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¡5 ESCLAVOS

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126 EUROPA Y EL ISLAM EN LA EDAD MEDIA

en la C am p an ia, avellanas, castañas y vino. Y se p o d ría atrib u ir a la fam iliaridad de los am alfitanos con la Sicilia y el T ú n ez fátim í su expansión hacia el este: D jaw h ar, el co n q u istad o r de E gipto p a ra los fátim íes, era un converso siciliano, y la difusión del tarín en C am pania fue sim ultánea a una activa plantación de viñas. La hipótesis de un com ercio de vinos, bien atestig u ad a en los siglos x m y x iv , es adm isible, po r o tra p a rte . Los am alfitanos llevan a E gipto m ad era la b ra ­ d a, quesos, m iel, vino y ya desde entonces algunos tejidos de valor (velos, b ro ca­ d o s), quizás bizantinos. Y a son lo suficientem ente num erosos com o p ara q u e el vocabulario italiano em piece a p e n e tra r en el ára b e com ercial: desde 1030 «m ue­ lle» se dice isqála (del italiano scala) en F u stát, y, desde 1010, bala se dice barqa-

lu (del italiano barcalo). Los éxitos de los am alfitanos serán continuados en el

siglo xi p o r las expediciones de M auro y de su hijo P an taleo n e. R estau rarán hacia 1070 S anta-M aría-L atina de Je ru salén , cuyo hospital pasará a ser el H ospital de San Ju a n , hogar de la o rd en m ilitar que luchará c o n tra el Islam hasta el últim o soplo del espíritu de cruzada y de corso, en P alestina, en R odas, en M alta. Se observa q u e el renacim iento de A lejan d ría es lento y tardío: la penetración de los m ercad eres ex tran jero s hasta El C airo p rim e ro y p o sterio rm en te la co m p eten ­ cia de otros p u erto s en la desem b o cad u ra del N ilo, D am ieta y T anis, lim itan su desarrollo. Los fátim íes no restablecen la C asa de la M oneda hasta 1076 y A le ja n ­ dría no volverá a ser escala obligada de los m ercad eres italianos hasta finales del siglo x i i con Saladino.

E sta precoz y pro fu n d a a b e rtu ra de E gipto al tráfico de los am alfitanos, testi­ gos del crecim iento de la E u ro p a cristiana y del au m en to de sus necesidades de p ro d u cto s de lujo, se acom paña de una verd ad era revolución com ercial a escala del A ntiguo M undo, en la cual los fátim íes has sido, o se han hecho, los p ro tag o ­ nistas. Sin d u d a, éstos han perseguido conscientem ente el m onopolio de las rutas de O rien te. Y a eran los am os de las rutas tran sah arian as: éstas se anim an en el siglo ix y term inan en el siglo x constituyendo E stad o s africanos basados en el tráfico de oro y de esclavos y en co n tacto con organism os com erciales y estatales m usulm anes en el Sahel (reino de G ána y ciudad de A u d ag o st, reino de K anem - B orn ú ). Sin duda los fátim íes tam bién han in ten tad o ap o d erarse de las rutas co­ m erciales de O rie n te , del m ercado e ritre o y del m ercado del n o rte de Siria, reac­ tivado por los ham dáníes. A u n q u e este aspecto es m ás dudoso y au n q u e un o b je­ tivo exclusivam ente m ercantil evid en tem en te no es m ás q u e una p arte de la com ­ pleja política de la dinastía, algo sí es seguro: el desvío del tráfico com ercial, d e ­ cisivo y definitivo, del o céano índico hacia E g ip to , la reactivación del m ar R ojo y el ab an d o n o del golfo Pérsico.

La ruta de las Indias

El cam bio de rutas se efectúa en dos tiem pos: ya en 870, los zandjs sublevados han co rtad o la ru ta de las especias y d e la teca e n tre B asora y W ásit, y en el siglo x la decadencia relativa de Ira q , d eterm in ad a p o r la ru in a de B asora y p o r las grandes insurrecciones q árm atas, im plica la dism inución del tráfico com ercial en la costa del Fars; allí, el p u e rto de Siráf abastece la m etrópoli de Shiráz, m ientras que O rm uz trab aja con el K irw an y el Sistán. Las excavaciones recientes han re ­

LA FRAGMENTACIÓN DEL MUNDO ISLÁMICO 127

velado que éste es el m o m en to de p ro sp erid ad de Siráf. P ero la inseguridad crece en el golfo, d o n d e los q árm atas han instalado un E stad o p irata em B ahrayn; Siráf tiene q u e ro d earse de vastas fortificaciones y p ro n to se p roducirá una brusca d e ­ cadencia; a lre d e d o r del año 1000 sus h ab itan tes ab an d o n an la ciudad y van a la isla de Q ays, y m uchos de sus m ercad eres traslad a n su actividad a la nueva capital com ercial de A d e n , dinám ica ya a finales del siglo x: así lo hará el «m illonario» R am ish t, m u erto en 1140, q u e cu b rirá la K acb a de sedas chinas com o sím bolo de su triunfo com ercial. Las salidas com erciales del golfo eran inm ensas, p ero se b a ­ saban en la p ro sp erid ad frágil de las m etrópolis cabbásíes y de las capitales emi- rales, m ientras que el estím ulo al consum o q u e circula p o r Egipto se añ ad e a las necesidades de la nueva capital califal, d eterm in an d o un crecim iento co n stan te y a cap aran d o los p roductos de la In d ia, del Á frica O rien tal y de la C hina. P or o tra p a rte , la m ism a crisis afecta a las rutas «sám áníes» de la E u ro p a del E ste y de las estepas rusas: en los tesoros del siglo xi las acuñaciones más tardías son de 1002, 1013 y 1014. E ste es el indicio de la desorganización del com ercio de pieles con destino a S am arcanda y a B u jára, sin duda deb id o a la presión turca sobre la T ransoxiana y el Jw árizm , quizás tam bién p o rq u e el nuevo c en tro político, fa­ bulo sam en te rico, de Irán está ah o ra en G azn a, en las fro n teras de la India, y p o rq u e el área sám ání d u ra n te m edio siglo será sólo un g o b ern o rad o periférico, que ya no recurrirá a los pro d u cto s de la taiga. P ero , según los indicios o n o m ás­ ticos, ya en 970, N ishápür y el Ju rásán habían reducido sus relaciones a larga distancia y sería posible relacio n ar esta decadencia precoz con la anim ación de las estepas turcas.

H em os descrito el desarrollo de la ru ta egipcia de las especias a p a rtir de la docum entación de los tradicionalistas que coincide con la de la G enizá: en tre A d én , alm acén de la p im ien ta, canela, je n g ib re, clavo, alcanfor, y el A lto E gipto, un enlace po r cA y d h áb , fo n d ead ero m ediocre, y el W ádi cA lláki de los b u scad o ­ res de o ro , después A su án , un cam ino peligroso expuesto a los asaltos de las tri­ bus budja, luego una ruta cA yd h áb -A sú an p o r el b orde del m ar, finalm ente la reactivación del p u erto de B erenike y la adopción hacia 1060-1070 de un trayecto co rto que lleva las caravanas a Q ift (la antigua C optos) y desem boca en el N ilo, al n o rte , cerca de Q üs, m etrópoli del A lto E gipto. A p artir de aquí los p roductos en trán sito son tran sp o rtad o s tran q u ilam en te p o r el río y en grandes barcas (cu s-

háris) hasta F ustát: si los m ercad eres siguen así, subiendo hacia el n o rte , un tr a ­

yecto difícil en un m ar R ojo infestado de p iratas, evitan los num erosos p u n to s de conflicto e n tre A suán y L uxor, una zona peligrosa asolada por los grupos tribales árab es, Q aysíes del ex trem o su r, Y em eníes de S a^d, y am enazada por las in cu r­ siones de los budja. M ás ta rd e , hacia 1360, la a p e rtu ra del p u erto de Q usayr aco r­ tará aún más el trayecto por vía te rre stre antes de d a r la ventaja decisiva a la península del Sinaí y al cam ino de Suez a El C airo.

G ran d es alm acenes a cielo a b ie rto jalo n an la ru ta egipcia hacia A dén y algu­ nos m ercaderes se reú n en en A jm ln, en Q ú s, en D ah lak . Y en la ruta de la India se establece una vasta com unidad cuya c o m p o n en te ju d ía y sus técnicas co m ercia­ les conocem os bien gracias a los d o cu m en to s de la G enizá: éste es el principio del gran com ercio karim í, que culm inará con los m am elucos, pero en to n ces el m ar R ojo estará reservado al m onopolio de los m ercaderes m usulm anes. C on los fátim íes, que pro teg en con atención el tráfico naval y constituyen una flota en el