5.5 Automatic Graph Layout
5.5.4 Refinement Model
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fuera la primera vez que la captamos, no siendo influidos por sesgos mentales. La experiencia adquiere, entonces, una riqueza inusitada y novedosa, permitiéndonos descu brir aspectos de la realidad antes ocultos por el ruido de la misma mente.
Las distorsiones de la percepción directa del presente se explican porque la información captada a través de los sentidos se transmite hacia zonas cada vez más elevadas del sistema nervioso, trayecto en el que se ve modelada por ex tensas redes neuronales y filtrada por criterios basados en la experiencia de cada persona.
Esta facultad es una gran ayuda en términos de super vivencia, pues nos permite clasificar rápidamente la infor mación como «peligrosa» o «segura». Sin embargo, también actúa imponiendo a la realidad una serie de filtros automá ticos, que resaltan, atenúan e ignoran algunos aspectos de ella. Muchas veces se eliminan los aspectos nuevos o «incla sificables» de la experiencia, lo que nos predispone a percibir siempre «más de lo mismo», restando riqueza, novedad y precisión al momento presente.
Neurofisiológicamente podríamos hablar de un efec to «esclavizante», ya que resulta muy difícil aprehender la nueva información sin que se distorsione en el camino. Es en parte por este mecanismo que tendemos a interpretar la realidad de manera más bien repetitiva, muchas veces reac cionando de forma rígida y sesgada, que tiene más que ver con nuestra interpretación de los hechos, nuestras creencias y nuestro pasado, que con lo que realmente sucede en el pre sente. Así, podemos vernos atrapados en modos de reacción dolorosos y automáticos, sintiendo que no podemos salir de patrones habituales profundamente arraigados.
Los seres humanos tenemos dos formas de acercarnos a la experiencia. La primera es la denominada «de arriba hacia
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abajo». La parte más desarrollada del cerebro —la corteza— nos permite aproximarnos a la realidad sabiendo de ante mano cómo son las cosas, por ejemplo, cómo es una puerta, cómo sabe una taza de café o qué se siente cuando estamos en presencia de determinada persona. Como mencionába mos antes, esto tiene un valor de sobrevivencia, ya que nos permite saber de manera casi automática si algo es peligroso, está bien o está mal.
El problema es cuando comenzamos a confundir nues tra interpretación de los hechos con los hechos mismos. Nos enclaustramos en nuestros puntos de vista y los asumimos como verdades, sin posibilidad alguna de abrirnos a ver la realidad despojados de ideas preconcebidas, prejuicios y jui cios. Eso provoca que nos relacionemos más con la idea que tenemos de la cosas, de las personas, de las situaciones y de nosotros mismos, que con los hechos. También provoca que tendamos a «encasillar» y a «encasillarnos» bajo ciertos adje tivos y características, haciendo difícil actuar con la flexibili dad y claridad que se requieren en determinados momentos. Tendemos a reaccionar de maneras repetitivas y predecibles, a partir de nuestras grillas de lectura, esclavizándonos en res puestas poco sanas o incluso destructivas.
¿Qué efectos ejerce la práctica de mindfulness en rela ción a este proceso? La principal característica de la práctica de mindfulness es la intención de prestar atención plena a la información proveniente aquí y ahora. Como la mente está acostumbrada a generar pensamientos, a emitir juicios, a clasificar y a comentar todo lo que captamos, la práctica de
mindfulness permite regresar una y otra vez a la experiencia
directa, a la sensación misma del estar presente, captando la riqueza de la información nueva que surge segundo a segun do, previa a cualquier filtro y clasificación.
Cuando practicamos mindfulness fortalecemos nuestro
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modo de funcionar «de abajo hacia arriba» —de la expe riencia a la teoría, que es la otra manera en que podemos acercarnos a la realidad— en vez de lo que acostumbramos a hacer habitualmente, que es funcionar automáticamente «de arriba hacia abajo», de la teoría a la práctica.
Conocer el mundo desde la experiencia a la teoría sería hacerlo con «mente de principiante», pues aun cuando re pitamos una experiencia por centésima vez se puede captar la novedad que hay en ella, simplemente porque es una ex periencia única, que nunca hemos vivido. La naranja que comemos hoy no es la misma que comimos ayer o la semana pasada. Cada una de ellas es una experiencia novedosa, úni ca e irrepetible.
Al prestar atención al momento presente se abre la po sibilidad de desconectar la automaticidad de respuesta a la que estamos acostumbrados, permitiéndonos flexibilizar nues tras reacciones. En otras palabras, podemos captar aspectos de la realidad que de otro modo habríamos pasado por alto. Comenzamos a relacionarnos con lo que «es» en vez de es tar siempre limitados por la forma en que creemos que son las cosas. Así vamos generando el «espacio» suficiente como para no dejarnos llevar por el automatismo, y abrirnos a la riqueza y multiplicidad del momento presente, lo cual nos acerca a un importante camino de liberación de nuestros patrones habituales.
Regular las emociones negativas
¿Qué pasaría si pudiéramos relacionarnos con nuestras emociones difíciles de modo que nos generaran menos su frimiento? Según varios estudios de los que hablaremos más adelante, la práctica de mindfulness facilitaría la generación de emociones positivas, además de fortalecer la autorregu lación emocional, que es la capacidad de poder modular la
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respuesta emocional gatillada por un estímulo determinado. Un ejemplo de la vida cotidiana puede darse fácilmente en nuestro trabajo. Estamos algo estresados por la urgencia de terminar un trabajo determinado para una reunión, al que hemos dedicado mucho tiempo y recursos. Nuestro jefe, a último momento, nos dice que ha cambiado de opinión respecto a lo que es importante en relación a ese trabajo, por lo que tendremos que rehacer gran parte de lo avanzado en el escaso tiempo que nos queda. Ante una situación como ésta es natural que surjan emociones intensas, tales como an siedad, rabia e impotencia. Una opción es que dichas emo ciones nos abrumen hasta el punto de paralizarnos, o peor aún, reaccionar impulsivamente, imprecando a nuestro jefe por su cambio de parecer.
En este caso la autorregulación operaría ayudándo nos a retornar, en un lapso de tiempo determinado, a un
arousal o activación emocional cercana al estado basal, que
nos permitiría no reaccionar impulsivamente ante nuestro jefe, inhibiendo conductas que nos traerían más problemas y permitiéndonos retomar nuestra tarea.
Quizás para lograr aquello necesitaremos realizar algu na conducta aprendida que nos ayude a regular la emoción, como desahogarnos con algún amigo, salir a caminar o pedir apoyo a algún colega. Todo ello facilitará que nuestro cere bro y nuestro organismo vayan retornando a su activación normal, secretando neurotransmisores que enviarán deter minadas señales al cuerpo, que lo ayudarán a volver a un estado emocional manejable.
La capacidad de autorregulación varía en cada perso na, ya que depende tanto de factores genéticos como de la experiencia aprendida a lo largo de la vida. La mayoría de las personas tiene una capacidad de autorregularse que le permite, dentro de un lapso de tiempo determinado y re
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lativamente breve, volver al estado basal. Sin embargo, ha y quienes ante un mismo estímulo reaccionan con mucha más intensidad, y les cuesta mucho más volver al estado de activación basal. Una pobre capacidad de autorregulación emocional tiene un sinnúmero de repercusiones desfavo rables en la vida: dificulta la generación y mantención de relaciones interpersonales estables y satisfactorias y dismi nuye la capacidad para tolerar el malestar y para controlar la impulsividad, entre otras12.
Dentro de las cosas que hemos aprendido para regularnos está hablar con los amigos, salir a correr, fumar, tomar alco hol, consumir benzodiazepinas. Todas éstas son herramientas que permiten que la emoción vuelva a un nivel manejable, porque de lo contrario provoca desagrado. El problema es que muchas de estas salidas —como el alcohol o los fármacos—, más que ser una solución, se convierten en un problema, ya que nos vuelven mucho más vulnerables a nuestras emocio nes. Es como tratar de apagar un incendio con gasolina.
¿Por qué la práctica de mindfulness facilita el desarrollo de la autorregulación emocional? ¿Cómo puede fortalecer la capacidad de autorregulación emocional en aquellas perso nas que manifiestan una función de recuperación muy len ta o una respuesta ineficiente? Podemos responder a estas preguntas refiriéndonos a los últimos descubrimientos de la neurociencia de la emoción.
Un estudio13 realizado en el año 2000 por el investiga dor Richard Davidson, director del Laboratorio de Inves tigación en Neurociencia de la Emoción de la Universidad de Wisconsin-Madison, se enfocó en la actividad cerebral de veinticinco personas que participaron en el Programa de