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RECOMMENDATIONS – HOW COULD THE FOUND LEADERSHIP PRACTICES BE APPLIED

6.   CONCLUSION 65

6.5   RECOMMENDATIONS – HOW COULD THE FOUND LEADERSHIP PRACTICES BE APPLIED

1.4.1. De la realidad del Ensanche...

Casi una década después del proyecto de Merlo para el derribo de la cerca, la ampliación de Madrid se puso de nuevo sobre la mesa en agosto de 1856, al proponer la Comisión de Obras un plano general de alineación para el interior de la ciudad y sus arrabales. Había razones evidentes para realizar mejoras en el casco mediante la creación de nuevas plazas, calles y prolongaciones, pero era la parte exterior la que requería actuaciones de mayor calado. Cada vez eran más numerosas las construcciones que se congregaban en torno al recinto cercado, todas en estado de abandono y carentes de un plan de ordenación. Tal estado de cosas llevó al Ministerio de Fomento a publicar el 14 de abril de 1857 un Real Decreto con el que se daba luz verde a la elaboración de

202 GUTIÉRREZ RONCO, Sicilia, La función hotelera de Madrid, CSIC, Madrid, 1984. 203 BONET CORREA, Antonio, Los cafés históricos, Cátedra, Madrid, 2012.

un proyecto de Ensanche en colaboración con el Ayuntamiento y la Diputación Provincial. En el documento, Claudio Moyano justificaba la urgencia de la reforma de manera directa: “El aumento de población que en estos últimos años ha experimentado

la capital de la Monarquía, las grandes mejoras que en breve deben plantearse en ella, transformándola, puede decirse, por completo, y sobre todo, las nuevas necesidades creadas por los adelantamientos del siglo, reclaman imperiosamente el ensanche de la Corte”204. El ministro aludía a la necesaria extensión de las construcciones en sentido horizontal hacia nuevos barrios para acabar con la preocupante aglomeración de habitantes en altura en el centro urbano.

A pesar de que el proyecto de Ensanche fue encargado al ingeniero Carlos María de Castro en mayo de 1857, el plan no tomó forma definitiva hasta 1860, atendiendo ese lapso de tiempo a un nuevo impulso poblacional que dejó la ciudad muy cerca de los 300.000 habitantes. La memoria descriptiva delimitaba las nuevas líneas de expansión de la ciudad, la orientación y anchura de las calles, la altura de los nuevos edificios y la distribución de parques, jardines y plazas en los nuevos barrios205. El planeamiento urbano de la ciudad daba un salto cualitativo desconocido hasta entonces en una dialéctica que sólo contemplaba actuaciones parciales basadas en alineaciones y ensanches de calles y en la apertura de plazas sobre un espacio ya construido. El nuevo plan, por el contrario, determinaba la construcción de una nueva ciudad sobre un espacio virgen, adoptando un modelo hipodámico con manzanas ortogonales, división de calles en función de su anchura (30 metros para las de primer orden, 20 y 15 para las de segundo y tercer orden) y limitaciones en la altura de los edificios206. Junto a ello, se reforzaba el protagonismo de los espacios verdes y de las plazas circulares siguiendo las directrices del modelo higienista y ofreciendo una sensación de comodidad y bienestar.

En su apartado técnico, el Ensanche de Castro revelaba una clara influencia del desarrollado para Barcelona por Ildefonso Cerdá207. Seguían el mismo plano en cuadrícula que determinaba los cortes de las calles en ángulos rectos para favorecer la circulación y rompían con el problemático esquema de las viejas ciudades de calles tortuosas y de fuertes pendientes que crecían sin orden y concierto. Pero aquel influjo no fue impedimento para que el urbanista catalán criticara el proyecto de su homólogo sevillano, especialmente la disposición de las manzanas siguiendo los vientos dominantes en detrimento de la incidencia de la luz solar, el carácter limitado del

204 BONET CORREA, Antonio, Plan Castro, COAM, Madrid, 1978, pp. 6-7.

205 DE CASTRO, Carlos María, Memoria descriptiva del anteproyecto de Ensanche de Madrid firmado

por el Inspector de Distrito del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Aprobado por Real Decreto el 19 de julio de 1860, Imprenta de D. José C. de la Peña, Madrid, 1860. Las características del

proyecto en: MAS HERNÁNDEZ, Rafael, El barrio de Salamanca. Planteamiento y propiedad

inmobiliaria en el Ensanche de Madrid, Instituto de Estudios de Administración Local, Madrid, 1982;

CARBALLO BARRAL, Borja, PALLOL TRIGUEROS, Rubén y VICENTE ALBARRÁN, Fernando, El

Ensanche de Madrid. Historia de una capital, Editorial Complutense, Madrid, 2008 y COUDROY DE

LILLE, Laurent, L’Ensanche de Población en Espagne: invention d’une pratique d’aménagement urbain

(1840-1890), Tesis Doctoral, París, 1994.

206 DÍEZ DE BALDEÓN, Clementina, Arquitectura y clases sociales en el Madrid del siglo XIX, Siglo

XXI, Madrid, 1986.

207 VV. AA., Cerdá y su influjo en los ensanches de poblaciones, Ministerio de Fomento, Centro de

Publicaciones, Madrid, 2004; CERDÁ, Ildefonso, Teoría de la construcción de las ciudades. Aplicada al

proyecto de reforma y ensanche de Barcelona, Ministerio para las Administraciones Públicas,

Ayuntamiento de Barcelona, 1991 (facsímil de la edición original de 1859); DE SOLÀ-MORALES RUBIÓ, Manuel: “Siglo XIX: Ensanche y saneamiento de las ciudades”, en: VV. AA., Vivienda y

Ensanche con su nuevo limes, la falta de previsión respecto a la importancia del ferrocarril en la estructura urbana y el carácter segregacionista y diferenciador por zonas. Además, para Cerdá el Ensanche madrileño carecía de base económica, administrativa y legal y exigía una reforma interior que estuviese en armonía con los nuevos barrios de la periferia208. Indudablemente, el plan de Castro evidenciaba una clara falta de conexión entre el Ensanche y el interior, donde no se planteaban más que reformas vinculadas al destino de ciertos edificios o a la reconstrucción de otros ya existentes (cuarteles fortificados, nuevos hospitales y asignación de parcelas y solares a nuevos usos). El propio anteproyecto justificaba esa desatención al señalar que el centro de la población, cuyos barrios reclamaban calles más anchas, plazas más espaciosas y mejores condiciones higiénicas y de salubridad, era un estudio “al que nos hubiéramos

dedicado con el mayor gusto si no hubiésemos temido traspasar los límites de lo que se nos prescribía por el Real Decreto de 8 de abril”209. Esta carencia llevó a Cerdá a diseñar un proyecto de reforma del interior de Madrid, autorizado en febrero de 1860, con el que pretendía una transformación radical que dotase a la ciudad de los medios necesarios para su desarrollo por medio de la eliminación de su obsoleto caserío, la ampliación de una superficie insuficiente para acoger a un vecindario cada vez más numeroso y comprimido y la mejora de las condiciones de habitabilidad. Consideraba además fundamental establecer un vínculo entre la parte antigua de la ciudad y la nueva planteada por Castro “bajo la inspiración de un solo pensamiento y objeto” y determinar una jerarquización de usos y funciones urbanas en el centro urbano210.

Se censuraba así una ruptura entre casco antiguo y Ensanche que fue igualmente advertida por Fernández de los Ríos al señalar: “No se comprende como una persona

tan competente como el señor Castro cayó en el error de cerrar la prolongación natural de las arterias del Madrid actual, dejándolas bruscamente cortadas al llegar a la Ronda, por multiplicadas manzanas de casas, sin más explicación que el capricho pueril de convertir todo el ensanche en un tablero de damas”211. Porque la reforma de Madrid como un todo era, tal y como han señalado diversos estudios, una exigencia de viabilidad y movilidad en la medida en que el Ensanche debía enlazar con el centro por medio de fluidas líneas de comunicación212. Era imposible entender el Madrid moderno desentendiéndose por completo del de antaño. Sin embargo, la ordenación del interior formulada por Cerdá no prosperó a pesar de que la angostura de sus calles demostraba claramente su insuficiencia para asegurar una circulación adecuada (Figura 1.12).

Anchura de las vías públicas en el centro de Madrid Anchura de las calles en el casco antiguo Número de calles

De cinco a seis metros 95

De seis a siete metros 158

De siete a ocho metros 64

De doce a veinte metros 32

Figura 1.12. Fuente: Revista de Obras Públicas, tomo XVIII, nº 7, 1870, pág. 75.

208 CERDÁ, Ildefonso, Cuatro palabras sobre las dos palabras que D. Pedro Pascual de Uhagón ha

dirigido a los propietarios de los terrenos comprendidos en la zona del Ensanche de Madrid, dirigidos a los mismos, Imprenta de Benigno Carranza, Madrid, 1861.

209 DE CASTRO, Carlos María, Memoria descriptiva del ante-proyecto..., Op. Cit., pág. 66.

210 CERDÁ, Ildefonso, Teoría de la viabilidad urbana. Reforma de la de Madrid, Ministerio de las

Administraciones Públicas y Ayuntamiento de Madrid, Madrid, 1991 (facsímil de la edición de 1861).

211 FERNÁNDEZ DE LOS RÍOS, Ángel, Guía de Madrid..., Op. Cit., pág. 730. 212 GÓMEZ MENDOZA, Josefina, Urbanismo e ingeniería..., Op. Cit., pág. 53.

Persistió el plan restringido al Ensanche, donde Castro tenía previsto crear un espacio continuo y homogéneo que favoreciese un orden racional en el crecimiento urbano. Sin embargo, los condicionantes impuestos por el Gobierno limitaron su carácter inicial y su libertad de actuación al precisar el establecimiento de una nueva barrera que reemplazara las tapias de Felipe IV. Se trataba de un foso exterior que separaba los terrenos urbanos de la nueva periferia, solución que respondía a un sistema de cobro de impuestos en la entrada de mercancías a las ciudades que obligaba a establecer fronteras alrededor de cada centro urbano213. Se descartaba así la posibilidad de una expansión ilimitada. El impacto de esta medida en la fisonomía de la estructura urbana quedó reflejado en la aparición de nuevos espacios residenciales más allá del citado foso en las zonas del norte, este y sur, despojados de cualquier planificación urbana, control y servicios públicos y entre los que se encontraban Cuatro Caminos, Guindalera, Prosperidad, los Carabancheles, Chamartín de la Rosa, Tetuán de las Victorias, Bellas Vistas o Vallecas214.

Las diferencias en los usos y valores del suelo urbano supusieron también condicionantes de gran calado para el proyecto de Castro y generaron una separación de los nuevos barrios construidos en función de las distintas clases sociales215. Era el efecto inevitable de una segregación social en el espacio que el propio ingeniero aceptaba en su memoria, al definir las inercias que cada una de las zonas proyectadas seguirían en el futuro (Figura 1.13). La nueva ciudad quedó dividida en tres grandes áreas, Norte (actual distrito de Chamberí), Este (hoy distritos de Salamanca y Retiro) y Sur (en la actualidad, distrito de la Arganzuela), cuyas funciones resultaban diferentes entre sí y condicionadas por sus terrenos, su ubicación y las características de las construcciones ya existentes216.

La nueva zona definida por Castro triplicaba en tamaño el viejo casco histórico con la incorporación de una ingente cantidad de metros cuadrados edificables. Aquello debería haber cambiado la vida de la población madrileña desde el mismo momento en que se procedió a aprobar el Ensanche, generando un gran dinamismo en el sector de la construcción. Sin embargo, la situación sólo se puede calificar como de relativo optimismo, especialmente para los años 1862-1864, en los que se dio un vuelco a los malos cursos anteriores con un significativo crecimiento en las solicitudes para licencias de construcción al Ayuntamiento (Figura 1.14). La tímida actividad constructiva en las tres zonas del Ensanche durante los momentos iniciales se vio condicionada por la actitud poco abierta de la burguesía madrileña a invertir su dinero y a realizar nuevas empresas en un espacio cuyas posibilidades de beneficio inmediato eran todavía

213 PALLOL TRIGUEROS, Rubén, El Madrid moderno: Chamberí (el Ensanche Norte), símbolo del

nacimiento de una nueva capital, 1860-1931, Tesis Doctoral, UCM, Madrid, 2009, pp. 76-78.

214 VÖRMS, Charlotte, Bâtisseurs de banlieue à Madrid: le quartier de la Prosperidad (1860-1936),

Créaphis éditions, París, 2012.

215 MAS HERNÁNDEZ, Rafael: “Crecimiento espacial y mercado del suelo periférico en los inicios de la

Restauración”, en: BAHAMONDE MAGRO, Ángel y OTERO CARVAJAL, Luis Enrique, La sociedad

madrileña durante la Restauración: 1876-1931, Comunidad de Madrid-Alfoz, Madrid, 1989, vol. 1, pp.

103-136.

216 El desarrollo de cada una de estas zonas en: PALLOL TRIGUEROS, Rubén, El Madrid moderno...,

Op. Cit.; VICENTE ALBARRÁN, Fernando, Los barrios negros. El Ensanche Sur en la formación del moderno Madrid (1860-1931), Tesis Doctoral, UCM, Madrid, 2011; CARBALLO BARRAL, Borja, El Madrid burgués. El Ensanche Este de la capital, Tesis Doctoral, UCM, Madrid, 2014.

inciertas217. Los grandes propietarios siguieron considerando que el centro urbano era la mejor zona para edificar, por garantizar una revalorización, y los habitantes del casco seguían viendo las diferentes áreas del Ensanche como un finisterre.

Figura 1.13. Dibujo sobre el plano del Anteproyecto de Ensanche de Madrid. En él se representa la zonificación social horizontal de la nueva zona, tal y como es consignada por Castro en su memoria

descriptiva, y la separación con respecto al casco antiguo. Escala 1: 12.500

En medio de la inseguridad económica en que se hallaba el proyecto, sin contar con el apoyo de las autoridades central y local, y ante la parálisis mostrada por el Ayuntamiento de Madrid, el Gobierno asumió el protagonismo mediante la aprobación de la Ley de Ensanche de Poblaciones en 1864. Su principal cometido fue allanar el camino para fomentar por fin la construcción a manos de los promotores inmobiliarios, aunque ello fuera a costa de dar al traste con el modelo de ciudad higiénica y saludable de Castro. Aquella normativa urbanística incrementaba el número de pisos de cada inmueble a cuatro, dilataba la altura de los edificios comprimiendo la amplitud de la trama viaria, reducía la proporción de terrenos no edificables, permitía la construcción de calles privadas interiores y borraba del mapa la provisión obligatoria de servicios públicos al ciudadano. Se privilegiaba de esta manera la consecución de máximos beneficios para los propietarios en la construcción de edificaciones en detrimento de la comodidad inicialmente pensada para sus habitantes218.

217 José de Salamanca, uno de los que asumió este riesgo, quebró en el transcurso de pocos años. MAS

HERNÁNDEZ, Rafael: “La actividad inmobiliaria del marqués de Salamanca en Madrid (1862-1875)”, en: Ciudad y territorio, nº 3, 1978, pp. 47-70.

218 Disposiciones oficiales acerca del Ensanche de las Poblaciones en general y del de Madrid en

Estado demostrativo de las licencias de construcción expedidas por el Ayuntamiento de Madrid durante el período 1850-1868.

AÑO

Licencias construcción fincas Licencias aumento de pisos

INTERIOR EXTERIOR INTERIOR EXTERIOR

1850 96 20 35 4 1851 121 20 50 3 1852 143 33 53 1 1853 116 33 27 5 1854 49 8 41 1 1855 74 35 115 11 1856 69 11 81 14 1857 57 22 33 2 1858 76 17 39 2 1859 40 10 21 2 1860 53 15 34 4 1861 71 12 38 5 1862 102 22 53 15 1863 78 36 42 19 1864 95 74 32 9 1865 54 22 30 4 1866 40 13 23 5 1867 54 35 8 10 1868 20 15 4 0 TOTAL 1.408 453 761 116

Figura 1.14. Las cifras evidencian tanto la tendencia a elevar el número de pisos en la zona del casco antiguo en ciertos años (1855-1856) como la escasa pasión inmobiliaria que el Ensanche despertó en sus primeros años de existencia. Fuente: DE BONA, Francisco Javier, Anuario Administrativo y Estadístico

de la Provincia de Madrid para el año de 1868, Oficina Tipográfica del Hospicio, Madrid, 1868, p. 254.

La ley de 1864 se cerró con un Reglamento de 1867 que implantaba un sistema de financiación para el desarrollo de los ensanches ratificados. Según dicho corpus legislativo, el Estado cedía a los Ayuntamientos, como añadido a las partidas presupuestarias para las obras del Ensanche, la recaudación de la contribución territorial por cada nueva construcción durante 25 años. Estas medidas, y la posibilidad de crear zonas autónomas desde un punto de vista económico, reforzaron los efectos segregacionistas del proyecto original. Las nuevas infraestructuras de cada área progresarían al mismo tiempo que avanzaba la edificación, de tal manera que a mayor número de inmuebles construidos, mayor sería la cantidad de ingresos procedentes de la contribución territorial, después invertidos en servicios públicos. El principal mecanismo de segregación socio-espacial se basaba en una fórmula a través de la cual la contribución territorial pagada por los nuevos edificios se gravaba en función de la calidad de los inmuebles y la cuantía de los alquileres. Los barrios más lujosos contaban con ingresos más cuantiosos para pagar las obras de infraestructura, mientras que las zonas de mayor concentración de clases populares vieron reducida su capacidad para costear el empedrado y arreglo de las vías públicas, establecer un oportuno sistema de alcantarillado, disponer de agua corriente o contar con iluminación artificial219.

219 CARBALLO BARRAL, Borja, PALLOL TRIGUEROS, Rubén y VICENTE ALBARRÁN,

Fernando: “Entre palacetes y corralas. Procesos de segregación socioespacial en el nuevo Madrid (1860- 1905)”, en: NICOLÁS MARÍN, María Encarna y GONZÁLEZ MARTÍNEZ, Carmen (coord.), Ayeres en

discusión: temas claves de Historia Contemporánea hoy, Servicio de Publicaciones, Murcia, 2008

(recurso electrónico); CARBALLO BARRAL, Borja, PALLOL TRIGUEROS, Rubén y VICENTE ALBARRÁN, Fernando: “Luces y sombras en la gran ciudad: Radiografía de la segregación social en el

Licencias de obras expedidas por el Ayuntamiento de Madrid (1870-1889) 1063 1705 1586 1086 0 200 400 600 800 1000 1200 1400 1600 1800 2000 1870-74 1875-79 1880-84 1885-89 N º li c e n c ia s

Figura 1.15. Elaboración propia a partir de los datos extraídos de: BAHAMONDE, Ángel y TORO, Julián, Burguesía, especulación..., Op. Cit., pág. 217.

Los sucesos revolucionarios de 1868 dieron paso al planteamiento de nuevos proyectos de la mano Ángel Fernández de los Ríos, que buscó la modernización de Madrid. Durante el año en que ocupó la concejalía de Obras del nuevo Ayuntamiento esbozó una reforma trascendental para el casco urbano y desechó en la parte exterior el planteamiento de Castro. Nuevas calles y plazas de majestuosas proporciones inspiradas en el modelo de los bulevares parisinos aparecían en la mente del pensador como proyectos que sin embargo no se hicieron realidad. Sí consiguió echar abajo las tapias que todavía encerraban a la ciudad220. Pese a todo, Madrid experimentó una nueva fase de crecimiento hasta 1880 en la que el Ensanche jugó un rol significativo acogiendo a las remesas de inmigrantes. Así, los apenas 10.000 habitantes que concentraban sus tres áreas a la altura de 1860 se habían elevado hasta casi 55.000 dos décadas más tarde. Sin embargo, aunque los ritmos en la construcción fueron muy positivos (Figura 1.15), las soluciones finalmente abordadas distaron mucho de los sueños de Castro de hacer de Madrid una capital más saludable y, en definitiva, de convertirla en una ciudad mejor.

1.4.2 ... a la ensoñación de una Gran Vía.

De forma paralela a la reforma de la Puerta del Sol y al proyecto de Ensanche de Castro, las autoridades municipales imaginaron nuevas obras para mejorar la comodidad y el embellecimiento de la ciudad. La aparición de nuevos servicios e infraestructuras, y muy especialmente del ferrocarril, generaba nuevas necesidades en la estructura urbana y reclamaba maniobras para comunicar los grandes centros de movimiento. Aquí se encontraba el sentido del ensanche de la calle de Preciados planteado por el Ayuntamiento a finales de 1860, en cuyo diseño se aprecia claramente el primer precedente de la gran reforma urbana del primer tercio del siglo XX: la Gran Vía221.

Madrid del Ensanche (1860-1905)”, comunicación presentada al Coloquio sobre la Modernización

Urbana en la España Contemporánea, abril de 2009.

220 FERNÁNDEZ DE LOS RÍOS, Ángel, El futuro Madrid. Paseos mentales por la capital de España,

tal cual es y tal cual debe dejarla transformada la Revolución, Imprenta de la Biblioteca Universal

Económica, Madrid, 1868.

221 Expediente promovido con motivo de la reforma y ensanche de la calle de Preciados, AVM,

Bajo el mandato de José Isidro Osorio, el consistorio encargó a Isidoro Llanos el estudio de las alineaciones de Preciados hasta Postigo de San Martin. La regularización de dicha calle se justificaba por su céntrica situación, por la marcada estrechez en muchos de sus tramos y por el hecho de que podía llegar a constituir el trayecto más directo hasta la estación de ferrocarril del Norte222. Aquel era ya de por si difícil y ofrecía “tan malas condiciones de viabilidad que los conductores de mercancías se ven

obligados a abandonar este paso y conducirlas a costa de mayor trayecto, de mayor inversión de tiempo y de mayor gasto”223. La plaza de Santo Domingo, en la que confluían una porción de calles que comunicaban con distintos barrios situados al oeste de los dos grandes cuarteles de Norte y Sur, era un punto estratégico de significativa