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1. Introduction

3.3 Research design

Un hecho que se ha exhibido frecuentemente como prueba de la existencia e im- portancia de los intangibles es la diferencia existente entre el valor de mercado respecto del valor en libros en los valores de entidades cotizadas. Desde los trabajos de James Tobin, se viene argumentando que el modelo contable del coste de adquisición no es adecuado para la nueva economía. El ―índice de Tobin‖ se define como la relación entre valores, expresada en un cociente, entre el de mercado o capitalización bursátil y el va- lor según los libros de contabilidad. En la teoría de Tobin, la razón de la existencia de esa diferencia es que el mercado ha identificado un potencial productivo que valora en forma de mayor precio, pero que la contabilidad financiera no lo registra en los balances debido a las convenciones contables. Sin embargo esta teoría sólo funciona bien en tiempos de bonanza. En la actualidad este índice es negativo porque la situación de cri- sis hace que algunas empresas estén cotizando por debajo incluso del valor teórico.

Al margen de este debate, inicialmente el índice de Tobin no fue concebido para estos fines, sino para determinar si una empresa estaba sobrevalorada en operaciones de fusión o adquisición. Para ello, el economista norteamericano, que luego ganaría el premio Nobel, ideó el método de comparar el coste de la empresa adquirida con el de construirla desde cero. Si el coste de adquirirla era superior, la empresa estaba sobreva- lorada, y el índice de Tobin medía precisamente esa sobrevaloración. Sin embargo, en la práctica es difícil estimar el coste de reconstruir ex novo una empresa. Por eso, para facilitar los cálculos y evitar sesgos, Tobin sugería utilizar los valores contables como una aproximación al coste de reconstrucción. Al fin y al cabo, el principio general es la contabilización por el coste de adquisición, con lo cual, si no ha transcurrido mucho tiempo, el sustituto sería bastante válido, aunque lógicamente, según los casos esta

51 Esta serie incluye manuales dedicados a la I+D (Manual de Frascati), a los indicadores de globalización, a las patentes, a la

sociedad de la información, a los recursos humanos en ciencia y tecnología (Manual de Canberra) y a las estadísticas de biotecno- logía.

104 aproximación puede distanciarse significativamente de la realidad.

Posteriormente, una corriente de autores, capitaneada por Lev ha utilizado el índice de Tobin como un reflejo del valor de los intangibles, atribuyendo el exceso en la capitalización bursátil, al menos en parte, a la existencia de intangibles no reflejados en la contabilidad. Este razonamiento era especialmente sugerente a finales de los años 90, cuando la burbuja bursátil acrecentó la diferencia entre el mercado y el valor en libros. En concreto, las empresas del índice Standard & Poor´s 500 llegaron a un valor de 3 para la ratio de Tobin (Buthoria 2004). El pinchazo de la burbuja tecnológica volatilizó una parte importante de esa diferencia, y el índice de Tobin se estabilizó después en torno a un coeficiente 2, resultando finalmente estabilizado en torno a uno con el pin- chazo de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera de 2007.

La crisis financiera se ha llevado, pues, la mayor parte del exceso de valoración bursátil sobre el valor en libros, lo cual significa que la diferencia de valor bursátil fren- te al valor contable tiene también un componente especulativo junto al hipotético com- ponente de activos ocultos que defiende Lev. En realidad, la volatilidad por sí misma no es suficiente para negar la importancia de una serie de activos intangibles, generadores de valor y no reflejados contablemente. Al contrario, puede argumentarse que, si los activos intangibles estuvieran debidamente valorados y reflejados en la contabilidad, la volatilidad sería menor. Ciertamente, la dificultad de estimar el potencial de productivi- dad o el riesgo de los intangibles guarda relación directa con la volatilidad, por lo cual este argumento, lejos de refutar la teoría de Lev, la confirma.

Pero, a pesar del empuje de estudiosos e instituciones para conseguir que se pu- blique sistemáticamente información no financiera sobre activos intangibles, parece que el entusiasmo académico no está encontrando mucho predicamento en el mundo profe- sional. En una encuesta realizada por PriceWaterhouse Coopers en 2007 para determi- nar si analistas financieros y profesionales de la contabilidad en general comparten la opinión de que la NIC 38 es demasiado restrictiva en la actualidad, se registraron res- puestas de todo tipo, aunque parece predominar un sentir conservador: si bien concep- tualmente no hay dudas sobre la bondad de una norma para dar mayor publicidad a los intangibles generados internamente, puede que todavía sea pronto para lanzar una re- forma de gran amplitud, pues la falta de mercados líquidos puede llevar a que la disper-

105 sión de las valoraciones impida conseguir los objetivos de comparabilidad y relevancia que fundamentarían el cambio a nuevos estándares. Súmase a ello que una norma de valoración amplia permitiría manipulaciones interesadas. El mismo tipo de reticencias por parte de los usuarios se pudo constatar en la reunión de febrero de 2007 del Corpo- rate Reporting Users Forum, un foro de empresas que son invitadas a efectuar comenta- rios ante el IASB.

Sin embargo, tanto los entrevistados por PWC como el foro de Usuarios Corpo- rativos del IASB están de acuerdo en que la información que existe actualmente es insu- ficiente. Tal vez un primer paso sería, como sugiere la encuesta de PWC, que al princi- pio se publiquen, además de las cifras valorativas, los criterios que han permitido su determinación; es decir, que inicialmente no se intente llegar a una valoración exacta, sino meramente a un rango válido de valores aceptables, al modo de lo que se hace en la determinación de precios de transferencia.