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A Spreadsheet Approach to Finding the Economic Order Quantity

Con lo anterior, es necesario considerar que la memoria, más bien, la elaboración o construcción de la memoria tiene un aspecto muy ligado al psicoanálisis. Así, es necesario tener en cuenta este trasfondo psicoanalítico desde Freud. Las vivencias significativas ocupan un lugar especial en la memoria de los individuos, o mejor en la memoria del individuo que las vive. Este lugar va a estar dado, bien por las consecuencias que estas vivencias produjeron, bien por las impresiones que provocaron en el sujeto. Sin embargo, existe momentos significativos de los cuales un individuo no es consciente. Por el contrario, este recuerda momentos que en principio parecerían superfluos o con poco significado para su vida. Sin embargo, en ese tipo de recuerdos, en apariencia superficiales, hay elementos importantes que están olvidados o desechados, y en estos “estaría contenido todo lo que convertía a la impresión en digna de nota” (Freud, 1899, p. 300).

Para explicar mejor, el resultado de este tipo de recuerdos es consecuencia del choque de dos fuerzas psíquicas: “una de ellas toma como motivo la importancia de la vivencia para querer recordarla, mientras que la otra – una resistencia – contraría esa singularización” (Freud, 1899: 300 – 301). Lo que plantea Freud en este punto es que en dicho enfrentamiento estas dos fuerzas no se cancelan entre sí, ni tampoco una se sobrepone

totalmente a la otra; el resultado de este enfrentamiento en una formación de compromiso: el resultado del enfrentamiento es una imagen que respecto a la primera está desplazada, esto debido a que el choque se presenta entre los componentes principales de la impresión con una resistencia que intenta evitar dichos componentes importantes en el recuerdo, por este motivo la imagen final no muestra los elementos importantes, o mejor, aquellos elementos que hacen de la imagen algo verdaderamente significativo.

Sin embargo, el olvido también obedece a las restricciones que ofrecen los recuerdos encubridores. Los individuos recuerdan cuando en ellos están presentes los recuerdos encubridores, mediante la compulsión de repetición; es decir que cuando un individuo ha iniciado un tratamiento repite en vez de recordar: “Repite todo cuanto desde las fuentes de su reprimido ya se ha abierto paso hasta su ser manifiesto: sus inhibiciones y actitudes inviables, sus rasgos patológicos de carácter” (Freud, 1914, p. 153). Y esta repetición es una transferencia del pasado. Esta transferencia puede darse en diversos ámbitos, y no sólo en la relación entre médico y paciente. En este punto, es importante tener en cuenta la participación de la resistencia, ya que mientras más fuerza tenga…

Más será sustituido el recordar por el actuar (…) si la cura empieza bajo el patronazgo de una trasferencia suave, positiva y no expresa, esto permite (…) una profundización en el recuerdo, en cuyo transcurso hasta callan los síntomas patológicos; pero si en el ulterior trayecto esa trasferencia se vuelve hostil o hiperintensa, y por eso necesita de represión, el recordar deja sitio al actuar. (Freud, 1914, p. 153)

Lo que se intenta con el tratamiento es que el paciente logre mediante la transferencia designar, es decir verbalizar, las acciones de repetición. De esta forma, se puede utilizar dicha verbalización como un material terapéutico. Sin embargo, el tratamiento no se agota en ese punto:

El vencimiento de la resistencia comienza, como se sabe, con el acto de ponerla al descubierto el médico, pues el analizado nunca la discierne, y comunicársela a este (…) es preciso dar tiempo al enfermo para enfrascarse en la resistencia, no consabida para él; para reelaborarla, vencerla prosiguiendo el trabajo en desafío a ella y obedeciendo la regla analítica fundamental. (Freud, 1914, p. 156 - 157).

Así pues, el “recordar, repetir y reelaborar” hacen parte del tratamiento psicoanalítico, y ejercen toda su fuerza sobre la memoria del individuo. Es una forma más, entonces, de evidenciar el estrecho vínculo entre la memoria de los individuos y el psicoanálisis.

Los recuerdos encubridores tienen una relación con el sueño. En otras palabras el sueño es una forma de recordar. En los sueños las ideas latentes intentan emerger, pero se encuentran con fuerzas que las reprimen, así este encuentro de fuerzas es lo que antes se ha mencionado bajo el concepto de la formación de compromiso. Para Freud, en el proceso de sustitución de un contenido psíquico por otro los componentes menos relevantes de una vivencia remplazan en la memoria a los más esenciales: “Consiste en un desplazamiento sobre la asociación por contigüidad (…) una represión con sustitución por algo avecindado (dentro del nexo de lugar y de tiempo)” (Freud, 1899: 301).

Los sueños están conformados por contenidos manifiestos e ideas latentes. Dentro de los mecanismos de transformación de las ideas latentes en contenido manifiesto se encuentra el desplazamiento, que consiste en tomar un elemento y descontextualizarlo, es decir que un elemento vale por el conjunto. Otros elementos importantes también participan en la elaboración de un sueño: la condensación, el cuidado de representabilidad, la elaboración secundaria y el simbolismo. Resulta de suma importancia resaltar el tema de los sueños ya que la memoria se construye con los mismos mecanismos de los sueños.

En otras palabras: el sueño es una forma de recordar, así, el sueño es una realización disfrazada de deseos inconscientes reprimidos de origen infantil. Teniendo en cuenta lo anterior, se puede establecer la relación que existe entre el mecanismo de desplazamiento y los recuerdos encubridores. Es decir, lo que se interpreta en los sueños como un mecanismo de desplazamiento es, también, un recuerdo encubridor.

El duelo es un elemento importante en la teoría psicoanalítica al igual que lo es en las teorías de la memoria. Para Freud, el duelo es “la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc.” (1917, p. 241). Esta reacción consiste en la “pérdida del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de escoger algún nuevo objeto de amor, el extrañamiento

respecto de cualquier trabajo productivo que no tenga relación con la memoria del muerto” (1917, p. 242).

En este sentido, el duelo realiza un trabajo que Freud explica de la siguiente manera:

El examen de realidad ha mostrado que el objeto amado ya no existe más, y de él emana ahora la exhortación de quitar toda libido de sus enlaces con ese objeto […] Lo normal es que prevalezca el acatamiento a la realidad. Pero la orden que esta imparte no puede cumplirse enseguida. Se ejecuta pieza por pieza con un gran gasto de tiempo y de energía de investidura, y entretanto la existencia del objeto perdido continúa en lo psíquico. Cada uno de los recuerdos y cada una de las expectativas en que la libido se anudaba al objeto son clausurados, sobreinvestidos y en ellos se consuma el desasimiento de la libido. (1917, p. 242 – 243).

Los conceptos psicoanalíticos descritos hasta ahora son susceptibles de ser aplicados a la memoria colectiva tal como lo manifiesta Ricoeur, analizando dos textos emblemáticos de Freud (ya citados aquí): Recordar, Repetir, Re-elaborar, y Duelo y Melancolía.