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4.   EMPIRICAL FINDINGS 32

4.3   LEADERSHIP PRACTICES 35

4.3.3   STRUCTURE AND ORGANIZE THE INNOVATION PROCESS 37

Iglesia del Buen Suceso, situada en el fondo y derribada en 1854. Nótese el detalle de la farola de gas situada ante el edificio, única de este tipo con la que se iluminaba la plaza, instalada en 1848. A la derecha, grabado detallando la circulación en la plaza en torno a 1853, reproducido por Jesús Evaristo

Casariego hacia 1966. Fuente: Museo de Historia, Inventario 18.999.

Aunque sus ideas eran la manifestación de un renacimiento urbano de signo progresista, el proyecto que planteó para la Puerta del Sol estaba lejos de ser realizable. La forma pensada para la plaza era la rectangular y su extensión se prolongaba hasta la iglesia del Carmen, lo que daba lugar a un espacio demasiado amplio que requería la expropiación de un gran número de inmuebles. La envergadura de su plan, coronado por el levantamiento de varios edificios emblemáticos con diferentes funciones (una catedral, un teatro y la Bolsa) se apreciaba en el tiempo estimado para su realización. En total, veinte años que el poder gubernamental podría acabar reduciendo a la mitad. Aunque los nuevos edificios ganarían en salubridad, desapareciendo sótanos y buhardillas, el plan de Albo era un desatino. No valoraba ni la debilidad de las arcas municipales, ni las reclamaciones de vecinos y propietarios que habría de generar la demolición de cientos de viviendas, ni el caos que podía provocar en el centro. La necesidad de la reforma era evidente, pero su puesta en escena debía ser bien meditada.

Uno de los aspectos que más fervientemente justificaba la reforma tenía que ver con la circulación, cada vez más colapsada en una ciudad que crecía progresivamente. La plaza era el punto central de un sistema radial de vías públicas, la mayoría de ellas de primer orden, que verificaban el mayor tráfico en el interior de la ciudad. Calles como Alcalá, San Jerónimo, Mayor y Arenal concurrían en la plaza de forma directa. Otras lo hacían indirectamente a través de terceras vías. Era el caso de las de Toledo y Segovia, enlazadas con Sol a partir de Concepción Jerónima y Carretas; de San Bernardo, a la que servía de conexión Preciados; y de las de Fuencarral y Hortaleza, que terminaban en el mismo punto gracias al papel desempeñado por Montera. Todas constituían las corrientes principales que alimentaban el gran número de ramales que de ellas partían. La disposición topográfica presentada por la ciudad planteaba la división entre una zona elevada al norte y otra más baja y de pendientes más rápidas hacia el sur, separadas por la línea de la Puerta de Alcalá al Palacio Real a través de las calles de Alcalá, Puerta del Sol, Arenal y plazas de Isabel II y Oriente. Esta estructura generaba una circulación a partir de la cual, para transitar de una zona a otra, resultaba necesario atravesar la plaza sobre la que se proyectaba la reforma o sus múltiples desembocaduras109.

Era perentorio favorecer el movimiento de abastos y mercancías en una ciudad que no dejaba de ser un gran centro de consumo en el que poco o nada se producía y en la que lo producido apenas se exportaba110. Día a día, carretas, carros y galeras atravesaban las puertas de Madrid para descargar miles de fanegas de trigo, arrobas de harina y de carbón, libras de pan cocido, vacas y carneros111. La naturaleza del sistema radial de comunicaciones provocaba que buena parte de las calles de primer orden que confluían en la Puerta del Sol sirvieran de enlace a las diferentes puertas de entrada de la ciudad o como puntos de introducción entre el perímetro y el espacio central. La mala disposición del suelo urbano y el viciado trazado de muchas vías públicas provocaban que para atravesar la ciudad fuera necesario emprender el camino por estas arterias principales. En el reparto de las mercancías a las tiendas del centro o a los puntos de depósito, la plaza asumía un protagonismo fundamental que reforzaba actuando al mismo tiempo como zoco para la venta de frutas y carne bajo el edificio del Buen Suceso112. A estos puestos móviles se unía además la decisiva presencia de la fuente pública en una ciudad que todavía no había recibido las aguas del Lozoya. Esto explica la tradicional definición de la plaza como espacio de atracción de aguadores y criados del servicio doméstico de las casas nobles de las calles aristocráticas más cercanas.

Tampoco se debe olvidar que Madrid, como consecuencia del sistema de centralización que regía en el país, era el lugar donde se despachaban los principales intereses y asuntos gubernamentales. La necesidad de acelerar el movimiento

109 MARTÍ FONT, Víctor: “Reforma de la Puerta del Sol”, en: Revista de Obras Públicas, tomo VII, nº 5,

1859, p. 53-55.

110 FERNÁNDEZ GARCÍA, Antonio, El abastecimiento de Madrid en el reinado de Isabel II, Instituto

de Estudios Madrileños, Madrid, 1971.

111 Las puertas que debían tomarse en consideración en la introducción de artículos en Madrid eran la de

Alcalá, donde concurrían las carreteras de Soria, Aragón y Cataluña; la de Atocha, por los ferrocarriles de Aragón, del Mediterráneo y por las carreteras de Cuenca y Valencia; la de Toledo; la de Segovia; la de San Vicente a donde confluían las carreteras de Galicia, Asturias y buena parte de Castilla la Vieja; y la de Bilbao, donde finalizaba la carretera de Francia por Burgos. En: MARTÍ FONT, Víctor: “Reforma de la Puerta del Sol”, en Revista de Obras Públicas, tomo VII, nº 5, 1859, pp. 53-59.

112 Esta función de la plaza queda reseñada en: ROSÓN, Eduardo, Madrid y sus calles de antaño y

hogaño. La Puerta del Sol, Madrid, Talleres de V. Rico, c. 1925. Citado en: NAVASCUÉS, Pedro:

administrativo era imperiosa en un espacio urbano que en un corto radio concentraba los edificios de los principales organismos nacionales, ya fueran ministerios, oficinas, instituciones locales, Congreso de los Diputados, Tribunales, Audiencia Territorial, etc. Eran múltiples los servicios que se debían facilitar en el centro de la ciudad y la Puerta del Sol constituía nuevamente el paso obligado de aquellos que por su posición oficial debían acudir diariamente a las diferentes dependencias de la Administración113.

Sin embargo, fueron las necesidades vinculadas al Ministerio de Gobernación las que jugaron un papel clave en la reforma, al pretender crearse en torno a aquel, y a medio camino entre el Palacio Real y las Cortes, un marco de seguridad frente a cualquier movimiento revolucionario. La Puerta del Sol ya se había ganado el apelativo de escenario de las contiendas o luchas civiles de los españoles por su representatividad en los principales acontecimientos y actos públicos de décadas pretéritas. Allí se habían desarrollado los principales episodios del motín de Esquilache y la carga de los Mamelucos contra los madrileños sublevados frente al ejército francés. Se había proclamado la Constitución de Cádiz, se habían difundido bandos durante el Trienio Liberal en sus célebres cafés Lorencini y La Fontana de Oro y se había escuchado el célebre “Trágala, tirano” a Fernando VII. Fue en el siglo XIX cuando se convirtió en

“plaza de armas militarmente ocupada por tropas y cañones”114. Sus diferencias eran evidentes con respecto al otro gran foro de la ciudad, la Plaza Mayor, al definirse por un mayor dinamismo en su espacio, con acontecimientos y manifestaciones que no estaban programadas de antemano y que por tanto resultaban prácticamente incontrolables.

El traslado del Ministerio de Gobernación a la plaza como sede de la fuerza pública se explica precisamente por la necesidad de reprimir y vigilar los inoportunos motines populares. Policía y control del orden público eran las dos funciones primordiales del edificio, pero también la prevención social a través de la Beneficencia, la tutela de los Ayuntamientos nacionales o la organización de los mecanismos electorales para la obtención de mayorías parlamentarias adictas al Gobierno. El abandono de la vieja sede de la calle de Torija no fue casual y coincidió con la construcción de la primera red de telégrafos y los inicios del ferrocarril, medios de comunicación decisivos para controlar de manera efectiva la nación desde su capital115. La instalación de la torre central de la red de telégrafos en la parte superior del Ministerio de la Gobernación permitía controlar el país recibiendo información y expidiendo órdenes. La proximidad de la Dirección General de Correos y de la Imprenta Nacional completaba el esquema de un poder centralizado a partir del cual se garantizaba la censura y el control sobre la libre circulación de ideas mediante la gestión de las comunicaciones escritas y la propagación de normas estatales116.

113 Tan sólo el palacio del Senado y los Ministerios de Gracia y Justicia y de Marina quedaban fuera de la

porción administrativa de la ciudad, que comprendía el Palacio Real, Arenal, Puerta del Sol, Alcalá, el Prado, Carrera de San Jerónimo, Carretas, Atocha, Plaza Mayor, Platerías y Almudena. En: MARTÍ FONT, Víctor: “Reforma de la Puerta del Sol”, en Revista de Obras Públicas, tomo VII, nº 5, 1859, p. 57.

114 La importancia de la Puerta del Sol como escenario de los principales acontecimientos políticos del

siglo XIX y su distinción con respecto a la Plaza Mayor en: BONET CORREA, Antonio, “La Puerta del Sol de Madrid, centro de sociabilidad”, en “Plazas” et sociabilité en Europe et Amerique Latine.

Colloque, Publications de la Casa de Velázquez, Madrid, 1982, pp. 69-80.

115 BAHAMONDE MAGRO, Ángel (dir.), Las comunicaciones en la construcción del Estado

contemporáneo en España, 1700-1936: el correo, el telégrafo y el teléfono, Ministerio de Obras Públicas,

Transporte y Medio Ambiente, Madrid, 1993; y BAHAMONDE MAGRO, Ángel, MARTÍNEZ LORENTE, Gaspar y OTERO CARVAJAL, Luis Enrique, Atlas histórico de las comunicaciones en

España: 1700-1998, Correos y Telégrafos, Madrid, 2002.

Así, fue la propia jefatura política de Gobernación quien estimuló al Ayuntamiento de Madrid a comienzos de los años cincuenta para ensanchar la plaza y acometer obras secundarias en la calle del Arenal o la plazuela de Santa Ana bajo el pretexto de que aquellas “pudieran hermosear extraordinariamente la ciudad”117. Desde la prensa se buscaba estimular el debate, señalando el escaso atrevimiento de la capital española en aquella época de movimientos urbanísticos. El progresivo hacinamiento de una población cada vez más constreñida, las nuevas condiciones laborales, la elevada representación de las clases populares y las situaciones de crisis económicas suponían un caldo de cultivo para una creciente agitación política. En un escenario como éste, era necesario asegurar la protección de la Puerta del Sol, centro geométrico de la ciudad pero también centro del poder político118.

La plaza era además el principal punto de confluencia de un tránsito mercantil, bancario, industrial y de recreo y ocio poco regularizado, dada su anómala superficie y el complejo entramado de calles situadas en sus aledaños (Figura 1.7). La gran actividad comercial y la animación de la población en el centro quedaba expresada no sólo en el intenso movimiento de carruajes de alquiler y caballos de propiedad particular, sino también en el bullicio de sus cafés y botillerías y en el trasiego de viajeros que se alojaban en las numerosas fondas de la zona119. Los paseos más agradables situados en el Prado, el Retiro y la Fuente Castellana conectaban también con la Puerta del Sol a través de anchas avenidas e incrementaban su importancia como “paraje más público

de la Corte”120. Todo ello venía reforzado por el hecho de que este espacio constituía el centro de sociabilidad de la capital, el área principal de espectáculos teatrales, con el Real al final de la calle del Arenal, el del Circo próximo al fin de la calle de Alcalá, el del Príncipe en torno a la carrera de San Jerónimo y el de la Cruz en la calle del mismo nombre. Todos los centros de movimiento estaban en contacto con la Puerta del Sol, “a

cuya aorta refluye la sangre por segundos y donde pueden contarse las pulsaciones del ánimo del pueblo, pues allí se manifiestan sus pasiones, sus goces, o su descontento, con una vivacidad de que no hay ejemplo en otras partes”121.

Circulación de carruajes y caballerías en la Puerta del Sol por jornada laboral y hora

Clases de carruajes y caballerías Movimiento jornada laboral

Movimiento por hora

Coches de todas las clases 3.218 357

Ómnibus y diligencias 38 4

Galeras, carros y carretas 694 58

Total carruajes 3.950 419

Caballos de silla 430 47

Caballerías de carga 984 82

Total caballerías 1.414 129

Figura 1.7. Fuente: CASTRO, Carlos María de, Apuntes acerca de los empedrados de Madrid, Imprenta de D. José de la Peña, Madrid, 1857.

117 La Época, 6 de junio de 1850.

118 QUIRÓS LINARES, Francisco: “La construcción del centro urbano. Política y especulación en la

reforma de la Puerta del Sol (1853-1862)”, en: Eria, nº 4, 1983, pp. 81-91.

119 La estructura tripartita determinada por Martí Font para la plaza según el proyecto de la Junta

Consultiva de Policía Urbana en: NAVASCUÉS, Pedro: “Proyectos del siglo XIX...”, Op. Cit., pp. 67-68.

120 La definición de la plaza procede de: PONZ, Antonio, Viage a España. Madrid y sitios reales, tomo V,

Atlas, Madrid, 1972 (facsímil de la edición de 1788).

Para concentrar una circulación de tanta entidad, la Puerta del Sol ofrecía una capacidad de 5.069 metros cuadrados que se antojaba muy corta y que ponía de manifiesto los peligros que representaban las diversas y opuestas direcciones con que personas, caballerías y carruajes atravesaban el centro de la ciudad. La conjunción de estos factores generaba una inevitable obstrucción del espacio disponible ya señalada por Carlos María de Castro en 1857 al atender a la circulación y tráfico registrado por la plaza en una jornada laboral de doce horas expresadas desde las ocho de la mañana hasta la una de la tarde y desde las dos a las nueve de la noche.

1.3.2. El comienzo de una larga travesía. Los primeros proyectos de reforma y su impacto en la opinión pública madrileña.

La apertura de la década de los cincuenta dio lugar a la presentación de los primeros proyectos que podemos considerar oficiales para el ensanche de la Puerta del Sol. Al margen de propuestas de alineación como la de Isidoro Llanos (que incluía la calle del Arenal y buscaba regularizar la plaza) y otra de carácter anónimo que incluía como principales novedades la colocación de un monumento dedicado a Isabel II en la parte central y una estructura de hierro y cristal a modo de cubierta para los pisos bajos de los nuevos edificios122, la primera que podemos considerar como de verdadera relevancia llegó de manos de la Junta Consultiva de Policía Urbana.

Aquella institución había nacido de la necesidad de dotar a Madrid de un plan general de alineaciones, proyecto en el que Mesonero Romanos insistió durante su etapa como concejal. En 1848 planteó la formación de una comisión mixta de ingenieros y arquitectos que se encargara de redactar junto a la municipalidad unas nuevas ordenanzas de alineación y construcción para la ciudad. Pero tales cometidos fueron finalmente encargados a la Junta Consultiva de Policía Urbana, creada en agosto de 1852 y presidida por el propio Mesonero Romanos. Como se ha señalado en diferentes estudios, debe interpretarse como un órgano asesor del Ministerio de Gobernación, del cual era dependiente, y como la primera organización centralista en términos urbanísticos123. Su fundación resultaba una prueba elocuente de la incapacidad de los municipios para afrontar la cuestión urbana por la escasez de recursos y posibilidades y de la necesidad de emprender una labor unificadora que emanase del Estado. Sus nuevas funciones incluían la posibilidad de proponer todas las reformas que pudieran hacerse en los diversos servicios de policía urbana, la formulación de los proyectos de reglamento y ordenanzas especiales de administración pública sobre la misma materia y la configuración del proyecto general de alineaciones de Madrid y sus afueras. Tales atribuciones no pasaron desapercibidas para la prensa, que manifestó en ciertos casos su oposición a las mismas por considerar que anulaban a los Ayuntamientos convirtiéndoles en “meros agentes de los gobernadores civiles, que ni aun tendrán

derecho a intervenir en las materias peculiares de su instituto”124.

122 El proyecto de alineación de la Puerta del Sol con la calle del Arenal en: AVM, Secretaría, 10-204-11.

El segundo proyecto, de autor desconocido, es explicado en: NAVASCUÉS, Pedro: “Proyectos del siglo XIX...”, Op. Cit., pág. 68.

123 BASSOLS COMA, Martín: “Los inicios del derecho urbanístico en el período del liberalismo

moderado y el sexenio revolucionario (1846-1876): el Ensanche de la ciudad como modelo urbanístico y sistema jurídico”, en Ciudad y Territorio. Estudios territoriales, XXVIII, nº 107-108, 1996, pp. 53-90.

La Junta planteaba establecer un sistema de alineación regular para todas las construcciones urbanas fijando la anchura y la dirección de las vías públicas y la relación de éstas últimas con los nuevos edificios. De este modo se podían favorecer las comunicaciones en el interior y mejorar sus condiciones de salubridad, comodidad y seguridad a través del rompimiento, el equilibrio y el ensanche de sus calles. Pero quizás lo más importante fuera el contenido de sus bases legislativas, orientadas al establecimiento de ciertas reglas en las actuaciones urbanísticas que debían ser religiosamente cumplidas por los particulares. Impedía que las indemnizaciones se convirtieran en un asunto arbitrario y garantizaba el derecho sagrado de la propiedad, a pesar de que ello no quería decir que sobre él pudieran prevalecer la comodidad y la seguridad de una determinada población. Era justo indemnizar a un propietario que cedía terreno para el uso público siempre que dicha indemnización quedara sujeta a la revalorización de las fincas como consecuencia de una obra pública125.

Al mismo tiempo que la Junta desarrollaba una laboriosa y minuciosa tarea de recopilación de información sobre las alineaciones de las calles de Madrid, asumió la responsabilidad de realizar la primera reforma de la Puerta del Sol de gran envergadura. La idea original del proyecto planteaba el ensanche de las calles que confluían en la plaza, suprimiendo las más degradadas y regularizando sus desembocaduras para concederla mayor amplitud. Junto a la finalidad del ensanche figuraba la del ornato, pues al margen de ser una gran plaza tenía que quedar decorada de manera adecuada, uniforme y en posición de equidad con las más bellas de Europa. Para conseguirlo, el municipio podía recurrir a la colocación de grandes fuentes o de monumentos artísticos dignos de la capital de la monarquía. Este último punto explica, por ejemplo, la alusión continua en los sucesivos proyectos al levantamiento de un teatro para reemplazar al edificio del Buen Suceso. Con el objetivo de hacer más fáciles y espaciosas las salidas de las diferentes calles que concluían en la plaza, el proyecto prolongaba la alineación de la casa de Mariátegui en la calle de Espoz y Mina, trazaba un gran arco circular frente al antiguo edificio de Correos y terminaba en la calle de la Zarza. Quedaban mermadas en número de inmuebles las manzanas comprendidas por las calles de Alcalá, Montera y Carmen; la que incluía parte de esta última vía y Preciados; y la que congregaba a la calle de la Zarza. Otras, como el oscuro y estrecho callejón de Cofreros,