5.4 Conceptualisation of model and test for statistical goodness
5.4.2 Reliability and validity analysis
El modelo estratégico descrito en los casos de Marmato y Quiruvilca evidencia el hecho de que las mineras han pasado de una estrategia de coerción y confrontación a una estrategia de interacción y concertación que opera a través de mecanismos biopolíticos. Tanto Gran Colombia Gold como Barrick Gold, han conformado departamentos de relaciones comunitarias dentro de su estructura corporativa y las personas que trabajan en esa área son responsables de establecer y mantener contactos con la comunidad, atender sus preocupaciones y necesidades para articularlas con la oferta de RSE de la empresa. Si bien el objetivo final de la empresa minera sigue siendo el control de la población, los medios que se proponen para lograr este fin son más sutiles y privilegian un acercamiento directo con la comunidad.
REACCIÓN DESDE LAS COMUNIDADES
En Marmato, ese cambio de estrategia ha sido percibido de manera positiva por la comunidad, aunque todavía existe desconfianza frente a los proyectos de Gran Colombia Gold, principalmente por el legado de malas relaciones que viene de las empresas anteriores (Entrevista con minero de Marmato, 2012). Varias personas entrevistadas han señalado el hecho de que si la empresa hubiera adoptado una actitud conciliadora desde el principio, la oposición de la comunidad a sus actividades hubiera sido menor (Entrevista con representante indígena, 2012; Entrevista con representante de Asociación de mineros tradicionales, 2012). Como la minería es una actividad tradicional en el municipio, el debate se conforma alrededor de la manera con la cual se debe llevar a cabo la actividad, y se plantea, desde la comunidad, que se puede llegar a un acuerdo con la empresa si se privilegia el diálogo y si se conforma un esquema de explotación que le puede beneficiar a la población. También se percibe desde la comunidad que la empresa le debe alguna forma de compensación por la explotación de los recursos naturales y los daños causados por la clausura de minas y la destrucción de molinos.
81 “Host community members grant us our social license to operate and it is critical that we adopt consistent and
proactive approaches in managing our impacts – both positive and negative – and working with host communities for mutual long-term success.” (Barrick Gold, 2012 : 41)
LA COMUNIDAD SE VUELVE HOMO ŒCONOMICUS
En este sentido, la lógica que prevalece en las relaciones entre la empresa minera y la comunidad es la del homo œconomicus, descrita por Foucault (2004a). Ésta constituye un factor clave en la capacidad de intervención de la empresa sobre la comunidad, dado que
es el elemento que vuelve a la población “gubernamentalizable”. En el caso de Marmato,
de manera general, el contacto entre la compañía y la comunidad opera desde lo económico, en el sentido que la comunidad se ha vuelto un ente económico que busca, por una parte, incidir sobre la asignación de recursos y, por otra parte, retirar los beneficios de su relación con la entidad minera a través de la realización de programas sociales y de la creación de empleo. Como lo resume uno de los representantes de la comunidad indígena de Marmato, “porque [la empresa] nos hizo daño, nos tiene que compensar, […] y
fuera de eso, la responsabilidad social que debían tener, debió invertir en algo que pudiera
contribuir, pues, como con el mejoramiento de la calidad de vida de los marmateños”
(Entrevista con representante indígena, 2012).
En Quiruvilca, existe una dinámica similar, aunque no se ha podido comprobar desde la comunidad. Por ejemplo, se ha señalado que la calidad de la relación entre la empresa y la comunidad tiene mucho que ver con el empleo. La respuesta de Quiruvilca puede ser positiva cuando se convoca a mano de obra y negativa cuando la empresa no lo necesita. Dependiendo de la realización y del avance de los proyectos sociales, hay momentos cuando la población está muy entusiasmada y en otros, la comunidad tiene mucha reticencia (Entrevista con representante de World Vision Perú, 2012).
OPTIMIZACIÓN DE LAS DIFERENCIAS
Esta dinámica se inscribe en el patrón de “confluencia de los intereses” que las grandes
empresas mineras han intentado aplicar a las dinámicas comunitarias. Es decir que se ha planteado la lógica según la cual los intereses de la compañía y los intereses de la comunidad son reconciliables, aunque presenten diferencias iniciales, y que la actividad minera puede beneficiar a todos los actores involucrados en el proceso. Como lo explica
Gran Colombia Gold, “se entiende que hay unas diferencias entre la empresa y la comunidad pero que se pueden llegar a acuerdos. Eso es lo más importante” (Entrevista con
representante de Gran Colombia Gold, 2012). Por ende, se reconocen las diferencias, las resistencias y los desacuerdos, pero el acercamiento a esa problemática no busca eliminar las diferencias, sino regularlas, algo característico de los mecanismos biopolíticos que se
decir que, de alguna manera, la inconformidad desaparece. La oposición pasa de ser un acto anormal (desde el punto de vista de la empresa minera) a un comportamiento que se inscribe en un abanico de comportamientos posibles, pero que se pueden regular.
EL TERRITORIO COMO ESPACIO DE CONSENSO
Ese intento, por parte de las mineras estudiadas, de generar consenso y convergencia entre los intereses de la empresa y de la comunidad, repercute sobre el proceso de construcción de territorio en la medida que busca neutralizar el estado de disputa permanente en el cual el territorio está sumergido (Mançano, S/F). Por ende, en lugar de seguir la lógica del espacio de disputa y del espacio en disputa (Lozano, 2009), el proceso de construcción territorial resultante de las prácticas corporativas de las mineras estudiadas pretende crear un espacio de consenso y eliminar la conflictividad que nace del choque de modelos, aspiraciones y objetivos. Al mismo tiempo, se busca aplanar el territorio para que su multiescalariedad sea reducida a una sola dimensión económica, algo que le permitiría a la empresa instrumentalizar el territorio y su población para servir sus intereses económicos (Mançano, 2009).
En el mismo orden de ideas, a través de la promoción del paradigma del crecimiento económico generado por las empresas privadas, los gobiernos peruano y colombiano han propiciado la nivelación territorial, en el sentido que han provocado que predomine la dimensión económica del territorio por encima de sus otras dimensiones, algo que, a su vez, legitima el control y la explotación territorial por parte de las empresas mineras. En pocas palabras, el Estado neoliberal ha designado un ganador en la disputa acerca del uso y de la conformación del territorio: la empresa privada.
Por esto, ver el territorio de esta manera y tener la pretensión de generar consenso, es negar una parte importante de la totalidad organizada en escalas distintas (Mançano, 2009). El territorio, definido como una construcción social (Lozano, 2009; De Echave et al., 2009), se ha convertido en una construcción económica, vista en estos casos, y ha generado así consecuencias importantes sobre el esquema de gobernanza que se conforma en las zonas mineras de Perú y Colombia.