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Relation Between Supply Curve and Supply Function

A propósito del alza –y posterior, e incompleta baja– en el precio de los medicamentos, el Gobierno decidió tomar “represalias”. La molestia es comprensible: la suba no tenía justificación por el lado de los costos; no hubo innovaciones tecnológicas que amortizar; los productos no mejoraron: y, más aún, mal puede decirse que los márgenes de beneficio fuesen bajos.

Por esas razones se decidió promover la obligación de recetar por genérico, en lugar de mencionar marcas comerciales o nombres de fantasía. Y es que la mayor parte de los medicamentos están formados por una sola droga básica. Las combinaciones son una parte mínima de la canasta de productos farmacéuticos.

Puesto más simple: trata de “cajitas” con exteriores diferentes pero el producto en sí es el mismo. Se dice entonces que los bienes son homogéneos. Como dicen los economistas, y el propio sentido común, dos productos iguales que se venden en el mismo momento y en el mismo lugar deben tener igual precio. La ley del único precio, que es la regla de funcionamiento de los mercados competitivos.

Sin embargo, la dispersión de precios es muy grande en el sector farmacéutico. Curiosamente, mucho mayor que en otros mercados en los cuales la diferenciación de producto es mucho mayor. ¿Cómo se explica esto? Los laboratorios tienen una respuesta. Dos productos pueden parecer iguales porque tienen la misma droga básica (y, por lo tanto, el mismo efecto terapéutico), la misma concentración y presentación.

Pero, no resultan similares. Lo esencial es invisible a los ojos, y dos medicamentos aparentemente iguales pueden tener diferente

biodisponibilidad. Esto tiene que ver con el tiempo requerido para que la droga empieza a surtir efecto terapéutico. El diagnóstico sobre la diferente biodisponibilidad no es unánime; además, algu- nos consideran que no se trata de un parámetro significativo tal que explique precios tres o cuatro veces mayores. Otro argumento tiene que ver con las normas de calidad, que varían entre uno y otro

laboratorio. De nuevo, tampoco parece que alcance para explicar la enorme dispersión de precios que se observa.

De apuro no es la mejor forma

La experiencia del armado de un mercado de genéricos ya lleva varios años en otros países. En general los resultados son positivos y el ahorro para los consumidores es sustancial. De lo que se trata es de que los mercados sean más transparentes, más competitivos.

En nuestro país, el Gobierno nacional busca implementarlo de apuro como una forma de presión sobre los laboratorios. Tal vez sea un error utilizar las reformas estructurales como instrumentos de la política antiinflacionaria. Y es que el timing de la estabilización no tiene por qué coincidir con el de los cambios profundos que el país necesita.

Los funcionarios de Economía quieren obligar a los médicos a recetar por genérico lo más pronto posible. Una reforma necesaria no debe arruinarse por errores de instrumentación. Algunas dudas: la capacitación de los profesionales que intervienen al recetar y al dispensar medicamentos; las formas de reintegro al farmacéutico (cuando hay un tercer pagador); nivel de información existente sobre el nuevo esquema; y otras tantas.

Y es que desarrollar un mercado de genéricos lleva tiempo; y mucho. Para lo cual hay bastante que aprender de la experiencia internacional, e inclusive de diversos intentos locales.

La voz de la experiencia

La provincia de Buenos Aires implementó un Programa de Medica- mentos que tenía, entre sus objetivos, la constitución de un mercado de genéricos. Para eso se facultó a los farmacéuticos a sustituir un medicamento por otro en tanto se respete la droga básica, la concentración y la presentación. Los farmacéuticos dicen que ellos “interpretan” la receta del médico.

Si bien el programa se encuentra en sus comienzos, parece estar yendo en la dirección correcta. La evaluación de este muestra que,

de las 12 monodrogas que se testearon, en cinco de ellas se observa una sustitución por productos más baratos que puede calificarse de “fuerte”. Otras cuatro, manifiestan sustitución débil. Sólo en dos de ellas, el cambio en la composición de la canasta de consumo fue en sentido contrario; es decir, que aumentó la participación de productos que se tornaron relativamente más caros (en términos de precios netos al consumidor).

La conclusión de la evaluación es que en un grupo importante de drogas básicas se observa un cambio significativo en la estructura de consumo en el sentido de ahorro en el gasto en medicamentos. También parece observarse que, en principio, la sustitución tiende a ser mayor tratándose de drogas para patologías leves, con efectos secundarios relativamente menores e indicadas principalmente para afecciones transitorias. En cambio, la sustitución tendería a disminuir o estar por completo ausente en aquellas en que hay más efectos secundarios y, en consecuencia, un riesgo inherente mayor, y en la que es mayor la proporción del consumo de crónicos.

La experiencia enseña, también, que hay que diseñar con cui- dado la forma en que las farmacias van a cobrar los reintegros cuando exista un tercer pagador. Obviamente, si la remuneración de los farmacéuticos es proporcional a la facturación, no existen incentivos para sustituir. Una suma fija por receta es la forma en la que se implementó en algunos países.

En conclusión: una reforma con la que, a menos que uno sea dueño de un laboratorio, es difícil estar en contra. Pero que debe implementarse en forma eficiente y no en el apuro de un índice de precios que salta.