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Recreation Programs and Services Analysis

Community Needs

Map 2: System Analysis

E. Recreation Programs and Services Analysis

que no para crear tu propia versión. Y el resultado de todo ese recorrido serías tú, cimentaría tu propia personalidad e identidad.

Yo estoy de acuerdo con esa idea, pero me parece que también son muy impor- tantes las raíces. Siempre digo que a un árbol sin raíces se lo lleva el viento. Y yo necesito volver a esas raíces porque creo que el origen de todas las inquietudes que tengo está ahí.

Si tuviera que intentar definir mi identidad, yo diría que soy brasco. Porque le tengo también muchísimo cariño a Euskal Herria, me parece una tierra con una mitología y un entorno preciosos. Cuando voy fuera, me vuelvo euskaldun a tope y me molesta mucho si oigo a alguien criticar a los vascos.

Si hiciera un poquito más de calor, ya sería la bomba.

Aunque suene un poco a tópico, tengo esa duda existencial con lo de qué soy, de dónde vengo y a dónde voy. Es una comedura de tarro que sé que va a con- tinuar todavía muchos años más. Estoy en el camino y he ido aflorando muchas cosas de las que tenía dentro, pero me queda mucho por delante.

Al principio, para mis colegas toda esta deriva espiritual mía fue un choque. Y lo entiendo, porque para unos chavales jóvenes con la mentalidad de salir de fiesta y ningún interés por la religión este cambio les resultaba incomprensible. Llegaron a estar preocupados por mí, porque estaba con mis cosas y ni bebía alcohol ni salía de fiesta.

Al final, acabaron llamándome el chamán y con eso me he quedado. Me tienen etiquetado así y de esta manera están tranquilos.

De todas formas, yo entiendo que estas son cuestiones difíciles de entender y de las que no se puede hablar con todo el mundo. Y más en la sociedad actual, donde la religión no tiene ningún peso. La espiritualidad oriental quizás se está poniendo de moda; pero yo lo veo así, como algo pasajero que la gente no siente de verdad.

Ahora que estoy estudiando Antropología, veo que las religiones son diferentes caminos para llegar al mismo lugar. Se puede escoger un camino u otro mien- tras el sentimiento sea puro.

Y ahí ando. La verdad es que me gusta mucho el misticismo y es una de las cosas que más agradezco haber encontrado en estos últimos años. Y creo que se lo debo en buena medida a la muerte de mi padre y al lugar del que procedo.

Cuando mis padres se divorciaron definitivamente, yo me quedé viviendo con mi madre y mi hermana se fue a vivir con mi padre. Aunque ella no es hija bio- lógica suya, siempre estuvo muy apegada a él y tenían muy buen rollo. Sintió mucho su falta cuando murió.

Después ella se fue a vivir con su pareja y yo seguí con mi madre una tempora- da, pero como ella es bastante especial, nuestra relación no era fácil y teníamos nuestros problemas.

128 La diversidad infantil y juvenil en la CAE Las (mal) llamadas segundas generaciones

Con diecisiete años acabé yéndome a vivir a casa de mi hermana. Era una es- pecie de loft. Me monté allí mi propio rincón para tener un poco de intimidad y estuve algo más de un año. Primero yo solo y luego con una chica latinoameri- cana que era entonces mi pareja.

Ella fue la que me enseñó a valorar mi cultura latina, porque tenía mucho orgullo de su raza taína, que son los autóctonos del Caribe. Yo estaba más centrado en mi origen africano, pero con ella aprendí a apreciar y a querer todo lo relaciona- do con el mundo latino. Hasta el punto que he estado trabajando algunas tem- poradas en pubs latinos porque me encanta su forma de hablar y de expresarse. Ella venía de un entorno muy tradicional y religioso en su país, pero al llegar aquí se le abrió la mente. Se sintió muy arropada y muy identificada con la cultura vasca y con la lucha de Euskal Herria. Hasta se puso a hacer Derecho para lu- char contra las injusticias. Era muy cañera, muy heavy.

Tenía un carácter muy especial y puede que sea por eso por lo que hoy en día ni nos hablamos.

Al terminar el Bachillerato, hice la selectividad y no me cogieron en la uni. Ade- más estaba un poco cansado de hacer todos los días lo mismo. De ir al mismo bar y de tener que ponerme de acuerdo con una cuadrilla de tanta peña para hacer un miserable plan. Yo soy muy inquieto. Necesito moverme y conocer sitios nuevos.

Así que decidí cambiar de aires. Mi madre tenía un amigo brasileño que vivía en Mallorca y que siempre nos decía que fuéramos a su casa. Estuve también pensando en ir a Inglaterra, pero como mi pareja no podía salir de España por el permiso que tenía, acabamos yendo Mallorca.

Lo que pasa es que no fuimos en el mejor momento. Por un lado, el amigo de mi madre se estaba separando de su pareja y la situación en casa no era la más agradable. Y por otro, tampoco las cosas estaban como para conseguir trabajo fácilmente.

Mi pareja no encontraba nada y yo estuve haciendo repartos en una pizzería. Pero tenía que hacer muchos kilómetros para ganar muy poco dinero. Entre el sueldo y la pensión que tenía por la muerte de mi padre íbamos tirando.

Lo bueno es que por el trabajo pude conocer muy bien las islas y aprovechá- bamos los fines de semana para hacer excursiones a los rincones que había encontrado mientras hacía los repartos.

Le cogí cariño al lugar, pero a la vez me sentía muy encerrado. Yo necesito moverme y una isla a la que dabas la vuelta en tres horas no es el mejor sitio para eso.

Aproveché también para estudiar un Grado de Producción Musical y Masteriza- ción y un curso de Help Desk del INEM, para ver si podía entrar en una empresa en la que estaba intentando meterme. Aunque al final no me salió.

Como aspecto positivo, me parece que esa experiencia me hizo más fuerte y me enseñó lo que era capaz de hacer. Porque yo siempre he sido un tío dejado y súper parado, y sin embargo allí pude estudiar y trabajar a la vez. Eso sí, tenía que estar bien jodido para ser capaz.

Dicen que eso es algo típico de los brasileños. Sobre todo de los bahianos, que es el prototipo de brasileño relajado. Se suele decir que un brasileño no reaccio- na hasta que se ve entre la espada y la pared. Y yo me vi así y conseguí sobrevivir casi un año. Eso sí, muy menguado; volví con cincuenta kilitos pero con una mentalidad diferente.

También conocí allí gente espiritual muy curiosa que de alguna manera me ayu- dó a aumentar mi campo de visión espiritual y a encaminarme hacia lo que estoy estudiando ahora, Antropología.

Y, por contraste, alguna gente a la que me encontré me sirvió para darme cuen- ta de lo que no quería hacer. Eran chavales jóvenes que no aspiraban a nada. Se pasaban el día fumando petas y tomando cervecitas y de vez en cuando hacían algunos apaños para ir tirando. No tenían estudios ni se planteaban tenerlos y pensaban estar así toda su vida, sin ninguna aspiración más. Tenía diecinueve años y pasaba de terminar como esa peña. Decidí que era el momento de hacer algo con mi vida.

Así que nos volvimos a Bilbao y me puse a mirar las carreras a las que podía acceder con mi nota de selectividad, que tampoco era muy buena. Estuve du- dando entre Psicología y Antropología y al final me decidí por esta. Me pareció que era la más interesante para mí por lo del estudio de la diversidad cultural y esas cosas. Porque además mi casa, por los viajes de mi padre, era un auténtico museo de todo tipo de culturas. Y también por la parte de mi madre, por vivir entre dos culturas. Pensé que eso era lo mío.

Tengo que reconocer que nunca habría dicho que iba a acabar en la uni, pero creo que he elegido bien. Prefiero estudiar una carrera que me interese, aun- que tenga pocas salidas, que hacer otra sin estar a gusto. Porque

encima conociéndome, sé que así no funciono, que no la iba a terminar. Además, la Antropología es una materia muy amplia y se puede aplicar en campos muy diferentes. Se trata de tener cabeza y también un poco de labia, porque hay que saber ven- derse para todo.

Para mi madre es un orgullo que esté en la uni. Porque aquí es súper normal que la gente vaya a la universidad, pero en su familia, que es muy grande, solo hay dos primos míos que lo han hecho. Encima son unos cerebritos, uno de ellos hizo tres carreras a la vez.

Por lo menos en estos países se nota mucho cuando la gente tiene acceso a la universidad. Les sirve para tener una mentalidad mucho más abierta y para co- nocer a otras personas con opiniones diferentes. Los que no la han pisado son mucho más tradicionales y más religiosos. Se quedan con lo que oyen por ahí y no avanzan. Siguen igual que hace cincuenta años.

Prefiero estudiar una carrera que