5. ANALYSIS 54
5.3 LEADERSHIP PRACTICES 56
5.3.3 STRUCTURE AND ORGANIZE THE INNOVATION PROCESS 58
con las nuevas construcciones (en particular la primera de las vías citadas, con la desaparición de su línea curva y de su marcada angostura). Fotografía de Charles Clifford, 1857, Museo de Historia. Abajo, visión de los derribos
de la plaza desde la calle de Carretas. Fuente: Charles Clifford, 1857, Museo de Historia.
A pesar de ello cabe señalar la existencia de otros proyectos que entraron en competencia con el finalmente elegido. El primero era el elaborado por el arquitecto Juan Reus, si bien tan sólo suponía una modificación inaceptable del proyecto oficial. La planta de la plaza era igual en figura, situación y magnitud a la que en aquel momento estaba trazada y las modificaciones más reseñables consistían en la desaparición de la calle de la Zarza, a pesar de su conveniencia para aminorar la confusión generada por el excesivo tránsito en la Puerta del Sol, y en la traslación de las desembocaduras de las calles del Carmen y de Preciados, la primera hacia un extremo del Ministerio de la Gobernación y la segunda frente a la calle del Correo. El plan de Reus apenas ofrecía ventajas económicas y no satisfacía el desahogo del tráfico en la plaza de la misma forma que el proyecto oficial, siendo además inferior en la distribución y el decorado de las fachadas de los edificios187. El otro proyecto presentado fue el de la Junta Consultiva de Policía Urbana (denominado segundo para diferenciarlo del de 1853). En él la plaza adoptaba una forma totalmente semicircular y levantaba en su parte central un monumento rodeado por una pequeña y elíptica zona ajardinada (Ilustración 1.20). Planteaba además la construcción de una iglesia en el trozo comprendido entre las calles del Carmen y de Preciados. Quizás lo más significativo era la superficie total de la plaza, que con 14.338 metros cuadrados multiplicaba casi por cinco la dimensión de la primitiva. Sin embargo, su enorme coste, estimado en 25-30 millones de reales, el estrechamiento que producía en la vía pública y la exigencia de excesivas expropiaciones hacían inviable su aprobación. La estructura de la plaza daba lugar a un cerramiento que podía ocasionar graves problemas de higiene y salubridad. Este inconveniente se solapaba con otro si cabe más importante relacionado con una cuestión de seguridad y orden público: el cierre de todas las desembocaduras de las calles que afluían a la Puerta del Sol convertían a aquella en un punto estratégico de complicada defensa en caso de ser objeto de una insurrección popular. Razones de alta política y principios de alto gobierno dejaban a este proyecto sin posibilidades reales de prosperar.
Ilustración 1.20. Proyecto de reforma de la Puerta del Sol de la Junta Consultiva de Policía Urbana. Nótese el cerramiento producido por la estructura semicircular planteada para la nueva plaza y la gran amplitud tanto en su superficie (14.338 metros) como en el jardín dispuesto en su parte central (3.650
metros). Escala 1:1500. Fuente: Proyectos para la reforma de la Puerta del Sol, Escuela Especial de Ingenieros, Caminos y Puertos, Madrid, 1859. AVM, Secretaría, 9-427-45.
Las dificultades inherentes a la enajenación de los solares para edificar en la Puerta del Sol retrasaron relativamente la reforma. Las subastas celebradas no tuvieron en un principio el resultado esperado al no presentarse licitadores. El asunto quedó en manos del Senado, donde los oradores expresaron su descontento con la parte artística del proyecto oficial. El duque de Rivas, presidente de la Real Academia de San Fernando, fue quien mostró una postura más crítica, señalando que aquel era “el peor de
todos los que se habían presentado, siendo como era mezquino y estando reducido a ensanchar unos cuantos pasos más la Puerta del Sol, para lo cual no era necesaria la expropiación hecha”188. A su juicio, era preferible dejar la plaza en su estado actual o aprobar el proyecto segundo de la Junta Consultiva. Los datos relativos a las áreas de superficie determinadas en los proyectos presentados desde 1853 invalidaban, sin embargo, su opinión, al quedar el de Del Valle sólo por detrás del poco económico planteamiento de la Junta Consultiva.
Ilustración 1.21. Desfile de tropas en la Puerta del Sol durante la realización de las obras, con motivo de la conmemoración del 2 de mayo. 1858. Fuente: Biblioteca Nacional de España.
Las discrepancias motivaron una nueva intervención de la Academia de San Fernando, que presentó un nuevo proyecto que a juicio de los especialistas complicaba todavía más la difícil encrucijada de este espacio al abrir, bajo un incomprensible deseo de simetría, una nueva calle que penetraba en la Puerta del Sol desde la plaza de la Misericordia (Figura 1.8). La superficie total era de 10.133 metros, si bien en realidad quedaban para la circulación 8.747 debido a la apertura de un monumento y un jardín en la parte central. Quizás lo más controvertido de la fórmula ideada por la Academia era la construcción de una manzana en el solar del Buen Suceso, pues de esa manera se invadía la zona de mayor movimiento en la plaza y se anteponía a la comodidad del tránsito la regularidad de dejar en el centro exacto el Ministerio de la Gobernación189.
188 El pensamiento del Duque de Rivas en la discusión generada en el Senado queda reproducida en:
MARTÍ FONT, Víctor, Revista de Obras Públicas, número 18, año VII, pág. 213.
Figura 1.8. Proyecto de reforma de la Puerta del Sol de la Academia de Nobles Artes de San Fernando. Persiste la idea de la colocación de un jardín en la parte central, si bien de menor extensión que el planteado por la Junta Consultiva de Policía Urbana (1.388 metros). Señaladas en rojo la nueva calle
proyectada desde la plaza hasta la calle de la Misericordia y la nueva manzana en el solar del Buen Suceso Escala 1:1500. Fuente: Proyectos para la reforma de la Puerta del Sol, Escuela Especial de
Ingenieros, Caminos y Puertos, Madrid, 1859. AVM, Secretaría, 9-427-45.
La reforma propuesta por los miembros de la Academia quedó bajo la consideración de la Dirección facultativa de las obras de la Puerta del Sol, que presentó un nuevo proyecto el cual venía a ser tan sólo una modificación del realizado por Del Valle, Ribera y Morer. Destacaba el aumento de la superficie, la cual llegaba a los 12.320 metros (superando en más de 7.000 a la antigua plaza), y una disposición que establecía mejores conexiones con las calles afluentes sin que ello exigiera nuevas expropiaciones190. De este modo, se reconocía la fórmula de los ingenieros del Canal de Isabel II como la más apropiada introduciendo ligeras modificaciones. Definido el proyecto de ensanche para la plaza se abrió el concurso público para su embellecimiento, tarea mucho menos problemática que contempló la instalación de una fuente monumental en la parte central, provista de un surtidor a partir del cual se pensaba lanzar a casi treinta metros de altura las aguas sobrantes que desde el río Lozoya llegaban a Madrid. Como señalaba Manuel Fernández y González, la gente veía a los ríos ponerse de pie en Madrid. La disolución del Consejo de las obras de la Puerta del Sol en noviembre de 1862 puso punto y final a uno de los episodios más complejos de la transformación urbanística del Madrid isabelino. Los nuevos datos relativos a la circulación en la renovada plaza a lo largo del año posterior a la finalización de las obras evidenciaban su mayor amplitud: “Carruajes de cuatro ruedas y un caballo:
4.184; ídem con dos, 2.185; ídem con más de dos, 21; diligencias, ómnibus y sillas de postas, 81; carruajes de dos ruedas, 47; galeras, 8; carros de reata: 1.237; carretas: 177; caballos de montar: 861 y caballerías de carga, 1.969”191.
La reforma fue decisiva para transformar el contenido social de la plaza y sus alrededores. Desapareció el caserío inmundo y en mal estado de la década anterior y la plaza se rodeó de edificios representativos que no se limitaban a ser meras fachadas, sino que actuaban como lotes independientes en su organización y unitarios en su conjunto (Ilustraciones 1.22 y 1.23). Aquellos dieron a la Puerta del Sol un aspecto
190 MARTÍ FONT, Víctor, Revista de Obras Públicas, número 20, año VII, 1859, pág. 237. 191 La Época, 29 de julio de 1863.
moderno y cosmopolita que rompía con el modelo practicado hasta aquel entonces en la capital. Las buhardillas vivideras de 1850, auténticas madrigueras humanas que daban cobijo a mozos de diligencias, jornaleros, pequeños artesanos como zapateros o sastres, viudas, costureras, modistas y humildes dependientes de comercio, se extinguieron por completo de este enclave urbano al darse prioridad a la buena disposición de nuevos inmuebles de cinco plantas. Éstos, construidos con basamento de piedra, con continuidad de huecos en su parte baja para la instalación de tiendas y con áticos en la parte superior, se encontraban ya perfectamente adaptados a la nueva escala de la ciudad de la década de los sesenta.
Ilustraciones 1.22 y 1.23. Ambas imágenes presentan la nueva fuente central instalada en la plaza,