacional de Enfermedades—, publicado por la Organización Mundial de la Salud. Su última versión es la ICD-10137, aprobada en 1990 y revisada por última vez en 2007, y también añadió el Asperger. La siguiente versión ICD-11 está prevista alrededor de 2015.
Conviene destacar el hecho de que en ambos casos la versión actualmente vigente —con alguna revisión menor— fue redactada alrededor de 1990. Para darnos una idea de la poca experiencia existente sobre el síndrome por aquel entonces, basta recordar que Lorna Wing había publicado el primer trabajo en el que se utilizaba la denominación de Síndrome de Asperger en el año 1981 (en el libro “Asperger syndrome: a clinical account”), y que la primera traducción al inglés del trabajo original de Hans Asperger no se publicó hasta 1991 (dentro del libro “Autism and Asperger syndrome” editado por Uta Frith). Por tanto, resulta razonable esperar modificaciones en las nuevas versiones de ambos manuales, con el fin de incorporar los conocimientos actuales.
Mientras que la ICD-10 utiliza el nombre de Síndrome de Asperger (código F84.5), el DSM-IV-TR lo denomina Trastorno de Asperger (código 299.80), pero ambos lo incluyen dentro del grupo de
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Se comenta que esta nueva versión podría adoptar un punto de vista distinto en la consideración de los trastornos mentales, que se apartaría del tradicional binomio normalidad-enfermedad, para adoptar la idea de que las características esenciales de los trastornos están presentes en todas las personas, variando únicamente la intensidad con la que se manifiestan. En el caso del Asperger, se propone eliminarlo como síndrome diferenciada, e incluirlo en la denominación general Trastornos del Espectro Autista. Desde que se conoció esta posibilidad, se ha iniciado un debate entre los defensores de este cambio, que crean que refleja mejor la naturaleza del síndrome, y los que quieren mantener su diferenciación del resto de tipos de autismo.
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La ICD-10 está accesible a través de la página web de la Organización Mundial de la Salud, en la dirección:
Trastornos Generalizados del Desarrollo (junto con el autismo de Kanner, el síndrome de Rett, el
trastorno desintegrativo infantil, y otros trastornos generalizados del desarrollo138).
La ICD-10 define el síndrome de Asperger diciendo que está caracterizado por el mismo tipo de anormalidades cualitativas de interacción social recíproca que tipifican al autismo, junto con un repertorio de intereses y actividades restringido, estereotipado y repetitivo. Difiere del autismo principalmente en el hecho de que no existe un retraso o disminución generales en el lenguaje ni en el conocimiento cognitivo. Dice que a menudo está asociado con una cierta torpeza de movimientos, y que hay una fuerte tendencia a que las anormalidades persistan en la adolescencia y la vida adulta, ocasionalmente con episodios psicóticos.
El DSM-IV-TR especifica seis criterios que deben cumplirse para un diagnóstico positivo de trastorno de Asperger:
Que se dé una alteración cualitativa de la interacción social (comunicación no verbal, relaciones con iguales, compartición de emociones o falta de reciprocidad social/emocional).
Que se den patrones de comportamientos, intereses y actividades restringidos, repetitivos y estereotipados (preocupación absorbente, adhesión a rutinas, gestos repetitivos, preocupación por partes de objetos).
Que el trastorno cause una alteración significativa de la actividad social y laboral.
Que no exista un retraso del lenguaje clínicamente significativo.
Que no se dé un retraso clínicamente significativo del desarrollo cognitivo ni del desarrollo de las habilidades de autosuficiencia, el comportamiento adaptativo, ni la curiosidad por el entorno durante la infancia.
Que no cumpla los criterios de ningún otro trastorno generalizado del desarrollo, ni relacionado con la esquizofrenia.
Detección
Muchos problemas de salud pueden ser detectados en inspecciones médicas rutinarias, mediante analíticas o exploraciones. Los trastornos generalizados del desarrollo, en cambio, y especialmente el síndrome de Asperger, no son detectables mediante ningún marcador biológico que permita identificarlos139. Sólo pueden ser diagnosticados a través del estudio de las pautas de comportamiento. Por esta razón a menudo el Asperger es detectado mucho más tarde de la edad en la que convendría hacerlo, o incluso a veces no se detecta. Las vías habituales de detección durante la infancia y la adolescencia son:
138 Entre los dos documentos hay algunas diferencias en la nomenclatura de los trastornos, y también en la inclusión o
no de alguno de ellos.
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Una excepción es el síndrome de Rett, que puede ser detectad en cuatro de cada cinco casos con un test genético que compruebe la existencia de mutaciones en el gen MECP2 del cromosoma X.
Cuando el niño o la niña todavía no va a la escuela, el padre o la madre observan un comportamiento anormal y lo informan al pediatra, o es el propio pediatra el que detecta algún signo de advertencia y pregunta a los padres sobre estos comportamientos.
En la escuela el equipo docente observa que el niño o la niña presenta algunos síntomas distintivos, como no tener una relación normal con los demás compañeros, aislamiento y actividades repetitivas, falta de atención y de juego simbólico, o lenguaje no adecuado a la edad.
Durante la adolescencia, el chico o la chica se puede sentir especialmente afectado por su inhabilidad para establecer relaciones, o puede tener dificultades de adaptación al ambiente y modo de aprendizaje en la enseñanza secundaria o superior. Esto le puede comportar problemas de ansiedad o depresión, o reacciones contra la sociedad o la familia, que ocasionen que sea enviado a un psicólogo/a o psiquiatra que detecta el trastorno.
En la edad adulta, el Asperger suele ser detectado por una de estas vías:
El afectado puede experimentar problemas comórbidos, como ansiedad o depresión, que le llevan a buscar ayuda psicológica.
La persona puede experimentar problemas de pareja, o en las relaciones sociales y laborales, o quizás la necesidad de mejorar sus habilidades sociales para encontrar pareja o amigos, que le pueden llevar a una consulta psicológica.
A veces durante el proceso de diagnóstico de un hijo o hija, alguno de los padres descubre que también él o ella tiene el trastorno.
Finalmente, cada vez es más frecuente que la persona descubra su Asperger a través de alguna información en artículos o publicaciones diversas, en los que reflejada su manera de ser.