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2.4 BeneFactor

3.4.2 Refactoring Detectors

La memoria juega un papel muy importante a la hora del aprendizaje y en el desarrollo de la cognición. La memoria, según la teoría de Piaget, se relaciona con los esquemas, que son “patrones organizados de pensamiento y conducta que se siguen en situaciones particulares”

De esta manera se puede decir que la memoria es compleja y fascinante a la vez, ya que la conforman un conjunto de funciones en una red interactiva apta para adquirir, registrar, elaborar, almacenar, recuperar y utilizar información; la memoria nos permitirá construir nuestros propios esquemas de conocimiento. Sin ella no podríamos contrastar nuestros saberes previos con los del presente. Sin ella seriamos incapaces de aprender, pensar, no podríamos expresar nuestras ideas y sin los recuerdos nuestra vida perdería sentido.

Por lo tanto en el intento de estudiar la psicología de la memoria y percepción es que surge la “Psicología del testimonio” actualmente ocupándose de dos aspectos básicos: la exactitud de las declaraciones y la credibilidad de los testigos y sus testimonios”. (Juárez J., 2004)

Respecto a la memoria es que hacemos referencia a los primeros estudios de (Kuehn, L. en 1974: ob.cit Juárez J. 2004) en los que describía la capacidad de las víctimas de delitos violentos (homicidios, violaciones, asaltos y robos) para describir a sus agresores.

Donde determino las siguientes variables en cuanto a la mayor o menor precisión del testimonio:

Tipo de delito: Las víctimas de violación o asalto daban menos detalles que las de robo.

Momentos del día: Al anochecer las descripciones eran menos completas, incluso peores que si era ya de noche.

Daño a la víctima: Cuanto más daño a la víctima, esta ofrece una descripción menos completa.

Sexo: Los hombres ofrecen mejor descripción que las mujeres.

Raza: Cuando la víctima es blanca y el asaltante negro, la descripción es más completa.

Y de acuerdo con Juárez (2004), el cual infiere que las circunstancias que rodean al suceso, así como las condiciones en las que toma la declaración, influyen notablemente en la exactitud del testimonio.

Otras investigaciones, (Zanni y Offerman, (1974); Siegel y Loftus, 1978; Clifford y Hollin, 1981: ob.cit Juárez J., 2004) relacionadas con la memoria del testigo en las cuales expresan que el efecto del arousal2 consecuente del estrés que produce ser víctima de este tipo de delitos, afecta negativamente a la exactitud del recuerdo del testigo.

a) La memoria en la niñez temprana (3 a 6 años de edad)

Antes de profundizar en esta etapa es importante mencionar que en los primeros tres años de vida la memoria es de carácter sensitivo. Ya lo mencionaba Piaget en la etapa sensorio motora en la cual los bebés construyen su comprensión del mundo a través de la coordinación de sus experiencias sensoriales y motoras, es decir el niño usa esquemas basados únicamente en los sentidos y en sus capacidades de movimiento.

Mediante el aprendizaje del lenguaje, el niño va logrando nuevas estrategias de memoria simbólica, que con la edad y las habilidades que va adquiriendo se van volviendo más complejas Alrededor de los tres años, pues, y gracias a la relación entre lenguaje y pensamiento, los niños pueden recordar las situaciones que viven y pueden explicarlas a alguien

2 Es una activación general fisiológica y psicológica del organismo, que varía en un continuo que va desde el

A partir de aquí, los niños empiezan a ejercitar la memoria a largo plazo, que les permite recordar pequeños episodios o historias protagonizadas por ellos mismo.

Por lo tanto, la memoria se vuelve explicita, entendiendo por ella la memoria que se hace consciente y que puede ser expresada directamente. Es la memoria de acontecimientos, de personas, de conceptos, de ideas.

(Nelson en 1993: ob.cit Papalia, 2012); distinguió tres tipos de memoria de la niñez que cumplen funciones diferentes: genérica, episódica y autobiográfica.

La memoria genérica: Que empieza a funcionar al rededor de los dos años, se basa en un hecho familiar que pasa repetidamente, como el viaje en autobús al jardín de niños o un almuerzo en la casa de la abuela. Este tipo de memoria perdura más y es más resistente al olvido y a las interferencias.

La memoria episódica: Se refiere a la conciencia de haber experimentado un hecho o episodio particular n un momento y lugar específicos, como una visita al zoológico. Dada la limitada capacidad de su memoria, los recuerdos episódicos son temporales. A pesar de que el acontecimiento se codifica de forma específica, puede llegar a olvidarse o puede ser fácilmente interferido.

La memoria autobiográfica: Surge de la memoria episódica, que hace referencia a los recuerdos de las experiencias distintivas que conforma la historia de la vida de una persona, aquellos que tienen un significado personal especial para el niño. (Fivush y Nelson, 2004; ob.cit Papalia, 2012).

La memoria autobiográfica tiene una función social, puesto que permite que compartamos con otros algo de nosotros mismos. Los niños de dos años y medio están en general poco interesados en hablar de sus experiencias pasadas, pero los de cuatro años ya lo están más y son capaces de hacerlo. Sin embargo, hay que remarcar que alrededor de los dos años y medio o tres años, los niños pueden ya informar con exactitud sobre detalles de experiencias personales. (Eisen y Goodman, 1998: ob.cit Juárez L y sala E, 2011)

Para Juárez y Sala (2011) Inicialmente, la memoria es de carácter sensitivo, y los bebés se mueven a partir de una memoria sensorial, puesto que carecen del componente verbal. Lo que recuerdan son sensaciones y emociones. Más tarde, aparece la memoria de las conductas, se ensayan movimientos, se repiten y, poco a poco, se van grabando. De este modo, los niños van reteniendo y aprendiendo experiencias que les permiten progresar y adaptarse al entorno.

Finalmente, se desarrolla la memoria de conocimiento, o la capacidad de introducir datos (codificación), de almacenarlos correctamente (almacenamiento) y de evocarlos cuando haga falta (recuperación). Y haciendo referencia a este último peldaño del proceso memorístico: la recuperación, que es el proceso por el cual recuperaremos la información. Si esta ha sido bien almacenada y clasificada será más fácil localizarla y utilizarla.

Hay dos tipos de memoria de recuperación:

La memoria del reconocimiento: Que se refiere a darse cuenta de que ciertos estímulos perceptivos de un momento o que cierto acontecimiento se ha experimentado con anterioridad.

La memoria de la evocación: Que se refiere a la recuperación de un estímulo o acontecimiento pasado cuando el estímulo o el acontecimiento no están perceptivamente presentes.

La memoria de evocación aumenta con la edad porque se desarrollan estrategias mnemotécnicas, que son aquellas que utilizamos para ayudarnos a recordar. La tendencia a utilizar estrategias, la complejidad de las estrategias utilizadas y la capacidad para utilizarlas mejoran con la edad.

Por lo tanto, antes de los cinco o seis años, a los niños aparentemente no se les ocurre que pueden hacer algo para ayudarse a recordar. Esto es así, en gran medida, porque no tienen desarrollada completamente la metamemoria, es decir, el conocimiento de la propia memoria, y es durante la niñez temprana que los niños van incrementando sus niveles de atención, así como la rapidez y la eficiencia con que procesan la información, y empiezan a formar recuerdos de larga duración. Sin embargo, el recuerdo de los niños pequeños no es tan bueno como el de los mayores.

Para Piaget (1896-1980), un niño está en la etapa preoperacional donde los pequeños pueden entender el concepto de identidad, están comenzando a entender las relaciones de causa, comienzan a ser competentes en clasificación y pueden entender los principios de contar y cantidad.

La memoria de las experiencias de la niñez temprana rara vez es deliberada, los niños pequeños recuerdan sólo los sucesos que les causaron una fuerte impresión, de acuerdo al nivel de estrés o la carga emocional implicada del suceso vivido.

No obstante, los recuerdos pueden existir aunque una persona no sea consciente de ellos, y recuerdos profundos pueden afectar el comportamiento de una persona sin que se entienda su origen.

En la niñez temprana, los niños no tratan de memorizar a propósito, pero recuerdan sucesos que les causaron una impresión particular. La mayor parte de los recuerdos son de corta duración y no suelen recordarse en etapas posteriores de la vida.

b) La memoria en la niñez Media (6 -11 años de edad)

Los niños mayores cometen menos errores en el recuerdo que los niños menores porque eligen lo mejor lo que quieren recordar y lo que quieren olvidar (Lorsbach y Reimer, 1997). La memoria de evocación aumenta con la edad porque se desarrollan estrategias mnemotécnicas, que son aquellas que utilizamos para ayudarnos a recordar. La tendencia a utilizar estrategias, la complejidad de las estrategias utilizadas y la capacidad para utilizarlas mejoran con la edad.

La memoria en la niñez media comienza a iniciarse en un sistema de archivo que consiste en tres pasos:

Codificación: Asigna información

Almacenamiento: Información almacenada Recuperar: Traer información cuando se necesite

Es por ello que en la niñez media empieza el aumento considerable de la memoria de trabajo, lo que permite establecer la base para una gran variedad de habilidades cognoscitivas, así mismo las diferencias individuales de la capacidad de la memoria de trabajo están ligadas de un niño para adquirir habilidades y conocimientos nuevos. (Alolowat, 2006: ob.cit Papalina, 2012),

Otra característica importante es la metamemoria que es el conocimiento sobre los procesos de la memoria, es el entendimiento de los procesos de la memoria. (Janowsky y Carper, 1996: ob.cit Papalia, 2010)

Por ultimo mnemotecnia (estrategias para recordar), entre las más usadas en los niños y adultos se encuentra las de ayudas externas de memoria (se apoyan en un elemento externo a la persona), por ejemplo repetir un número telefónico una y otra vez. Otras estrategias mnemotecnias comunes son el repaso (repetición consciente), la organización

(la materia que debe recordarse) y la elaboración (asociaciones mentales que involucran a elementos que deben recordarse). (Papalia, 2012)

c) La memoria en la adolescencia (11 años a 18 años)

Los adolescentes necesitan practicar para recordar de una manera mejor. Las estrategias de memoria ayudarían en el proceso de la información y ayudarían en el realzado. La organización es importante pues ayuda a organizar toda la información correctamente, esto ayudaría al cerebro para recordar la información necesaria siempre que estuviera necesitada fácilmente, la comprensión es importante y si uno entiende bien, llega a ser fácil que el cerebro recuerde.

Los investigadores del procesamiento de la información han identificado dos categorías de cambio mesurable en la cognición del adolescente: cambio estructural y cambio funcional

Es por ello que los adolescentes estarían dentro de lo que Piaget denomino el nivel más alto del desarrollo cognoscitivo, las operaciones formales, cuando perfeccionan la capacidad de pensamiento abstracto y de hipotetizar aplicando principios más lógicos que en la etapa anterior.

El progreso en el procesamiento cognoscitivo varía mucho entre cada uno de los adolescentes.

a.Memoria y atención

Como lo habíamos mencionado antes Inicialmente, la memoria es de carácter sensitivo, y los bebés se mueven a partir de una memoria sensorial, puesto que carecen del componente verbal. Luego en la niñez van incrementando sus niveles de atención, así como la rapidez y la eficiencia con que procesan la información, y empiezan a formar recuerdos de larga duración.

Para algunos autores, los adultos tienden a prestar atención y recordar información central. En cambio, los niños se fijan y recuerdan más los detalles periféricos del acontecimiento (Cantón, 2000). Ya en la adolescencia es cuando la atención se centra en sí mismo y su atención se centrará en temas que le ayuden al descubrimiento de la propia identidad (identidad psicológica, identidad sexual) así como la de autonomía individual.

Es por ello que un requisito básico para que un niño pueda narrar con exactitud una experiencia es que haya prestado atención a las características de esta experiencia y, a la vez, que durante la entrevista esté atento a las instrucciones y preguntas del adulto que lo entrevista.

En una situación real de abuso sexual, la diferente atención del niño puede afectar a detalles clave sobre la victimización (por ejemplo, si el pene estaba erecto o no) y esta falta de detalles esencial desde una perspectiva del adulto, a la vez, puede hacer dudar sobre la veracidad de lo que explica (Faller, 1996).

Cantón (2000), apunta que las características de personalidad del niño, su estado emocional, las expectativas o actitud general, algunos factores temporales (como, por ejemplo, la duración y frecuencia del acontecimiento) y factores ambientales (por ejemplo, la claridad o ambigüedad del acontecimiento) pueden influir en la atención que presta el niño al acontecimiento y, por lo tanto, en su codificación.

Poole y Lamb (1998), aconsejan varias estrategias para mejorar el rendimiento del niño durante la misma. En primer lugar, alertan acerca de que es preciso que en el contexto de la entrevista se reduzcan las distracciones. En segundo lugar, para que el niño no se canse y deje de prestar atención en poco tiempo, se deben diseñar cuidadosamente los objetivos antes de la entrevista. Y, finalmente, atendida la relación existente entre comprensión y atención, hace falta que el entrevistador se presente y explique su papel y las reglas de la entrevista lo más claramente posible. Sobre estas cuestiones hablaremos más ampliamente en el capítulo correspondiente a las técnicas de entrevista forense.

b. Memoria y trauma

En el extremo de las emociones nos encontramos con las memorias traumáticas sobre sucesos con una valencia muy negativa y una alta intensidad emocional. Se ha generado una fuerte polémica acerca de las características de este tipo de memorias. Por un lado están los autores que afirman que las memorias traumáticas tienen características diferentes a las memorias sobre otros hechos autobiográficos.

Se ha establecido, por ejemplo, que estas memorias difieren de otras memorias autobiográficas por su poca exactitud para los detalles irrelevantes y una memoria clara y exacta para los detalles centrales del suceso. (Christianson, 1992; Loftus, Loftus y Messo, 1987: ob.cit Manzanero y B. López, 2007)

La comunidad científica no se pone de acuerdo sobre el impacto que la vivencia de situaciones traumáticas en general, y de maltrato y de abusos sexuales, en particular, ejerce en los procesos de la memoria.

Los acontecimientos traumáticos suelen dejar una impresión clara en la memoria de quienes los sufren, y pueden ser reorganizados de una forma coherente. Esto pasaría, sobre todo, con los elementos centrales del hecho traumático, de los que se acordarían más que de los aspectos periféricos.

Algunos experimentos recientes demuestran que los niños pueden recordar los detalles centrales de un acontecimiento traumático mejor que los detalles periféricos debido al incremento de la atención sobre el hecho. (Peterson y Bello, 1996: ob.cit Juárez J y Sala; 2010).

Ahora bien, los niños a veces también se centran en detalles del acontecimiento traumático que no son significativos para el adulto.

Como ya hemos comentado en el apartado anterior, la base de conocimiento que tiene el niño y su comprensión de algunas experiencias, y más las traumáticas, determinará la información que considere central durante la codificación, que es a la que accederá para recordarla.

Por lo tanto, nos podemos encontrar que durante el acontecimiento traumático el niño no codifique algunos detalles que para los adultos serían relevantes y, en consecuencia, no pueda recordarlos en el momento de la entrevista. Esto quiere decir que si se le pide repetidamente sobre un aspecto o insistentemente que aporte más información, se puede provocar que incorpore fantasías o información falsa con el objetivo de satisfacer las peticiones persistentes del entrevistador. (Eisen y Goodman, 1998).

Por eso es tan importante determinar un protocolo que pueda guiar al entrevistador, al margen de sus expectativas.

Terr (1991) observó que los acontecimientos traumáticos aislados suelen recordarse muy bien y con gran detalle a partir de los tres años.

En cuanto al recuerdo de experiencias traumáticas múltiples o crónicas, hay diferentes posturas Algunos consideran que no las recuerda bastante bien y que a menudo se pueden disociar (Terr, 1991). Otros, en cambio, apuntan que la desconfianza y la

hipervigilancia que desarrollan los niños maltratados compartirían una mejor memoria del acontecimiento y una mayor resistencia a la información capciosa. (Pollak, Cicchetti, Klorman y Brumaghim, 1997)

Ahora bien, sabemos que el proceso de disociación se puede producir cuando el estrés supera la tolerancia del niño que está sufriendo el trauma, y se produce una incapacidad para procesar narrativamente esta experiencia. Entonces se puede desarrollar la disociación, que provoca amnesia o discontinuidad en la memoria.

Es decir que las dificultades para recordar que pueden presentar los niños víctimas de una experiencia traumática no implica la no existencia de este trauma. Ante estas situaciones, hace falta que el entrevistador explore los elementos que el niño sí recuerda. Las lagunas o imprecisiones nos pueden estar señalando elementos que a través de su ausencia nos evidencian la vivencia del suceso traumático. (Juárez J y Sala, E ,2010)

A partir de los 3 años, sabemos que los niños pueden dar un informe exacto y cumplido de acontecimientos traumáticos (Eisen y Goodman, 1998). Ahora bien, hay que remarcar que difícilmente lo harán sin el apoyo de señales o de invitaciones contextuales (Bauer y Wewerka, 1997).

En estos casos, el entrevistador tendrá que plantear preguntas facilitadoras teniendo en cuenta la edad del menor y, por lo tanto, será preciso que controle sumamente el riesgo de contaminación del recuerdo.

De esta manera profundizar el desarrollo de la memoria, sus capacidades, limitaciones y como puede influir en el testimonio del menor de edad víctima de violación, nos permitirá comprender y analizar su testimonio con forme a sus características y etapa de desarrollo.

Cuadro 1. Características de la memoria de los niños en edad preescolar

Concreta Subjetiva Fragmentaria Se basa en hechos de su experiencia inmediata y sensorial Se basa en sus intereses y necesidades No sigue una estructura concreta ni orden a la hora de recordar.

No es abstracta ni conceptual

Mucha relación con la afectividad y sus emociones

No tiene la noción del tiempo como la del adulto.

Recuerda lo que más le ha gustado sorprendido o asustado.

FUENTE: Antoraz, E. y Villalba, J. (2010);” Desarrollo cognitivo y motor” Ed. Editex.

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